No solo al hablar de comida utilizamos un vocabulario culinario. Así, en todos los idiomas existen expresiones que se refieren a los alimentos o a sus formas de prepararlos. Estas abundan particularmente dentro de las lenguas latinas y romanas, lo cual nos permite identificar ciertas equivalencias culturales.
El Poroto como Eje de la Identidad Nacional Chilena
La expresión coloquial "es más chileno que los porotos" permite entender que la comida no solo cumple la función de alimentarnos. De acuerdo con Roland Barthes, un plato cocinado -así como una película, una publicidad o un automóvil- es un signo, cuya lectura permite descifrar su sentido connotado y aprehender los valores sociales, ideológicos y morales que implica. Por tanto, este dicho revela que en la cultura chilena los porotos son leídos como un signo de identidad nacional.
Existe la percepción de que los porotos son chilenos, de la misma forma que se asocian las pastas con lo italiano, las paellas con lo español, el ceviche con lo peruano y el sushi con lo japonés. Ahora bien, esta idea de aires patrióticos no ha estado exenta de polémica. Para algunos, como Augusto Merino, es un mito totalmente falso, pues esta legumbre pertenece a todo el continente americano y ello se evidencia en sus distintas denominaciones y variedades. Para otros, como Hernán Eyzaguirre, el poroto -junto con la papa y el maíz- fue uno de los alimentos fundamentales de los mapuches prehispánicos, que unido a la herencia gastronómica de los conquistadores dio origen a la llamada cocina chilena o criolla.
Para efectos de este estudio, no es relevante determinar con exactitud si los porotos son o no originarios de Chile, o si esta frase típica responde a una fantasía de vanidad nacional o a una realidad empírica. Lo que sí sabemos es que antes de la Conquista los porotos eran consumidos por los indígenas y que desde entonces han estado presentes en las mesas nacionales. También sabemos que constituyen un alimento fundamental en distintos lugares de América Latina, como los frijoles mexicanos o los porotos negros de la feijoada brasileña.
Desde una perspectiva cultural, lo importante es que en el imaginario nacional los porotos son pensados como “propios” o “chilenos”. Como plantea Sonia Montecino en su estudio sobre las cocinas mestizas de Chile, “alimentarse es verificar inconscientemente la pertenencia a un sistema alimentario -sea nacional, regional, de clase, de etnia- y, dentro de él, a los estilos que nos identifican”. Por tanto, lo que comemos no solo aporta los nutrientes necesarios para el cuerpo, sino que también nos vincula con una clase, un género, una edad, una etnia y, en este caso, una nación.

El Poroto en la Literatura: El Caso de Pablo de Rokha y su "Rotología del Poroto"
En 1961, Pablo de Rokha publica Acero de invierno. Según la periodización de la obra rokhiana elaborada por Naín Nómez, este libro se inserta en la última etapa, situada entre los años 1951 y 1968, en la cual se intensifica la función asignada a la escritura como praxis social y concientización de los seres humanos en aras de la revolución. En esta obra se encuentra su poema “Rotología del poroto”, donde el poeta continúa el ejercicio ya iniciado en “Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile (Ensueño del infierno)” de cantar a los alimentos de las distintas localidades provincianas del país. En este caso, sin embargo, el autor privilegia una comida en particular: los porotos.
Esta elección no es fortuita. Como se ha comentado, esta legumbre se relaciona en el imaginario chileno con la identidad nacional. A esto se agrega que en el pasado los porotos eran vinculados con los sujetos populares, pues constituían uno de los platos fundamentales del menú de la pobreza. “Porotos para los rotos”, pregonaba una expresión coloquial antigua. En este sentido, De Rokha retoma en su poema los significados asociados a este alimento en la cultura chilena, para luego resignificarlos como una metáfora de la nación chilena, la situación de los sujetos populares y el proyecto político de la revolución socialista.
Contexto Histórico y Social del Poema
Todo lo anterior se desarrolla en un contexto marcado por la permanencia cada vez más cuestionada de la hacienda, así como la hegemonía política y económica de Estados Unidos en Chile durante el escenario de la Guerra Fría. Esta lectura se apoya en los planteamientos de Nómez, quien destaca cómo los alimentos incorporados en el imaginario rokhiano remiten al mestizaje y al patrimonio local, configurando así una representación de la nación de carácter rural, que además puede ser entendida a partir del concepto gramsciano de lo nacional-popular.
