"Peras y Manzanas": De Modismo Lingüístico a Realidad Productiva y Artística

El modismo, comparar peras con manzanas, se refiere a las aparentes diferencias entre artículos que popularmente se consideran incomparables o inconmensurables, como las peras y las manzanas. La expresión idiomática también se puede usar para indicar que se ha hecho una falsa analogía entre dos elementos.

Origen y Variantes del Modismo

Este modismo tiene variantes como: comparar papas y boniatos, mezclar churras con merinas y comparar manzanas y naranjas, esta última resultando de la traducción literal del modismo en inglés, comparing apples and oranges.

Otro modismo común es sumar peras con manzanas. Lo mismo se aplica en italiano (sommare le mele con le pere) y rumano (a aduna merele cu perele). En francés quebequés, el modismo es comparador de pommes avec des naranjas (comparar manzanas con naranjas), mientras que en francés europeo es comparador de pommes et des poires (comparar manzanas y peras) o comparador de choux et des carottes (comparar coles y zanahorias). En checo, el modismo míchat jablka s hruškami significa literalmente 'mezclar manzanas con peras'.

La comparación entre peras y manzanas se encuentra presente en el danés, holandés, alemán, español, sueco, croata, checo, rumano, húngaro, italiano, eslovaco, esloveno, luxemburgués, serbio y turco. También es común la comparación entre manzanas y naranjas como es en el caso del inglés, pero en algunos idiomas el término 'naranja' deriva de 'manzana', lo que sugiere que sí es posible una comparación directa entre los dos, ya que está implícitamente en sus nombres.

Modismos con Elementos Dispares

Algunos idiomas usan elementos completamente diferentes, como el serbio Поредити бабе и жабе (comparando abuelas y sapos), o el rumano baba şi mitraliera (la abuela y la ametralladora); vaca şi izmenele (la vaca y los longjohns); o țiganul şi carioca (el gitano y el marcador), o el galés mor wahanol â mêl a menyn (tan diferente como la miel y la mantequilla). Mientras que algunos idiomas comparan propiedades diferentes de artículos diferentes.

Por ejemplo, un modismo danés equivalente, Hvad er højest, Rundetårn eller et tordenskrald? significa "¿Qué es más alto, la Torre Redonda o un trueno?", refiriéndose al tamaño de la primera y al sonido de la segunda. En ruso, se usa la frase сравнивать тёплое с мягким (comparar cálido y suave). En Argentina, una pregunta común es ¿En qué se parecen el amor y el ojo del hacha?, enfatizando la diferencia entre dos sujetos; en Colombia, una versión similar (aunque más grosera) es: confundir la mierda con la pomada. En polaco, se usa la expresión co ma piernik do wiatraka?, que significa "¿Qué es el pan de jengibre para un molino de viento?". En chino, una frase que tiene un significado similar es 风马牛不相及 (fēng mǎ niú bù xiāng jí), que literalmente significa "los caballos y el ganado no se aparearán entre sí", que luego se terminó usando para describir cosas que son totalmente inconexas e incomparables.

A veces se hacen una serie de comparaciones más exageradas, en los casos en que el hablante cree que los dos objetos que se comparan son radicalmente diferentes. Por ejemplo, "naranjas con orangutanes", "manzanas con lavavajillas", etc. En inglés, diferentes frutas, como las peras, ciruelas o limones a veces sustituyen a las naranjas en este contexto. A veces las dos palabras suenan similares, por ejemplo, el rumano merele cu perele (manzanas con peras) y el húngaro szezont a fazonnal (la temporada con la moda).

Esquema de

Aplicaciones Conceptuales y Educativas

Si bien el modismo comparar peras con manzanas es a menudo un recurso literario, al hablar del modismo sumar peras y manzanas se hace con el propósito de enseñar a los estudiantes los usos adecuados de las unidades. Aquí, la advertencia de no poder "sumar peras con manzanas" se refiere al requisito de que dos cantidades con unidades diferentes no se pueden combinar por adición, aunque siempre se pueden combinar en forma de razón por multiplicación, de modo que la razón de la multiplicación de peras y manzanas es permitido. Del mismo modo, el concepto de esta distinción a menudo se usa metafóricamente en álgebra elemental.

