Desde la entrada en vigor del Decreto 24 en abril de este año, la normativa en Chile ha dado un paso firme en la regulación de la publicidad de alimentos ultraprocesados. Bajo la premisa de no dejar lugar a dudas, el Gobierno exige incorporar una advertencia contundente: “Alimento con sello ‘alto en’, evita su consumo”. Esta medida representa un desafío directo para una industria que durante años ha intentado eludir la transparencia informativa, prefiriendo conceptos ambiguos sobre la salud.

El origen y funcionamiento de los octógonos
La historia de esta regulación se remonta a 2016 con la Ley 20.606 sobre composición nutricional de los alimentos y su publicidad. En los supermercados comenzaron a aparecer envases con llamativos octógonos negros, señales imposibles de ignorar que advertían si un producto era "alto en sodio", "alto en grasas saturadas", "alto en azúcares" o "alto en calorías".
El sistema se basa en límites técnicos establecidos en el Reglamento Sanitario de los Alimentos. Los productos que superan estos umbrales deben llevar obligatoriamente la señalética. La eficacia de este modelo reside en su simplicidad: a diferencia de otros sistemas de gradientes, los sellos no relativizan la calidad nutricional; son inequívocos, lo que permite que incluso poblaciones con menor alfabetización nutricional puedan tomar decisiones informadas a golpe de vista.
La resistencia de la industria alimentaria
La industria ha desplegado una maquinaria de oposición constante ante medidas de este tipo, tanto en Chile como en otros países como México. El modus operandi suele ser predecible:
- Acciones de lobby: Intentar frenar la ley o sustituir los sellos por sistemas menos punitivos, como el semáforo nutricional.
- Campañas mediáticas: Difundir información sesgada bajo una apariencia de neutralidad.
- Judicialización: Presentar recursos legales para demorar o suavizar la implementación de la normativa.
A pesar de que empresas como Unilever, Nestlé, Carozzi y Tres Montes intentaron revertir el Decreto 24 en los tribunales, la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó sus pretensiones. El fallo argumentó que el decreto no impide el ejercicio comercial, sino que tiene como fin superior orientar a la población en un tema sensible como la nutrición.
Reportaje Canal13: Los primeros efectos de la Ley de Etiquetado de Alimentos (nov 2018)
Más allá de la rentabilidad: el cambio de relato
El miedo profundo de las corporaciones no es el coste de reformular una etiqueta, sino la pérdida de un relato que, durante décadas, ha presentado sus productos como sinónimos de felicidad y bienestar. Estudios sobre el impacto económico tras tres años de implementación en Chile han demostrado que no existen impactos negativos en el empleo o las ganancias empresariales, desmintiendo las amenazas de la industria.
La Ley 20.606 no solo se limita al etiquetado. Sus cinco pilares incluyen:
- Etiquetado frontal de advertencia.
- Restricciones severas a la publicidad dirigida a menores de 14 años.
- Prohibición de venta de estos productos en establecimientos educacionales.
- Promoción de hábitos saludables en la publicidad.
- Actividades didácticas en todos los niveles educativos.
Los datos actuales son claros: la población comprende las advertencias y muchos consumidores han optado por reformular sus compras, prefiriendo alimentos sin sellos. La evidencia científica sugiere que el abordaje de la obesidad requiere tanto medidas estructurales -como esta legislación- como el compromiso individual. La labor de profesionales, especialmente en pediatría, es clave para fomentar el consumo de alimentos frescos, naturales y preparaciones caseras, fortaleciendo así el legado de un país que ha pasado de superar la desnutrición a combatir eficazmente la malnutrición por exceso.