El alfajor, esa dulce tentación amada y disfrutada por todos los argentinos, tiene una historia que se remonta a tiempos lejanos. Pero antes de adentrarnos en la historia de Jorgito, es importante conocer el origen de este popular dulce.

El Alfajor Primitivo: Un Legado Árabe
El alfajor primitivo, también conocido como al-hasú, es una antigua preparación árabe que poco se asemeja al que hoy en día se consume. Era un dulce elaborado con almendras, nueces, miel, pan molido y especias, parecido al turrón. Su origen se emparenta con otros productos de la cocina árabe como el turrón de almíbar.
El Alfajor en la Península Ibérica
Durante la ocupación musulmana de la península ibérica entre 711 y 1492, este manjar cruzó el Mediterráneo y se integró en la cultura gastronómica ibérica, adquiriendo el nombre actual de “alfajor”. El primer registro escrito de la palabra “alfajor” se remonta a un diccionario de 1494, cuando se buscaba adaptar las palabras árabes al español.
Tanto el alfajor como el dulce “alajú” siguen siendo recetas tradicionales que se disfrutan en algunas regiones de España.
- El alajú, típico de Cuenca, se asemeja al turrón en su presentación: una estructura circular con dos obleas en la parte superior e inferior y un relleno crujiente de almendras y miel en el centro.
- Por otro lado, el famoso alfajor andaluz, una delicia clásica de las navidades, tiene una consistencia compacta en forma de cilindro elaborado con pan molido, harina de frutos secos, miel y especias. El antecedente más cercano del alfajor sudamericano está en los andaluces alfajores de Valverde del Camino, provincia de Huelva, donde se fabrican artesanalmente las tortas de alfajor, que consisten en una masa de miel, almendras, pan molido, canela, clavo y matalahuva que rellena dos obleas.
Estas obleas son popularmente llamadas hostias por fabricarse de la misma forma que las que se consagran en la misa católica. Suelen venderse envueltos en celofán y está documentada su elaboración desde el siglo XVIII. A su fama han contribuido las alfajoreras, mujeres de Valverde que se desplazaban a las Ferias y Romerías de la región con sus puestos de dulces y turrón, con un circuito que empezaba en la Feria de Sevilla y terminaba en la fiesta de Todos los Santos en la Feria de Niebla.
El Alfajor en América Latina
El alfajor fue difundido en América durante el Imperio Español. Esta variedad se compone de dos o más galletas unidas por un relleno dulce y generalmente bañadas en chocolate, glaseado o azúcar en polvo. Debido a la popularidad del alfajor español, estos iban ya en los almacenes de las primeras naves de los españoles que se dirigían a América, a mitad del siglo XVI. Las primeras referencias de su presencia en América mencionan a Venezuela donde les eran dados como ración a las tropas españolas.
El Alfajor en Argentina: Transformación y Popularización
El alfajor desembarcó en Argentina desde España en sus versiones más primitivas alrededor de 1770. Ya para 1830, se podían encontrar indicios de él en recetarios locales, y en 1844 apareció su primera representación gráfica: una litografía de Alberico Ìsola que mostraba a una vendedora ambulante afrodescendiente ofreciendo alfajores a un niño.

Protagonistas Clave
La historia del alfajor en Argentina tiene dos protagonistas fundamentales:
- Augusto Chammás, un químico francés, es el responsable de la invención del alfajor redondo que conocemos hoy en día. Se cuenta que le dio esa forma tras voltear un vaso y recortar la masa, dando origen a los famosos alfajores Chammás cordobeses (de la Córdoba Argentina). Visualmente, algunos lo comparan con una Oreo bañada en chocolate, aunque solo en lo visual, porque en sabor y textura no tienen nada que ver.
- Hermenegildo Zuviría, apodado “Merengo” por siempre vestir de blanco, fundó en 1851 la primera marca de alfajores en Argentina: Merengo. Además, se dice que en el primer piso de su casa, se reunían los constituyentes que redactarían la Constitución Argentina de 1853, lo que contribuyó a su difusión por todo el país. Desde entonces, el alfajor se convirtió en el souvenir patrio por excelencia, y la tradición de comprar alfajores durante los viajes se arraigó en la cultura.
El Alfajor Santafesino
El primer alfajor propiamente argentino que se tiene noticias es el Alfajor santafesino. Este alfajor está unido a la historia de la ciudad de Santa Fe. La elaboración de los típicos alfajores santafesinos comenzó en 1851 en un local ubicado en la esquina S.O. Su dueño y creador del alfajor se llamaba Hermenegildo Zuviría, a quien apodaban “Merengo”, y junto con sus empleadas, las hermanas María Andrea y Sinforosa Piedrabuena, elaboraban los alfajores.
