El Merengue Venezolano: Origen, Historia y Características

Mucho se ha dicho alrededor de los orígenes del merengue venezolano y, sin embargo, muy poco sabemos sobre sus verdaderos orígenes y su evolución como uno de los géneros más característicos de la música popular venezolana en la región capitalina y central. Aunque la Wikipedia ha creado una página específica como Merengue venezolano, entre los connacionales se le conoce simplemente como “merengue”.

El Merengue Venezolano es un género musical que apareció en Venezuela a principios de siglo XX, haciéndose popular primeramente en Caracas, la capital de Venezuela. Este ritmo venezolano se encuentra bastante extendido por el Caribe, sin embargo, se toca con mayor intensidad en la música venezolana. Es importante destacar que, a pesar de la similitud de la palabra, el merengue venezolano no tiene absolutamente nada de similar al merengue dominicano (o simplemente “merengue”, como se le conoce en toda América y el mundo), principalmente por su estructura musical.

Esquema comparativo del merengue venezolano y dominicano

Desmitificando el Origen: Más Allá de las Leyendas Urbanas

Los mitos urbanos son asuntos de cuidado. En este orden de ideas, el merengue venezolano no se origina en los prostíbulos de El Silencio, tal como reza la pertinaz leyenda. Habría que comenzar diciendo que el merengue venezolano no se origina en Venezuela, mucho menos en un sitio tan precario como lo era la zona de tolerancia de la vieja Caracas llamada precisamente El Silencio.

El merengue venezolano es por antonomasia una danza, entendida esta como un género músico-bailable que alcanza gran popularidad en toda la cuenca del Caribe durante la segunda mitad del siglo XIX. La danza deriva de la antigua contradanza, que se origina en la Inglaterra del siglo XVII. Es tal la confusión de términos como merengue, danza, tango, habanera y contradanza a lo largo de todo el siglo XIX en Hispanoamérica, referidos todos a una misma expresión músico-bailable, y usados de manera tan intercambiable, que resulta improductivo intentar un deslinde entre ellos.

No obstante, sí cabe hacer una distinción de tipo musical entre la danza y la contradanza, y es sin lugar a dudas el característico ritmo de tango que incorpora la danza en su segunda parte. En todo el Caribe, la coreografía de la primera parte de la danza se llamó paseo, que se explica por su solo nombre. La de la segunda solía llamarse merengue por sus meneos característicos que emulaban el batido de la clara del huevo. Todo esto comienza a ocurrir en la tercera década del siglo XIX, y no a inicios del XX, como reza la leyenda prostibularia del merengue venezolano.

Es importante recalcar que al decir de Curt Sachs (1944:399), el auge de la contradanza durante el siglo XVIII va en relación directa al “incremento de la sociedad burguesa y a la declinación de la cultura aristocrática”, lo que desmiente totalmente este supuesto origen sórdido. La obsolescencia del minué y otros géneros concomitantes es signo de un nuevo tipo de concepción del mundo, de un cambio en la sensibilidad de las personas, de un auge de nuevos factores económicos y de poder, y de una forma diferente de concebir las relaciones sociales.

La contradanza era mucho más sencilla de aprender que el minué y otros aires de danza que le precedieron: “El danzarín de minué toma lecciones durante años; el danzarín de contradanza, sigue siendo en general, un aficionado, en el peor sentido del término” (Sachs, 1944:400). Isabel Aretz (1966:3) asegura que para las fiestas de entronización de Fernando VI celebradas en noviembre de 1747 ya se encuentran referencias a la contradanza en Hispanoamérica.

Fray Pedro José de Parras (2006, s.p.) describe su visita al pueblo indígena de Itatí en las riberas del río Paraná, donde los indios “son muy fáciles para danzar y bailar, y lo hacen con primor; y he visto entre ellos bailar algunos minuetes y contradanzas con tanto garbo, como puede verse en Madrid.” El obispo Mariano Martí también nos brindará noticias de que en el Maracaibo colonial se bailaba la contradanza, al lanzar sus invectivas contra el vicario de esa ciudad, muy dado a los excesos coreográficos: “Acá se hacen unos bailes indecentes, y entre ellos una contradanza que llaman ‘la coxa’, con que un hombre y una mujer se enlazan los brazos y manos” (Palacios 2000: 295). Estos testimonios sugieren que la cercanía en el baile no era exclusiva de lugares de mala reputación.

