El Manzano y la Manzana en Chiloé: Historia, Cultura y Legado

La Manzana en el Contexto de la Fruticultura Chilena

El manzano juega un rol fundamental para la fruticultura chilena. Con una superficie cultivada de 35.830 ha en el año 2016 y un volumen de exportación de alrededor de 700.000 ton al 2017, Chile se posiciona como el primer exportador mundial de manzanas deshidratadas (ProCHile, 2017). La calidad de la manzana chilena es uno de los factores clave en la consolidación de los mercados de destino de la fruta nacional (Quiroz, 2017).

En este contexto, y a pesar de su importancia regional, Chiloé, en la Región de Los Lagos, no participa de este mercado debido a su bajo nivel de plantaciones extensivas monovarietales industriales. Sin embargo, posee ocho hectáreas de manzanos, equivalentes al 22% del total nacional, los cuales están en manos de cientos de micros y pequeños productores que resguardan variedades de manzanas españolas y criollas, como la Limona (Quiroz, 2017).

Chiloé: Geografía, Economía y la Importancia Vital del Manzano

Chiloé, archipiélago ubicado entre los 41º 45’’ y los 43º 39’ lat. S., es el territorio originario de chonos y veliches que, desde 1567, fue ocupado militarmente por españoles hasta su expulsión en 1826. Durante la Colonia, fue un enclave estratégico para las comunicaciones interoceánicas, dependiente del Virreinato del Perú, calificado como “periferia meridional” (Urbina, 2012), “frontera de arriba” (Urbina, 2009) y “frontera móvil” (Hanisch, 1982). No obstante, los chilotes vivían en condición aislada y semiolvidados por la corona. En el convulsionado período revolucionario del siglo XIX americano permanecieron fieles al rey y a la causa realista, luchando por la corona (Aravena et al., 2017).

La gente de Chiloé se mantuvo agrícola y pescadora, con producción y abastecimiento básico para su subsistencia, con bajos rendimientos y condicionada por un territorio en el que no es posible formar latifundios, debido a su geografía interrumpida constantemente por lomas, bosques y cursos de agua. Las grandes industrias se concentraron en Magallanes, Valdivia y Puerto Montt, lo que fortaleció el carácter cerrado de los chilotes y la mantención de formas preindustriales de producción. La economía isleña, que debió abrirse campo en medio de caminos difíciles de transitar y escasez de moneda circulante, se desarrolló en el trueque.

Mapa de Chiloé, destacando su ubicación geográfica y particularidades

Las características del clima isleño, con precipitaciones que van desde los 2.000 a los 4.000 mm al año y una temperatura media de 11º C, favorecieron el crecimiento de grandes bosques nativos para producción maderera, pero impidieron el desarrollo agrícola y ganadero extensivo. El único frutal que fue capaz de desarrollarse en esa geografía fue el manzano, cuyos frutos tenían como fin principal ser fermentados.

En el espectro de la economía chilota, caracterizada como precaria y con poca variedad de recursos, anclada a métodos tradicionales y poco mecanizados de producción, sobresalen las formas combinadas de obtención de alimento, desde el aprovechamiento del bosque, como madera y recolección de frutos, combinado con recursos agrícolas y marinos, con pervivencias culturales que se mantienen incluso después del siglo XX en localidades chilotas apartadas (Weisner, 2003).

En Chiloé, la manzana es comida y bebida para el chilote, abono para la tierra, manutención del ganado porcino y leña. Las manzanas y el manzano servían de gran provecho para los chilotes. Además de fermentar la fruta, los isleños consumían manzanas de guarda frescas o cocinadas, tanto en preparaciones dulces como saladas, o deshidratadas en forma de “orejones”, secados al calor o al humo del fogón para consumir durante el resto del año. Asimismo, la manzana prensada, sin jugo, conocida como dornajo, se utiliza para abonar la tierra o para alimentar la piara. La poda del manzano permite obtener leña para calefaccionar el hogar, cocinar o curar alimentos cárnicos con humo.

La Chicha de Manzana: Pilar Cultural y Económico Chilote

El fermentado de manzana tomaba el nombre de chicha del mundo indígena y mestizo y de sidra entre la sociedad blanca. La única diferencia prevalecía en la identidad: para los primeros la bebida mantuvo el nombre instalado por los españoles para designar los fermentados latinoamericanos; para los segundos, el fermentado se siguió llamando por su nombre europeo (Verniory, 1889; Pérez Rosales, 1970; Coffin, 1818; Domeyko, 1971, Gay, 2018 y 1973; Reuel, 2016). En Chiloé, los manzanos fueron clasificados como plantas de uso industrial, exclusivamente “para la fabricación de chicha” (Cavada, 2016: 62), tal como se hace en la zona Austral de Chile, entre las regiones del Bíobío y Los Lagos (VIII a X región) y su contraparte argentina.

En este sentido, la producción de chicha constituyó una actividad relevante desde la época colonial, mixturando técnicas indígenas y materia prima foránea. Durante la maja, una minga de cosecha, se justifica el valor simbólico y social de los manzanos tradicionales: la chicha servía como aglutinador social en este contexto productivo (Gay, 2018). En dicho rito agrario se consume chicha mientras se elabora.

