Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá (Cumaná, 3 de febrero de 1795-Berruecos, 4 de junio de 1830) fue un político, diplomático, libertador y militar venezolano, prócer fundamental de la independencia de América del Sur. Es conocido como el Gran Mariscal de Ayacucho debido a su innato talento de liderazgo militar y político. Por ende, desempeñó un papel crucial en varias batallas que sellaron la independencia de la región. Su participación más relevante fue en la Batalla de Ayacucho en 1824, donde las fuerzas independentistas obtuvieron una victoria decisiva para el camino hacia la independencia de Perú y Sudamérica en general.
A pesar de su habilidad militar, Sucre también se destacó como estadista y diplomático. No solo sobresalió por su valentía en el campo de batalla, sino también por su contribución significativa a la construcción de la paz y su liderazgo moral. Tal fue su cercanía con el Libertador Simón Bolívar, que en 1830, Sucre le expresó: «No son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto usted, Libertador. Usted me conoce hace mucho tiempo y sabe que no es su poder sino su amistad que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona».
Orígenes y Formación
Infancia y familia
En el crisol de la Cumaná colonial, un 3 de febrero de 1795, nació Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, un hombre destinado a iluminar el futuro de un continente. Era hijo del militar Vicente de Sucre Pardo y García de Urbaneja y de doña María Manuela de Alcalá y Sánchez. Su cuna, una familia de arraigada tradición militar al servicio de la Corona española -con su padre, dos abuelos y cuatro bisabuelos militares-, no presagió el rumbo que tomaría su vida independentista. Antonio José fue el quinto de los nueve hijos del primer matrimonio de don Vicente; lamentablemente, su madre falleció cuando él apenas había cumplido siete años. No menos de 14 de sus parientes inmediatos perecerían en la Guerra de Independencia.
Educación temprana y militar
Sus primeros estudios los hizo en la escuela fundada por su tía, María de Alcalá, y con maestros a domicilio. Aún adolescente, fue enviado a Caracas al cuidado de su padrino, el presbítero Antonio Patricio de Alcalá, para iniciar estudios de ingeniería militar. Se trasladó a Caracas, donde ingresó en la Escuela de Ingenieros del coronel español Tomás Mires, allí forjó su mente en las matemáticas, la agrimensura, la fortificación y la artillería durante cinco años, templando su espíritu en los valores de orden, disciplina y autoridad.
Inicio de la Carrera Independentista
Primeros pasos en el ejército patriota
Con apenas quince años, en 1810, Sucre abrazó la causa independentista, incorporándose al ejército patriota como alférez (subteniente) de ingenieros, grado que le fue conferido por la Junta de Gobierno de Cumaná y ratificado por la Junta Suprema de Caracas el 6 de agosto de ese mismo año. En 1811, desempeñó el cargo de comandante de ingenieros en Margarita y el 31 de julio recibió el despacho de teniente. En 1812 se halló en Barcelona en calidad de comandante de la artillería. Su bautismo de fuego llegó en 1812, en la campaña de Francisco de Miranda, donde su valentía y talento estratégico le valieron el ascenso a teniente.
Tras la capitulación del general Francisco de Miranda y siendo amnistiado por Monteverde, regresó a Cumaná. En 1813, regresó a Venezuela bajo las órdenes del general Santiago Mariño, integrando el grupo de republicanos conocido como los «libertadores de oriente», participando en las operaciones para la liberación de aquella parte de Venezuela. Como edecán del general Mariño, en 1814, asistió a la conjunción de las fuerzas de oriente con las de occidente en los valles de Aragua. Su brillante desempeño en la toma de Cumaná lo catapultó al rango de teniente coronel, consolidándose como un líder militar en ascenso. Los valles de Aragua y Urica fueron testigos de su arrojo en 1814, aunque las derrotas sufridas no lograron doblegar su convicción. De vuelta en suelo venezolano en 1815, Sucre continuó la lucha en Guayana y el Orinoco. Tras combatir bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez en Maturín, pasó a Margarita y, escapando del general Pablo Morillo, siguió a las Antillas y Cartagena, donde dirigió los trabajos de fortificación para la defensa de la ciudad.
