El Significado y Origen de la Bendición: "Que el Señor Bendiga tu Artesa de Amasar"

La frase "Que el Señor bendiga tu artesa de amasar" es una expresión que evoca la prosperidad y la abundancia en las actividades cotidianas, profundamente arraigada en el contexto bíblico. Su origen se remonta a las bendiciones prometidas por Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, específicamente en los libros de Deuteronomio y Levítico, como recompensa por su obediencia y fidelidad a sus mandamientos.

El Concepto Bíblico de Bendición

En el ámbito bíblico, la bendición es mucho más que un simple deseo de bienestar; es un acto de transmisión de poder divino que confiere prosperidad, riqueza, salud y fertilidad. Es un concepto fundamental que impregna toda la narrativa bíblica, desde la Creación hasta la redención.

La Bendición en la Creación

La bendición tiene sus raíces más antiguas en los escritos bíblicos, siendo uno de los primeros términos e imágenes utilizados para denotar la salvación de Dios y su actitud favorable hacia la humanidad. Dios, como dador originario de la bendición, la imparte para hacer que la creación sea fructífera y para que la vida humana se desarrolle en plenitud.

En el relato de la Creación, Dios bendice a los peces y las aves para que sean fructíferos y multipliquen (Génesis 1:22). Al crear a la primera pareja, Adán y Eva, los bendice para que puedan extender la vida y la armonía en la creación, siendo productores de una "buena vida" (Génesis 1:28).

La bendición divina es vista como la clave de la vida humana, dotando a la humanidad de potencialidad y realización. Como señala Walter Brueggemann, "Una bendición es un acto -por medio de un discurso o gesto- por el cual una persona transmite poder a otra…la dimensión más característica del poder para la vida que se transmite en una bendición tiene que ver con la prosperidad, riqueza, salud, fertilidad. Es decir, la bendición está relacionada por lo general con la generatividad y la productividad."

Representación artística de Dios bendiciendo la Creación.

La Caída y la Maldición

La introducción del pecado en la escena humana trajo consigo la maldición, una consecuencia directa de la desobediencia. La caída de Adán y Eva alteró la abundancia de vida que Dios había planeado, introduciendo dolor, trabajo arduo, infertilidad y plagas.

A la mujer le fue dicho: "Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará." Al hombre: "Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida." (Génesis 3:16-17).

La maldición afectó todas las áreas esenciales de la vida: la maternidad, las relaciones de pareja, el trabajo y la tierra misma. Estas maldiciones ocuparon el lugar de una vida plena y satisfactoria, haciendo que las bendiciones posteriores se apreciaran aún más como parte de la restauración y recreación divinas.

El Pacto y las Promesas de Bendición

La relación de Dios con su pueblo Israel se fundamenta en un pacto, donde la obediencia a sus mandamientos trae consigo bendiciones, y la desobediencia, maldiciones. Este concepto se desarrolla extensamente en los libros de Levítico y Deuteronomio.

Deuteronomio 28: Bendiciones por Obediencia

En Deuteronomio 28, Moisés detalla las consecuencias de obedecer o desobedecer la voz de Jehová. Si Israel oía atentamente la voz de Dios y guardaba sus mandamientos, serían exaltados sobre todas las naciones de la tierra.

Las bendiciones prometidas eran extensas y abarcaban todos los aspectos de la vida:

  • Ser bendito en la ciudad y en el campo.
  • Ser bendito el fruto del vientre, de la tierra, de las bestias, la cría de las vacas y los rebaños.
  • Ser benditas la canasta y la artesa de amasar.
  • Ser bendito en el entrar y en el salir.
  • Que los enemigos fueran derrotados.
  • La bendición en los graneros y en todo lo que pusieran la mano.
  • La confirmación como pueblo santo de Dios.
  • El temor de las naciones hacia Israel por la invocación del nombre de Jehová.
  • La sobreabundancia en bienes y en el fruto de la tierra.
  • La apertura del tesoro celestial para enviar la lluvia a tiempo.
  • La capacidad de prestar a muchas naciones sin pedir prestado.
  • Ser puesto por cabeza y no por cola, estando siempre encima.

La frase específica, "Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar," subraya que la bendición divina se extendía hasta los aspectos más cotidianos y domésticos de la vida, asegurando la prosperidad en el hogar y en las labores diarias.

Ilustración de un campo fértil con abundantes cosechas y ganado.

Deuteronomio 28: Maldiciones por Desobediencia

La contraparte de las bendiciones son las maldiciones que vendrían sobre Israel en caso de desobediencia. Estas maldiciones eran igualmente exhaustivas y devastadoras, afectando todas las esferas de la vida.