La advertencia es realmente más mnemotécnica, ya que, en general, el recuento de objetos no tiene una unidad intrínseca y, por ejemplo, un recuento de manzanas puede ser adimensional o tener fruta como dimensión; en cualquiera de estos dos casos, se pueden sumar peras con manzanas.

"Peras y Manzanas": Una Canción de Amor y Lucha

La expresión también inspira creaciones artísticas. En el contexto de una canción, "Peras y Manzanas" representa un amor que rompe con los mitos binarios de personas complementarias (la media naranja), la posesión, la sobreprotección y los cuentos de princesas, buscando huir de todo eso. En esta canción se fusiona el amor de una manera personal y auténtica con luchas y afinidades. También está presente el elemento de la fruta, que es bien sana y, a pesar de lo que algunos pudieran creer, se podría mezclar en infinitas y deliciosas combinaciones. La letra de la canción incluye fragmentos como: "YO WHISKY CON COLA, TÚ ZUMO DE PIÑA, YO SIEMPRE A MI BOLA…YO NIÑO…TU NIÑA?".

Macaco - Coincidir (Official Music Video)

La Producción de Peras y Manzanas en Argentina

En las provincias de Río Negro y Neuquén, se cultiva la fruta de pepita: manzanas y peras que forjan una identidad cultural y económica que en los últimos años merma y hace entrar en crisis un histórico sistema de producción. Entre la irrupción de los extractivismos y la reconfiguración de los mercados, existen historias de quienes bordean el Río Colorado.

Un productor dedicado a la comercialización de manzanas y peras reflexiona sobre la visibilidad de los precios: se habla en los medios cuando el artículo vale mucho ("cuando las viejas pagaron 1200 el kilo"), pero nunca cuando el precio está por el suelo. Hacia el fin del verano, la cosecha de peras termina y las últimas variedades de manzana se cosechan y guardan en los valles de Río Negro y Neuquén. De allí proviene el 90% de ellas y, aunque se cosechan solo en esa temporada, hace décadas que lo olvidamos porque nos acostumbramos a tenerlas todo el año gracias a la refrigeración y las cámaras de atmósfera.

Contexto Productivo y Económico

Razones botánicas y productivas habilitan a mezclar en este informe peras con manzanas. Es que las frutas de pepita, llamadas así por las semillas que llevan dentro, son la tercera producción de fruta fresca en el país, detrás de las uvas y los cítricos, y suelen trabajarse complementariamente. Sin embargo, conviene separar en la comercialización: Argentina consume pocas peras (2.5 kg por habitante/año) pero es el principal exportador del hemisferio sur. Las manzanas, en tanto, se comen cada vez menos -la mitad que en los años noventa-, y el país salió del podio de los exportadores a comienzos del siglo veintiuno, cuando Chile, con una fruticultura concentrada, de alta inversión y pocos actores, lo desplazó para competir con otros grandes productores meridionales: Nueva Zelanda y Sudáfrica.

De exportar un 40% de las manzanas del hemisferio sur en los setenta, se pasó a arañar hoy el 10%. La producción global de frutas de pepita en Argentina hoy ronda el millón y poco de toneladas, lejos ya del récord de 2001, que rozó los dos millones. El decrecimiento en la producción de manzanas es una tendencia de la última década, en la que hubo actores fortalecidos y otros que quedaron en el camino.