Según Nómez, “Tanto el carácter mestizo de los alimentos como su aporte cultural desde el patrimonio local son elementos que están en el centro de la propuesta rokhiana y que aluden a una comunidad imaginada focalizada en el mundo rural y en una representación muy personal de lo nacional-popular”. De esta perspectiva, la poesía rokhiana configura una identidad en constante proceso de reelaboración: “Lo que el poeta hace en sus poemas es fijar una realidad movible como aspiración paradigmática a una identidad que se resignifica permanentemente”.
Además, Magda Sepúlveda vincula el proyecto rokhiano con la obra de otros poetas chilenos, planteando que la incorporación de una alimentación local puede leerse como un gesto de polémica hacia la idea de nación pensada en términos de homogeneidad. En De Rokha, las comidas y las bebidas devienen en signos de una nación asociada con la cultura y la identidad mestiza de las localidades rurales.
El Neologismo "Rotología" y la Defensa del Sujeto Popular
Antes de aproximarnos al análisis del poema, resulta importante prestar atención al título y advertir cuál es el pacto de lectura propuesto en este paratexto. La palabra “rotología” corresponde a un neologismo, que surge de la combinación de dos términos: roto y apología. El roto, según Subercaseaux, funcionó en la literatura chilena de las primeras décadas del siglo XX como un ícono de lo nacional: “El roto, como ya señalamos, fue mitificado como estereotipo vinculado a la Guerra del Pacífico: sufrido e inconstante; prudente, aventurero; valiente y osado; gran soldado, con ribetes de picardía y tristeza; a la vez generoso, desprendido y pendenciero”.
El poema rokhiano también incorpora a este sujeto popular como signo de identidad; sin embargo, la voz poética centra su mirada en la condición de miseria vivida por el roto en su momento de enunciación. Por otra parte, la apología -de acuerdo con María Victoria Ayuso- es el “discurso de palabra o por escrito en el que se defiende o alaba a una persona, cosa, etc., que está sometida a una controversia”. Es un género que nace en la antigua Grecia, cuyo ejemplo paradigmático es la Apología de Sócrates de Platón.
Jorge Montealegre: “La representación del roto chileno nunca la ha hecho el mismo roto”
Tomando en consideración ambos términos, el poema puede interpretarse como una denuncia social, cuyo objetivo es defender a los sujetos populares de la nación, sometidos a una situación problemática según la óptica de la voz. Pero el juego lingüístico implicado en el título continúa y nos dice que la “rotología” es “del poroto”, por tanto, el texto también se plantea como una defensa de esta legumbre. En este sentido, es interesante observar que el mismo significante “poroto” reproduce en su interior la palabra “roto”. En consecuencia, cuando el poema se refiere a esta comida, nos está hablando del sujeto popular chileno.
La exaltación del poroto es también la del roto, aunque dicho gesto implica a su vez un modo particular de imaginar la nación y la revolución. El poroto, entonces, se erige como una metáfora compleja, que a lo largo del poema adquiere distintos significados.
El Poroto como Metáfora de la Nación y la Revolución
En las últimas décadas, los estudios posmodernos sobre la nación han puesto énfasis en el carácter discursivo y representacional de este concepto. Destacan los planteamientos de Benedict Anderson, quien define la nación como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana”. En primer lugar, es una comunidad política porque, a pesar de la desigualdad y la explotación, sus miembros la conciben como “un compañerismo profundo, horizontal”. En segundo lugar, la nación es imaginada, pues sus compatriotas -sin conocerse totalmente unos a otros- comparten en su mente “la imagen de su comunión”.
En “Rotología del poroto”, la pregunta es cómo se imagina la nación y qué tipo de relación se establece entre los miembros de esta comunidad. De acuerdo con Paul Ricoeur, la semejanza planteada por toda metáfora consiste en “hacer parecer un ‘parentesco’ allí donde la visión ordinaria no percibe ninguna conveniencia mutua”. En este sentido, el poema invita a pensar la comunidad nacional y la experiencia de los sujetos populares desde un alimento como el poroto, estableciendo así una aproximación entre realidades aparentemente distantes, ajenas o incompatibles.
