Javiera Carrera: La Madre de la Patria Chilena

Al inicio del siglo XVIII, los Estados nacientes erigieron a sus patriotas como héroes nacionales, dejando de lado la figura femenina. Sin embargo, la presencia de las mujeres fue crucial en los procesos independentistas. En Chile, destacó por sobre todas ellas Francisca Xaviera Eudocia Rudecinda Carmen de los Dolores Carrera y Verdugo, conocida por todos como «Javiera Carrera, la Madre de Chile». Ella, junto a sus hermanos Juan José, José Miguel y Luis Florentino, luchó y ofrendó sus vidas por la Libertad de Chile.

Retrato de Javiera Carrera

Javiera Carrera estuvo siempre al lado de sus hermanos, no combatió en cruentas batallas por la Independencia, pero con sus ideas, pensamientos y constancia, inculcó en ellos la noción de la libertad para Chile. Los acompañó en el exilio, sin claudicar jamás. El desconsuelo de su alma y corazón al tener conocimiento del asesinato de sus hermanos por orden de Bernardo O'Higgins el 9 de septiembre de 1817, la tuvo al borde de la muerte. Logró sobrevivir ante tanta aflicción por sus nobles y sacrificados hermanos, quienes dieron sus vidas por la Libertad de su amada Patria.

Orígenes y Familia

Javiera fue la mayor de los hermanos Carrera. Hija de Don Ignacio de la Carrera y Cuevas y de Francisca de Paula Verdugo Fernández de Valdivieso y Herrera, nació el 1 de marzo de 1781. En sus dos matrimonios, tuvo 7 hijos. Fue una mujer muy inteligente y dominante, y secundó a su madre en la educación y formación rigurosas de sus hermanos. Temperamental, inquieta y muy orgullosa de su apellido, nunca aceptó contradicciones a su voluntad, menos aún en su amor por la Libertad de su Chile. De tal forma que, junto a su hermano José Miguel Carrera, Presidente de Chile y Comandante en Jefe del Ejército, se impulsó la Primera Constitución en 1812 y la Libertad de Prensa.

La familia Carrera creó los símbolos patrios chilenos: la Primera Bandera, de colores azul, blanco y amarillo, y el Primer Escudo con una pareja de indígenas y la frase que hoy es: «Por la Razón o la Fuerza», grabada en nuestro actual Escudo Patrio. Javiera también abogó por la educación gratuita para niñas y niños del pueblo.

Rol en la Independencia y Exilio

En el exilio de sus hermanos en Argentina, Javiera fue encarcelada por sus ideas libertarias contra la monarquía que pretendían instaurar los enemigos de sus hermanos. Logró fugarse a Montevideo. Regresó a Chile en 1824 y repatrió los restos de sus hermanos para darles una digna sepultura en su Patria en el año 1828. Falleció en agosto de 1862.

Educada con las formas aristocráticas de la capital, se casó a los quince años con el comerciante Manuel de La Lastra, pero enviudó pronto. Abrazó la causa patriota desde un inicio e influyó en sus hermanos para que participaran activamente en el proceso independentista. Casada en segundas nupcias con Pedro Díaz de Valdés, oidor del reino, no abandonó sus ideas de libertad y emancipación, siendo reconocida como una de las primeras madres de la Patria.

Primera Bandera Chilena (Patria Vieja)

Según la tradición, Javiera Carrera cosió la primera bandera chilena con las formas diseñadas por su hermano José Miguel. En su casa se realizaban reuniones y tertulias donde se difundían las ideas independentistas. Después de la derrota de las tropas chilenas en el Desastre de Rancagua en 1814, cruzó la cordillera, abandonando a su familia y siguiendo a los patriotas. Siguió a sus hermanos y lloró su muerte cuando fueron fusilados en Argentina, observando desde lejos el proceso de la Independencia.

Para 1810, Javiera Carrera ya era una figura conocida, siendo el motor patriótico de su familia y apoyando a sus hermanos José Miguel, Juan José y Luis. Otro de los simbolismos por los que su figura trascendió es porque fue quien habría bordado la bandera de la Patria Vieja, la cual fue izada por primera vez en julio de 1812.

Persecución y Últimos Años

Luego de la batalla de Rancagua de 1814, que puso fin a la llamada Patria Vieja chilena, Javiera dejó a su esposo e hijos y se autoexilió a Argentina, junto a sus hermanos. Luis y Juan José Carrera fueron detenidos en 1817 y ejecutados el 8 de abril de 1818, mientras que José Miguel fue ejecutado en 1821. Recién en 1824 regresó a Chile, después de que Bernardo O’Higgins abdicara al poder. Desde entonces, vivió confinada en su hacienda de El Monte, dedicada a labores domésticas y obras de caridad.

La familia Carrera es descrita en diversas crónicas como un matriarcado, donde Javiera era la voluntad tras el brazo armado de sus hermanos. Tenía una opinión política firme, la cual trasladó incluso al enviado del gobierno norteamericano de la época, Joel Roberts Poinsett, quien visitaba asiduamente su casa. Se señala que en dicha casa se elaboró el reglamento constitucional de 1812, que mostraba una clara voluntad de independizarse. Tras el fusilamiento de sus tres hermanos, Javiera asumió la voz de la familia.

