La Industria de la Harina de Pescado en Iquique: Historia, Auge y Crisis

Orígenes y Primeros Desarrollos

La crisis del capitalismo de 1929 y el declive de la industria salitrera en el norte de Chile generaron importantes cambios en las políticas económicas de los gobiernos de la época. Estos cambios incluyeron transformaciones en la burocracia estatal para propiciar un crecimiento económico hacia adentro, conocido como 'proceso de sustitución de importaciones'. En este nuevo escenario, los recursos ictiológicos adquirieron una importancia económica industrial sin precedentes en la historia nacional.

Los esfuerzos industrializadores llevados a cabo en los espacios marinos del norte de Chile durante las décadas de 1930 y 1960 fueron impulsados por una serie de políticas desarrollistas, principalmente promovidas por la Corporación de Fomento Industrial (CORFO) y agencias internacionales. Estas políticas fomentaron las virtudes del sistema, logrando materializar la industrialización de las pesquerías.

Históricamente, se había asignado poca importancia económica a las pesquerías nacionales como nodos de desarrollo. La política chilena del pasado se basaba en el modelo primario exportador y sus procesos de acumulación de capital, centrados en la industria minera y la agricultura. Sin embargo, Harms (1930) planteaba que la industria pesquera a gran escala sería un magnífico sustituto de la carne, y su implementación permitiría retener en el país millones de pesos que se gastaban en su importación.

Una de las primeras acciones significativas en este nuevo escenario fue el fomento de misiones científicas para la indagación, clasificación y sistematización de los recursos marinos, siguiendo una perspectiva industrial propia de los países desarrollados (Pratt, 2010). Se desarrollaron importantes misiones en las costas occidentales de América del Sur, como Discovery (1930), William Scoresby (1931), Atlantis (1955) y las del Vema (1958-1963). Chile, por su parte, desplegó las expediciones Mar Chile I, Mar Chile II y Mar Chile III, patrocinadas por diversas instituciones nacionales e internacionales.

Estas expediciones arrojaron informes descriptivos de corte positivista, centrados en la clasificación de especies aptas para la explotación y comercialización industrial, así como en el análisis de la fuerza de trabajo. Los informes destacaban la precariedad tecnológica de los pescadores locales, considerándola inapropiada y atrasada para la lógica desarrollista (Nurske, 1953).

Un informe relevante fue el del ictiólogo alemán Hans Lübbert, contratado por el gobierno chileno en 1926. Tras sus viajes por las costas chilenas, Lübbert expuso las enormes cantidades de peces disponibles y el potencial de multiplicar la producción de los tres mil pescadores si existiera un mercado para ello. Otra intervención inmediata fue la inversión de recursos financieros para el mejoramiento de embarcaciones, la introducción de motores y la mejora general del mercado pesquero (Lübbert, 1930).

Modernización y Marco Legal

El conocimiento científico y el uso de tecnologías modernas se convirtieron en herramientas clave para que el Estado planificara, organizara y modernizara los medios de producción marinos. La pesquería industrial comenzaba a experimentar la transformación de las fuerzas de trabajo y sus medios de producción.

Las estrategias jurídicas desplegadas por el Estado para llevar a cabo estas transformaciones incluyeron la Ley de Pesca de 1931. Su artículo 5 estipulaba que toda persona que ejerciera la profesión de pescador debía tener su carnet de identidad e inscribirse en registros especiales. El control de este proceso recaía en la Armada de Chile, con facultad para restringir el acceso a las playas.

En 1942, el diario El Tarapacá informaba sobre la necesidad de que todos los pescadores del país se inscribieran en la Caja de Seguro Obligatorio y quedaran asegurados como independientes, bajo la Ley 4.054. La Gobernación Marítima establecía un plazo para la obtención de la libreta de seguro, advirtiendo que, de no cumplirse, se cancelaría la matrícula a los pescadores.

La implementación de estas disposiciones y mecanismos de control se justificaba por la condición social y cultural de los pescadores, quienes hasta entonces habían desarrollado sus actividades en un ambiente poco disciplinado por las leyes y la civilización. Se recurría al binomio conceptual de "civilizados/incivilizados" o "desarrollados/subdesarrollados" para legitimar la necesidad de generar cambios en los hábitos locales, reemplazándolos por otros más adecuados al nuevo modelo productivo, bajo criterios de utilidad y eficiencia.