Ilustración de la Maja o cosecha tradicional de manzanas en Chiloé, con personas elaborando chicha

como se hace la chicha de manzana en la isla de chiloé chile verano 2013 por walter manriquez

El consumo de chicha de manzana es realizado en diferentes espacios de sociabilidad. En la vida cotidiana la bebida aparecía siempre compartida y convidada. Un vaso de chicha o un mate era el primer recibimiento que se hacía a una visita (Jorquera, 2016). Las reuniones sociales implicaban, por lo general, beber chicha, en cualquier estrato social (Caglevic, 2017). Como factor económico, la chicha cobraba mayor sentido en los trueques por tablas de alerces o terrenos; aunque se buscaba la equidad en el intercambio, se ha citado el caso del trueque de media hectárea de tierra por un barril de chicha (Jorquera, 2016).

Toda la sociedad jugaba un papel en la maja, incluso los niños que se trepaban hasta lo más alto de los árboles para desprender las manzanas de la copa y disfrutaban de la bebida recién elaborada (Soussi, 2014). Tanto era así, que a comienzos del siglo XX existía en Chiloé una población que realizaba temporadas de trabajo en Magallanes, Osorno, Valdivia, Valparaíso y otros puertos más al norte. El regreso a la isla se fijaba para febrero o marzo (Cavada, 2016), justo para la fecha de la maja de manzanas.

Variedades de Manzanas Tradicionales en Chiloé

Durante el período estudiado, la manzana Camuesta o Camuesa fue una de las variedades más importantes introducidas en Chiloé. Para el Valle Central de Chile, en época colonial, desde el siglo XVIII las fuentes documentales registran nueve variedades de manzanos: dulce, pero, ácido, joaquino, de guarda, camueso, agrio, quillotano dulce y de Lorcas (Castro, 2014). En los documentos de Chiloé, en cambio, se encontró apenas una distinción varietal en una adjudicación de terrenos en Machil, en 1896. Los cinco manzanos del terreno que se encontraba en proceso de remate eran camuestos.

Su presencia es relevante. Se trata de manzanas antiguas chilotas, “de sabor ácido, un poco áspera, rica en cítrico, tolerante a la lluvia y el frío, su jugo es de color amarillo transparente la que al mezclarse con manzanas dulces se obtiene una chicha de muy buena calidad y curadora” (Barruel, 2016: 19). La manzana camuesta es señalada como chichera por excelencia (CECPAN, 2017).

Actualmente en Chiloé se han detectado, de manera morfológica, trece variedades de manzanas: candelaria, febrera, tomate, rosa, trompuda, limón, dulce-amarga, ñata, cabeza de guagua, camuesta, ají, fierro y reineta. Entre ellas, se reconocen manzanas chicheras, de postre, de guarda, para consumo en fresco y multipropósito (CECPAN, 2017).

Infografía o collage de variedades de manzanas tradicionales de Chiloé (Candelaria, Camuesa, etc.), mostrando sus características

En información recogida en distintos sectores rurales del archipiélago, entre 2018 y 2019, como Ancud, Teguel y Calén (Dalcahue), Punta Chilén, Yutuy, Huesco, Tey y Puyan (Rilán), Catruman, Quemchi, Tenaún y Ten Ten (Castro), se registra que los productores poseen una media de 60 a 80 árboles de manzanos, utilizados principalmente para producir chicha. En términos de volumen, un manzano puede producir 50 litros de chicha; de una bolsa de 50 kg de manzanas pueden extraerse 30 litros de chicha. En este sentido, el grueso de los productores elabora entre 3.000 y 3.500 litros de chicha, utilizando para ello toda su producción.

El Manzano como Bien Heredable: Soluciones Notariales en Chiloé

La manzana en la cultura chilota no ha sido investigada como objeto particular desde una perspectiva histórica. Los estudios relativos a Chiloé tocan el tema tangencialmente, en el contexto de la agricultura tradicional o en recopilaciones de relatos en torno a recuperación histórica de conocimiento ancestral, la maja y producción de chicha de manzana, mitos, leyendas y medicinas naturales (Weber, 1903; Vásquez de Acuña, 1956; Plath, 1973; Cárdenas, 1978; Romo, 2001; Weisner, 2003; Urbina, 2002, 2012, 2013 y 2016; Soussi, 2014; Cavada, 2016; Muñoz, 2016; Galleguillos, 2016). La presente investigación destaca la presencia de los manzanos y sus frutos en los testamentos e inventarios de bienes, en los que se pregunta por su valor social, cultural y económico. Al mismo tiempo, cuestiona cuáles fueron las soluciones originales que plantearon los notarios en las divisiones de bienes con tan preciados árboles.