Ascenso y servicio bajo Bolívar
Su ascenso fue meteórico: en 1816, Mariño lo nombró jefe de su Estado Mayor y lo ascendió a coronel, designándolo en 1817 comandante de la provincia de Cumaná. Ese año, después del Congreso de Cariaco (8 de mayo), desconoció la actuación de dicho cuerpo y la autoridad de Mariño, trasladándose a Guayana donde se puso bajo las órdenes de Simón Bolívar. Empezaba su carrera de gobierno en la cual desempeñaría todos los cargos de la Administración civil hasta presidente de la República en Bolivia. El 7 de octubre de 1817 recibió el nombramiento de jefe de Estado Mayor de la división de la provincia de Cumaná, bajo las órdenes del general Bermúdez. «El general Bermúdez y Vd. van a hacer cosas grandes en Cumaná y quizás algún día serán llamados los salvadores de su país», le dijo Bolívar en aquella ocasión.
En agosto de 1819 fue ascendido a general de brigada por el vicepresidente de Venezuela, Francisco Antonio Zea, grado que sería ratificado por Bolívar el 16 de febrero de 1820. Viajó a las Antillas comisionado para adquirir material de guerra, misión que cumplió con éxito. Ese mismo año desempeñó, interinamente, la cartera de Guerra y Marina y fue jefe titular del Estado Mayor General.
Diplomacia y Humanización de la Guerra
El Armisticio de Trujillo (1820)
La participación que tuvo Sucre en la firma del Armisticio de Trujillo en 1820 fue de suma importancia, ya que fijó bases vitales para el trato humanitario en conflictos. Fue uno de los comisionados para concertar los Tratados de Trujillo (Armisticio y Regularización de la Guerra), que en noviembre de 1820 suscribieron los generales Bolívar y Pablo Morillo. Sucre redactó este Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, considerado por Bolívar como "el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra".
La importancia de los documentos redactados por Sucre, en lo que significó su primera actuación diplomática, fue la paralización temporal de las luchas entre patriotas y realistas, y el fin de la guerra a muerte iniciada en 1813. El Armisticio de Santa Ana le permitió ganar tiempo a Bolívar para preparar la estrategia de la Batalla de Carabobo, que aseguró la independencia venezolana. Este documento marcó un hito en derecho internacional, pues Sucre fijó mundialmente el trato humanitario que desde entonces empezaron a recibir los vencidos por los vencedores en una guerra, convirtiéndose así en pionero de los derechos humanos. Fue de tal magnitud la proyección del tratado que Bolívar en una de sus cartas escribió: "este tratado es digno del alma de Sucre. El Tratado de Armisticio tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva".

Campañas Militares Clave para la Independencia
La Campaña del Sur: Liberación de Ecuador
Estrategia y primeros desafíos
El 11 de enero de 1821, en Bogotá, Sucre fue nombrado por Bolívar comandante del Ejército del Sur, al cual Simón Bolívar le dio la responsabilidad de comandar, recibiendo el título de general en jefe. La misión principal era hacer que la provincia de Guayaquil se incorporase a la República de la Gran Colombia y tomar el mando de las tropas allí existentes, como pasos previos para la liberación de Quito, que era el propósito principal de las operaciones. El 6 de abril llegó Sucre a Guayaquil y, al presentarse ante la Junta de Gobierno, expuso la razón de su presencia y la idea de una unión de la provincia con Colombia. El 15 del mismo mes se celebró un tratado entre Sucre (por Colombia) y José Joaquín de Olmedo, Francisco Roca y Rafael Jimena, miembros de la Junta. El tratado estipulaba que Guayaquil mantendría su soberanía, pero bajo la protección de Colombia. En julio de 1821, Sucre se movió con unos 1.000 infantes y 200 jinetes contra la columna del coronel Francisco González a quien derrotó el 19 de agosto en la Batalla de Yaguachi (o de Cone).
