Todos hemos oído hablar de la expresión "la manzana de la discordia", y aunque muchos se piensen que tiene su origen en la famosa manzana de La Biblia, hemos de decirles que no. Esta frase es una expresión usada comúnmente para referirse a aquello que causa problemas donde antes no los había, o que se convierte en el origen de los desacuerdos y disputas. Su origen se encuentra en los antiguos mitos griegos y hace referencia a un episodio muy particular que desencadenó uno de los conflictos más célebres de la antigüedad.
Origen Mitológico
Las Bodas de Peleo y Tetis
Según la mitología griega, en la Antigüedad era frecuente que los dioses se mezclaran con los mortales. Y así ocurrió en las bodas del héroe griego Peleo, rey de Ftía, con Tetis, una nereida o ninfa marina. Se dice que Zeus organizó un gran banquete para celebrar esta unión, al que asistieron numerosos dioses y figuras míticas.
Sin embargo, fuera de la lista de invitados quedó Eris, la diosa de la discordia, debido a su naturaleza conflictiva. Eris, despechada por no ser invitada a la boda, decidió presentarse de todos modos para causar un alboroto.

El Desaire de Eris y la Manzana Dorada
Enojada por haber quedado fuera de la celebración, Eris acudió al banquete y, sin que nadie se diera cuenta -pudo hacerlo con facilidad, pues unos bebían y otros aplaudían con la atención puesta en Apolo, que tocaba la cítara o en las Musas, que cantaban-, lanzó en medio de los asistentes una preciosa manzana, toda ella de oro. Sobre su piel había escrito la inscripción «Para la más hermosa (ἡ καλὴ λαβέτω)».
La manzana, luego de dar unas cuantas vueltas, fue a parar justo adonde estaban reclinadas tres de las diosas más prominentes: Hera, Atenea y Afrodita. Una vez que Hermes, cogiéndola del suelo, leyó la inscripción, las Nereidas quedaron calladas. Las tres diosas, Atenea, Afrodita y Hera, se disputaron la dichosa manzana, y cada una se consideraba acreedora a ella, dando origen así a la expresión de la manzana de la discordia. Si Zeus no las hubiera separado, es posible que incluso hubieran llegado a las manos.

El Juicio de Paris y el Desencadenamiento de la Guerra
Para evitar mayores discusiones, Zeus, quien no quería tomar parte por ninguna de las diosas sabiendo que por lo menos dos de ellas terminarían haciendo reclamos o, peor aún, enemistadas con él, decidió sacarse el problema de encima. Designó a Paris, un joven príncipe troyano, como juez, quien debería decidir cuál de las diosas merecía dicha manzana.
Las tres diosas tentaron a Paris para que las eligiera. Hera le ofreció poder y un vasto imperio; Atenea le ofreció sabiduría, victoria en la batalla e inteligencia; y Afrodita le ofreció el amor de la mortal más bella, Helena de Esparta. Finalmente, Paris optó por la proposición de la diosa Afrodita, eligiéndola como la más bella y ganándose con ello el amor de Helena.
Este "Juicio de Paris" no es más que un pleito entre la vanidad de tres diosas y la imposibilidad de pronunciar juicios que conformen por igual a todos los litigantes. Ni que decir tiene que las ofendidas diosas Hera y Atenea tomaron, en esa contienda, partido por los griegos y no cejaron hasta que Paris y Troya fueron destruidos. La elección de Paris tuvo consecuencias trascendentales: Helena abandonó a su esposo Menelao, rey de Esparta, y por ella se inició la legendaria Guerra de Troya, una gesta cantada magistralmente por Homero en su Ilíada, que duró casi diez años. Esa batalla, una de las más épicas y cinematográficas de la historia, tuvo su origen en una manzana.

El Significado Actual de la Expresión
La frase "la manzana de la discordia" proviene directamente de la mitología griega, específicamente del mito del Juicio de Paris. Hoy en día, esta expresión se ha convertido en el eufemismo para designar el centro, el núcleo o el quid de una discusión, o para denominar a un asunto aparentemente menor que, sin embargo, puede conducir a una gran y violenta división de opiniones o a un conflicto significativo.
Detalles Etimológicos
La palabra inscrita en la manzana dorada de la discordia por Eris era Kalliste, que significa ‘para la más bella’ o ‘para la más hermosa’. En griego antiguo, la palabra es καλλίστῃ (kallistē, con iota suscrita), siendo el dativo singular del superlativo femenino de καλός (kalós), que significa ‘bello’.
La palabra kallistē se ha convertido incluso en un símbolo principal del discordianismo, una religión satírica moderna. En textos no filológicos (como los discordianos), la palabra suele deletrearse καλλιστι.