A pesar de los esfuerzos, históricamente ha resultado difícil desposeer a los pescadores de los recursos del mar. La llegada del nuevo modo de producción no implicó la desaparición del antiguo, sino su coexistencia, manteniendo el mar como fuente de abastecimientos, mano de obra y servicios.

Instalación de la Industria Pesquera Moderna

Según informes de la misión científica alemana del Dr. Hans Lübbert (1926), tras sus investigaciones, comenzaron a instalarse las primeras industrias pesqueras 'modernas' en las costas chilenas. Siguiendo sus sugerencias, se implementó la primera Escuela de Pescadores en San Vicente, bajo la Ley Nº 6.558 de 1935.

En 1939, la Ley Nº 6.334 creó la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), con el objetivo de aprovechar las condiciones naturales del país mediante la industrialización de sectores estratégicos. Se propuso un plan pesquero para fomentar el consumo de pescado fresco, modernizar las artes de pesca a través de créditos y desarrollar la industria de conservas y aceites.

Como resultado, en 1941 se creó la Compañía Pesquera Arauco y, al año siguiente, en asociación con el Instituto de Fomento Minero e Industrial de Tarapacá, nació la Sociedad Pesquera Chilena Industrial de Pesca, inaugurando plantas en Antofagasta, Talcahuano y San Vicente (Aguirre, 2016).

En el litoral tarapaqueño, se crearon fábricas de conservas como las pesqueras Lauder (1934) y Korp (1937), inicialmente de capitales privados y luego traspasadas al Estado. A partir de 1935, el Consorcio Pesquero de Tarapacá, constituido por el Instituto de Fomento de Tarapacá y el Instituto de Fomento Minero e Industrial de Tarapacá, instaló una de las primeras industrias pesqueras con capitales estatales en Iquique: la Pesquera Cavancha, dedicada a conservas y venta de pescado fresco (especialmente albacora). Posteriormente, en 1943, se creó la pesquera El Colorado para procesos similares.

La flota de estas fábricas provenía principalmente de tres gremios de pescadores artesanales: la Sociedad Industrial de Pescadores de Cavancha, la Sociedad Protección Mutua de Pescadores del Morro y la Sociedad Industrial de Pescadores del Colorado (Alfaro, 1936). Estos gremios desarrollaban su industria por sus propios medios, sin subvenciones. Sin embargo, a partir de 1940, sus embarcaciones de madera ('faluchos') fueron modernizadas gracias a créditos que permitieron adquirir artes de pesca modernas y motores fuera de borda.

Este incipiente proceso de industrialización no implicó la apropiación total de los medios de producción. Resultó más conveniente confiar la extracción del producto a la flota artesanal y monopolizar su comercialización. Las primeras industrias se enfocaron en la creación de nuevos espacios laborales en la deprimida economía regional y en ofrecer un sustituto alimenticio a los sectores populares, contribuyendo a mejorar las condiciones económicas y alimenticias de los habitantes de estas provincias (Harms, 1930).

Intervenciones Estatales y Fomento del Consumo

En este nuevo escenario, se produjeron nuevas intervenciones estatales destinadas a la regulación y control de todo el proceso productivo pesquero. La prensa reportaba en mayo de 1943 que partidas de albacora alcanzaban los 43kg y eran llevadas a la pampa sin pasar por el Mercado Municipal para su control de venta.

Estas medidas se complementaban con acciones para aumentar el consumo de pescado a nivel regional y nacional. El Decreto Supremo Nº 1000, del 23 de diciembre de 1943, disponía "el consumo de pescado dos veces por semana, en todas las reparticiones públicas del País", buscando conformar un mercado interno para los productos pesqueros.

La harina de pescado se utiliza en la alimentación de todo tipo de animales alrededor del mundo. El proceso de producción implica la succión de una mezcla de agua y restos de pescado mediante bombeo, impulsada por una cañería hasta la recepción de la planta. Allí, el agua se separa del pescado y se filtra para recuperar trozos de alimento. El pescado se almacena en estanques hasta ser trasladado a cocedores, donde se transforma en una mezcla de pescado cocido y agua, que luego se separa de los sólidos mediante prensado.

El Auge de la Industria Pesquera (1980-1986)

El período entre 1980 y 1986 es considerado como el mejor de la industria pesquera, llegando a capturar tres millones de toneladas métricas. La mayoría de los iquiqueños de esa época recuerda el olor emanado cuando las plantas operaban a toda máquina.

José Cáceres, tripulante pesquero, ingresó a la industria en su momento de mayor auge. Él recuerda el "boom" de la sardina española, comentado por todos, pero sin prever que la sobreexplotación destruiría los recursos en una década. El aumento de la producción impulsó un incremento en la capacidad de las embarcaciones y un cambio en la modalidad de trabajo.

