Intoxicación por Queso de Cabra: Síntomas, Riesgos y Prevención

El queso de cabra es un verdadero manjar que ha conquistado los corazones de muchos amantes de los lácteos. Su sabor característico, su textura versátil y su capacidad de combinar tanto en platos gourmet como en recetas caseras lo convierten en un alimento imprescindible en muchas mesas. Además, se le atribuyen diversos beneficios para la salud, como su fácil digestión, su aporte de calcio y proteínas, y su capacidad para satisfacer el paladar con menos lactosa que los quesos de vaca.

Sin embargo, aunque el queso de cabra es generalmente bien tolerado y apreciado, no está exento de limitaciones. Existen ciertas contraindicaciones que es importante tener en cuenta, ya que no todas las personas pueden consumirlo sin problemas, y sus efectos pueden variar según el estado de salud, la cantidad ingerida y el tipo de queso elegido.

Listeriosis: El Principal Riesgo Asociado al Queso de Cabra

La listeriosis es una intoxicación alimentaria causada por comer alimentos contaminados con la bacteria Listeria monocytogenes (L. monocytogenes). Esta bacteria, que puede sobrevivir a la refrigeración e incluso a la congelación, se encuentra en la tierra y el agua. Los animales pueden portar las bacterias y pueden contaminar carnes y productos lácteos. La leche sin pasteurizar (cruda) o los alimentos hechos de leche sin pasteurizar pueden contaminarse. Los alimentos procesados, como los quesos blandos y los embutidos, pueden contaminarse después del procesamiento.

Esquema de las vías de contaminación de la bacteria Listeria monocytogenes en la cadena alimentaria.

Síntomas de la Listeriosis

Los síntomas de la listeriosis incluyen fiebre, dolores musculares y, a veces, náuseas o diarrea. Si la infección se propaga al sistema nervioso, pueden presentarse síntomas como dolor de cabeza, rigidez en el cuello, confusión, pérdida de equilibrio o convulsiones. En casos más complejos, la infección puede comprometer órganos vitales y puede aparecer riesgo de meningitis, septicemia y complicaciones graves, especialmente en embarazadas, adultos mayores y recién nacidos.

Los síntomas pueden comenzar desde unas pocas horas hasta varias semanas después de ingerir el alimento contaminado, y en contadas ocasiones pueden durar hasta 90 días, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Si una persona consumió alimentos potencialmente contaminados con Listeria monocytogenes y desarrolla fiebre, dolores musculares u otros síntomas en los dos meses posteriores, debe consultar rápidamente a un médico e informar sobre la exposición. Lo mismo aplica si se enferma luego de ingerir un producto potencialmente contaminado, como alimentos fabricados con leche no pasteurizada.

Poblaciones en Mayor Riesgo

La listeriosis afecta principalmente a ciertos grupos de riesgo, para quienes la enfermedad puede ser muy grave:

  • Las mujeres embarazadas: Durante el embarazo, la infección puede causar aborto espontáneo, parto prematuro, infección grave del recién nacido o incluso muerte fetal. Los bebés pueden nacer con listeriosis si sus madres comen alimentos contaminados durante el embarazo.
  • Los recién nacidos.
  • Las personas mayores (más de 65 años).
  • Los adultos con un sistema inmunitario deficiente, como aquellos con enfermedad renal, diabetes, cáncer o VIH y/o sida.

Los adultos y los niños saludables a veces se infectan con L. monocytogenes, pero es raro que se enfermen gravemente.

Diagnóstico y Tratamiento de la Listeriosis

La listeriosis se diagnostica en base a los antecedentes de salud y un examen físico. Su médico le hará preguntas sobre sus síntomas, los alimentos que haya comido recientemente y el entorno. Pueden hacerse un análisis de sangre y de líquido cefalorraquídeo para confirmar el diagnóstico.

Si una persona embarazada tiene listeriosis, tomar antibióticos puede a menudo prevenir la infección del feto o del recién nacido. Los bebés que tienen listeriosis reciben los mismos antibióticos que los adultos, aunque suele usarse una combinación de antibióticos. Una persona no embarazada que de otro modo es saludable generalmente no necesita tratamiento.

Alerta Específica: Contaminación por Listeria y E. coli en Queso de Cabra

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha alertado de la presencia de Listeria monocytogenes y Escherichia coli en un queso de cabra moho blanco de la marca "Suerte Ampanera". Según informan desde el Ministerio de Consumo, el alimento ha sido distribuido inicialmente por Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Galicia, País Vasco y la Comunidad de Madrid, aunque “no es descartable que puedan existir redistribuciones a otras comunidades autónomas”. La referencia del lote afectado es: Ref.ES2025/607.

Se recomienda a las personas que tengan en su domicilio productos afectados por esta alerta que se abstengan de consumirlos. Y, en el caso de haber consumido alguno y presentar sintomatología compatible con la listeriosis (vómitos, diarrea o fiebre), que acudan a un centro de salud. En el caso de estar embarazada, se recomienda consultar las recomendaciones de consumo durante la gestación realizadas por la AESAN.

