Este compendio explora un vasto universo de expresiones, desde la intensidad lírica de poemas fragmentados hasta profundas meditaciones filosóficas sobre la existencia, el cosmos y la crítica literaria, entrelazando voces de diferentes culturas y tiempos.
Ecos de la Poesía Universal
La poesía, con su capacidad de evocar emociones y cuestionamientos existenciales, se manifiesta a través de diversos fragmentos que invitan a la introspección. Algunas voces claman con urgencia, resonando con frases como "fuego o cuchillo!", a veces con "fuego y cuchillo", o simplemente "sonriendo", mientras otras expresan consternación: "se turbaron. Oh, no miréis! por donde huyó la vida." La búsqueda de respuestas se hace evidente: "¿Por qué? dónde está? dónde está el muchacho? dónde está mi hijo? Por qué? estará mi hermano? Por qué, por qué, por qué? no calienta?".
Se recuerdan figuras de la inocencia y la vitalidad: "Era un bello niño. la alegría del trigo. Era un bello joven. de la aurora." A pesar de las circunstancias, a veces "No lloraron." o "no llora." La persistencia se encarna en el viento que "golpea una y otra vez", mientras algunos se encuentran "arrodillados." La vida cíclica se insinúa con "los planetas que retornan." Una "hermana de Grecia!" "escucha atenta", y la idea de que se "abrazará los guijarros?" lleva a una afirmación de vida: "a decir, vivo! que a sus pies llegabas. Atrás! Atrás! Atrás! Asombro!".
La Voz de Nâzim Hikmet
Dentro de este panorama lírico, los siguientes tres poemas pertenecen al poeta turco Nâzim Hikmet (1902-1963) y figuran en su libro póstumo Son siirleri (últimos poemas, ya traducidos al español). Uno de ellos, Emniyet müdürü (el director de la policía), evoca sobria y magistralmente el sombrío mundo policial de la dictadura militar turca y de la colaboración USA con los más reaccionarios regímenes, siempre al servicio de la “libertad”.
Contrastando con la crudeza anterior, aparece "un poema completamente diferente al anterior. Íntimo registro de un momento cotidiano en el que se mezclan la vida de las cosas y de la amada, evocada con sobrio lirismo, y mira!".

Lenguas y Poetas Urálicos
La diversidad lingüística también ocupa un lugar en estas reflexiones. La República de Udmurtia forma parte de la Federación Rusa y su lengua nacional, el udmurto, es una lengua urálica que pertenece a la rama fino-permiana de las lenguas fino-ugrias. "Eu son udmurto. Son udmurto." Del poeta komi Iván Kuratov (1839-1875), “el primer gran escritor de su literatura” y “fallecido en la miseria después de dedicar su salario a la educación de sus hermanas más jóvenes”, se rescata su legado. El komi, lengua urálica de la rama finopermiana del grupo finougrio, es muy parecido al udmurto pero no hay intercomprensión. Es la lengua de la República de los komi, cuyo extremo norte se halla próximo al mar de Barents y al este linda con los Urales.
La Riqueza Folclórica Báltica
La riqueza folclórica de los países bálticos en este terreno es extraordinaria; son los países de la canción, con grandes festivales nacionales. Las canciones populares están llenas de diminutivos, no siempre fáciles de traducir, por lo que en la presente versión su número es restringido. Gritos de admiración como "Oh estrellas, estrellas! brilla! San Sebastián (sv. ay! Oh cuánta luz!" resuenan, revelando la intensidad de estas expresiones culturales.
El Arte de la Traducción Poética: Un Caso de Hölderlin
La complejidad de la traducción poética se ilustra con el abordaje de un poema de Hölderlin. El traductor señala haber tenido en cuenta las anteriores versiones de Luis Díez del Corral (2ª Ed. 1971) y la de Helena Cortés de 2011 (editoriales Revista de Occidente y La oficina, respectivamente). La primera, en verso libre, le parece excelente. Reconoce que "realmente el esfuerzo realizado por la profesora Cortés es tremendo y su resultado un verdadero Tour de force." Sin embargo, a pesar de la inmensa sabiduría de la germanista traductora, y por la propia naturaleza de las cosas, el texto español resulta "algo marmóreo y frío, y no muy actual para la sensibilidad de hoy." La presente traducción vierte el texto alemán en endecasílabos blancos. El endecasílabo, que brota como segunda naturaleza, "creo que recoge bien la melancolía del poema de Hölderlin." El traductor es el primero en reconocer que hay versos que pueden ser mejorados, pero "etiam si nondum recepit ultimam manum espero, deo volente, dar una versión definitiva en el Boletín de 2025."