Entre las maldiciones se incluían:

  • Ser maldito en la ciudad y en el campo.
  • Ser malditas la canasta y la artesa de amasar.
  • La maldición sobre el fruto del vientre, de la tierra, de las bestias, la cría de las vacas y los rebaños.
  • Ser maldito en el entrar y en el salir.
  • La enví­o de maldición, quebranto y asombro en todo lo que emprendieran.
  • La mortandad y el consumo de la tierra.
  • Heridas de tisis, fiebre, inflamación, ardor, sequía, calamidad repentina y añublo.
  • Los cielos de bronce y la tierra de hierro.
  • Lluvia de polvo y ceniza.
  • Derrota ante los enemigos, huyendo en siete caminos.
  • Los cadáveres sirviendo de comida a aves y fieras.
  • Heridas con úlceras, tumores, sarna y comezón incurables.
  • Locura, ceguera y turbación de espíritu.
  • Opresión y robo continuos.
  • Desposarse con mujer que otro poseería, edificar casa sin habitarla, plantar viña sin disfrutar su fruto.
  • Ver morir su ganado y sus hijos sin poder impedirlo.
  • Que el fruto de su tierra y trabajo fuera consumido por pueblos desconocidos.
  • Enfermedades malignas y duraderas, y plagas inauditas.
  • Ser pocos en número y ser dispersados por todos los pueblos.
  • Servir a dioses ajenos sin descanso.
  • Tener un corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y desesperación de alma.
  • Comer la carne de sus propios hijos e hijas en el sitio y la angustia.

La repetición y el detalle de las maldiciones buscaban crear una impresión vívida y profunda en Israel, enfatizando la seriedad de su pacto con Dios.

Representación simbólica de cielos de bronce y tierra de hierro.

La Bendición en el Ámbito Familiar y Cotidiano

El concepto de bendición se extiende a las relaciones familiares y a las actividades diarias, como se ilustra en el libro de Rut y en las prescripciones sacerdotales.

El Libro de Rut: Un Ejemplo de Bendición Familiar

El libro de Rut narra una historia de desolación y pérdida, pero también de la operación de la bendición de Dios en medio del caos. Las bendiciones pronunciadas por los personajes, como Noemí, Booz y los ancianos, se cumplen y transforman las vidas de las protagonistas.

Noemí, en su dolor, bendice a sus nueras: "Que el Señor las trate a ustedes con el mismo amor y lealtad que ustedes han mostrado con los que murieron y conmigo. Que el Señor les conceda hallar seguridad en un nuevo hogar, al lado de un nuevo esposo." (Rut 1:8-9).

Booz bendice a Rut por su diligencia: "¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces." (Rut 2:12).

La bendición final de los ancianos para Booz y Rut es particularmente significativa: "¡Que el Señor haga que la mujer que va a formar parte de tu hogar sea como Raquel y Lea, quienes juntas edificaron el pueblo de Israel! ¡Que seas un hombre ilustre en Efrata, y que adquieras renombre en Belén! ¡Que por medio de esta joven el Señor te conceda una descendencia tal que tu familia sea como la de Fares, el hijo que Tamar le dio a Judá!" (Rut 4:11-12).

Esta última bendición anticipa que Rut, una extranjera, se convertiría en bisabuela del rey David y, por ende, antepasada de Jesucristo, demostrando cómo la bendición divina trasciende las circunstancias y las líneas de sangre.

La Bendición Sacerdotal

Dios mismo instruyó a Moisés para que Aarón y sus hijos impartieran una bendición específica al pueblo de Israel, garantizando su cumplimiento:

"El Señor te bendiga y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre su favor y te conceda la paz." (Números 6:24-26, NVI).

Esta bendición sacerdotal aseguraba realidades fundamentales para todas las dimensiones de la vida: vida, seguridad y paz (shalom en toda su amplitud), como expresiones del beneplácito del Señor. Dios garantizaba que "Cuando los sacerdotes pronuncien esta bendición, yo haré que se haga realidad."

Representación de un sacerdote impartiendo la bendición sacerdotal al pueblo.

Conclusión sobre la Artesa de Amasar

La inclusión de la "artesa de amasar" entre las bendiciones específicas en Deuteronomio 28 resalta la atención detallada de Dios a las necesidades y prosperidad de su pueblo en todos los aspectos de su vida. La artesa de amasar, un utensilio esencial para la preparación del pan, simboliza el sustento, el hogar y la continuidad de la vida familiar.

Que este objeto cotidiano sea explícitamente mencionado en la lista de bendiciones enfatiza que la provisión divina no se limita a grandes posesiones o eventos, sino que abarca las labores diarias y los recursos necesarios para el bienestar familiar. Por lo tanto, la frase "Que el Señor bendiga tu artesa de amasar" encapsula la idea de una prosperidad integral, donde Dios interviene activamente para asegurar que incluso las tareas más humildes sean fructíferas y abundantes, reflejando su cuidado y favor hacia aquellos que le obedecen.

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