La legumbre comida por los ancestros indígenas y aún presente en las cocinas de la geografía chilena funciona como una metáfora de la nación; sin embargo, es importante precisar que este relato nacional se focaliza en la situación de los rotos o, en palabras de Eric Hobsbawm, la mirada “desde abajo”. El texto contrapone dos representaciones de la nación, cada una asociada a una forma particular de preparar y comer los porotos: el poroto y el Chile de antaño, y el poroto y el Chile de ogaño, desde el cual enuncia la voz poética.
La voz rokhiana mira críticamente el presente, un Chile donde "la República está caída, arrodillada, herida, / y Yanquilandia como una gran yegua furiosa nos patea la cabeza, arañándonos las entrañas ensangrentadas, / grandes, terribles hambres, inciden en Chile, y la rebelión cavando por debajo del corazón de las masas, / escarba la comida para la familia; / pero un pelo de viento apenas si engaña el estómago / y el porotito nacional, desteñido y con tiricia anda como los tontos con el poncho a la rastra y la chaqueta desabrochada escarbando los cementerios…"
Según Mahfud Massís, la prosopopeya es uno de los recursos fundamentales de la poética rokhiana. En este fragmento, la voz imagina la nación o “la República” como un cuerpo herido por la hegemonía estadounidense, metaforizada como una yegua que ejerce actos de violencia. En este contexto, el “porotito” asume los rasgos humanos del campesino pobre, hambriento y minimizado, para quien la nación ha devenido en un cementerio. La pobreza de los porotos, es decir, de los sujetos populares, es una herida que carcome el cuerpo nacional, producida -según su óptica- por el imperialismo capitalista. La voz se identifica con los pobres de la nación, situando su lugar de enunciación desde un “nosotros”.
Esta herida nacional también se vincula con el sistema de la hacienda, todavía presente en el campo chileno durante el proceso de producción del texto. La hacienda, institución de larga permanencia en la historia de Chile, se define por la relación asimétrica entre los dueños de la tierra y sus trabajadores. Las voces críticas de la época entendieron la hacienda como un latifundio, un concepto que remite a la concentración de la tierra.
Interpretando la Frase "Te Bañaron en Agua de Poroto" a la Luz del Contexto Cultural
La frase específica "te bañaron en agua de poroto" no aparece definida directamente en el texto proporcionado. Sin embargo, basándonos en el profundo simbolismo cultural del poroto en Chile, podemos inferir posibles significados que se alinearían con el imaginario nacional presentado.
Dado que el poroto es un signo de identidad chilena, de lo popular, de lo humilde, y tradicionalmente asociado a la dieta de la clase trabajadora y los "rotos", una expresión como "te bañaron en agua de poroto" podría implicar:
- Asociación intrínseca con lo chileno y popular: Alguien que ha sido "bañado en agua de poroto" podría ser percibido como profundamente arraigado en la identidad chilena, con todas sus características, virtudes y defectos populares. Esto se refuerza con la idea de "más chileno que los porotos".
- Origen humilde o popular: Podría sugerir que la persona tiene raíces en la clase trabajadora o en un entorno modesto, es decir, ha crecido en un ambiente donde los porotos eran un alimento fundamental.
- Simpleza o autenticidad: Implicaría que la persona es genuina, sin pretensiones, "de pueblo" o "de campo", contrastando con aquellos que buscan aparentar una sofisticación que no poseen.
- Una especie de "bautismo" en la chilenidad: Metafóricamente, recibir un "baño" en algo puede significar impregnarse completamente de ello. En este caso, sería un rito de iniciación o una condición innata de ser "muy chileno" en su esencia más primaria y popular.
La connotación de la frase dependería mucho del tono y el contexto en que se use, pudiendo ser tanto un reconocimiento afectuoso de la identidad como una forma de señalar a alguien por su origen o comportamiento "demasiado" popular o rústico.