A menudo se señala a los millennials como los responsables del reinado absoluto de los perfumes dulces. Aunque existen preferencias personales por fragancias cítricas o amaderadas, el impacto de las notas de vainilla y caramelo en toda una generación es innegable. Esta tendencia tiene su origen en la década de los 2000, considerada la era dorada de las fragancias gourmand.
El término francés gourmand, que significa goloso y alude al placer de la buena mesa, define a estos perfumes diseñados para despertar, casi literalmente, las ganas de comerlos. Por aquella época, la pauta olfativa la marcaban éxitos de ventas azucarados como ‘Viva la Juicy’ de Juicy Couture o ‘Fantasy’ de Britney Spears.

El origen de la revolución dulce
Esta dulce revolución tuvo un precursor fundamental. Todo comenzó en 1992, cuando Thierry Mugler irrumpió en el mercado con ‘Angel’. Al incorporar notas de vainilla, chocolate y caramelo donde antes solo había flores, abrió la puerta a una familia olfativa que resultaría adictiva para millones de mujeres. Con esos antecedentes, se estableció un vínculo emocional profundo con la vainilla.
¿Qué define a una fragancia gourmand?
Según Wikiparfum, el diccionario de la perfumería, se trata de una familia olfativa que evoca lo comestible y se construye en base a notas como la vainilla, el praliné, el caramelo, el chocolate o la miel. A menudo, estas se encuentran con sofisticados toques de pachulí o especias para evitar el exceso de azúcar.
Su éxito radica en una explicación clave: son adictivas porque actúan como un refugio emocional. Estos acordes disparan la dopamina, relacionada con la sensación de bienestar que podemos sentir al comer algo dulce. Por eso, ya no son territorio exclusivo de adolescentes, sino de mujeres de todas las edades que buscan un perfume que evoque sensación de calidez, felicidad y deje una estela adictiva imposible de ignorar.
La vainilla: columna vertebral del aroma
La vainilla, en particular, actúa como columna vertebral de muchas de estas composiciones. Más que dulzura, aporta cremosidad y cierto aspecto aterciopelado. A continuación, presentamos tres fragancias que representan toda su versatilidad a través de distintas concentraciones:
1. Agua Perfumada Bienestar Vanille Soleil, de Roger & Gallet
Firmada por Karine Dubreil, es una propuesta que reinventa la vainilla dotándola de una ligereza inesperada gracias al jazmín y el ylang-ylang, con un sugerente toque de brisa mediterránea salada. Cuenta con un 93 % de ingredientes naturales y extracto de vainilla de propiedades relajantes.
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Marca | Roger & Gallet |
| Familia olfativa | Floral ambarina |
| Notas principales | Saladas, ylang-ylang, jazmín, vainilla y haba tonka |
2. Eau de Toilette Vanilla, de Chanson d’Eau
Inspirada en los campos dorados de la Polinesia, esta fragancia invita a viajar a paisajes idílicos. Su apertura es una jugosa explosión de pera y manzana, que evoluciona hacia un corazón de azúcar moreno caramelizado. El resultado es una vainilla elegante y sumamente femenina: reconfortante y dulce, pero ligera.

3. Eau de Parfum Sisterland Vainilla, de Benetton
Golden Vainilla marca un hito siendo el primer Eau de Parfum de la colección Sisterland. Es una fragancia chic que apuesta por el gourmand más luminoso. Con una salida vibrante de pimienta rosa y un corazón elegante de lavanda, su magia reside en un fondo persistente de vainilla y caramelo. Es el perfume ideal para quienes buscan una estela sensual, redonda y llena de magnetismo.