La Capilla La Natividad de María: Un Ícono Renovado
La capilla La Natividad de María, ubicada a los pies del Cerro San Cristóbal, es un templo de gran significado cultural y un ícono de la memoria de Santiago. Conocida por los vascos en Chile por el retoño de un árbol de Guernica en su entrada, esta capilla luce hoy renovada tras un exhaustivo plan de conservación y restauración. Hasta hace poco, la capilla se encontraba en un estado de deterioro avanzado, con la hiedra abrazando sus muros, la enredadera atrapando humedad y dañando tanto el exterior como el interior del templo.
Al ingresar, la armonía de sus formas cautiva al visitante. Imágenes sagradas pintadas alrededor del altar y coloridos relieves esculpidos en sus muros de piedra narran episodios de la vida de María. Si bien aún se observaban maestros en obra, todo indicaba que los trabajos de conservación y restauración estaban cerca de su conclusión.
"Sabía que había un tesoro escondido", recuerda el rector del santuario, Rodrigo Tupper. "El paso de los años y la falta de mantención habían ocultado las figuras. No teníamos la certeza respecto de quién era el autor de los frescos y de las pinturas; además, el santuario estaba a punto de cumplir 100 años y pensamos que esta restauración podía ser un aporte para el Bicentenario. Providencialmente apareció Cecilia Beas para llevar adelante el proyecto".

La Experta Cecilia Beas al Frente de la Restauración
Durante cuatro años, la experta en conservación y docente de la PUC, Cecilia Beas, lideró los trabajos de restauración. Contó con un equipo multidisciplinario compuesto por historiadores, químicos, arquitectos, ingenieros, antropólogos, fotógrafos y estudiantes. "Y también los feligreses", añade Cecilia Beas, "puesto que cada domingo fueron viendo los avances y asistieron a las charlas en que se les explicó en detalle cada intervención".
La historia de la capilla se remonta al 22 de noviembre de 1903, cuando se colocó la primera piedra bajo el arzobispado de monseñor Mariano Casanova, en conmemoración del cincuentenario del dogma de la Inmaculada Concepción. Fue inaugurada el 26 de abril de 1908, con la virgen proveniente de la fundición Val d'Osne, de París, ya instalada. "A partir de esta devoción se hace necesaria la construcción del templo, el que finalmente se levanta tras la iniciativa de monseñor Juan Subercaseaux junto a su hermano pintor, Pedro Subercaseaux. De allí que a él se le atribuyeran los altorrelieves y conjuntos escultóricos del edificio. Pero, tras su restauración, se descubre que éstos fueron realizados por el artista de arte sacro más relevante del siglo XX en nuestro país, Peter Horn".
Descubrimiento de la Verdadera Autoría de las Obras
La atribución original de los altorrelieves y conjuntos escultóricos a Pedro Subercaseaux fue desmentida tras la restauración. La investigación, que incluyó la revisión de diversos estudios y archivos de bibliotecas y del MOP, no había logrado aclarar la autoría de las pinturas murales. Sin embargo, durante los trabajos, la restauradora María Eugenia van der Maele, gracias a su experiencia, descubrió la mano de Peter Horn, reconociendo la sutileza de su técnica y estética.
Dado que los relieves no estaban firmados, la comprobación de su autoría se realizó a través de estudios comparativos con otras obras de Horn, como las de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vitacura. Fue crucial el testimonio de su hijo, Gabriel Horn, quien recordaba haber acompañado a su padre a ejecutar las obras en el cerro. Los análisis científicos de alta tecnología, realizados por el CNCR, permitieron definir la técnica, composición y estructura de cada imagen. La ratificación del padre Gabriel Guarda, quien también atribuyó los murales a Horn, fue de gran importancia.

Itinerario de los Trabajos de Restauración
Los trabajos de restauración comenzaron en febrero de 2008 con el mural del altar, cuyos muros no presentaban problemas de humedad. Posteriormente, con gran paciencia, se intervino la serie sobre la virgen, compuesta por once pinturas en las naves laterales. "Su estado era deplorable. Estaban repintadas de manera inadecuada, las capas de pintura escondían los deterioros y, lo que es peor, la mano original de Peter Horn", señala Beas. Presentaban inestabilidad matérica y pérdida de su base de cemento debido a la humedad.