Los ingredientes básicos de este alfajor eran: galletas de masa salada circulares horneadas, rellenas con dulce de leche y bañadas en merengue italiano; la receta tradicional se respeta hasta el día de hoy. Su popularidad surge con la realización de la Convención Constituyente en el año 1853. Fue en esa ocasión cuando los alfajores de Merengo fueron conocidos por todo el territorio nacional de la mano de los 23 constituyentes que, luego de vivir 6 meses en Santa Fe, eligieron este postre para llevarlo de recuerdo a sus hogares.
El Coronel santafesino Néstor Fernández lo llevó a la batalla de Caseros y fue cuando el ejército lo probó y se popularizó tanto que el general Justo José de Urquiza se hacía llevar a su estancia San José de Entre Ríos un cargamento semanal de estos alfajores santafesinos. El sobrenombre «Merengo» dio origen a una marca que se consigue hasta estos días en los comercios que venden alfajores de la ciudad de Santa Fe.
Consumo Masivo y Regional
Aunque el alfajor ya estaba presente en Argentina, no se convirtió en un dulce nacional hasta bien entrado el siglo XX. A partir de 1945, se inauguró la primera gran fábrica de alfajores al por mayor en el país: Guaymallén, seguida por Havanna en 1948. No obstante, fue en la década de los 80 cuando el consumo de alfajores se disparó un 600%, convirtiéndose en una costumbre diaria para muchos argentinos.
Como golosina de producción masiva, su elaboración se remonta a la década de 1950 en la costa atlántica argentina. Marcas como Havanna y Balcarce son las primeras, desarrollándose posteriormente otras que suman más de 30 distintas en kioscos y supermercados. En 2021, según datos de la Asociación de Distribuidores de Golosinas, Galletitas y Afines, se vendieron 6 millones de alfajores diarios, es decir, 2,19 mil millones de unidades en el año. Es tal la variedad que en las góndolas de los supermercados pueden encontrarse hasta 34 variedades diferentes de este producto. Argentina exporta alfajores a treinta países. Según datos de la Asociación de Distribuidores de Golosinas y Afines, se consumen 70 alfajores por segundo en Argentina y actualmente es la golosina más comprada.
LA HISTORIA DEL ALFAJOR | FOTOGRAMA CLAVE
Entre los alfajores regionales argentinos se destacan:
- El cordobés, relleno de dulces de fruta (generalmente de membrillo).
- El ya mencionado santafesino.
- Una variante llamada Rogel, que es más grande (del tamaño de una torta chica).
- El tucumano, que es conocido también como clarita, fabricado con unas galletitas crocantes como tapas y relleno de dulce hecho con miel de caña.
Desde 1989, tiene sede en la ciudad cordobesa de La Falda, la «Fiesta Nacional del Alfajor».
Variantes Internacionales del Alfajor
- Chile: La forma del alfajor es básica para todos los tipos de «dulces criollos» chilenos. El segundo tipo de alfajor, considerado el verdadero alfajor tradicional del país, recibe el nombre de «alfajor chileno», siendo preparado principalmente en la zona sur de Chile. A diferencia de los alfajores de maicena tradicionales, destaca por ser preparado con dos hojarascas -especie de galleta de contextura firme y delgada-, que al ser previamente cocidas tienen una forma curva en dos de sus extremos, unidas tradicionalmente con chancaca, con manjar o, en menor medida, con crema pastelera (si se rellenan con chancaca, las hojarascas son un poco más gruesas y planas que aquellas que se rellenan con manjar).
- Costa Rica: Los alfajores en Costa Rica son un dulce bastante popular comercializado en las panaderías del país.
- México: El alfajor o alfafor en México es un dulce típico en las zonas rurales de todos los estados del país, elaborado a base de granos de maíz recios y tostados, molidos y mezclados con una melcocha hecha a base de piloncillo y anís para dar su sabor característico. Sin embargo, también hay dos productos que lleva un proceso a base de obleas delgadas hasta transparentar, rellenos de miel o dulce de leche, en el estado de Michoacán dos obleas redondas se rellenan de dulce de leche y se envuelven en celofán, estas obleas pasaron a ser «Morelianas» por ser Morelia la Capital del estado.
- Perú: ¡Alfajoreee!... ¡Que se va la alfajoreee! En Cajamarca se suelen preparar de dos formas distintas, pero con ciertas similitudes. Se destaca el alfajor arequipeño, también denominado alfajor de miel o alfajor de la curva, por su forma sinuosa. Su origen se encuentra en el Valle del Tambo en Arequipa. También existe el alfajor moqueguano, similar al arequipeño, y el alfajor de penco, llamado antiguamente alfajor de yemas, típico de Moquegua. Es mucho más grande que un alfajor común, asemejándose a una torta, con tres capas de masa.
- Uruguay: El alfajor es una de las golosinas más consumidas en Uruguay. Las principales plantas elaboradoras de alfajores se ubican en los departamentos de Maldonado, Lavalleja y Montevideo.
