De todos los animales, el único al que se cita por su nombre en el Génesis es la serpiente, protagonista de la historia del fruto prohibido y culpable, según la tradición, de que Adán y Eva sean expulsados del Paraíso. En el relato que hace el primer libro del Antiguo Testamento de la creación del mundo se cuenta que Adán puso nombre a todos los animales, pero el único ser vivo que goza del honor de ser mencionado por su nombre en esa historia es la serpiente.
Es el primer animal protagonista de un relato bíblico y su presencia será una constante en numerosas narraciones de los libros sagrados del judaísmo. Ciertamente, las serpientes abundaban en el paisaje del antiguo Israel. Prueba de la familiaridad de los israelitas con el reptil es que en la Biblia hebrea se usan hasta once nombres para referirse a serpientes. Así, junto a nahash, el término más común y genérico, que significaría serpiente, otros vocablos parecen aludir a especies concretas, como peten, shefifon o zifoni, que podrían referirse a distintos tipos de víboras.

La Serpiente en el Edén: Astucia y Simbolismo Antiguo
En el Génesis, la serpiente aparece caracterizada por su habilidad para ocultarse y por su astucia: era «el más astuto de los animales del campo que Yahvé Elohim había creado». En cambio, no puede decirse que tuviera un carácter diabólico, pues en esa época no existía en la mentalidad judía la idea de un demonio.
La presencia de la serpiente en el Edén y su papel en el pecado de Adán y Eva no tienen que ver con la intervención del demonio, sino que remiten a antiguas creencias del Próximo Oriente que relacionaban al reptil con la renovación del ciclo de la vida y el renacimiento, debido a su costumbre de mudar de piel. En la epopeya sumeria de Gilgamesh, escrito hace 4.700 años, el héroe protagonista pierde su inmortalidad al serle robada por una serpiente. El grabado de este peso sumerio del tercer milenio a.C. demuestra la antigüedad de esta asociación.

La Serpiente como Símbolo de Poder y Castigo en el Antiguo Testamento
En varios pasajes del Antiguo Testamento se menciona el empleo de serpientes en actividades de carácter mágico. Sin duda, las escenas más significativas aparecen en el Éxodo. En una de ellas, Moisés y su hermano Aarón convierten sus cayados en serpientes. Era un truco tan común que el relato del Éxodo reconoce que también los magos egipcios fueron capaces de realizarlo.
La demostración del poder de Dios no estaba en la transformación en sí, sino en el hecho de que las serpientes de los hebreos devoraran a las de los egipcios.
En el libro de los Números se explica que, tras décadas de vagar sin rumbo, los israelitas renegaron de Yahvé, pues pensaban que los haría morir en el desierto. Entonces «Dios envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, por cuyas mordeduras murieron muchos». Moisés fabrica una serpiente de bronce para sanar a los arrepentidos israelitas.