Posteriormente, Sucre emprendió operaciones contra la columna de Aymerich, pero en su avance fue derrotado por la columna de Francisco González en Huachi el 12 de septiembre de 1821. Sucre se retiró a Guayaquil, donde reconstituyó sus fuerzas. Intervino para convencer a las facciones políticas de que lo más importante era luchar contra el enemigo común. Inmediatamente, Sucre envió como su delegado personal ante las autoridades republicanas de Lima al coronel Tomás de Heres, quien obtuvo el envío de tropas peruanas como ayuda a la empresa de Sucre, las cuales recibieron el nombre de División Peruana. Su plan consideraba una concentración de fuerzas en el área de Loja, Saraguro y Oña, donde se uniría la División Peruana. A fines de enero de 1822 comenzó la operación y para mediados de febrero ya la mayor parte de las tropas republicanas estaba concentrada en Saraguro. Esta operación y la posterior ocupación de Cuenca se llevaron a cabo con relativa facilidad. El 21 de abril, Riobamba fue tomada, y el 2 de mayo, Sucre tomó posesión de Latacunga.
La Batalla de Pichincha (1822)
La Batalla de Pichincha ocurrió el 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, arriba de la ciudad de Quito. El encuentro, que ocurrió en el contexto de las Guerras de Independencia Hispanoamericana, enfrentó al ejército independentista bajo el mando del general venezolano Antonio José de Sucre y al realista, comandado por el Mariscal de Campo Melchor de Aymerich. Al amanecer, los centinelas apostados cerca de Quito avistaron a las tropas independentistas ascendiendo por las laderas del Pichincha. Al haberse encontrado en un campo de batalla tan improbable, los dos comandantes no tuvieron otra opción más que enviar gradualmente sus tropas a la batalla, con poco espacio para maniobrar en las empinadas laderas, entre profundos barrancos y densos matorrales.
Los hombres del batallón Paya, tras recuperarse de la conmoción inicial, se reposicionaron bajo el fuego enemigo, siendo reforzados con la llegada del batallón peruano Trujillo. Sucre envió al batallón Yaguachi, conformado por ecuatorianos. El batallón Alto Magdalena trató de hacer un movimiento de flanqueo, pero sin éxito. Pronto, los batallones Paya, Trujillo y Yaguachi, sufriendo muchas bajas y con pocas municiones, comenzaron a replegarse. El destino de la batalla parecía depender del batallón Albión, que transportaba las municiones tan necesarias y cuyo paradero se desconocía. Los realistas parecían ganar el control de la batalla, y el batallón peruano Piura fue obligado a retroceder. En medio de la desesperación, a los hombres de reserva del batallón Paya se les ordenó cargar contra el enemigo con sus bayonetas, lo que estabilizó la situación para los patriotas.
Aymerich había separado de su fuerza principal al batallón Aragón, ordenándole avanzar hasta la cúspide del volcán para atacar a los patriotas por la retaguardia. Sin embargo, cuando el Aragón iba a cargar sobre la decaída línea patriota, el Albión los detuvo en seco al entrar en la batalla de forma imprevista, consiguiendo una posición más alta que la de los españoles. Pronto se unió el Magdalena, y el Aragón, tras sufrir fuertes bajas, se deshizo. A las doce del día, bajo un sol resplandeciente, los soldados de la libertad en la cima del Pichincha dieron el grito de victoria. La derrota de las fuerzas realistas leales a España condujo a la liberación de Quito y aseguró la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito, de la que finalmente emergió la República del Ecuador. Con esta victoria de Sucre se consolidó la independencia de la Gran Colombia, se consumó la de Ecuador y quedó el camino listo para la batalla contra las últimas fuerzas realistas que quedaban en el Perú. La victoria de Sucre se completó con la capitulación que la autoridad patriota concedió al Mariscal Aymerich el 25 de mayo del mismo año. El 18 de junio de ese año, Bolívar lo ascendió a general de división y lo nombró intendente del departamento de Quito. Al frente de los destinos de Ecuador, Sucre desarrolló una positiva obra de progreso: fundó la Corte de Justicia de Cuenca y en Quito el primer periódico republicano de la época: El Monitor, además de instalar la Sociedad Económica.