Según narra William Duane (1968:102) a propósito del baile brindado en Bogotá en homenaje al onomástico de Simón Bolívar en 1822: “después de la primera contradanza siguió un vals, y así se fueron turnando alternativamente las piezas hasta las doce aproximadamente”. Valses y contradanzas en alternancia era pues lo que sonaba entonces. Richard Bache confirma para la misma época que en los bailes grancolombianos había valses en cada tanda de contradanzas (Benedittis, 2002:172).

Para 1841, el impresor venezolano George Corser publica en Caracas su Escuela de Contradanzas Francesas, o sean Cuadrillas y nuevo Gabotín, “para uso de la juventud venezolana”. Asimismo, el conocido impresor Tomás Antero da a la estampa en Caracas en 1852 una Colección de contradanzas españolas y francesas, autoría de Francisco Guerrero. Estas publicaciones dan cuenta de la inmensa popularidad que había alcanzado la contradanza en el país, pues no se encuentran manuales de baile de otro tipo durante esa centuria.

Del compositor venezolano José Lorenzo Montero nos quedan catorce turnos de baile para 3 violines, dos trompas y bajo, compuestos por encargo de Remigio Armas para un sarao del Sr. J. Santa María en enero de 1843. Cada turno consiste de una contradanza y un valse. Ya en algunas de estas contradanzas de Montero está presente el inequívoco ritmo del tango tan característico del merengue. Tal va a ser la difusión de la contradanza, que todavía en pleno siglo XX encontramos a compositores como Pedro Elías Gutiérrez o Sebastián Díaz Peña cultivándola con ahínco. Como baile enlazado, tanto el valse como la contradanza fueron tremendamente populares en todos los estratos sociales, a pesar de las reprensiones venidas del ala más conservadora de la sociedad.

En Hispanoamérica se introduce durante el siglo XIX una variante sumamente interesante de bailar la contradanza. Al tener que repetirla tantas veces para que todas las parejas hicieran sus figuras, ya objeto de evitar la saturación sonora, los músicos la dieron por hacer variaciones musicales, forzando diferencias en cada repetición, improvisando y creando nuevas melodías y texturas sobre el esquema armónico fijo de la contradanza. De allí deriva el merengue, que como ya se dijo, es la coreografía de la segunda parte de la danza donde se inserta el ritmo de tango o habanera.

José Pablo Morales (citado por Rosa-Nieves, 1951:196), acusa en 1895 que “caminamos a paso de gigantes a un abismo insondable con esas danzas de 120 compases de Merengue, con que hoy se divierte la buena sociedad de Puerto Rico”. Nótese que Rosa-Nieves habla específicamente de “la buena sociedad”, no de recintos de mala reputación. Este mismo fenómeno se repitió con sus matices en México, Colombia o Venezuela, pero con resultados siempre muy similares.

Ante tal cantidad de evidencias, ¿cómo seguir reafirmando el mito urbano de que el merengue nace en los prostíbulos de El Silencio, y de que tuvo que venir Luis Alfonso Larraín en la década de los años 30 del siglo XX a rescatarlo para insertarlo en los bailes de buen tono? ¡Eso ya ocurría en todos los salones caribeños desde tiempos de Bolívar! ¿Cómo seguir sosteniendo su origen prostibulario, cuando hay firme documentación de la filiación del merengue con la contradanza inglesa del siglo XVII, que fue bailada con pasión y fruición por la aristocracia y la burguesía en cortes y palacios europeos y americanos?

El baile “pegao y meneao” de la danza fue la regla absoluta en los salones caribeños sin empacho alguno. El rucaneo hizo furor desde muy temprano en el siglo XIX en los bailes de gran tono, no sólo de Venezuela, sino en todo el continente, siendo practicado ampliamente y sin tapujos en los salones burgueses, como lo expresan los documentos, por lo que el origen sórdido y popular del merengue queda absolutamente desmentido. Muy por el contrario, como dice Ángel Quintero Rivera (2009:212), “el baile de parejas engarzadas se identificó como ‘baile de salón’, frente a los ‘bárbaros’ bailes populares que no se distanciaban civilizatoriamente de la naturaleza celebrándose a la intemperie”. Es decir, bailar pegao y meneao en público se considera durante el siglo XIX la máxima expresión de la civilización: implica un gran control personal y social, y no un descontrol. Resulta absolutamente anacrónico por tanto decir que un género músico-bailable como la danza tiene origen prostibulario simplemente porque se baila rucaneao.