Mapa de la región del Río Negro y Neuquén destacando las zonas de producción frutícola

Desafíos Locales y Prácticas Agrícolas

Río Colorado es una ciudad de unas 15 mil personas, en el límite con La Pampa y en la misma latitud que Bahía Blanca. El río que le da nombre es, además, una importante barrera fitosanitaria que impide tanto el paso de frutas y verduras como -desde 2016- el paso de carne con hueso hacia el sur. Carlos Manciavillano, de la comercializadora Los Tanos, comenta: "Dejamos de ser chacareros, si querés". Hace tiempo que apuntaron no solo a crecer en producción sino también en comercialización y hacen llegar las frutas tanto a Bahía Blanca como al sur patagónico. Pasaron de 10 hectáreas a 30 e inventan, como todos allí: "Plantamos también un poco de carozo, que es guita rápida que agarrás, vendés en verano y disponés de eso", cuenta. El valle del Río Colorado históricamente apuntó al sur bonaerense y se distinguió de los otros valles rionegrinos por su carácter asociativo y familiar. Su densidad poblacional estancada hace tiempo da cuenta de que lo que puede ser tomado como un paradigma de producción alternativa tiene sus problemas.

Cerca, en la Colonia Juliá y Echarren, Karina Zon del INTA trabaja en un tipo de certificación agroecológica que permita acreditar la producción sin químicos, o al menos explorar los primeros pasos para una transición hacia una agricultura "como la de los abuelos". El aporte técnico de Karina se enriquece de la crítica de la modernización excluyente de la fruticultura: "Las calidades fueron decayendo y cada productor buscó su estrategia propia. Cuesta juntarse hoy", dice.

El comentario "Yo a la manzana la pelo" salió de la boca de más de un empresario de la fruta en los reportajes de 2023. Esto se debe a que, si la fruticultura es intensiva en plaguicidas, para el caso de las frutas de pepita, más. "Hace no tanto tiempo se aplicaba cada 15 días una pulverización: 15 o 20 aplicaciones al año. Ahora se redujo mucho porque se desarrollaron controles biológicos pero son caros. Hoy estará en 5 o 6 aplicaciones al año y han sido prohibidos varios químicos; uno de los últimos es el clorpirifos, que lo usábamos todos", dice otro productor, refiriéndose a métodos de confusión sexual que evitan la reproducción de la plaga. El abuso de agroquímicos es relevado por investigaciones académicas que lo detectaron a lo largo del Río Negro, y hasta en la placenta de embarazadas han registrado restos de plaguicidas prohibidos.

El Proceso Post-Cosecha y la Cera

En un edificio enorme, creado en 1933, la vieja línea de empaque contiene, como todas, un tramo singular de poscosecha: el encerado. Al ser lavadas y cepilladas -como manda SENASA-, las frutas pierden su cera natural. "Para mí es horrible porque le da ese gusto amargo a la cáscara", comenta Karina, y agrega: "En esta época funcionaban tres turnos continuos e ingreso de fruta constante, muchos empleados."

Cerca de ahí, Cotato Domínguez se une a la queja compartida de la manzana encerada. Ingeniero industrial, heredó de su padre una chacra que en el 55 compró llena de manzanas. Cuando en el 78 abandonó su trabajo para dedicarse a tiempo completo a esto, diversificó en otros frutales. "Era todo monte libre, plantas enormes. Tenías que poner una escalera de 14 escalones para llegar arriba. Rendía bien pero cuando hicimos la plantación nueva, más densa, con más plantas por hectárea, rindió más", cuenta mirando al Río Colorado que orilla en su chacra. "En el 78 un pequeño productor podía apostar con 12 hectáreas a vivir bien. En el 73/75 pudimos comprar los tractores, la máquina de curar… el auto. Era floreciente la fruticultura. Hoy no puede vivir una familia. Tenés que depender de la menor cantidad de empleados posibles. Yo sigo porque me gusta el río, siempre lo disfruté."

Jorge Debbaut, en Luis Beltrán, tiene una chacra de 20 hectáreas con empaque y frigorífico propio. "Acá antes era el 80% fruticultura, hoy tenés el 60% de pastura. Un chacarero chico no lo puede soportar, los precios son siempre calamitosos. El problema está allá arriba", dice y muestra el galpón donde clasifican y guardan la fruta. "Yo subsisto porque exporto. Con un 60% de lo que produzco, estamos. Trabajo con la firma PAI, Productores Argentinos Integrados, que está en General Roca. El año pasado caímos por la guerra con Rusia: embarqué a Suecia y no dejaron pasar la carga. Tuve que traerla y se vendió en Buenos Aires finalmente", cuenta. La oportunidad de producir alimento para el creciente ganado que al sur del Río Colorado engorda es una opción mucho más atractiva para la pequeña y mediana escala.