Al tratarse de plantas longevas, pues los manzanos pueden llegar a vivir cien años (Endress et al., 2018), se transformaron en bienes heredables de singular valía, dentro de un mecanismo que aseguraba una renta perpetua a los herederos. Para responder las interrogantes se utiliza el método heurístico-crítico, propio de la historia, así como diversos tipos de fuentes primarias de los siglos XIX y XX. Se revisa la totalidad de documentos referentes a los Fondos Notariales y Gobernación encontrados en el Archivo Nacional de la Administración (ARNAD) y el Archivo Nacional Histórico (ANH): 399 volúmenes repartidos en los fondos Gobernación de Castro (1849-1930) y Quinchao (1837-1954), Notarios de Achao (1865), Ancud (1859-1900), Castro (1861-1931) y Calbuco (1755-1919), además del Catastro de la Dirección General de Estadísticas (1864).

A partir de ello se observa que los manzanos aparecen en los documentos referidos desde 1849, manteniéndose hasta 1924. Durante este período de casi un siglo se detectaron manzanos en 267 documentos, entre testamentos, donaciones, inventarios de bienes, compraventas, embargos y robos. Asimismo, se observa en Chiloé la mantención de modalidades coloniales y en transición hacia formas republicanas un poco más evolucionadas -en la mantención de un modelo multiproductivo en parvifundios-, lo cual se refleja en la literatura citada.

Ejemplo de un documento notarial antiguo o ilustración de un testamento con mención detallada de manzanos

En Chiloé, territorio donde no arraigó la vid, la información notarial detectó a la chicha como el principal consumo y modo de preparación de las manzanas durante siglos (Cavada, 2016; Cárdenas, 1978). De acuerdo a Urbina, son las pequeñas explotaciones las que sintetizan toda la economía y cultura agraria de la isla, en un esquema que comprendía casa y a su alrededor huerta y almácigo. Inmediato a la casa se encontraba el manzanar “de donde se obtenía chicha para todo el año” (Urbina, 2016: 180). Luego de eso, comenzaba el espacio de los animales domésticos.

En una economía con tales características, los manzanos destacaron como bienes de importancia, al momento de quedar registrados en instrumentos notariales, que reflejan la importancia cualitativa de los mismos. Los manzanos, en este contexto de testamentos escasos de bienes, adquirieron una relevancia particular y se encuentran señalados en dichos instrumentos legales, de forma minuciosa y detallada “para evitar posteriores confusiones” (Gonzalbo, 1989: 78), como se estilaba en la legalización documental de la época. Aunque las fuentes no permiten aclarar su impacto económico, sí pueden hacerlo en su valor relativo: demostrada la prevalencia de la pequeña propiedad en Chiloé, puede inferirse la problemática derivada de repartir una herencia limitada de tierras con sus mejoras entre varios herederos.

Las soluciones notariales para estos casos pasaron por repartir las tierras para unos herederos y los árboles para otros, llegando a legar solo medio árbol frutal o sus frutos, pero no el árbol (George, 1963; Villalobos, 1979; Castro, 2011). En Chiloé los modos de dividir cuestiones que parecen indivisibles, como un árbol entre varios herederos o separando los árboles del terreno en donde están plantados, tomaron distintos rumbos. El primer caso pareciera que, documentalmente, era el más sencillo de resolver para los notarios de la época por medio de la aclaración del destinatario de los bienes o deslindes de terrenos, tal como se ve reflejado en la repartición que Rosa María Alarcón realizó de la mitad de la arboleda de manzanos que legó para repartir entre sus herederos; la cuadra “y un tercio de terreno con árboles manzanos” del testamento de Domingo Márquez o los que dejó Pedro Chiampani junto con otros bienes aclarando que sus bienes serían para un heredero en particular. María Dolores Naimañ repartió sus bienes, una arboleda de manzanos y una casa, todo plantado y construido durante su matrimonio. El segundo tipo de solución detectada por primera vez en Chiloé sin duda planteaba un desafío para la labor notarial, pues debía separar bienes vivos, como los manzanos, de la tierra en la que estaban enraizados.

Perspectivas Historiográficas sobre la Fruticultura y la Cultura Agroalimentaria en Chile

El tema de la fruticultura en Chile es de reciente data, aunque ya cuenta con aportes de singular importancia. Hasta el año 2009 (Lacoste et al., 2009) no fue tratado por la historiografía tradicional como un objeto de estudio separado de la historia socioeconómica y agraria del país, limitándose a mencionar el cultivo de ciertos frutales, pero sin explicar magnitudes, tipologías y destinos (De Ramón y Larraín, 1982; Cavieres, 1993; Villalobos, 1999; Carmagnani, 2001; Silva, 2003).

De todos modos, los frutales ingresados en el Reino de Chile llamaron la atención de la historiografía por el papel jugado en la conformación de patrimonios, especialmente en época colonial. Gracias a la ampliación de las fuentes de estudio, se ha investigado sobre el desarrollo histórico de la fruticultura y sus diversas aristas, inquiriendo sobre épocas y modos de introducción, desarrollo, papel socioeconómico, áreas de impacto, magnitudes y tipologías. En suma, la historiografía actual vinculada a la cultura agroalimentaria ha derribado los mitos construidos en torno al agro colonial del Cono Sur, demostrando su dinamismo e innovación (Robles, 2010; Lacoste et al.).

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