La historia está llena de relatos de mujeres que, desafiando las convenciones de su época, asumieron roles protagónicos en campos tradicionalmente dominados por hombres. Desde los campos de batalla hasta las profundidades del océano, su coraje, resiliencia y determinación han forjado legados significativos que merecen ser reconocidos y puestos en valor. Este artículo explora la fascinante trayectoria de las mujeres guerreras y su vital contribución al sector pesquero, uniendo relatos de valentía militar con el incansable trabajo en la industria del mar.
Mujeres Guerreras: Un Legado de Coraje y Resistencia
El Papel de la Mujer en la Guerra del Pacífico (Chile)
Entre 1879 y 1884, la Guerra del Pacífico, un conflicto que enfrentó a Chile, Bolivia y Perú por territorios ricos en salitre y otros recursos naturales, vio a un amplio espectro social comprometerse activamente en la contienda, incluyendo a numerosas mujeres. Su participación no era inédita; durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1837-1839), ya se había destacado a mujeres como la Sargento Candelaria Pérez.
El rol femenino más conocido en las campañas fueron las denominadas "cantineras", también identificadas por algunos escritores e historiadores como "camaradas" o "vivanderas". Estos términos se utilizaron para identificar a esposas, familiares y otras mujeres que aportaron con su trabajo en los batallones chilenos y como soldados en el campo de batalla. Las cantineras, autorizadas por el gobierno y el Ejército para integrarse a los batallones (de preferencia solteras y de "buenas costumbres"), oficiaron de lavanderas, cocineras y costureras de la tropa. Además, auxiliaron a los soldados heridos (junto con las Hermanas de la Caridad y otros grupos de asistencia sanitaria) y les suministraron agua durante el combate. En varios casos, intervinieron directamente en las batallas, lideraron batallones y alcanzaron grados militares, como Irene Morales Galaz (1848-1890) y Filomena Valenzuela (1848-1924), quienes fueron evocadas como heroínas por la historia militar y nacional.
La vida de Irene Morales Galaz, por ejemplo, estuvo marcada por la guerra. Bautizada el 22 de octubre de 1848 en la Parroquia Nuestra Señora de la Estampa, se trasladó a Valparaíso en 1861, donde contrajo matrimonio por primera vez. Tras la muerte de su esposo, se mudó a Antofagasta en 1877 y se casó con Santiago Pizarro, quien fue fusilado en 1878. El 14 de febrero de 1879, con el desembarco de las tropas chilenas en Antofagasta, Irene Morales Galaz se enlistó en el ejército, inicialmente disfrazada de hombre y luego como cantinera y soldado del 3° de Línea. Su valentía fue reconocida, participando en diversas batallas y siendo nombrada sargento. En 1883, se casó con el Cabo 1° Alfredo Cisternas, y en 1888 participó en la inauguración de la estatua en conmemoración al "Roto chileno". Falleció el 25 de agosto de 1890 en Santiago debido a una pulmonía.
Otras mujeres destacadas incluyen a Mercedes Debia, quien se embarcó en el Cochrane vestida de hombre y peleó durante toda la guerra hasta 1882, y Rosa Ramírez y Leonor Solar, quienes murieron en la Batalla de Tarapacá en 1879. Filomena Valenzuela, otra figura prominente, desembarcó en Pisagua en 1879 y participó en la Batalla de Miraflores en 1881.
Pese a su crucial aporte, las cantineras, camaradas y mujeres soldado fueron excluidas de las pensiones que el Estado confirió a los soldados al término del conflicto. Durante el transcurso de la guerra, las autoridades incluso intentaron prohibir su participación con un decreto de junio de 1879, argumentando que su presencia afectaba la organización interna y contribuía a la propagación de epidemias.
Mientras tanto, miles de otras chilenas, sin abandonar sus hogares y desde las ciudades, donaron recursos, confeccionaron ropa y prepararon hilas para las curaciones de los soldados. La prensa nacional las convocó permanentemente, exaltando la necesidad de su incorporación al ejército o de prestar servicios benéficos.

Las Onna-bugeisha: Guerreras Samurái de Japón
En Japón, la figura de las mujeres guerreras también se inscribe en una rica tradición histórica. Desde que el país se abrió al resto del mundo a mediados del siglo XIX, samuráis y ninjas han despertado fascinación, pero a menudo se olvida la presencia de mujeres que tuvieron un papel muy importante en un mundo donde la guerra era el pan de cada día: las onna-bugeisha, o "maestras del combate".