La hermana de José Miguel Carrera es reconocida como una de las mujeres más importantes de la historia chilena en términos políticos, debido al relevante rol de la familia Carrera. Aparece con un peine en su cabello del cual colgaba una cadena con una corona, símbolo que se ha interpretado como el concepto de la «corona caída».

Javiera Carrera, nacida en Santiago en 1781, contrajo matrimonio con Manuel de la Lastra y Sotta, de quien enviudó en 1800. Luego se casó en segundas nupcias con Pedro Díaz de Valdés, asesor de la Capitanía General. Aunque recibió la educación tradicional para su condición social, destacó por su inteligencia. Reconocida anfitriona santiaguina, experimentó una azarosa vida al abandonar a su esposo e hijos para seguir a sus tres hermanos. En 1814 cruzó la Cordillera de los Andes rumbo a las Provincias Unidas del Río de la Plata; residió en Mendoza y luego en Buenos Aires. Junto a las penurias económicas, tuvo que enfrentar la muerte de sus hermanos Juan José y Luis en Mendoza en 1818, y luego la de José Miguel en 1821. Su retorno a Chile se produjo en 1824 tras la abdicación de Bernardo O´Higgins. El resto de su vida transcurrió confinada en su hacienda de El Monte, concentrándose en la vida doméstica y en obras de caridad.

La figura de Javiera Carrera fue objeto de temprana admiración y curiosidad en el siglo XIX. María Graham, Miguel Luis Amunátegui, Vicente Grez y Benjamín Vicuña Mackenna escribieron obras donde resaltaron su compromiso con la causa patriota y la defensa de sus hermanos.

Daguerrotipo de Javiera Carrera hacia 1850

En 1812, la fama de Javiera como ferviente defensora de la independencia era conocida en todo el país. Tuvo desde este momento una gran influencia sobre las acciones de sus hermanos, a quienes apoyaría en sus disensiones con Bernardo O'Higgins, así como en el círculo social independentista de la época. Tras la batalla de Rancagua de 1814, Javiera y sus hermanos tuvieron que exiliarse a Argentina. Allí, la familia Carrera vivió durante años en la miseria. Luis y Juan José Carrera fueron detenidos en 1817 y ejecutados el 8 de abril del año siguiente. Poco después, el gobierno bonaerense detuvo a la propia Javiera, que fue primero desterrada a la Pampa y posteriormente internada en un convento. En 1819 logró escapar de Buenos Aires, al tiempo que su último hermano vivo, José Miguel Carrera, se unía al ejército sublevado del Alto Perú. En 1821 José Miguel Carrera fue fusilado en el mismo lugar donde habían perdido la vida sus otros hermanos.

Javiera Carrera no pudo regresar a Chile hasta 1824, año en que se embarcó en Montevideo rumbo a Valparaíso, donde fue recibida con simpatía por el pueblo. Se retiró entonces a sus posesiones de San Francisco del Monte, donde permaneció durante cuarenta años completamente alejada de la vida pública. El 15 de julio de 1828, los restos mortales de sus tres hermanos fueron trasladados desde Mendoza a Chile, donde fueron recibidos con gran pompa por el gobierno del general Pinto, gran amigo de Javiera. Falleció a los 81 años de edad, el 28 de agosto de 1862; fue reconocida entonces como uno de los pilares del movimiento independentista chileno.

María Graham describe a Javiera diciendo: "la hermana de José Miguel aspiraba a hacer de él un Napoleón, arrancándolo a la aturdida y borrascosa vida de joven calavera y dirigiéndolo hacia las metas del poder y la gloria". Inteligente y ambiciosa, fue la ideóloga de los planes de lucha para liberar a Chile. Según cuenta la tradición, la bandera patria habría sido bordada por ella, siendo presentada e izada por primera vez el 4 de julio de 1812, en una cena con el cónsul estadounidense Joel Roberts Poinsett para celebrar el aniversario de la independencia de aquel país. Su personalidad y su conducta avivaron odios y amores; la apodaban la "jaiba", nombre vulgar que se da a varios cangrejos del mar. Su vida en Buenos Aires fue difícil, por causa de problemas de salud y un desastre financiero. Cuando José Miguel vuelve de Estados Unidos y se involucra en las disputas internas de los caudillos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Javiera Carrera es desterrada a Luján y luego a San José de Flores, localidades cercanas a Buenos Aires. Ya libre, en 1819, se refugia en un barco portugués y parte a Montevideo. En esa ciudad, en 1821, recibe la noticia del fusilamiento de José Miguel, en Mendoza.

Se negó a volver a Chile mientras gobernara Bernardo O'Higgins, a quien consideraba el principal culpable, señalando que no regresaría mientras "ese asesino gobierne mi patria". Se mantuvo en retiro hasta sus últimos días en su hacienda de El Monte, concentrándose en la vida doméstica y en obras de caridad. Logró la repatriación de los cuerpos de sus hermanos en 1828 bajo la presidencia de Francisco Antonio Pinto. Falleció en su hacienda en Santiago el 20 de agosto de 1862.

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