La historia de Lozapenco, inicialmente conocida como Fanaloza, es un testimonio de desarrollo industrial, innovación en diseño y arraigo cultural en Chile. La empresa se distinguió por su propuesta de calidad, estética y vanguardia en la industria de loza y cerámica, dejando una huella imborrable en los hogares chilenos a través de sus diversos productos utilitarios y decorativos.

Orígenes y Desarrollo de Fanaloza en Penco
Fanaloza abrió sus puertas en 1927 en la ciudad de Penco, Región del Biobío. Esta ubicación no fue al azar, ya que Penco es una zona con una rica tradición alfarera y contaba con importantes yacimientos de arcillas y caolín, una arcilla blanca en estado puro, materias primas esenciales para la producción cerámica.
La empresa, que en sus inicios se llamó Fábrica Nacional de Loza - FANALOZA, funcionó con este nombre entre 1927 y 1930, periodo en el que comenzó a abastecer los hogares chilenos con sus productos. En 1930, Fanaloza se transformó en la Fábrica Nacional de Loza-Penco. Este proceso se inició en un contexto de industrialización interna, apoyado por el gobierno de la época.
Fanaloza-Lozapenco no solo buscó la funcionalidad y la calidad en sus productos, sino que también incorporó la belleza y el concepto estético para la población. Para lograrlo, sus representantes viajaban constantemente a Europa para traer nuevas tecnologías de impresión y otras vanguardias de lo que estaba ocurriendo en la cerámica a nivel mundial.
Impacto Socioeconómico y Cultural
La compañía no solo se convirtió en un excelente productor de loza y cerámica a nivel nacional, sino que también fue un importante actor local. Lozapenco fue parte fundamental del desarrollo socioeconómico de Penco, donde sus trabajadores forjaron su identidad como los «loceros» de la región.
Las piezas de Lozapenco no solo son valiosas por sus características de diseño, sino también por lo que representan. En ellas hay apego, identidad e historia, ya que a través de su producción se habla del contexto en que vivía Chile, su sociedad y su industria.
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Innovación y Diseño en la Producción de Cerámica
Durante su trayectoria, Lozapenco mantuvo un departamento de Decoración dedicado a los diseños de las piezas y la elección de motivos, muchos de los cuales eran importados de Europa en forma de calcomanías. Además del área utilitaria y las vajillas más económicas, la empresa se aventuró en producciones más elaboradas.
Variedad de Productos y Técnicas
- Loza utilitaria y vajillas: La producción de Lozapenco abarcó una amplia gama de loza utilitaria, incluyendo tazas, platos, y otros enseres típicos de los hogares chilenos, alcanzando su auge en la década de 1970.
- Piezas pintadas a mano: En la década de 1960, la empresa trabajó con piezas pintadas a mano, como la Bone China, una porcelana hecha de ceniza de hueso, realizada artesanalmente con decoraciones pintadas a mano y acabados de oro opaco. Los fileteados de las vajillas económicas también se hacían a mano, usando esta aplicación de oro en algunas terminaciones, «igual que en el exterior».
El Emblemático Plato Willow
Del departamento de Decoración nació la famosa vajilla Willow, inspirada en el patrón Willow de la loza inglesa de cerámica con dibujos azules. Este patrón, a su vez, fue inspirado por la antigua porcelana china de la dinastía Ming, pintada de azul. El motivo del plato Willow de Lozapenco fue creado en Chile por el escultor Roberto Benavente, quien era el director del departamento de Decoración. El plato Willow es el más popular de sus productos, de cerámica blanca barnizada y con un bucólico paisaje pintado en azul, y se ha convertido en un verdadero objeto de culto.

Trayectoria Económica y Cierre
Los productos de Fanaloza/Lozapenco abastecieron a las casas chilenas desde sus inicios, logrando su auge en la década de 1970. Sin embargo, su historia también estuvo marcada por cambios políticos y económicos:
- En la década de 1970, la empresa pasó a ser de carácter estatal.
- Posteriormente, tras el golpe de Estado, fue privatizada.
- En 1982, con la crisis económica y el aumento de las importaciones, la empresa quebró y cambió su nombre a Lozapenco, denominación que se popularizó hasta el día de hoy.
Después de este periodo, tuvo años de bonanza. No obstante, la producción decayó drásticamente en la década de 1980 junto con toda la economía nacional. Finalmente, la fábrica cerró definitivamente en 1997.
El Legado de Lozapenco Hoy
Actualmente, el Museo de Historia de Penco alberga una gran colección de objetos cerámicos donados por sus habitantes, que incluye loza utilitaria, decorativa y porcelana de Lozapenco. El Museo de Artes Decorativas también resguarda y exhibe la serie Fábrica Nacional de Loza - FANALOZA, reconociendo su valor como empresa productora de enseres típicos de los hogares chilenos.
La diseñadora gráfica Cynthia Aguilera, en su tesis de 2015 "De lo cotidiano al imaginario, El paisaje azul de Lozapenco. Estudio exploratorio del plato modelo Willow de la fábrica de cerámica chilena Lozapenco", investigó la importancia de Fanaloza para el territorio y el alcance del plato Willow para la cultura material, subrayando el legado perdurable de esta emblemática empresa chilena.