Campeonato Mundial del Alfajor
El Campeonato Mundial del Alfajor (Abreviatura: CMA) es una competencia culinaria dedicada a premiar la calidad de los alfajores, una comida típica de América Latina, principalmente Argentina y Uruguay. Actualmente Canadá, Gales, Ecuador, Brasil, Perú y Paraguay tienen medallas, aunque marcas de España, Canadá, Estados Unidos, Países Bajos, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Colombia participaron del evento. Las muestras enviadas por las empresas se someten a una evaluación, donde un jurado especializado asigna un puntaje a las características establecidas.
Historia y Evolución de Alfajores Jorgito
En el contexto de la creciente popularidad del alfajor en Argentina, nació Jorgito, una panadería ubicada en el barrio de Boedo, Buenos Aires, en los años 60. Amador Saavedra adquirió un local y empezó a vender pan, bollos y, por supuesto, alfajores. Al parecer, la panadería que compró Saavedra se llamaba Jorgito porque era el nombre del hijo del dueño, y decidió mantener ese nombre. Con el tiempo lo fueron adaptando, pero muy poco. Le sacaron un poquito de “jopito”, pero sigue manteniendo la misma cara. Ahora, quién es Jorgito… no lo sabemos, es una incógnita que en algún momento esperan se resuelva.

En 1960, para impulsar el crecimiento del negocio, Amador Saavedra se asoció con José Fernández, un joven de 30 años que se dedicaba a la distribución de golosinas y productos alimenticios. Primero comenzaron como proveedores de panaderías y pastelerías. Los alfajores se envolvían en paquetitos de forma manual. En los comienzos, la pequeña empresa vendía directamente a los colegios. El local de Caballito les quedó chico y se mudaron a Virrey Liniers 2020, en Parque Patricios, donde montaron la fábrica de alfajores Jorgito. Después, cuando vieron que el negocio crecía, decidieron comprar las máquinas.
Expansión y Marketing
El éxito de Jorgito radicaba en la calidad de los productos y en el profundo conocimiento que los fundadores tenían sobre los alfajores y cómo venderlos. Amador Saavedra y Juan Fernández dedicaron toda su vida a la fábrica de alfajores. La empresa estableció alianzas con distribuidores de bollería, hipermercados y mayoristas, lo que permitió llevar sus alfajores a todos los rincones de Argentina y consolidarse como una marca reconocida. Al final, Saavedra y Fernández tomaron la decisión de ir a por el cliente final. Y como su principal target era el público infantil, centraron su estrategia de marketing en los kioscos y colegios. Tiempo después, las ventas se dirigieron a mayoristas de golosinas, autoservicios y las cadenas de hipermercados. Y en materia de publicidad se orientaron a los deportes: participaban mucho en fútbol y en automovilismo. Así se hicieron conocidos y la marca caló profundo.
Crecimiento y Desafíos
En la empresa, que comenzó con unos pocos de empleados, actualmente emplea a 250 personas que producen entre 500 y 600 mil alfajores por día. La época dorada de Jorgito fueron los años 90. A lo largo de los años, Jorgito ha innovado su oferta de productos, lanzando al mercado nuevas variedades de alfajores y otras golosinas. Con los años, se sumaron conitos de dulce de leche y bizcochitos de grasa.
Sin embargo, también ha enfrentado desafíos, como la crisis económica de 2001 y la pandemia de 2020, que afectaron la producción y las ventas. La empresa tuvo que hacer frente a la embestida del chocoarroz, las barritas de cereales y las líneas premium. Pero el Jorgito tenía algo que lo hacía especial: sabor a infancia.

El Legado Familiar
Actualmente la empresa está a cargo de la segunda generación de la familia Saavedra y Fernández. Con Tony [Jesús Antonio Saavedra, hijo de Amador] empezaron a trabajar en 1976. Sus padres querían que ellos trabajaran en la empresa, les metieron esa idea con un taladro en la cabeza. Tony y su hermana Patricia, y Carlos, el hermano de Tony, se unieron a la empresa familiar. Mi hermana trabajó hasta que nació su primera hija, al tiempo empezó su marido. Esto es muy parecido a lo que te conté cuando vimos la historia de Panini y el origen de los cromos. Porque tres de los cuatro directores de Jorgito son hijos de los fundadores. Lo que le ha dado a la marca una personalidad de la que el pueblo argentino se siente muy orgulloso. Esta personalidad se reflejó en el reconocimiento de marca que tuvo su merecido retorno en 2009, cuando la empresa recibió el premio a la Marca con mayor valoración de Argentina.
Con su dedicación a la calidad y la fidelidad de sus consumidores, Jorgito sigue conquistando los corazones de los argentinos con sus deliciosos alfajores. No en vano la empresa ha mantenido su carácter familiar a lo largo de los años con un fuerte sentido de tradición y valores arraigados. Así que, entre bocado y bocado, y generación tras generación, Jorgito ha sido una marca que ha dejado huella en la historia de los alfajores argentinos. ¡Branding Rules!