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Otras Consideraciones y Contraindicaciones del Queso de Cabra

Además de la listeriosis, el queso de cabra, como otros productos lácteos, puede presentar otras implicaciones para la salud:

  • Intolerancia a la lactosa: El queso de cabra contiene menos lactosa que los quesos de vaca, pero sigue siendo problemático para quienes tienen una intolerancia severa. Las variedades de queso de cabra curado o madurado contienen muy poca lactosa y pueden ser una alternativa más adecuada, pero siempre bajo supervisión médica.
  • Alergia a las proteínas de la leche: El queso de cabra contiene proteínas como la caseína, que pueden desencadenar reacciones alérgicas. Los síntomas incluyen picazón, hinchazón, dificultad para respirar o molestias gastrointestinales.
  • Contenido de grasas saturadas: El queso de cabra es una fuente de grasas saturadas, que en exceso pueden contribuir a un aumento del colesterol LDL (el conocido como «colesterol malo»). Esto puede ser problemático para personas con enfermedades cardiovasculares, colesterol alto o riesgo de obesidad.
  • Hipertensión arterial: Muchos quesos, incluido el de cabra, contienen sodio, un mineral esencial pero que en exceso puede ser perjudicial para quienes padecen hipertensión arterial. Los quesos curados tienden a ser más ricos en sodio que los frescos.
  • Problemas renales: El queso de cabra es rico en proteínas, calcio y fósforo, nutrientes que, aunque esenciales, pueden sobrecargar los riñones en personas con enfermedades renales crónicas. Una ingesta elevada de estos nutrientes podría agravar la función renal deteriorada.
  • Gota o niveles altos de ácido úrico: Al igual que otros productos ricos en proteínas, el queso de cabra contiene purinas, compuestos que en el cuerpo se transforman en ácido úrico. En exceso, esto puede empeorar condiciones como la gota.
  • Control de peso: Aunque el queso de cabra tiene un perfil nutricional favorable, es calórico y denso en grasas. Esto puede ser un problema para quienes siguen una dieta hipocalórica o buscan perder peso.
  • Interacciones con medicamentos: Las personas que toman ciertos medicamentos, como diuréticos, pueden necesitar moderar el consumo de alimentos ricos en calcio o sodio, ya que pueden interferir con su eficacia o potenciar efectos secundarios.

Prevención y Consumo Seguro del Queso de Cabra

Para disfrutar del queso de cabra de forma segura y minimizar riesgos, es crucial adoptar prácticas de seguridad alimentaria y tener en cuenta las necesidades individuales:

Infografía sobre consejos para la manipulación segura de alimentos en casa.
  • Selección adecuada:
    • Optar siempre por quesos de cabra pasteurizados y evitar los elaborados de forma artesanal o no certificados, especialmente durante el embarazo. No coma quesos blandos (feta, brie, Camembert, azules y el queso blanco) a menos que la etiqueta indique que están hechos con leche pasteurizada.
    • No beba leche cruda (sin pasteurizar) ni consuma alimentos que contengan leche sin pasteurizar.
  • Manipulación segura de alimentos:
    • Lávese bien las manos con agua y jabón durante, al menos, 20 segundos, especialmente antes y después de manipular los alimentos, después de usar el baño o de cambiar pañales.
    • Lave las frutas y verduras frescas enjuagándolas bien con agua corriente.
    • Si es posible, use dos tablas de cortar: una para las frutas y las verduras frescas, y la otra para la carne, las aves y los pescados y mariscos crudos.
    • Lave con agua caliente jabonosa todos los utensilios, tablas de cortar y superficies que utilice para preparar los alimentos. Limpie el interior del refrigerador cada pocos meses, preparando una solución de limpieza.
  • Almacenamiento y cocción seguros:
    • Almacene los alimentos en el refrigerador a 40°F (4°C) o más frío. La listeria puede crecer en el refrigerador, de modo que limpie cualquier derrame, especialmente líquidos de carnes.
    • Refrigere rápidamente las sobras en envases con tapas de cierre hermético a presión, que se pueden guardar durante 3 o 4 días.
    • Deseche los alimentos si tiene dudas sobre su seguridad, incluso si huelen bien o tienen buen aspecto. No pruebe comida sospechosa.
    • Cocine todos los alimentos de origen animal hasta que alcancen una temperatura interna que sea segura, usando un termómetro para carne limpio. Recaliente las sobras al menos a 165°F (74°C).
  • Consideraciones para grupos de riesgo:
    • Las mujeres embarazadas y las personas con sistemas inmunitarios debilitados deben tener especial cuidado con la listeria.
    • Optar por el consumo en cantidades moderadas, entre 30 y 50 gramos por ración, para disfrutar de su sabor y beneficios sin excederse.
    • Consultar con un médico o nutricionista si se tienen dudas específicas o condiciones médicas preexistentes.

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