Introducción a los Personajes Típicos Chilenos
La observación del entorno cultural, incluyendo las personas y el patrimonio cultural de Chile, es fundamental para la expresión y creación de trabajos artísticos. Valorar y cuidar el patrimonio artístico de nuestra comunidad, región, país y de la humanidad enriquece nuestra comprensión de la identidad chilena. En la época colonial, diversas actividades y personajes recorrían las calles, dejando una huella imborrable en la historia y las tradiciones del país.

El Comercio Ambulante en la Colonia
A diferencia del comercio establecido que conocemos hoy en día, con tiendas y centros comerciales, en la época colonial el panorama era muy distinto. Desde tempranas horas de la mañana, múltiples vendedores ambulantes recorrían las calles de las ciudades, especialmente Santiago, ofreciendo sus productos. Estos comerciantes transportaban sus mercancías en grandes canastos o a lomo de mula, yendo de casa en casa para realizar sus ventas.
Vendedores de Alimentos y Bebidas
El Vendedor de Mote con Huesillos
Un personaje emblemático de la cultura chilena es el vendedor de mote con huesillos. El término 'mote' proviene del quechua 'mot’e' o 'mut’i', que significa maíz hervido. Los mapuches también usaron la palabra 'muthi' o 'muti' para referirse al maíz o trigo cocido. Es importante recordar que el trigo llegó a Chile en 1541 con doña Inés de Suárez, integrándose progresivamente en la dieta local, tanto como harina como en preparaciones como el mote.
El mote con huesillos es un postre antiguo, de textura suave y más bien líquido, especialmente reconfortante y sabroso durante las temporadas de calor. El nostálgico grito del motero, que se oía en las noches, resonaba como un eco. En su canasto no solo transportaba mote de maíz o «motemei», sino también castañas, camotes cocidos y piñones.
El Vendedor de Helados
El helado que se ofrecía en esta época era muy diferente al actual. Se trataba de nieve o hielo picado al que se le agregaba azúcar y concentrados de frutas o especias. Este refrescante producto era ofrecido por vendedores ambulantes que paseaban por las calles con sus cestas.
El Panadero
Otro comerciante habitual era el panadero, quien se desplazaba a caballo o en mula, llevando dos grandes canastos a los lados donde transportaba pan fresco. La gente salía de sus casas para adquirirlo directamente.
El Carnicero Ambulante
Los carniceros también eran ambulantes, conocidos como 'muleros de la carne'. Llevaban trozos de carne dispuestos en alforjas a los costados de sus mulas, ofreciéndola directamente a los vecinos.
El Vendedor de Frutas
En las plazas y ferias, era común encontrar vendedores que ofrecían frutas, como trozos de sandía o sandías enteras.
El Lechero
El lechero llevaba la leche fresca en dos tarros, cargados en una mula o caballo. Pasaba por las calles ofreciendo el producto, y las mujeres salían de sus casas con sus jarros para que se los llenara con leche recién ordeñada.
El Vendedor de Sopaipillas
Aunque no tenían un nombre específico para su oficio, los vendedores de sopaipillas eran una figura común en las calles chilenas.
Otros Oficios y Servicios Ambulantes
El Organillero y el Chinchinero
Un personaje típico de los barrios de Santiago era el organillero. Se le reconocía por la pesada caja del organillo que llevaba en la espalda, sujeta por una ancha correa que le cruzaba el pecho. Al llegar a una esquina concurrida, descargaba su instrumento, colocaba la jaula con el pájaro (que cantaba al ritmo de la música) sobre él y comenzaba a interpretar sus melodías.
Cuando el negocio decaía, los organilleros introdujeron nuevas atracciones, a menudo acompañados por un socio: el hombre orquesta o chinchinero. Este espectáculo era fascinante, ya que el chinchinero no solo tocaba el bombo y los platillos, sino que también bailaba y realizaba proezas con su "orquesta" a cuestas, saltando incansablemente.

El Hojalatero
El pregón del hojalatero al anochecer anunciaba sus servicios: «¡El Hojalatero! ¡Bacinicas le hojalata muy baratas!». Al oír su llamado, las dueñas de casa salían para que soldara, tapara o reparara sus cacharros rotos. El hojalatero se sentaba a trabajar en la solera de la vereda, justo afuera de la puerta.
El Fotógrafo Ambulante
Hasta la década de 1970, cada plaza chilena contaba con su fotógrafo. Hoy en día, aunque quedan pocos, aún se pueden encontrar verdaderas reliquias de este arte, especialmente alrededor de lugares emblemáticos como el Cerro Santa Lucía, la Plaza de Armas de Santiago y plazas de otras ciudades importantes.
El Vendedor de Velas
Antes de la electrificación, las velas eran esenciales para iluminar los hogares. Los vendedores ambulantes ofrecían velas de sebo, fabricadas artesanalmente, que transportaban para su venta.
El Repartidor de Agua
Algunos individuos se desplazaban a caballo, llevando agua en un barril, la cual vendían entre los vecinos que la necesitaban.
El Vendedor de Diarios
Los vendedores de diarios, a menudo niños, pregonaban a voz en cuello las últimas informaciones. Su historia se remonta a la guerra de 1879, que impulsó un sistema de noticias y dio origen al 'suplemento', una hoja volante editada por los diarios para adelantar novedades. El suplementero se convirtió en un personaje callejero reconocido en todo Chile, siempre apurado, deteniéndose brevemente para entregar el diario, recibir el pago y dar el cambio.
Rostros y Rastros: Historias de-ambulantes (1992)
Los Serenos
Después de las siestas, visitas y oficios religiosos, la noche traía a los Serenos, los guardianes de ronda nocturna. Custodiaban las calles de la ciudad durante la noche, provistos de un buen reloj. Interrumpían el silencio con sus voces, anunciando la hora y el estado del tiempo: «¡Las tres han dado y serenoo!» o «¡Las tres han dado y lloviendoo!».
Los Catadores o Celadores
Estos personajes, también conocidos como celadores, portaban un sable como parte de su atuendo o función.
El Huaso: Un Ícono de la Identidad Chilena
La palabra 'huaso' tiene su origen en el quechua, significando "lomo" o "ancas de las bestias". Se cree que los pueblos originarios de Chile llamaban 'huasu' a los hombres que cabalgaban, y con el tiempo el término pasó a designar a quienes realizaban faenas agrícolas a caballo.
Ya en el siglo XVIII, los cronistas describían a los huasos como personas del campo, excelentes jinetes y vestidos con poncho. Sin embargo, fue a principios del siglo XX, en el contexto de la conmemoración de los cien años de la independencia, cuando la prensa buscó las raíces de la identidad chilena. En ese momento, la sociedad revalorizó las tradiciones, costumbres y personajes típicos, y el huaso ocupó un lugar de privilegio. La tradición huasa se ha extendido y se manifiesta hoy en día en rodeos y fiestas tradicionales.

Otros Aspectos de la Vida Colonial
La vida cotidiana en la época colonial incluía también actividades como las lavanderas, quienes cobraban por lavar la ropa, y los muleros de la carne, que transportaban carne en alforjas. El arte también se manifestaba en la observación del entorno natural, la figura humana y los paisajes chilenos, así como en la apreciación de obras de arte local, latinoamericano y mundial.
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