Crisis arrima nuevamente la cuestión de la cera a Jorge, que no tiene dudas: "Yo no te como una manzana encerada ni en pedo, pero la gente come por los ojos."

Fotografía de manzanas y peras recién cosechadas en un huerto de Río Negro

La Gran Escala y el Trabajo Manual

Sesenta kilómetros más al oeste, en Chimpay, Moño Azul (Grupo Prima) tiene 130 hectáreas de peras y manzanas protegidas de las inclemencias climáticas. Con probabilidad lograrán los 60 mil kilos que planifican cosechar por hectárea -variedades Gala y Pink Lady de manzana para exportar. No es ni el 10% de las hectáreas que en total tienen en producción (1500), pero dan un buen panorama de cómo es a esta escala.

Héctor Riquelme, jefe de producción, acompaña por las larguísimas filas de frutales: "En abril, terminar la cosecha. En mayo, podar. Septiembre, defender de la helada, noviembre, ralear, y en enero, empezar a cosechar de vuelta", repasa. En medio del aséptico monte la tradición irrumpe: aparecen con escaleras y maletas, como hace 60 años, decenas de trabajadores tucumanos y salteños. Sin embargo esta revancha del trabajo manual, pesadilla del capitalismo frutal, no rinde como lo hizo alguna vez para los laburantes. Se cosechan las últimas parcelas de estos tres meses de trabajo en los que por día cada cosechador descargó, en promedio, unos 1500 kilos. Llegan en autobuses que pone la empresa y varios vienen a pie porque viven en las gamelas -galpones divididos en piezas- que la empresa pone para quienes vienen a trabajar toda la temporada lejos del pago. Cosas que la calculadora no suma.

"Era todo monte libre, plantas enormes. Tenías que poner una escalera de 14 escalones para llegar arriba. Rendía bien pero cuando hicimos la plantación nueva, con más plantas por hectárea, rindió más", cuenta Riquelme mirando al Río Colorado. Quienes allí trabajan de precios no saben. Sí saben que la cosecha irá al empaque de la misma firma en Villa Regina pero no saben ni cuándo ni a dónde se venderán. "Nosotros tenemos solamente que sacar la fruta", dirá Riquelme que, así como se atormenta por la cantidad de gastos que implica llevar fincas como estas, conoce los problemas de la otra escala: "Un chacarero chico, de 30 hectáreas como mi suegro, no puede bancar a 30 tipos en blanco. Con pastura precisás solo uno que riegue y el resto contratás."

Procesamiento Industrial y Legado

En Villa Regina, Moño Azul tiene uno de sus enormes centros de empaque que procesan y almacenan cientos de miles de kilos de peras y manzanas rapidísimo. Dentro de la fábrica nada se detiene una vez que el camión descargó la tanda de frutas a procesar. Trescientos personas trabajan a ritmo de "Tiempos modernos", al ritmo de la cinta por la que avanzan peras antes volcadas en una pileta, lavadas, clasificadas por una máquina óptico-volumétrica para que tamaño y color no se le escape a ese computarizado ojo de Sauron. Las cajas que pronto estarán llenas dentro de las cámaras de frío cuelgan de ganchos que siguen un riel en paralelo a la fila de empacadores que toman las frutas que caen en su tambor y hacen el pase de manos que en 1965 Antonio Di Benedetto apuntaba en sus crónicas elegantemente: una mano toma la fruta, la otra el papel, y en un instante la fruta queda envuelta y puesta en el cajón. El ruidito del papel envolviendo la fruta se suma a la sonoridad de fondo de esa gran orquesta productiva sonando en el vacío de un alto tinglado. Otra vez el trabajo manual como hace décadas.

