El significado y evolución de "Pimpampum" y "Pin Parental" en el contexto español

La expresión "Pimpampum" es una palabra onomatopéyica que solía escribirse con 'm' en España. Hace referencia a un juego que consistía en que un tirador lanzaba una bola contra una fila de contrincantes con el fin de derribarlos. En un país como España, pronto se le sacó más jugo al vocablo y al juego, para aludir, de forma irónica y gráfica, a los fusilamientos. La frase "Darle a alguien pimpampum" se utilizaba en este sentido.

Con el tiempo, la erosiva influencia del inglés hizo que la expresión empezara a escribirse con 'n', derivando en "pin-pan-pun". Esta sonoridad parecida incorporó el término "pin" que ahora usamos más habitualmente, como el pin de la solapa o el pin (código de identificación) que sirve para sacar dinero de un cajero, abrir el ordenador o vetar ciertas actividades. Es en este contexto donde surge el concepto de "pin parental".

El "Pin Parental": una estrategia política

El "pin parental", bautizado así por el partido Vox y arrojado a la arena política, se convierte en un arma de triple filo utilizada por los actores del circo político. Por un lado, se pretende crear un debate artificial sobre un asunto considerado muy banal en un país con grandes urgencias. Por otro, se lanza contra el enemigo, jugando al pimpampum, para ver cuántos derribos se consiguen. Y, finalmente, se utiliza con el fin de distraer la atención de los temas esenciales.

Esquema visual de las tácticas y efectos del

Consecuencias y dinámica política de la distracción

En esta dinámica, la primera jugada a menudo provoca que figuras como Casado caigan derribados por entrar al trapo de Vox. Sánchez e Iglesias, por su parte, pueden salir fortalecidos como un gran muro frente a la ultraderecha. Abascal coge aliento al establecer la agenda política, mientras que figuras como Arrimadas pueden acabar perdidas en un centro templado e intrascendente, que ni fu ni fa. Los partidos independentistas, en este escenario, se frotan las manos al ver cómo el "rompeolas de Madrid" filtra agua por todos los poros.

La mecánica del juego es recurrente: probablemente, cuando se lea este artículo, el debate sobre el pin parental, el veto o la censura de los padres, y la disquisición sobre a quién pertenecen los hijos se habrá evaporado. Será sustituido por otro pimpampum. Este ciclo se manifiesta en la recuperación de un inverosímil conflicto racial, sin darnos cuenta de que España no es Sudáfrica, o en debates sobre si el equipo del Ministerio de Igualdad debe estar compuesto íntegramente por mujeres.

El objetivo principal es distraer, siguiendo el principio de "Panem et circensis", que evolucionó a "pan y toros", o a eventos como Coros y Danzas el 1 de mayo o el derbi a la hora de las manifestaciones callejeras.

Feminización de la Constitución y falta de consenso

Una prueba clara de este juego de despiste y distracción es el debate sobre la "feminización de la Constitución". En este tipo de discusiones, se pone el foco en lo accesorio, lo formal, el género de sustantivos y adjetivos, pero no en su contenido esencial. Mientras se discute sobre lo "machistas" que pueden ser los académicos, se tapa el debate de fondo: la sin duda necesaria reforma de la Constitución. Sin embargo, para ello haría falta un acuerdo entre dos tercios de los diputados, lo cual parece imposible, ya que los partidos no se hablan más que para jugar al pimpampum.

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Esta situación refleja una tendencia a querer "construir la casa por el tejado". La incapacidad para alcanzar grandes pactos sobre temas cruciales como la educación, la sanidad, la administración territorial, el invierno demográfico o la emergencia ecológica es evidente. En las democracias, es imprescindible, como consideraba Churchill, la "necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás", una cualidad de la que, en este contexto, parece que se carece.

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