La Campaña del Perú: Culminación de la Independencia Sudamericana
Contexto y llegada a Lima
A comienzos de 1823, el Perú llamó a Simón Bolívar para que se hiciera cargo de la empresa libertadora. Ante la imposibilidad de viajar de inmediato, designó a Sucre y lo proveyó de las credenciales para las comisiones que debía cumplir en el Perú, incluyendo la ratificación del Tratado de Alianza concluido por los plenipotenciarios del Perú y Colombia en 1822, proponer planes de operaciones militares y permanecer como agente diplomático, con libertad para intervenir en las operaciones militares. El 10 de mayo de 1823, Sucre llegó a Lima y al día siguiente presentó credenciales en momentos en que el Perú hacía frente a una situación muy embarazosa, consecuencia de la inestabilidad política y del reciente fracaso republicano en la primera campaña a Intermedios. Sucre fue nombrado comandante del Ejército Unido y el 21 de julio fue proclamado jefe supremo militar, cargo que aceptó con la condición de ejercerlo solamente en el teatro de la guerra. Con este ejército, el Libertador dio las últimas grandes batallas de la liberación, contando con el apoyo leal y decisivo del general Sucre.
Batalla de Junín (1824) y el mando de Ayacucho
El 6 de agosto de 1824, el Libertador derrotó al general José de Canterac en la batalla de Junín; este fue su último triunfo militar en la guerra. Las tropas realistas se retiraron con el mayor desorden. Posteriormente, Bolívar entregó el mando militar al general Antonio José de Sucre, a quien le correspondió dirigir la última batalla de la Independencia de América.
La Batalla de Ayacucho (1824)
La participación más relevante de Sucre fue en la Batalla de Ayacucho, donde las fuerzas independentistas obtuvieron una victoria decisiva para el camino hacia la independencia de Perú y Sudamérica en general. El 9 de diciembre de 1824, en Ayacucho, se enfrentaron 6879 soldados patriotas, bajo el comando del general Sucre, contra 10000 soldados realistas, de los cuales siete mil eran indígenas y mestizos partidarios del rey de España.
A las 11 de la mañana del 9 de diciembre, los dos ejércitos se hallaban en plena acción. El encuentro favoreció inicialmente a los españoles, hasta cuando entró la infantería de la primera división, comandada por el general José María Córdova. Con su empuje y heroicidad, el ejército patriota consolidó la ofensiva arrojándose contra los realistas, que empezaron a desorganizarse, hasta que a la una de la tarde el triunfo coronó los esfuerzos de los patriotas. Las tropas del rey sufrieron la más grande derrota: 2000 muertos, 600 heridos y 2000 prisioneros; los patriotas tuvieron 500 muertos y 600 heridos. En pleno campo de acción de Ayacucho se concertó la capitulación entre el derrotado general José de Canterac (pues el virrey José de La Serna no pudo hacerse presente por hallarse herido y prisionero) y el general Antonio José de Sucre.
Sobre el triunfo de Sucre en Ayacucho, el Libertador Simón Bolívar expresó: «El general Sucre es el padre de Ayacucho, el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas». Y continuó: «La posteridad representará a Sucre con un pie en Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Cápac y contemplando las cadenas del Perú, rotas por la espada».

La Batalla de Ayacucho: El Camino a la Independencia
Carrera Política: Presidente de Bolivia
Fundación y presidencia de Bolivia
En 1825 se proclamó en el Alto Perú la República de Bolivia, y el mariscal Sucre fue designado como su primer presidente. La capital de Bolivia recibió el nombre de Sucre, en su honor. Como presidente, Sucre convocó a una Asamblea Constituyente que se reunió en mayo de 1825, en la cual se manifestaron tres tendencias: una en favor de la anexión al Río de la Plata, otra por la anexión al Perú, y la tercera defendió la independencia absoluta. La mayoría acordó la independencia total y solicitó al Libertador Bolívar la redacción de un proyecto de Constitución. El Libertador redactó la Constitución Boliviana, que propugnó por un régimen mixto entre democracia y monarquía, con un presidente vitalicio y con cuatro poderes y tres cámaras.
Reformas y gestión
El mariscal Sucre ejerció la Presidencia de Bolivia hasta 1828. Al frente del Gobierno boliviano, Sucre promulgó leyes progresistas; ejecutó la división política del país de acuerdo con la Constitución propuesta por Simón Bolívar; impulsó la instrucción pública, destacando la educación para todos; creó numerosas escuelas, colegios y universidades; y contrató maestros extranjeros para fortalecer la calidad en la educación. Sucre siempre manifestó un total respeto hacia los indígenas; mejoró la agricultura, después de diez años de desolación; y estableció relaciones con la Santa Sede. Organizó el aparato administrativo y encaminó ambiciosos programas para la recuperación económica.
