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La morfología del español aborda diversos aspectos de la formación de palabras, entre ellos, la derivación nominal. En este contexto, se estudian sufijos que permiten la creación de sustantivos a partir de adjetivos o bases nominales, especialmente aquellos que denotan cualidad, estado o condición.

El Sufijo -ía y la Formación de Nombres de Cualidad, Estado y Condición

El sufijo -ía, proveniente del latín -ia, es fundamental en la formación de un amplio número de nombres que expresan cualidad en español. Ejemplos claros incluyen alegría (de alegre), lejanía (de lejano) y valentía (de valiente).

Entre los sustantivos formados con este sufijo se encuentran alevosía, altanería, bizarría, bravía (aunque menos común que bravura), campechanía, cercanía, cobardía, grosería, lozanía, osadía, rebeldía, soltería y veteranía. Es interesante notar que términos como ancianía (de anciano) han caído en desuso, siendo reemplazados por ancianidad. Muchas de las bases adjetivales mencionadas también admiten usos sustantivos, como un osado o un rebelde.

Además de adjetivos, el sufijo -ía se deriva de bases nominales para formar sustantivos como ciudadanía, feligresía, herejía, hombría, maestría y villanía. Para el caso de membrecía y membresía (de miembro), se observa una particularidad.

Significado de 'Condición de' y su Aplicación

Es frecuente utilizar la fórmula "condición de" para definir el significado de los nombres de cualidad derivados de sustantivos, como en ciudadanía, que se entiende como "condición de ciudadano". Esta fórmula puede presentar ligeras variaciones en su interpretación, ya que los sustantivos base pueden referirse a rangos, cargos, profesiones, empleos, titulaciones, instituciones o servicios.

Ejemplos de esta aplicación incluyen hidalguía, secretaría (en el sentido de ‘cargo de secretario’), caballería (como orden de caballería), artillería (el arma), maestría, pasantía, abogacía, cancillería, consultoría, canonjía y guardianía. Este último, guardianía, se emplea en países andinos para designar la ocupación de guardián: «Esta reforma se dio especialmente por aquellas personas que requieren servicio de guardianía para sus pequeñas empresas, colegios o almacenes» (Hoy [Ec.] 8/7/1997).

También se documentan usos regionales como pobrecía en la República Dominicana y el Caribe para referirse a la "condición de pobre" en un sentido social: «Los campesinos y demás exponentes de la pobrecía de barriada y caserío hablaban y actuaban confiadamente» (Tamayo, Hombre).

La formación de gentilicios o identidades culturales con -ía es también común, como en asturianía: «Como buen asturiano que soy, paseo mi asturianía allá donde voy» (Mundo [Esp.] 30/5/1996). Otros ejemplos son mexicanía, cubanía, colombianía, ecuatorianía y peruanía, que designan la esencia o identidad de cada nación. El sustantivo españolía también se ha documentado: «Ello era bien visto y signo de españolía» (García Candau, Madrid-Barça). Es importante señalar que bachillería (‘locuacidad impertinente’) es un sustantivo poco usado que mantiene las connotaciones antiguas de bachiller. Los sustantivos en -ía que designan lugares (como cancillería o conserjería) se tratan en otra sección.

Esquema de derivación nominal en español

Derivaciones Específicas: Sufijos -és/-esa y -ero/-era

Ciertos sustantivos en -ía provienen de adjetivos o sustantivos terminados en -és o -esa, como burguesía (de burgués), cortesía (de cortés), feligresía (de feligrés) y pleitesía (del antiguo pleités, 'versado en pleitos').

Asimismo, los adjetivos o sustantivos terminados en -ero o -era son la base de términos como los ya citados artillería y caballería, además de altanería, chapucería, chocarrería, grosería, majadería, marrullería y zalamería. Varios de estos derivados pueden funcionar como sustantivos contables con la interpretación de "dicho o hecho", por ejemplo, «soltar una grosería» o «No tengo por qué jurar una majadería así» (Luca Tena, Edad).

Este grupo incluye también cobardía, herejía (en expresiones como «decir una herejía»), osadía o villanía, entre muchos otros: «Probablemente habíamos sido los únicos capaces de una villanía semejante» (Cortázar, Cronopios). Sin embargo, los nombres en -ía que denotan cualidades positivas muestran resistencia a este uso, ya que se dice «Cometió una cobardía» (‘un acto cobarde’), pero no se acepta *«Realizó una valentía» (a pesar de decirse un valiente).

Irregularidades Morfofonológicas en los Sustantivos en -ía

Las irregularidades morfofonológicas en los sustantivos de este grupo son escasas, exceptuando las alternancias vocálicas relacionadas con la presencia o ausencia de diptongo (ej., valiente > valentía).