Ilustración de una contradanza del siglo XIX

La Coreografía: El "Rucaneo" y el Baile "Pegao"

En Caracas, el término se designa como un merengue rucaneao que es una forma de bailar en la celebración de las parejas y, a menudo con exagerados movimientos de cadera, paso que le sumó una posterior controversia, ya que era considerado por los conservadores de entonces como una manifestación vulgar. Tal vez por lo acaramelado de su nombre, por la impudicia de sus letras o por la forma de bailarlo, que requería ciertos movimientos acentuados de las caderas y un acercamiento muy estrecho de la pareja.

En Venezuela se denominó “rucaneo” (rúcano es el nombre de la rodilla de la res de donde se extrae la gelatina para un dulce homónimo), consistente básicamente en rozar rodillas, etimológicamente similar al “raspacanilla” actual. Como ya lo observaba Bache en el baile dado en homenaje al onomástico a Simón Bolívar en una fecha tan lejana como 1822: “bailan tan íntimamente entrelazados, que se necesita cierto dominio sobre sí mismo para no recelar a veces la posible usurpación de seres que nos pertenecen” (Benedittis, 2002:173). Estos escritos describen siempre tal situación en bailes domésticos, de buen tono, de la clase media, y no en recintos de mala reputación.

El merengue, como el valse y la contradanza, se practicaba absolutamente a la luz pública, al punto que va a ser comentario constante y repetido en las páginas sociales de la prensa, y en la literatura costumbrista. Por su parte, Manuel María Lisboa aclara en 1866 que la contradanza española es la danza favorita de las muchachas de Caracas, quienes la bailan con la cadencia de la rumba, a la que define como un estilo característico en toda América, y que “si tiene algo de lascivo es ‘la poesía de la lascivia’.”(Benedittis, 2002:207).

Características Musicales: El Ritmo Inconfundible del 5/8

Mientras el merengue dominicano y el méringue de Haití son ritmos binarios (compás de 2/4 o 2/2), el merengue venezolano suele escribirse en compás irregular de 5/8, lo que lo hace rítmicamente muy particular. Este 5/8 se subdivide de forma ternaria-binaria 3 + 2. Es decir, el patrón rítmico típico sería: 1-2-3 / 1-2. Mientras en los sonidos agudos se va marcando un tiempo de dos, los bajos marcan uno de tres. Esa superposición de ritmos hay que ajustarla para encajar con las escrituras en 2/4, 5/8 y 6/8.

Existe una controversia desde sus inicios de cómo escribir el merengue. Esta es la escritura que más se usó en tiempos pasados, y fue utilizada por Vicente Emilio Sojo, quien fue uno de los principales recopiladores de este género. Esta es también la que consideró Aldemaro Romero, partiendo de su explicación de su origen en el tango gaditano. Esta es la notación preferida por las nuevas generaciones de músicos y los ensambles musicales. La yuxtaposición de 3 contra 2 es un tema muy común que impregna la música venezolana y se encuentra en la mayor parte de sus formas, desde el joropo, hasta la gran cantidad de patrones de percusión afro-venezolanos.

Aprende a tocar el merengue caraqueño de 5/8 haciendo clave con la madera

Instrumentación Típica

Los instrumentos típicos en el merengue caraqueño son:

  • Vientos: Trompeta, trombón, saxo y clarinete.
  • Cuerdas: Cuatro, bajo, mandolina, guitarra.
  • Percusión: Rayo, maracas, batería.
  • Otros: Flauta.

Uno de los ritmos que se desprende del merengue es la guasa. En el diccionario de la Real Academia Española (R.A.E) hacen mención de la guasa como alguna forma de chanza, juego, burla, entre otros calificativos. Lo cierto es que es un ritmo por demás alegre y festivo como por ejemplo las composiciones "La barca de oro" y "Casta paloma" del pescador y juglar guayanés Alejandro Vargas, temas que popularizó la conocida agrupación Serenata Guayanesa.

Evolución y Resurgimiento: De los "Cañoneros" a la Actualidad

Las primeras apariciones de merengue en la impresión en Venezuela son de la segunda mitad del siglo XIX. Como manía de la danza, el merengue adquirió popularidad en Caracas en la década de 1920. Tuvo su mayor auge entre 1920 y 1940, gracias a los «cañoneros» como eran conocidos aquellos músicos que sacaron el merengue de esos locales nocturnos y lo llevaron a las plazas y los templetes en épocas de carnaval y otras celebraciones populares, recorriendo las calles acompañados de un artefacto llamado trabuco o cañón, que no era más que un pequeño tubo de bambú relleno de carburo de calcio y agua, al que hacían detonar (de ahí el nombre) para anunciar los temas que iban a interpretar a continuación.