Ecos de la Antigüedad Griega en Hölderlin
Los versos de Hölderlin evocan una profunda conexión con la antigüedad griega y su paisaje, con preguntas que atraviesan el tiempo: "en tus orillas? respira tu onda tranquila? Florece Jonia? y en tu silencio, padre! el dulce país. del padre, como siempre. divino! No te circunda el éter? por toda la tierra? ya contigo. Di, Atenas, dónde está?". Imágenes de transitoriedad y esperanza se entrelazan: "Mira! que se alejan. qué día! a su presencia vuelve. vengadoras. inerme contempla. que huye lo arrastra. de la joyería vana. Mas ay! sueños alegres envían. Mira! los montes. Madre Atenea! No los verán mis ojos? frente. en vecindad, oh muertos! consuelo del necesitado. insiste. Mas ay! siguen siempre, oh día! no por mucho tiempo! y árboles frutales. se ha vuelto. Naturaleza! Hechos de Esparta! de primavera en Grecia! del pasado regresaréis. oh vosotros escogidos! cubrid, bosques de laurel! aguas! oh Dios del mar!".
Bibliópolis: La Ciudad y el Protector
La narrativa nos transporta a Bibliópolis, una ciudad bajo la tutela de un enigmático "Protector".
Armonía y Rutina en la Polis
El Protector estaba contento. Tras años de políticas enérgicas y, al mismo tiempo, flexibles, dejados atrás los cabeceos y vacilaciones del llamado “período de inmadurez” en la historiografía local, la ciudad había superado las disensiones y tumultos de antaño y reinaba en ella una unanimidad y armonía nunca antes conocidas sin perjuicio de la rica variedad que hace hermoso a un jardín. Una rutina fecunda guiaba la administración de la ciudad. Rutina, muy del agrado del Protector, eran la palabra y su concepto.
La rutina fecunda y enemiga de la esterilidad presupone unos objetivos inmutables y claridad en los caminos para su logro, donde los sueños y las revoluciones no se hallan ausentes, pero su figura se adapta a los límites impuestos por la cúpula celeste que alberga a la polis. No tienen esos sueños las ambiciones de los gigantes Otón y Efialtes quienes, no más nacer, intentaron asaltar el cielo para devastarlo, sino que cualquiera sea su poderío, son de naturaleza sublunar. ¿Cómo imaginar una revolución o un terremoto urbanístico en Florencia o en Venecia o en Petrogrado? Ellas descansan en su forma perfecta segregada por los siglos y su negación daría paso al desierto. La vida del Protector y la historia de Bibliópolis eran dos aspectos de lo mismo, como el caracol y su concha.
Por ello, sí a los cambios que supusiesen una mayor perfección de lo inmutable y por rutas conscientes de los límites de la imagen lograda. Transgredirlos implicaría la aniquilación de una vida y de una historia sustituidas, no por otras y por una nueva imagen triunfante, -ya era tarde para eso, el sol se empezaba a ocultar en el horizonte del Protector y de su ciudad- sino por la oscuridad y el vacío. Necesidad, en consecuencia, de seguir las rutas conocidas, mas ampliándolas, no en vano ruta es el camino roto, abierto en el bosque, desgarramiento de la inmensidad de lo indistinto para alcanzar un sitio que se considera valioso, privilegiar una dirección. Gracias a la rutina de seguir determinadas rutas y de ahondar en ellas surgió, en la abertura de la posibilidad infinita, Bibliópolis; había otras posibilidades, pero hubo una elección, norma constitucional de la ciudad creada.
El Protector lo tenía claro, esa posibilidad no tendría lugar en su vida. Solamente una catástrofe, la de su muerte, disgregaría a Bibliópolis en miles de fragmentos; confiaba, no obstante, en que muchos de ellos, imantados y con señal indeleble de su origen en el caparazón, encontrasen su imán en otras polis, aunque ¡cuántos se hundirían en la profundidad indecible del olvido!
