El proceso de curado del hormigón, tradicionalmente considerado como una etapa posterior a su colocación y acabado, es fundamental para garantizar su durabilidad y resistencia. Sin embargo, es esencial comprender que el curado debe iniciarse en el momento en que la superficie del hormigón comienza a secarse. Este secado superficial ocurre cuando el agua de exudación se evapora más rápido de lo que puede ascender a la superficie, un fenómeno que puede presentarse incluso antes de completar el acabado. El agua de exudación es una porción del agua de amasado (agua utilizada en la mezcla) que asciende a la superficie del hormigón fresco debido a la sedimentación de las partículas sólidas, y su gestión es clave en las distintas fases del curado.

Fases del Proceso de Curado
Curado Inicial
El curado inicial abarca el periodo desde la colocación hasta el acabado del hormigón y su principal objetivo es evitar la pérdida de humedad en la superficie. Si el acabado se realiza justo después de que el agua de exudación haya desaparecido, no es estrictamente necesario implementar medidas de curado inicial. No obstante, suele ser imprescindible cuando el secado de la superficie comienza antes del fraguado, o incluso antes de que se complete el acabado. Es importante considerar que la velocidad de evaporación del agua es máxima justo antes del fraguado del cemento, ya que posteriormente el agua se desplaza por difusión en el interior del hormigón, un proceso mucho más lento.
Este curado inicial es crucial para prevenir la fisuración debida a la retracción plástica en hormigones con muy poca exudación o que directamente no exudan. Un ejemplo de estos son los hormigones que contienen cementos finos u otros materiales cementantes finos, como el humo de sílice, las cenizas volantes o la escoria. También se incluyen en esta categoría los hormigones con una baja relación agua-cemento, con alto contenido de aire o con aditivos reductores de agua, donde la cantidad de agua de amasado es menor o su disponibilidad para la exudación es limitada.
Métodos de Curado Inicial
Se pueden emplear diversos métodos para el curado inicial que no dañen ni deformen la superficie del hormigón fresco, como:
- La nebulización (rocío fino de agua).
- El uso de reductores de evaporación.
- La modificación del entorno mediante sombras, barreras de viento o cerramientos.
El curado inicial debe llevarse a cabo justo después de que desaparezca el brillo superficial del agua de exudación, lo cual puede ocurrir tras el nivelado y, en algunos casos, incluso antes del alisado.

Curado Intermedio
El curado intermedio es necesario cuando la superficie del hormigón se ha acabado antes de que se complete el proceso de fraguado. Si se ha realizado un curado inicial, el curado intermedio puede consistir en mantener la nebulización continua o la aplicación de retardadores de evaporación.
En caso contrario, los métodos empleados no deben dañar la superficie del hormigón, ya que aún no ha alcanzado su fraguado final y no es capaz de resistir el daño mecánico. Después de la última pasada de acabado, se pueden aplicar compuestos de curado mediante aspersores. Estos compuestos tienen la ventaja de poder aplicarse antes de que el hormigón haya completado su fraguado y, a menudo, se aceptan como método final de curado. Si, justo después del acabado, se cubre la superficie del hormigón con arpillera, por ejemplo, para reducir su resistencia a las sales fundentes, esto puede afectar a su calidad.
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Curado Final
El curado final comprende los procedimientos aplicados después del acabado y una vez que el hormigón ha fraguado y ha comenzado a desarrollar resistencia. Es crucial no demorar las medidas de curado una vez completado el acabado, ya que una demora puede ocasionar una pérdida significativa de agua por evaporación. Esta pérdida es especialmente crítica cuando la textura del acabado da lugar a una amplia superficie expuesta, como ocurre con el cepillado o el ranurado, lo que aumenta la evaporación del agua de exudación restante y del agua superficial.
Una vez examinadas las tres acciones que conforman el proceso de curado, se comprende la importancia de planificar meticulosamente el curado de una estructura significativa, así como la relatividad de la afirmación «el mejor curador es el agua». La elección del método de curado adecuado, entre las numerosas opciones disponibles, dependerá, como se ha señalado, de la rapidez con la que se esté secando la superficie del hormigón, de si ya se han producido los fraguados inicial y final, y de si las operaciones de acabado han concluido o no, todo ello intrínsecamente ligado a la gestión del agua de amasado y la dinámica del agua de exudación.