Una particularidad es la pérdida del diptongo final en los derivados en -ía de adjetivos o sustantivos terminados en -io, o la asimilación de la -i- a la del sufijo, como en secretario > secretaría. La anomalía en pícaro > picardía (en lugar de *picaría) se atribuye a la interferencia con el francés picard y La Picardie. La alternancia /d/ ~ /s/ en abogado > abogacía (no *abogadía) podría estar influida por el antiguo abogación.

La irregularidad en miembro > membresía o membrecía (ambas de uso extendido en América, y no *miembría ni *membría) es probablemente resultado de la influencia del inglés membership. El derivado bonhomía, aunque es un calco del francés bonhomie, puede asociarse léxicamente con buen hombre.

Para unos pocos derivados en -ía, se suele suponer una base verbal, como valer > valía o el antiguo bebería (‘exceso continuo en el beber’). En el caso de serventía (como en camino de serventía, en Cuba y Canarias), se considera que la base es un adjetivo o un antiguo participio de presente (sirviente) en lugar de un infinitivo (servir).

Alternancia /o/ ~ /u/ y el Sufijo -uría

Se observa la alternancia /o/ ~ /u/ en varios derivados en -ía que provienen de sustantivos o adjetivos terminados en -dor. Ejemplos incluyen tenedor > teneduría; senador > senaduría (también senaturía en Chile): «Aceptó ser candidato a una senaduría» (Vargas Llosa, Pez); gobernador > gobernaduría (además de gobernatura y gubernatura en México y El Salvador).

Aunque podría pensarse en -uría como un sufijo distinto, el análisis de la alternancia vocálica es apoyado por procesos como abreviador > abreviaduría (‘oficio de abreviador’); celador > celaduría (‘oficio de celador’); curador > curaduría (‘cargo de curador’); juzgador > juzgaduría (‘dignidad de juez’), y otros similares que dan lugar a contaduría, correduría, procuraduría o tejeduría a partir de sus correspondientes formas en -dor.

Casos Particulares y Dirección del Proceso Derivativo

Aunque sabiduría se asocia con saber en la conciencia lingüística, su origen proviene del antiguo sabidor (‘sabio’), lo que la integra en este paradigma de derivación. El término agregatura se registra para instituciones diplomáticas en las áreas rioplatense y antillana (ej., la agregatura cultural del consulado), a veces coexistiendo con agregaduría, más extendido en otras regiones. Letradura, en cambio, se ha perdido, y hoy letraduría se asocia directamente con letrado.

Un ejemplo de uso: «Los ediles se quejaron de la falta de voluntad de las autoridades nacionales para solucionar los problemas que afectan a esta ciudad que varias veces fueron denunciados a la contraloría» (ABC Color 16/10/2000). Otro es: «Fue encarcelado [...] por haber propuesto la creación de una defensoría de derechos de los militares» (Proceso [Méx.] 2/2/1997).

En este grupo, la dirección del proceso derivativo plantea problemas. La base de derivación de nombres que expresan cualidad o condición es un adjetivo o sustantivo. Esto también aplica a los derivados en -ía con base nominal que denotan cargos, empleos, dignidades o estados sociales permanentes o transitorios: alcaldía (en aspirar a la alcaldía), ayudantía, cancillería, canonjía, cesantía, ciudadanía, y otros.

Tabla comparativa de procesos derivativos

El Dilema de la Derivación en Nombres de Disciplinas, Enfermedades y Corrientes

Resulta polémico si el mismo proceso crea nombres de disciplinas, enfermedades, corrientes o tendencias a partir del nombre de los individuos que las practican, sufren o se relacionan con ellas. El dilema es elegir entre procesos como filósofo > filosofía; toxicómano > toxicomanía; ventrílocuo > ventriloquía (o ventriloquia) y sus opuestos. El criterio histórico no siempre es útil, ya que la etimología de la disciplina y el individuo pueden ser independientes. El criterio lexicográfico varía: el DRAE define ventriloquía como ‘arte del ventrílocuo’, sugiriendo ventrílocuo > ventriloquía, pero define toxicómano por remisión a toxicomanía; filósofo por remisión a filosofía, y apóstata por referencia a apostasía.

Siguiendo el principio de que la derivación agrega información morfológica, el orden filósofo > filosofía es más adecuado que el opuesto. Esto se extiende a escribano > escribanía (‘oficio de escribano’); filántropo > filantropía o vascófono > vascofonía: «El peculiar orden de sus palabras y unas sonoras erres delatan su vascofonía» (Diario Navarra 4/9/2005). También a sustantivos derivados de otros terminados en -ero, como artillero > artillería; ingeniero > ingeniería o el antiguo estrellero > estrellería (hoy astrología).