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La Filosofía del Protector: Vida, Muerte y el Cosmos
Y si la muerte como límite de la vida no puede ser negada, es algo empero vivido como suceso exterior y futuro, ajeno a la vida inmortal, según Epicuro. Y mientras la rutina por las rutas conocidas continuara, se alzarían brillantes las cúpulas de Bibliópolis. Y cuando golpee la muerte, una nave en marcha, llena de luces, se detendrá y naufragará. Pero así son todas las vidas y el destino de todos los proyectos que las hacen florecer.
Ciertamente, al aumentar en edad, el Protector pensaba más en la muerte, si bien con total tranquilidad. Nunca pudo, desde su juventud, imaginar una vida eterna, en este mundo o en otro más allá de la muerte, que su espíritu, cualquiera que sea la entelequia designada, durase indefinidamente. Tal creencia era para él un escándalo y prueba evidente de los miedos de los humanos, en el fondo niños desamparados. ¡Qué grandes esos miedos tenían que ser si la vida eterna era tan clara contra-evidencia, al alcance de todos y además en sí misma impensable, al librarla de la tiranía del espacio y del tiempo!
Además, impenetrable le resultaba el pasado al Protector para preocuparse por lo que ocurriría tras su muerte, lo que, en definitiva, estaba claro. Solo temía la decadencia física de cuerpo y mente. Y, ciertamente, tenía curiosidad, una gran curiosidad por el momento en que se apagan todas las luces. Como alguna vez había perdido la conciencia, y sabiendo que iba a perderla definitivamente, pensaba que el momento en sí era sencillo, un interruptor y una oscuridad radical. Never more! Pero el Protector no amaba la angustia o el patetismo relacionados con este proceso de aniquilación. Le gustaban los versos de Omar Khayyām, con su invitación a beber ahora, “porque nadie vuelve”, pero como guía y maestro prefería a Petronio y a su actitud ante la muerte, tal como la cuenta Tácito. De hecho, colgada en la pared de su despacho, había una placa con el texto de Tácito y que pensaba con frecuencia el Protector: “nec tulit ultra timoris aut spei moras”.

La auténtica incógnita residía en el pasado y allí estaban, en su caso, las claves que, de ser aclaradas, iluminarían el futuro de esa totalidad espaciotemporal en la que apareció la vida. Es decir, el acento principal no había que ponerlo en la vida individual, cuyos límites inicial y final no presentan grandes misterios, sino en el origen y en el final, sobre todo en el origen de lo que hay. ¡Hay algo! es una afirmación sólida, no importa ahora si en sí o para algo o alguien, ¡hay algo! y, en consecuencia, cómo pensar, más allá de nombrarla, la nada. Ya desde muy joven, el Protector se preguntaba con preguntar ingenuo cómo desde un pasado sin comienzo, desde un origen en el infinito, se pudo llegar a cualquier momento concebible de la historia del universo.
Y si se puede datar en miles de millones de años el origen en el Big Bang del actual universo, ¿qué o qué universos hubo antes de ese acontecimiento cósmico? Recordaba el Protector que un importante físico francés decía que no podía responder a las preguntas infantiles de sus hijos cuando le interrogaban sobre qué hubo antes y antes y antes de… El Protector dejaba a los físicos que aclarasen el origen de este universo con su saber físico matemático y en el que era lego. Pero a él le interesaba la pregunta infantil, la más interesante de todas: ¿qué es lo que hubo antes de lo que ahora hay? Si el tiempo y el espacio existían en ausencia de la vida, al actual universo tenía que haberle acontecido otro y así sucesivamente, por lo que nunca llegaría el momento no digo ya del primer sapiens, sino de la primera bacteria, lo que llevaba a simpatizar con la idea de que el tiempo y el espacio eran categorías de la vida humana o de la vida en general. Pero entonces, como humano, ¿cómo imaginar un origen sin espaciotiempo? La idea de Dios equivalía a desplazar el problema, no a eliminar las dificultades, y una abertura fértil como el khaos griego con sus múltiples partos era una bella imagen pero insatisfactoria.
Como siempre que se sentía abrumado por la inmensidad de los problemas cosmológicos y la pequeñez de la vida humana, el Protector alargó su mano y de un par de tarros de cristal que obraban a su lado en un pequeño nicho de la pared, cogió un puñado de frutos secos (almendras, nueces, higos, dátiles) cuya mezcla de sabores le devolvía el equilibrio, amenazado por la especulación, y lo asentaba con firmeza en la realidad de los días. ¡Qué maravilla los frutos secos!