Estas mujeres, pertenecientes a la nobleza militar, o bien se encargaban de la defensa de sus castillos mientras sus maridos estaban en campaña, o a veces participaban directamente en las batallas en campo abierto. Su existencia está documentada de forma fidedigna a partir del siglo XII, aunque figuras semilegendarias como la emperatriz Jingû ya habrían liderado invasiones en el siglo III.
Las onna-bugeisha eran entrenadas en el uso de varias armas, destacando la naginata, una lanza japonesa de hoja curva. La mayoría de las registradas lucharon en las Guerras Genpei (1180-1185) o en el periodo Sengoku (1467-1568), etapas de guerra civil. Una de las más conocidas fue Tomoe Gozen, quien sirvió al clan Minamoto durante las Guerras Genpei. El Cantar de Heike la describe como valiendo "por mil guerreros" y capaz de combatir "incluso a un dios o un demonio". Además de la naginata, utilizaban armas arrojadizas como los kunai o los shuriken para atacar desde posiciones defensivas.
El Periodo Sengoku (1467-1568) fue la época de mayor prominencia para las onna-bugeisha, ya que la constante guerra feudal exigía que las mujeres del clan estuvieran preparadas para defender sus castillos. Un caso particular fueron las kunoichi, la contraparte femenina de los ninjas, especializadas en infiltración, espionaje y asesinato, utilizando la seducción como un medio más para sus misiones.
Un estudio de Hitomi Tonomura revela que durante el periodo Kamakura, las mujeres de la clase guerrera no solo podían heredar tierras, sino que también gestionaban propiedades y defendían intereses familiares en disputas legales, demostrando una autonomía y poder real mayor al sugerido por las narrativas tradicionales.
Otro ejemplo es Hangaku Gozen, quien en 1201 asumió el mando de las fuerzas defensoras del castillo de Torisaka durante la rebelión de Kennin, luchando activamente con arco y vestida como guerrero. Su temple impresionó a sus adversarios, lo que la salvó del suicidio ritual y la llevó a un matrimonio concertado.
El siglo XVII trajo la consolidación del shogunato Tokugawa y el fin de las guerras civiles, transformando el papel de la clase guerrera. Los samuráis se convirtieron en burócratas, y las mujeres se enfocaron en la administración del patrimonio y la educación. Sin embargo, la Restauración Meiji a mediados del siglo XIX revivió los conflictos. Durante la Guerra Boshin (1868-1869), Takeko Nakano se consolidó como una de las figuras femeninas más emblemáticas, liderando un batallón de mujeres de Aizu con naginatas contra las fuerzas imperiales y muriendo en combate.
Con Yae Niijima, quien participó como enfermera en la primera guerra sino-japonesa (1894-1895) y en la guerra ruso-japonesa (1904-1905), y luego como activista por los derechos de las mujeres, concluyó la historia de las onna-bugeisha, dejando un legado de valentía y lucha por el reconocimiento femenino.

Mujeres y el Mar: Rompiendo Barreras en la Pesca y la Salmonicultura
El Rol Histórico y Actual de la Mujer en la Pesca Artesanal en Chile
Cuando se piensa en el mundo pesquero, la imagen predominante suele ser la de hombres en botes mar adentro. Sin embargo, los estudios internacionales revelan que las mujeres ocupan el 90% de las funciones de procesamiento de la pesca mundial y el 15% de la fuerza de trabajo directa. A pesar de esto, su trabajo se ha desarrollado normalmente sin paga, de manera informal, a medio tiempo o, peor aún, considerado como una extensión de sus responsabilidades hogareñas.
Estos datos no son distintos en Chile. Siglos atrás, el rol de la pesca en las primeras comunidades indígenas, como los Kawesqar, era de las mujeres, mientras los hombres cazaban mamíferos terrestres y lobos marinos. Hoy, según datos del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), un censo en 254 caletas artesanales desde Arica a La Araucanía muestra que hay más de 8.000 mujeres realizando actividades pesqueras. Cada vez más mujeres tienen cargos de dirigentes en las caletas, se registran más casos de recolectoras buceadoras y hay un aumento exponencial en los cargos de faenamiento de los recursos extraídos.
La mayoría de las mujeres de la pesca apoyan en tareas complementarias en el borde costero, como ahumadoras, recolectoras, asistentes de buzo y algueras, realizando un trabajo duro y sacrificado. La Fundación PRODEMU tiene como objetivo acompañarlas, fomentando sus procesos asociativos a través de rutas de aprendizaje que las capacitan en liderazgo, distribución de roles, resolución de conflictos y desarrollo de proyectos de financiamiento. Actualmente existen 42 organizaciones de mujeres, con 10.766 inscritas, lo que les permite acceder a beneficios e instrumentos de fomento.