No obstante, algunos autores sugieren que muchos pares pueden vincularse léxicamente sin determinar una dirección, pues la elección de una opción (ej., filósofo y filosofía) puede implicar una preferencia conceptual inadecuada. Desde esta perspectiva, no habría una relación asimétrica de base y derivado, sino un paradigma de coexistencia de formas relacionadas en la conciencia del hablante. Esto ocurre con palabras terminadas en -cromía/cromo; -latría/latra; -logía/logo; -manía/mano; -tropía/tropo, etc. Una solución similar se propone para la relación entre -ismo e -ista.

Derivaciones de Comparativos y el Término 'Medianía'

De los comparativos mayor, menor y mejor se derivan, respectivamente, mayoría, minoría y mejoría. Los dos primeros denotan la condición de mayor o menor (como en la mayoría de edad o hallarse en minoría). Estos nombres se usan, además, como sustantivos cuantificativos.

Tanto mejoría como peoría (‘empeoramiento de una enfermedad’, hoy de uso regional) corresponden a nombres de acción y efecto: «Tal vez se podía esperar en los meses venideros alguna mejoría» (Saer, Nubes). Del adjetivo mediano se deriva medianía, que expresa la propiedad de hallarse algo o alguien en un término medio: «Pero sí sabemos con certeza que la vida de Cervantes fue la de un ciudadano sin títulos ni fortuna, que vivió en la medianía» (Vargas Llosa, Discurso).

El Sufijo -ería: Usos y Connotaciones

El sufijo -ería, originalmente resultado de la integración de -ero e -ía, se ha desvinculado de los derivados en -ero en algunos de sus usos actuales. Este sufijo participa principalmente en tres paradigmas:

  • Nombres de establecimiento: como chocolatería.
  • Nombres de grupo: como chiquillería.
  • Nombres de cualidad y condición: como tontería o masonería, que son relevantes en este análisis.

Aunque -ía y -ería son dos sufijos distintos, las alternancias entre ellos son raras, pero se han documentado algunos casos como campechanía ~ campechanería; glotonía (anticuado) ~ glotonería; haraganía ~ haraganería.

Entre las irregularidades morfofonológicas, destaca el interfijo -l- en cursilería, presente también en cursilón o cursilísimo. Se cree que esta -l- podría estar influida por la de palabras como comilón, dormilón o servilón. También se registra cursilonería (de cursilón): «Los jóvenes están llamados a ligarse y a ser un gran partido de la verdadera cultura castiza y alta, contra la ordinariez, el mal gusto, la barbarie y la cursilonería» (Valera, Carta). Casos de cúrsiles por cursis en Andalucía sugieren que la inserción de la -l- pudo surgir como un mecanismo morfofonológico regularizador.

Todo sobre Prefijos y Sufijos con Ejemplos

El Sufijo -ería y las Connotaciones Peyorativas

El sufijo -ería muestra una tendencia a adjuntarse a adjetivos y sustantivos terminados en "vocal tónica + -n", especialmente cuando las bases léxicas denotan atributos peyorativos de personas. Ejemplos incluyen bobaliconería, bribonería, bufonería, cabezonería, fanfarronería, glotonería, haraganería, holgazanería, ramplonería, simplonería, socarronería y truhanería, derivados de bobalicón, bribón, bufón, etc. Muchos de estos adjetivos y sustantivos en -ón ya son despectivos.

También se forma pobretería del diminutivo pobrete: «Y hay que acomodarse a las pobreterías de ahora» (Azorín, Cervantes). El sufijo -ería se adjunta a muchos otros adjetivos, sobre todo si conllevan una connotación peyorativa: beatería, blandenguería, bobería, cursilería, gazmoñería, ñoñería, pedantería, pillería, guarrería, sosería (también sosez y sosedad), tacañería o tontería. Son escasos los derivados de este grupo que carecen de esa carga negativa, como galantería, coquetería, cuquería (de cuco) o el antiguo doncellería (hoy doncellez).

La valoración negativa característica de muchos derivados en -ería a menudo forma parte del significado de la base, como en bellaquería, perogrullería, piratería, rapacería o vagabundería. Otras veces, la connotación negativa es aportada por el propio sufijo, mientras que la base carece de ella: «En Estocolmo consideran estas visitas de candidatos una politiquería intolerable» (Cabrera Infante, Vidas); «Ya eché de mi lomo escama, dilucidando gramatiquerías con el estudiante» (Suárez, Sueños); «¿No era esa la única manera de acabar con una niñería que podía tornarse peligrosa?» (Vargas Llosa, Elogio). Otros derivados en -ería designan organizaciones o instituciones, como en masón > masonería. La variante -ecía se reconoce en clero > clerecía y en rey > reyecía (‘dignidad de rey’).

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