La Industria de Plaguicidas y su Expansión hacia el Sur
Las grandes corporaciones, a menudo denominadas 'gigantes' de la industria de los plaguicidas, han puesto su mira en el Sur global para expandirse. En las décadas de 1990, se observó una concentración sin precedentes en este sector, con fusiones y adquisiciones que reconfiguraron el panorama empresarial.
Un ejemplo notable de esta consolidación fue la fusión anunciada en los años '90 entre dos importantes empresas, que dio lugar a la formación de la nueva entidad Novartis. Posteriormente, en 1998, otras dos compañías se unieron para formar Aventis, tomando la delantera en el mercado. Sin embargo, esta última unión tuvo una duración limitada.
Estas diez grandes empresas dominaban el mercado de plaguicidas, con ventas que superaron los U$S 23 mil millones en 1999. La investigación y desarrollo en este ámbito se ha concentrado en consolidar el mercado y asegurar mayores ganancias a largo plazo. Las transnacionales de los plaguicidas también han incursionado en el sector de los químicos especiales, áreas en las que anteriormente tenían una presencia mínima.
La industria de los plaguicidas representa un mercado de U$S 27 mil millones, y la consolidación busca fortalecer el dominio del mercado de plaguicidas genéricos. Sin embargo, los costos del proceso de registro y habilitación para nuevas empresas en este sector son considerables, lo que dificulta la entrada de empresas nacionales productoras de este tipo de insumos.
Entre los productos más relevantes se encuentra el paraquat, un herbicida de altísima toxicidad para el cual no existen antídotos. La producción de plaguicidas genéricos se ha desplazado hacia centros de producción ubicados en países en vías de desarrollo.

La Revolución Biotecnológica y el Control del Mercado Semillero
La agricultura ha experimentado una profunda transformación impulsada por la biotecnología y la ingeniería genética. Las empresas transnacionales han asumido el control férreo del sector de la biotecnología, utilizando contratos y licencias para asegurar el acceso a los medios y vehículos necesarios para introducir nuevas tecnologías en el mercado.
El mercado de semillas se ha convertido en un punto clave de este dominio. Empresas como Monsanto, que controla el 80% de la investigación y desarrollo agropecuario, han consolidado su posición. La creación de semillas transgénicas, como la variedad RoundUp Ready, con tolerancia a herbicidas, ha sido fundamental para su éxito.
Estas semillas, diseñadas para ser utilizadas con herbicidas específicos fabricados por las mismas empresas agroquímicas, como el RoundUp a base de glifosato, han impulsado las ventas y asegurado la dependencia de los agricultores. Aunque la experiencia de campo no siempre confirma las aseveraciones de los fabricantes, la estrategia ha resultado efectiva para el dominio del mercado.
El desarrollo de nuevas variedades vegetales, especialmente las transgénicas, implica un proceso de investigación y desarrollo costoso y prolongado. Si bien teóricamente una nueva variedad puede estar en el mercado en uno o dos años, la realidad es que la creación de variedades vegetales requiere una inversión considerable. La variedad vegetal promedio en el mercado cuesta menos de un millón de dólares, pero las variedades transgénicas implican costos superiores.
La patente de nuevas variedades vegetales es crucial para el control del mercado. La capacidad de patentar organismos y secuencias genéticas, como se ha visto con el descubrimiento de varios organismos clave, incluyendo el genoma humano, amplía las posibilidades de dominio corporativo. Las máquinas de secuenciamiento y otras tecnologías necesarias para la investigación biotecnológica también están bajo el control de estas grandes empresas.

El Impacto de la Globalización y los Oligopolios en la Agricultura
La globalización del sistema alimentario ha acelerado la integración de la agricultura y ha ampliado las posibilidades de control por parte de las transnacionales. Estas corporaciones, a las que algunos investigadores denominan 'conglomerados', toman las decisiones pertinentes en la producción y comercialización de alimentos a nivel mundial.
El comercio internacional de productos agropecuarios implica una amplia gama de impactos perjudiciales, colocando a la producción nacional en desventaja competitiva. Las políticas de comercio internacional a menudo favorecen la reducción de los precios pagados a los agricultores por sus productos, lo que afecta directamente su rentabilidad.
Los agricultores enfrentan situaciones similares en todo el mundo, luchando por mantener la rentabilidad, a menudo mediante subsidios. La brecha entre los ingresos de los agricultores y los de las grandes corporaciones agroalimentarias es abismal. Por ejemplo, en la década de 1990, empresas como Quaker y General Mills fueron 500 veces más rentables que los agricultores.
La agricultura mundial se encuentra sobreexplotada en sus dos extremos: los agricultores y los consumidores. Las grandes corporaciones buscan someterla a su dominio, consolidando oligopolios en muchos sectores, incluyendo el semillerista (véase Tabla 3). Las ventas de estas empresas superaron los U$S 211 millones entre 1988 y 1997 en Argentina, evidenciando su creciente influencia.
La producción nacional de alimentos y la preparación de piensos y raciones para animales se ven afectadas por esta dinámica. La agricultura transgénica, que representa más del 99% de la superficie total mundial sembrada con estos cultivos, ha acelerado el paso y ampliado las posibilidades de esa integración global.
La producción de alimentos y el cambio climático por Camilo Prieto y Armando Sarmiento
Argentina: El "Milagro Exportador" y la Invasión de Transnacionales
Argentina ha experimentado lo que algunos describen como un "milagro exportador", convirtiéndose en el segundo exportador mundial de soja. Este auge exportador, sin embargo, ha venido acompañado por una verdadera invasión de transnacionales.
El nacional bruto agropecuario de la Argentina ha crecido significativamente, pero este crecimiento se ha visto acompañado por una consolidación del dominio de las corporaciones. Cerca del 90% del mercado de porotos de soja de la Argentina está en manos de estas empresas.
Las ventas en el sector agropecuario argentino se han triplicado (317%) entre 1990 y 1996, lo que demuestra la magnitud de la expansión del mercado y la entrada de actores internacionales. Las transnacionales han utilizado sus patentes para repartirse áreas y negociar mercados a puertas cerradas, consolidando su poder.
Este modelo de producción y comercialización de alimentos, dominado por las grandes corporaciones, está ampliando dramáticamente su influencia. La agricultura se ha convertido en muchos casos en monocultivos de exportación, respondiendo a las demandas del mercado internacional en lugar de las necesidades locales.
Las oportunidades que los mercados han abierto a las transnacionales son enormes. Estas empresas buscan extraer ganancias de cada eslabón de la cadena productiva, desde la semilla hasta el producto final. La consolidación de estas corporaciones en la agricultura está ocurriendo a un ritmo acelerado, reconfigurando el panorama agroalimentario global.