La Crítica del Protector a la Escena Literaria Gallega
Desde el ventanal del despacho en la Prostasía, el Protector contemplaba la gran avenida de Lezama Lima, eje de la ciudad. Paseaban por ella ciudadanos hablando todas las lenguas, con los ropajes coloridos de sus respectivas etnias, formaban grupos que se deshacían para formar otros nuevos, conversando las novedades de los días, feliz vida cotidiana de comienzos del otoño. Precisamente tenían lugar en Bibliópolis las fiestas del libro, y momento cenital de las mismas eran los premios literarios de la Prostasía.
Premios Literarios y Calidad Artística
Sobre la mesa del Protector estaban las propuestas del jurado, por él presidido, ya sancionadas y pendientes de ser anunciadas. Los premios que galardonaban las diferentes disciplinas que conformaban la ciudad no tenían una fecha prefijada en el calendario ni tampoco un número determinado. Dependía la convocatoria de la decisión del Protector. La periodicidad en los premios y el carácter fijo de las actividades premiadas iba en detrimento de la calidad, pensaba el Protector, pues hasta la fertilidad del mejor suelo necesita del descanso del barbecho. Y la ciudadanía no dejaba de advertir el contraste con la política de premios de otras polis literarias gallegas.
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La Real Academia Gallega y sus Controversias
Por ejemplo, en el pequeño pero hermoso terreno de la literatura en lengua gallega, ahí estaban las erráticas decisiones de las polis gallegas, sometidos a la tiranía de presiones de grupos y capillas guiados por intereses particulares. Destacaba la Real Academia Gallega a quien lo de Real parecía poner una venda en los ojos. Se admiraba el Protector de cómo habiendo sin duda en el seno de aquella individuos muy valiosos y preparados, sin embargo al actuar como capillas los diversos colectivos que formaban la ciudad, chocaban, tal placas geológicas, unos con otros y un año se imponía un candidato y otro año otro, sin un criterio rector general en la elección, y la consecuencia era, salvo excepciones, la baja calidad de lo premiado que a veces parecía buscada a propósito, para que no ensombreciese al que decidía.
Y luego, ya mencionado antes, estaba la funesta idea institucionalizada de la periodicidad anual que, admisible e incluso deseable si de lo que se trataba era de llamar la atención sobre las Letras Gallegas y promoverlas, era mortal veneno resumirlas en un nombre cada año, pues ciertamente no era tan fértil la tierra gallega para semejante cosecha. El sano y prudente barbecho era desconocido para la mayoría de los escritores en lengua gallega. Cada año un número cada vez mayor de maestros, profesores, críticos y “filólogos” lanzaban a la plaza pública más libros, cada vez mayores y más gordos. La fertilidad en número de nuevos ciudadanos era creciente, pero también crecía su insustancialidad. Pero eso sí, a menor calidad, mayor presencia en la vida pública, con el apoyo de deleznables suplementos literarios de los medios de comunicación y de los numerosos premios, mayores o menores, existentes.
Precisamente, el más sobresaliente de ellos “el día de las Letras Gallegas” patrocinado por la RAG había distinguido este año a la canción popular gallega, y colectivamente premiado a varias “cantareiras” y “pandereteiras” gallegas. Premio populista muy bien acogido en general o por lo menos “nemine discrepante”. No sabía el Protector qué pensar de los que decidieron el premio, teniendo en cuenta lo antes dicho sobre la existencia de gente valiosa en su seno. No le extrañaba en cambio el agrado de la prensa, pues la relación de esta con la literatura era problemática. Considerando la ingente tarea ejecutada por ambos, lo lógico es que el premio recayera en ellos. Claro que no pasaran diez años del fallecimiento de una, y además extranjera, y el otro se hallaba felizmente vivo. Y aquí está otra de las limitaciones absurdas del condicionado vigente del día de las letras gallegas que propicia olvidos interesados de los difuntos y priva a los vivos de una compensación por la fatiga de la labor realizada. En definitiva, el día estaba dedicado a unas “cantareiras” y “pandereteiras” muy dignas como personas, pero que carecían de significación para tal protagonismo. Solo lo tiene la tradición de la canción p...