Renuncia y retiro
Un motín en Chuquisaca el 18 de abril de 1828, donde el Mariscal Sucre fue herido de dos balazos, lo llevó a la renuncia de la primera magistratura de Bolivia. Los peruanos, comandados por el general Gamarra, querían anexar el territorio boliviano al Perú; para ellos, Sucre era el principal obstáculo. La Asamblea local lo había nombrado presidente vitalicio, pero dimitió en 1828 a raíz de los motines y la presión de los peruanos opuestos a la independencia boliviana, para evitar rencillas y contribuir a la pacificación de la República. Tras su renuncia, el nuevo presidente de Bolivia fue el general Andrés Santa Cruz.
Últimos Años y Asesinato
Regreso a Colombia y Batalla de Tarqui (1829)
El mariscal Sucre regresó a Colombia a finales de 1828. El gobierno del Libertador Presidente lo nombró para dirigir las tropas colombianas contra la agresión del Perú. Con el ejército colombiano, el mariscal Sucre venció a las tropas peruanas en la Batalla de Tarqui, el 27 de febrero de 1829. Posteriormente, el Mariscal conferenció con el Libertador en Quito durante varios días sobre el futuro inmediato de Colombia y la necesidad de una conciliación nacional.
El Congreso Admirable y el viaje final
En el Congreso fue elegido presidente, con la simpatía de todos, pues siempre fue respetado por su ecuanimidad, su hábil diplomacia y sus estrategias de grandes dimensiones. En mayo de 1830, cuando terminó el Congreso Admirable, el mariscal Sucre preparó aceleradamente su viaje hacia Quito para reunirse con su esposa, doña Mariana Carcelán, marquesa de Solanda, y con su primogénita Teresa. Sucre viajó en una caravana que salió de Bogotá, integrada por el diputado Andrés García Téllez, el sargento de caballería Lorenzo Caicedo (asistente de Sucre), el negro Francisco (sirviente de García), y dos arrieros con bestias de carga.
El trágico fin en Berruecos (1830)
Después de pasar por Popayán, el grupo de viajeros salió de La Venta (hoy La Unión), el 4 de junio de 1830. Ese nefasto día, al pasar por las montañas de Berruecos, cerca a Pasto, fue asesinado vilmente el mariscal Antonio José de Sucre. Su cadáver estuvo 24 horas insepulto, hasta que un grupo de campesinos lo llevaron al punto de La Capilla. En el proceso del crimen de Berruecos fueron inculpadas las siguientes personas: el coronel Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez y José Cruz, soldados peruanos licenciados del ejército, y el tolimense José Gregorio Rodríguez. Los tres últimos trabajaban como peones de José Erazo, un mestizo de la provincia de Pasto, y uno de los cómplices del crimen. El Libertador tuvo conocimiento de este crimen el 1 de julio de 1830, con gran tristeza porque siempre consideró a Sucre como su más grande y leal amigo.

El legado sin esclarecer
A los 10 años del asesinato de Sucre, José Erazo cayó prisionero en Pasto, y en los interrogatorios confesó el crimen. Sin embargo, el crimen se quedó sin esclarecer, por el sinnúmero de factores condicionantes que hubo a su alrededor: causas políticas, caudillistas, regionalistas e inclusive familiares. La esposa de Sucre, la marquesa de Solanda, volvió a casarse, cumplido el primer año de duelo, con el general Isidoro Barriga, quien había sido su subalterno. En el año 1900, los restos del mariscal Sucre fueron trasladados a la iglesia catedral de Quito, donde reposan en una urna de roca del Pichincha.
Legado y Reconocimiento Histórico
Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal, no solo fue un guerrero invicto, sino también un hombre de profunda humanidad, un político sagaz y un estadista visionario. Su corta vida, truncada a los 35 años, dejó un legado imborrable en la historia de Sudamérica. Sucre, el Gran Mariscal, sigue siendo un faro que ilumina el camino de la libertad, la justicia y la unidad de los pueblos. Cumaná, su ciudad natal, anhelaba su regreso; los cumaneses saben que deseaba volver, pero el destino lo impidió. Sucre vive en el alma de América, en la memoria de sus pueblos, en el ideal de libertad que nos legó... ¡Viva Sucre!