Un ejemplo a replicar es la Red Regional de Mujeres de la Pesca Artesanal de la Región del Bio-Bío, que abarca desde Tomé hasta Tirúa. No debemos olvidar que la actividad pesquera, a toda escala, pasa por una baja considerable en su producción, por lo que las acciones para apoyar a las mujeres de la pesca y sus familias, y relevar sus necesidades, son un paso crucial para rescatar el aporte que realizan a la economía del país. El turismo y las actividades asociadas a la pesca artesanal se han convertido en alternativas productivas para sobrellevar la crisis.
El Servicio Nacional de Pesca reporta que 21.273 mujeres están inscritas en el Registro Pesquero Artesanal (RPA) Nacional, con una edad promedio de 42 años. Un 66% declara tener enseñanza básica, y el 90% se declara jefa de hogar, aportando el mayor porcentaje de ingresos. Las regiones con mayor participación femenina son Biobío y Los Lagos, con 5.000 y 10.000 mujeres registradas respectivamente.
En el ámbito de la salmonicultura, si bien el borrador menciona los efectos socioeconómicos y las condiciones laborales en esta industria, y la resistencia y cambios identitarios en trabajadoras del salmón, estas referencias subrayan la participación femenina en este sector específico del mar. Estas mujeres, a menudo, son las principales proveedoras del hogar, rompiendo con las lógicas culturales de género y siendo un ejemplo de empoderamiento.

Pioneras en la Pesca Deportiva: El Legado de Helen Lerner
En la década de 1940, el Puerto Salitrero en Tocopilla, Chile, era un lugar de auge para la pesca deportiva a nivel mundial. En este contexto, una comitiva de científicos y expertos estadounidenses, entre ellos Michael Lerner, arribó a Chile. Destacó especialmente la figura de Helen Lerner, esposa de Michael, una mujer que desafió las convenciones de su época y demostró que la destreza en la pesca no era cuestión de género.
La expedición, equipada con los más modernos elementos de pesca y cámaras cinematográficas, también contó con la presencia de Francesca La Monte, curadora del museo y fundadora de la International Game Fish Association, añadiendo un peso científico a la misión. Fue en estas aguas donde Helen Lerner logró la impresionante captura de un pez espada de 570 libras (casi 260 kilos), una hazaña que por sí sola merecería un lugar en la historia de la pesca deportiva.
Pero la participación de mujeres en la pesca deportiva en Tocopilla no se limitó a Helen; el libro Swordfish: a biography of the ocean gladiator, de Richard Ellis, destaca los logros de varias mujeres que establecieron récords en la captura de albacoras. El litoral tocopillano se convirtió en un laboratorio natural para el estudio de grandes peces migratorios y la pesca deportiva.
El trabajo metódico de la expedición quedó inmortalizado en el documental "Monsters of the Deep" (1941), una pieza audiovisual de alto valor etnográfico. Este fenómeno fue parte de una inclusión progresiva de las mujeres en esferas que les habían sido negadas, y quizás, entre los roqueríos de la costa, aún resuene el esfuerzo de aquellas que se negaron a ser espectadoras.

Desafíos y Empoderamiento: El Testimonio de Paola Rodríguez Donn
En el sector pesquero actual, historias como la de Paola Rodríguez Donn son un reflejo de la realidad que viven muchas mujeres. Con veinte años, Paola se convirtió en marinera, desafiando a quienes le decían "vos no vas a poder". Heredera de una tradición familiar ligada al mar, ella se embarcó en merluceros y langostineros, aprendiendo cada oficio y maña del trabajo en el mar. Para ella, "en el barco no hay género", ya que todos hacen lo mismo.
Sin embargo, esa igualdad en las tareas no siempre se refleja en el trato. Paola ha sentido la discriminación y describe la pesca como un sector "muy machista" que no valora el trabajo de las marineras. Para ella, es una "batalla diaria que te afecta psicológicamente". A pesar de las dificultades, no abandona, consciente de que su lucha abre camino para las mujeres que vienen detrás. Insiste en la necesidad de igualdad de oportunidades y respeto para toda mujer capacitada, una demanda básica y aún no alcanzada en pleno siglo XXI.
Paola lamenta la falta de apoyo sindical y la escasez de puertas abiertas para las mujeres en un sector con "manos varoniles" sobrantes. Aún así, agradece a los pocos empresarios que le dieron la oportunidad de demostrar su valía. Su experiencia resume las barreras estructurales y los prejuicios persistentes, pero también la fortaleza de una mujer que se para en cubierta, sube la red, llena cajones y resiste las olas, abriéndose paso donde muchos dijeron que no era posible.