En 1983, la región contaba con 161 barcos industriales y 29 plantas operativas. Sin embargo, ese mismo año, los efectos de la crisis comenzaron a sentirse. La producción iquiqueña solo alcanzó 839 toneladas anuales, y a partir de entonces, la producción entró en declive, llegando a 1998 con un desembarque de tan solo 103 toneladas de pescado.

La Crisis de la Industria Pesquera

En 1998, se realizó un catastro de los trabajadores de la industria, revelando cifras alarmantes a nivel regional: 142 pescadores, 113 tripulantes, 508 buzos mariscadores, 349 recolectores y 560 armadores. Para muchos, la crisis golpeó con mayor fuerza ese año.

Estadísticas de Prochile muestran el impacto del problema. En 1998, los recursos disminuyeron, aunque se especulaba que el aporte por empresa, tras la crisis, sería de 890 millones de pesos. La diferencia en la producción regional entre 1997 y 1998 fue abismal, con una caída general del 87 por ciento en solo un año.

Según un informe del Gobierno Regional, en 1999 operaban 124 naves. La sobreexplotación del recurso fue evidente en 1996, y desde entonces, el promedio de anchoveta extraída nunca superó el millón de toneladas, continuando su descenso.

En la década de los noventa, el precio de la harina de pescado también experimentó una leve disminución. El mercado mundial ya no valoraba la harina corriente producida décadas atrás en Iquique. Este producto, más refinado, se elabora a base de anchoveta fresca.

Hugo Herrera predijo que la pesca industrial cambiaría, con menores volúmenes de carga, tecnificación del trabajo y un reducido grupo de tripulantes por nave.

Impacto Ambiental y Regulaciones

El 3 de febrero de 1999, autoridades sanitarias visitaron las pesqueras Camanchaca e Iquique-Guanaye para revisar sus procesos productivos y normativas sobre emanación de gases y malos olores.

El 5 de febrero de 1999, la bahía norte de Iquique fue contaminada, provocando una enorme mortandad de peces. Camanchaca tuvo que pagar una multa de más de tres millones 200 mil pesos. Dos días después, la bahía amaneció con una mancha de petróleo, sin que nadie se hiciera responsable.

Actualmente, la industria pesquera enfrenta fuertes regulaciones ambientales, marítimas, pesqueras y laborales.

Posición de Chile e Iquique en la Industria Global

Noruega fue pionera en la producción de harina de pescado. Hoy, los principales productores son Perú y Chile, y dentro de Chile, Iquique ocupa un lugar de avanzada.

Infografía sobre la cadena de producción de harina de pescado, desde la captura hasta el producto final.

Investigación sobre la Industrialización Pesquera en el Norte de Chile

El proceso de industrialización de la pesca en el norte de Chile es un ámbito que aún no ha sido suficientemente estudiado. Los trabajos existentes se han centrado en la descripción de la estructura productiva, las formas de producción y el trabajo pesquero.

Este trabajo se enmarca en este acervo de conocimientos y busca aportar un nuevo abordaje, analizando los procesos de expansión del capitalismo industrial en la pesca del norte de Chile y Perú, con énfasis en los flujos de tecnologías, técnicas, personas y recursos naturales movilizados en las pesquerías de Iquique entre 1930 y 1970, y sus vínculos con el ciclo económico global.

La hipótesis de trabajo sugiere que este proceso fue posible por la coexistencia y vinculación de dos fenómenos: el agotamiento de recursos ictiológicos en América del Norte, que impulsó el capital financiero hacia las costas del norte de Chile, y el escenario local marcado por la crisis del ciclo del salitre y el discurso de progreso y desarrollo.

La investigación utilizó una metodología cualitativa, con análisis histórico documental del periódico ‘El Tarapacá’ (colección del Museo Regional de Tarapacá) para el período 1930-1960, y otras fuentes bibliográficas. Se analizó la información recolectada mediante análisis crítico de contenido.

El estudio describe las primeras medidas implementadas por el Estado desarrollista, la instalación de las primeras industrias pesqueras (1930-1950), la expansión de la industria y sus conexiones con la economía global (1950-1970), y la nueva fase de desarrollo industrial pesquero en Iquique (1960-1970), vinculando política estatal y capitalismo económico.

Mapa histórico del norte de Chile destacando las principales zonas pesqueras y la ubicación de Iquique.

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