Interior de una planta de empaque de frutas con operarios y maquinaria

Historia y Estructura del Mercado Frutícola

Antes del despliegue del capital inglés en la Patagonia, al sudoeste, entre el Nahuel Huapi y Junín de los Andes, existió el País de las Manzanas. Otra historia de frutales, en este caso silvestres, que la vida colonial a un lado y el otro de Los Andes trajo por estas latitudes, y los manzaneros -como se llamaron a sí mismos, liderados por el cacique Valentín Sayhueque- laburaron haciendo chicha de manzana, que los conquistadores y viajeros de entonces bebieron como sidra. La historia de la manzana podría comenzar por ahí: por las cosechas estivales en esos montes silvestres, holgura frutal de los otoños de lanceros y pobladores que resistieron hasta el final el avance militar huinca.

Entonces llegó el monopolio. La administración inglesa del ferrocarril proyectó en estas tierras un enclave para abastecer de fruta el viejo continente y, luego de las obras que permitieron la gestión del riego, financió a criollos y europeos la compra de pequeños lotes donde se plantaron los primeros perales y manzanos con destino comercial. A continuación, la Argentine Fruit Distributors (AFD) fue la comercializadora que compró a esos minifundistas toda la producción y en tren sacó para afuera lo que la tierra y el trabajo daba.

En los cuarenta, la nacionalización de los ferrocarriles desarmó el monopolio de la AFD y algunos comerciantes de los mercados mayoristas argentinos ocuparon ese lugar. Algunos menos consolidaron su posición con la inversión en frigoríficos hacia los sesenta, hasta fines de los setenta en que capitales extranjeros volvieron a interesarse en la producción de estos valles. La última estación de esta historia tiene lugar en la última década, cuando los capitales extranjeros se fueron. Hoy la producción y comercialización de peras y manzanas tiene cuatro empresas autodenominadas familiares-integradas de la finca a la venta, con entre 1500 y 2000 hectáreas en producción.

Actores Principales del Sector

Grupo Prima (Patagonian Fruit, Moño Azul, Expofrut), el mayor actor en comercialización, exporta la mayoría de su producción, tiene venta online para CABA y zona norte de Buenos Aires, y explota la producción orgánica con fuerza. Kleppe (marca Gaucho), al igual que Cervi -otra de las grandes-, empaca y comercializa solo la fruta que produce. Y 3 Ases, de la familia Grisanti, comercializa su fruta (1200 hectáreas) y la de otros. A estas empresas las distingue la compra de tierras para producir: la inmovilización de ese capital es irracional para modelos de negocios como el de Dole y las grandes bananeras, para las que es mucho más negocio invertir en comercialización y comprar a los productores, que son sus proveedores casi empleados. Digamos: el viejo modelo inglés.

Perspectivas del Futuro

"Si no lo hacen es porque no pueden", dice el profesor Luis Tiscornia en la Facultad de Ciencias Agrarias de Cinco Saltos. Antes de estudiar el tema, Luis supo cosechar algunos veranos para hacer dinero, cuando valía la pena. Recuerda en alguno de sus trabajos de campo a un ingeniero de alguna de estas grandes que le decía: "Exprimimos tanto al chacarero que ahora no tienen calidad para ofrecernos. Entonces tenemos que hacerla nosotros. Desde su perspectiva el chacarero ya no es buen oferente", dice. La sede de la facultad es la histórica estación experimental de Cinco Saltos, lugar de consulta de aquellos colonos que apostaron al frutal. Es un buen lugar para conversar sobre el futuro de la actividad: "Lo que antes se llamaba la unidad mínima de producción se levantó. Los de más abajo se fueron fundiendo pero hay todavía una lonja de pequeña y mediana empresa que es importante preservar. Necesita una política específica porque tienen objetivamente más costos que la gran empresa", dice.

Por último, Tiscornia sugiere una precisión conceptual a la hora de pensar estas empresas: "La categoría de familiar tiene que ver con la mano de obra: si es familiar o asalariada. Se dicen empresas familiares porque el hijo es gerente, el primo… La familia está en la cúpula directiva de la empresa."

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