El equipo descubrió que la virgen y el San Cristóbal en la fachada también eran obras de Horn, aunque habían sido pintados con esmalte blanco en numerosas ocasiones. La pintura blanca se retiró con bisturí debido a la porosidad del material. Asimismo, los conjuntos escultóricos exteriores, que representan el Calvario y la Piedad, también fueron reconocidos como obra de Horn, evidenciando que el artista concibió el lugar en su totalidad como un recorrido artístico.
Durante la restauración, se hizo evidente la huella característica de Horn como dibujante en diversos materiales. El análisis de muestras microscópicas y pruebas microquímicas reveló el uso de carbón. Mediante el análisis de muestras y cortes estratigráficos, se definió la morfología de la pintura y los pigmentos utilizados. Horn lograba el relieve con cemento y sobre él pintaba cada escena mural.
El Regreso del Color y la Forma Original
A medida que avanzaban los trabajos de limpieza, las obras que se habían vuelto monocromáticas recuperaron su tonalidad original. "Aparece la paleta de colores originales, con un amarillo, rojo cadmio claro, naranjo, verde, azul cerúleo, blanco de cinc y otras tonalidades que antes estaban cubiertas por un velo gris de suciedad".
Los repintes y la suciedad no solo habían alterado los colores, sino también las formas, proporciones y espacios. Su retirada produjo un gran cambio en los personajes, revelando el ambiente de cada escena y la emoción en el rostro de María, que se había perdido. Iconográficamente y pastoralmente, las imágenes se habían vuelto oscuras y tristes, con rostros atormentados que contradecían la Sagrada Escritura. Por ejemplo, en "La Anunciación", los repintes mostraban a la virgen con una actitud enojada, lejos de la emoción propia ante el mensaje del ángel Gabriel. En "La Visitación", la virgen y Santa Isabel se abrazaban en un ambiente de tristeza y penumbra, con rostros inexpresivos.
Cecilia Beas destaca que Horn concibió este lugar como un espacio de reflexión y acogida para la oración, aprovechando el paisaje y el templo, que asemeja una gruta románica. "Aquí el artista habla de su devoción a María y lo expresa cargando de emoción cada episodio relevante en la vida de la madre de Cristo. Por ejemplo, el casamiento de la virgen o ella en el taller con José son escenas poco frecuentes en la historia del arte y que él logra plasmar con encanto".

Un Plan Integral de Conservación
Más de 50 millones de pesos se invirtieron en este proyecto de conservación y restauración, siendo la mano de obra el mayor costo, especialmente en la limpieza con bisturí y la reintegración del color mediante puntillismo para diferenciarla del original.
"Gracias a Dios son muchas las personas que generosamente han ayudado para que este proyecto pudiera llegar a buen puerto", afirma el padre Tupper. "Destaco la ayuda inicial de Francisco Armanet de Banchile y el aporte fundamental y decisivo de Carlos Eugenio Lavín y el grupo Penta".
Los trabajos incluyeron la conservación arquitectónica del templo. Se realizó la planimetría, se estabilizaron estructuras de la techumbre, se recuperó la fachada mediante la estabilización del mortero y la eliminación de la enredadera. Se dio solución al drenaje y a las salidas de agua, y se impermeabilizaron los muros. Se trabajó en la subida al coro y se cambió la puerta de acceso por una de vidrio para lograr la unidad. En términos estructurales, el templo se estabilizó antes del terremoto, resistiendo perfectamente y reforzando el principio de que "más vale conservar a restaurar". Los murales también habían sido consolidados en marzo, estabilizados en sus materiales, y resistieron muy bien.
El proyecto se completó con la iluminación desarrollada en el sitio por Douglas Leonard, la cual "favorece la lectura de la obra original y de la mano del artista, poniendo en valor la estética del lugar".