Finalmente, ya entrada la década de 1950, los grandes salones sucumben y abren sus puertas a este baile caraqueño, que llegó de la mano de la orquesta de Luis Alfonzo Larraín. Canciones como "El Norte es una quimera" de Luis Fragachán, "La pelota del Carey" de Lorenzo Herrera, "Carmen la que contaba dieciséis años" y "Préstame tu máquina" de Balbino García animaron fiestas de matrimonios, quinceañeras, graduaciones y demás jolgorios capitalinos de la época. Sin embargo, luego este estilo musical cayó en desuso.

El merengue venezolano ya no es el fenómeno popular que fue en la década de 1920, pero sigue siendo un baile popular, especialmente en Caracas. Hoy este género musical ha vuelto a cobrar vida gracias a agrupaciones como Ensemble Gurrufío, Aquiles Báez, C4, Kapicúa, El Cuarteto, Serenata Guayanesa y Los Antaños del Stadium, entre otros. Varios grupos de "nostalgia" intentan preservar este género musical, algunos son: Los Antaños del Stadium, Cañón Contigo, Los Cañoneros, Cuarteto Caraquita y Rucaneo del Mabil. Algunos conjuntos modernos que incorporan merengues venezolanos en su repertorio incluyen: Grupo Raíces, El Cuarteto, Beto Valderrama, Henry Rubio, Luis Laguna y Ensamble Gurrufío.

Ejemplos de Merengues Venezolanos Notables

  • "Carmen la que contaba 16 años" - Los Antaños del Stadium
  • "El Norte es una quimera" - Luis Fragachán (interpretado por Los Cañoneros)
  • "Compae Pancho" - Lorenzo Herrera
  • "Criollísima" - Henry Martinez
  • "La pulga y el piojo" - Serenata Guayanesa
  • "Merengue venezolano" - Billo’s Caracas Boys
  • "El tramao" - Sexteto Sur
  • "La suegra" - La Rondalla venezolana
  • "Epa Isidoro" - Billo’s Caracas Boys
  • "Merengue caraqueño" - Hernán Gamboa
  • "El sinvergüenza" - El Cuarteto
  • "Cañoneando" - Aquiles Báez
  • "Soy Criollo" - Lino Rodríguez
  • "La pelota de Carey" - Los Antaños del Stadium
  • "La Ruperta" - Simón Díaz
  • "El totumo de Guarenas" - Los Antaños del Stadium
  • "El Cumaco de San Juan" - Alfredo Sadel
  • "El Catre" - Cecilia Todd
  • "Cocoíta" - Los Antaños del Stadium
  • "Patatín Patantán" - Pablo Camacaro

El Merengue Venezolano en la Música Culta

El merengue fue abrazado con entusiasmo por la gran mayoría de los compositores clásicos nacionalistas de Venezuela. La pianista y compositora Teresa Carreño escribió varios merengues, y se incorpora la forma como un intermedio en algunas de sus piezas (por ejemplo, en su artículo titulado Un Bal en rêve). El pianista y compositor Moisés Moleiro también escribió y realizó merengues en su repertorio clásico, al igual que Evencio Castellanos.

El saxofonista y compositor Daniel Milano Mayora escribió un buen número de merengues, tanto para la interpretación popular, así como de solos de piano virtuoso. El guitarrista y compositor Antonio Lauro escribió lo que se cree que es la primera pieza en forma de guitarra clásica en solitario, titulado simplemente Merengue en 1945. Rodrigo Riera compuso su primer merengue para guitarra solista, titulado Merengue Venezolano en la década de 1950. Más tarde, escribió muchos otros merengues.

Etimología del Término "Merengue"

Los orígenes de la palabra “merengue” son un tanto llamativos. Para algunas personas, la palabra proviene de la palabra francesa “meringue”, un dulce hecho de las claras de huevo batidas y azúcar. Sin embargo, esta mezcla se llama “suspiro” en Venezuela. Existe un vínculo más fuerte con un baile popular de Haití con ese nombre, y la conexión con la coreografía de la segunda parte de la danza, donde los meneos característicos emulaban el batido de la clara del huevo, lo que pudo haber dado origen al nombre.

Pensar que la práctica del rucaneo en el merengue era exclusiva de mabiles, prostíbulos y burdeles resulta a todas luces anacrónico, una incorrección histórica inadmisible para un estudioso, porque se practicaba en todos lados por igual y con total desparpajo como lo hacen notar la prensa y los escritos de la época.

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