La creación musical en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota -conocidos popularmente como Los Redondos- ha estado marcada por una búsqueda constante de libertad, alejándose de las estructuras rígidas del rock comercial. El proceso de composición, liderado por el Indio Solari y Skay Beilinson, priorizaba la intuición y el juego sonoro por encima de los dogmas establecidos.

La búsqueda de ritmos y texturas
Para el Indio Solari, la música trasciende la velocidad del punk tradicional. "Me gustan mucho los medios tiempos, los ritmos más tranquilos, porque permiten hacer canciones más ricas", explicaba. Según su visión, un ritmo demasiado acelerado no da margen para apreciar los arreglos, los cuales eran fundamentales en su obra. Solari confesaba que, al no ser un instrumentista técnico, componía a partir de ritmos que le gustaban y, sobre ellos, probaba sonidos raros y arreglos complejos.
Este proceso creativo no estaba exento de riesgos. A menudo, el músico sentía que llenaba el espectro sonoro en exceso, lo que lo obligaba a realizar recortes para evitar que la composición se convirtiera en una "bola de sonido" y permitir que la voz tuviera su espacio natural. Este enfoque permitió la evolución de la banda hacia sonidos más alternativos, culminando en la experimentación electrónica de álbumes como Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000).
La estética como símbolo y mensaje
Para los Redondos, la estética no era un adorno, sino una parte integral del discurso. Solari argumentaba: "¡Si la estética es el símbolo de lo que vas a decir!". En álbumes como Oktubre (1986), el uso de colores primarios y simbología anarquista buscaba conectar con una dinámica social en movimiento, rechazando cualquier encasillamiento partidocrático. La banda se posicionaba como un ente dinámico, el cual se definía como un "sulky" que se movía según soplaba el viento, sin una dirección única preestablecida.
| Álbum | Año | Hito relevante |
|---|---|---|
| Gulp! | 1985 | Debut con sonido nebuloso y espectral. |
| Oktubre | 1986 | Consolidación estética y política. |
| Último bondi a Finisterre | 1998 | Cambio hacia el rock electrónico. |
El rol del artista y el mito
La figura de Solari dentro de la banda siempre estuvo rodeada de un halo de misterio. El artista se definía como agnóstico, rechazando la continuidad de la conciencia tras la muerte y criticando la mecánica institucional de las religiones. Este pensamiento libre se trasladaba a sus letras, las cuales el músico consideraba poesía y no panfleto.
"Yo hablo de las mismas cosas de todos, pero desde otro lugar", sostenía al reflexionar sobre la hermeticidad de sus composiciones. Esa naturaleza críptica dio pie a múltiples interpretaciones, como la que realizó Ariel Magnus en su libro La cuadratura de la redondez, donde analiza la obra de la banda desde la sátira y el absurdo, reconociendo que el espíritu de las letras, más allá de cualquier verdad oculta, ha formado una comunidad fiel alrededor de la música del grupo.