Símbolo y Memoria de Santiago
La imagen de la Inmaculada Concepción del Cerro San Cristóbal es uno de los símbolos más importantes y característicos de la Ciudad de Santiago. "Muchas comunidades, parroquias y colegios lo visitan periódicamente. Después de la Catedral Metropolitana, este santuario fue el primer lugar donde peregrinó el Papa Juan Pablo II en su visita a Chile", recuerda el sacerdote Rodrigo Tupper.
Cecilia Beas ha comprobado que en este sitio se produce una gran interacción de diversos grupos culturales del país: "Laicos y fieles, turistas y peregrinos, deportistas, ancianos, niños y jóvenes, cada día ingresan al templo en un ambiente de respeto mutuo. Son parte del proceso de creación y resignificación de esta capilla, siendo un patrimonio activo y dinámico que se renueva con el aporte de cada uno".
Este emplazamiento fue considerado un espacio sagrado de veneración desde tiempos indígenas. Tupahue puede comprenderse como "Lugar de Dios", y posteriormente los españoles encomendaron su protección a San Cristóbal. En el siglo XVI, el gobernador Rodrigo de Quiroga construyó una cruz de madera visible desde cualquier punto de la ciudad.
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Otras Obras y Descubrimientos de Peter Horn
La investigación sobre Peter Horn ha revelado su prolífica obra a lo largo de Chile. Recientemente, se descubrió que un mural en la iglesia San Francisco de Valdivia es del mismo autor que uno existente en el Instituto Alemán de Osorno. La licenciada en Arte, Tanya Wagemann, analizó el mural de Osorno, realizado en la década de los treinta, y reconoció el mismo estilo en el mural del altar de la iglesia San Francisco en Valdivia. Este mural representa la colonización alemana y la integración de estos extranjeros al Estado Chileno.
Wagemann, quien realiza un inventario del patrimonio artístico de la Diócesis de Valdivia, identificó en 2019 el mural de la iglesia San Francisco, que representa los estigmas del santo de Asís. Según su análisis, el mural podría ser de la década de los cincuenta del siglo XX. La similitud en la firma o estaurograma, el tratamiento de color en relieve, la composición y los pliegues, sugieren con "cierta seguridad" que Peter Horn es el autor, a pesar de la ausencia de documentos que lo acrediten directamente. Estas obras presentan similitudes con las realizadas en la capilla del cerro San Cristóbal.
El Cristo de la Iglesia Luterana de Osorno también podría ser obra de Horn, dada la similitud con su obra del Cristo de Rinconada de Silva. Peter Horn Werner, nacido en 1908, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Múnich, bajo la tutela del escultor Heinrich Waderé. Tras ganar un concurso público con una escultura para adornar una plaza en Múnich, realizó otras obras en Baviera.
Su llegada a Chile se debió a un malentendido en un aviso del Arzobispado de La Serena que buscaba vocaciones religiosas, el cual Horn interpretó como una beca de artes. Llegó a La Serena en 1932 y, al darse cuenta de su error y sin recursos para regresar, se quedó trabajando para el Arzobispado, creando obras de arte religioso, entre ellas el Cristo de Rinconada de Silva. En 1937, regresó a Chile y se radicó en Osorno, donde fue contratado como profesor de arte del Instituto Alemán, realizando esculturas para dicho instituto y la iglesia luterana.
En 1939, regresó a Alemania, pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial lo obligó a combatir. Como hablaba español, se unió a la División Azul. Fue hecho prisionero en el campo de concentración de Auschwitz. Tras la guerra, regresó a Chile en 1950, consolidando su nombre como uno de los principales escultores de arte religioso del país.
La estatua de Santa Inés en la parroquia de Isla Teja, Valdivia, fue identificada por su propio hijo, Gabriel Horn, quien, a pesar de su inicial duda, reconoció el estilo de su padre al tocarla. Hoy, la estatua lleva una placa que indica "Obra de Peter Horn".
Peter Horn Werner realizó esculturas y relieves en madera y piedra de variadas tendencias, desde el neoacademicismo clásico y rasgos románticos hasta el Jugendstil. Sus obras abarcan retratos de niños, desnudos femeninos y Cristos, además de murales y conjuntos escultóricos. Falleció en Santiago de Chile el 11 de abril de 1969.

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