Uno de los tópicos recurrentes en la obra de Luis Buñuel es la idea de que las películas mexicanas en las que colaboró con Gabriel Figueroa como director de fotografía limitaron al cineasta. Sin embargo, un análisis más profundo revela que la realidad no fue exactamente así, y que esta dupla creativa resultó en algunas de las obras más impactantes del cine. Gabriel Figueroa es, sin duda, uno de los colaboradores más importantes con los que Buñuel trabajó a lo largo de su carrera.

El Estilo de Gabriel Figueroa y su Influencia
Gabriel Figueroa desarrolló un estilo visual distintivo, influenciado por las grandes imágenes de Edouard Tissé y Serguéi Eisenstein para "¡Que viva México!". Su aproximación a la fotografía se caracterizaba por una plasticidad rigurosa, donde los personajes se situaban sobre composiciones cuidadosamente elaboradas, prestando especial atención a las sombras, la amplitud de los cielos y otros elementos visuales. Esta influencia se extendía a la pintura mexicana, inspirándose en artistas como José Clemente Orozco, Siqueiros, Posada y el Dr. Atl.
Figueroa relata que, al inicio de su carrera en México, se le sugirió que intentara crear una "fotografía mexicana". Él mismo explica: "Yo la bajé (la cámara). Mire, esto tengo que explicarlo. Dolores del Río la dirigió Emilio Fernández. que trabajamos juntos él y yo. me dejó colocar la cámara dónde yo quisiera. en pantalla lo que él ni siquiera había imaginado. completamente. Y desde entonces él me dejó poner la cámara donde yo decidía. hacía la composición. Y así trabajé con él 25 años." Este proceso de descubrimiento y colaboración fue fundamental para su desarrollo artístico.

La Colaboración con Luis Buñuel: Un Diálogo Creativo
La relación profesional entre Luis Buñuel y Gabriel Figueroa, aunque a veces descrita como tensa, fue fundamentalmente de respeto mutuo y autoexigencia, especialmente a partir de su primer encuentro en "Los olvidados" (1950). A pesar de que Figueroa era conocido por su estilo esteticista y sus composiciones formales, que habían tenido gran éxito en películas de Emilio Fernández, se adaptó para complementar la visión subversiva y realista de Buñuel.
Buñuel reconoció la capacidad de Figueroa, describiéndolo como "un gran artista" y un "excelente cineasta" que supo captar el tono realista y social de sus personajes. Si bien Buñuel a menudo se apartaba de la búsqueda de esteticismo en favor de un enfoque más crudo, Figueroa lograba crear interiores muy logrados a través de la iluminación y composiciones que apoyaban la narrativa sin caer en el efectismo visual.
Un famoso desencuentro, que se ha exagerado con el tiempo, ocurrió durante el rodaje de "Nazarín". Según relata Gabriel Figueroa Flores, hijo del director de fotografía, Buñuel preguntó a su padre qué le parecía una escena. Figueroa respondió que le parecía muy mal, tanto desde el punto de vista de la dirección como de la fotografía. Esta sinceridad, lejos de romper la relación, fortaleció el entendimiento profesional entre ambos, llevando a Buñuel a pedirle a Figueroa que le avisara si se salía de su "distancia" en la puesta en escena.
Figueroa adaptó su estilo para complementar la intención autoral de Buñuel. Si bien Buñuel buscaba una imagen mucho más realista para "Los olvidados", Figueroa, amigo de fotoperiodistas que habían documentado la pobreza en México, aportó esa mirada propia del fotoreportaje a la película. La iluminación de interiores se convirtió en un punto clave, ya que, como el propio Buñuel reconocía, no tenía gran conocimiento en esta área.
Reseña: Los Olvidados (1950)
"Los Olvidados": Un Punto de Inflexión
"Los olvidados" (1950) marcó un antes y un después en la colaboración entre Buñuel y Figueroa. A pesar de un estreno inicial difícil y una crítica negativa en México, la película fue aclamada en el Festival de Cannes de 1951, ganando premios que revitalizaron la carrera de Buñuel. La película es un retrato crudo y realista de la vida en los barrios marginales de la Ciudad de México, mostrando la pobreza, la delincuencia y la marginalidad de sus jóvenes habitantes.
Figueroa, con su maestría, logró capturar la crudeza de la realidad sin sacrificar la potencia visual. La famosa escena del dolly pasando por unos gallineros es un ejemplo de cómo la cámara de Figueroa se movía para revelar la atmósfera opresiva y la miseria de los personajes. La gama de grises, la claridad perfecta y la plasticidad visual que Figueroa podía lograr, incluso con limitaciones técnicas, fueron esenciales para dar vida a la visión de Buñuel.
En "Los olvidados", la fotografía de Figueroa se caracterizó por una iluminación contrastada y una composición que enfatizaba el hacinamiento y la desolación. Las sombras jugaban un papel crucial, a menudo adelantadas, creando una sensación de dualidad y presagio. La imagen final de un cielo azul intenso con nubes notables, a pesar de la tragedia que se desarrollaba, es un sello distintivo del estilo de Figueroa, que a menudo contrastaba la belleza del paisaje mexicano con la dureza de la realidad social.

Otras Colaboraciones Notables
Además de "Los olvidados", Buñuel y Figueroa colaboraron en otras películas importantes, cada una explorando diferentes facetas de su entendimiento creativo:
- Él (1953): Una exploración de los celos y la paranoia, donde la fotografía de Figueroa contribuye a la atmósfera claustrofóbica y la tensión psicológica.
- Nazarín (1959): Basada en la novela de Benito Pérez Galdós, esta película muestra un Buñuel más contemplativo, apoyado por la fotografía de Figueroa que realza la espiritualidad y el paisaje mexicano.
- La fièvre monte à El Pao (1959): Conocida también como "La fiebre sube a El Pao" o "Los ambiciosos", esta película aborda temas políticos y sociales, con una fotografía que captura la opresión y la lucha.
- The young one (La joven) (1960): Una historia con tintes raciales y sociales, donde la fotografía de Figueroa juega un papel crucial en la ambientación y el desarrollo de la trama.
- El ángel exterminador (1962): Una sátira mordaz sobre la burguesía, donde la cuidada composición y el uso de la luz por parte de Figueroa contribuyen a la atmósfera surrealista y opresiva.
- Simón del desierto (1965): Un cortometraje que, a pesar de su brevedad, muestra la maestría de ambos en la creación de atmósferas únicas y visualmente impactantes.
En "El ángel exterminador", la construcción del espacio es fundamental para la visión de Buñuel sobre la burguesía y su potencial colapso. Figueroa, influenciado por el expresionismo alemán y la técnica de Gregg Toland, crea imágenes contrastadas y con profundidad de campo que acentúan la claustrofobia y la incomodidad de los personajes.

Legado y Amistad
La relación profesional entre Luis Buñuel y Gabriel Figueroa, que se extendió por más de una década, evolucionó hacia una amistad entrañable. Figueroa Flores recuerda que su padre destacaba la precisión de Buñuel en la planificación, afirmando que "Buñuel planificaba las películas al segundo. Se decía que para editarlas solo había que quitar las claquetas y ya casi tenías la película montada". Ambos eran impecables en su forma de trabajar.
Las invitaciones a comer se convertían en largas sobremesas, donde Buñuel compartía anécdotas y chistes, demostrando su carisma y su calidad humana. La colaboración entre estos dos gigantes del cine mexicano no solo dejó un legado cinematográfico invaluable, sino que también es un testimonio de cómo las visiones artísticas opuestas pueden converger para crear obras maestras.