De Amuleto a Animal Satánico: La Evolución de la Identificación
Algunos hallazgos confirman el uso de amuletos de bronce en forma de serpiente para practicar sanaciones rituales. En el Segundo Libro de los Reyes se dice que aquella serpiente de bronce fue adorada en el templo de Jerusalén como imagen divina hasta su destrucción por Ezequías, en el siglo VII a.C. Un siglo después, el profeta Jeremías aún profiere una amenaza en la que Dios arrojará sobre los impíos, serpientes, «contra las cuales no existe conjuro».
Varios siglos después de la redacción de estos textos, la tradición cristiana primitiva dio un paso más al identificar a la serpiente con el demonio. El texto clave en este sentido se encuentra en el Apocalipsis: «Fue expulsado el gran dragón, la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás y engaña a todo el mundo; fue expulsado a la Tierra y sus ángeles fueron expulsados con él».
Una vez observada la similitud de esta frase con lo ocurrido en el jardín del Edén, se completó la identificación, y la serpiente se convirtió en Satanás. A partir de ese momento, su presencia se hace abrumadora, por ejemplo, en casi todas las narraciones de los Hechos Apócrifos de los Apóstoles, donde los discípulos de Jesús se enfrentan una y otra vez al mal representado por serpientes cada vez en mayor número y con rasgos más horribles. Se cumplía, de ese modo, la maldición bíblica pronunciada sobre el reptil: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu prole y su prole».
La Biblia no es clara sobre si la serpiente se levantó o caminó antes de la maldición, pero probablemente, al igual que otros reptiles, quizás caminó en cuatro patas. Esa parece ser la mejor explicación de Génesis 3:14: «Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida».
El Verdadero "Fruto Prohibido": El Engaño de la Traducción
Por años se ha conocido la historia narrada por el libro del Génesis de la Biblia. En particular, la historia de Adán y Eva ha sido ampliamente difundida en los países con influencia de la cultura judeocristiana, donde se asocia el "fruto prohibido" con una manzana. Sin embargo, esta asociación es errónea y se debe a una confusión en la traducción.
En el siglo IV d.C., el papa Dámaso I ordenó a su principal erudito de las escrituras, Jerónimo de Estridón, la traducción de la Biblia hebrea original al latín. Dicha empresa le tomó a Jerónimo 15 años. El resultado es la llamada Vulgata canónica.
El craso error en la traducción de dicho texto es la confusión del sustantivo mālus (manzano) y el adjetivo malus (mal). En la Biblia originalmente dice: lignum scientiae boni et mali (“Dios indica a Adán y Eva que no deberán comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal”). Es así como, debido a la traducción de la Vulgata, la manzana comenzó a dominar las representaciones pictóricas y arquitectónicas, para luego formar parte del imaginario colectivo. De modo que la imagen de la manzana como símbolo del pecado en la historia de Adán y Eva no es más que un error de traducción.
En el texto original, el Génesis jamás nombra una manzana, simplemente se refiere a “la fruta”. La palabra latina malus, que significa "manzano" y por extensión su fruto, se confundió con malum, que significa "mal". Así, se cree que Jerónimo utilizó erróneamente el término "mal" por "manzana", de forma que el vulgo que empezó a leer la nueva versión de la Biblia ignoró las escrituras originales hebreas y se quedó con la manzana como fruto.
No sólo eso, la palabra malus en tiempos de Jerónimo podía referirse a cualquier fruta que llevara semillas. Una pera, por ejemplo, era una especie de malus. Esto podría explicar por qué el fresco de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel tiene una serpiente enrollada alrededor de una higuera.

El Pecado Original y sus Consecuencias
La serpiente le dijo a la mujer: -Con seguridad no morirán. Incluso Dios sabe que cuando ustedes coman de ese árbol, comprenderán todo mejor; serán como dioses porque podrán diferenciar entre el bien y el mal. Cuando la mujer vio que el árbol era hermoso y los frutos que daba eran buenos para comer, y que además ese árbol era atractivo por la sabiduría que podía dar, tomó algunos frutos del árbol y se los comió. Su esposo se encontraba con ella, ella le dio, y él también comió.
Como si se les abrieran los ojos, se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces se hicieron ropa cosiendo hojas de higuera. En medio de un ventarrón retumbaba la voz del Señor Dios que caminaba por el jardín. Entonces al oírlo, el hombre y la mujer se escondieron del Señor Dios entre los árboles del jardín.
El Señor Dios llamó al hombre y le dijo: -¿Dónde estás? El hombre le respondió: -Escuché que andabas por el jardín y me asusté porque estaba desnudo, entonces me escondí. Luego Dios le preguntó: -¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que les prohibí comer? El hombre dijo: -La mujer que me diste por compañera me dio del fruto de ese árbol, y yo comí.
Luego el Señor Dios le preguntó a la mujer: -¿Conque esas tenemos? Y la mujer respondió: -La serpiente me engañó y yo comí.
Entonces el Señor Dios le dijo a la serpiente: -Por haber hecho esto, entre todos los animales, sólo tú serás castigada. Tendrás que arrastrarte sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Haré que tú y la mujer sean enemigas y que tu descendencia sea enemiga de la de ella. La descendencia de ella buscará aplastarte la cabeza mientras tú le tratarás de picar en el talón.
Después Dios le dijo a la mujer: -Te daré más trabajo y multiplicaré tus embarazos; y con todo y tu duro trabajo, tendrás también que dar a luz a los hijos. Desearás estar con tu marido, pero él te dominará a ti.
Luego Dios le dijo al hombre: -Ya que tú obedeciste a tu mujer y comiste del árbol que yo te había prohibido, la tierra estará maldita por tu culpa. Tendrás que conseguir la comida por medio de duro trabajo, durante todos los días de tu vida. Del suelo nacerán cardos y espinas para ti, y tendrás que comer plantas del campo. Obtendrás tu comida trabajando duramente hasta que mueras y regreses al polvo, porque tú saliste de allí. Polvo eres y en polvo te convertirás.
El hombre le puso a su mujer el nombre «Eva», ya que ella se convertiría en madre de todos los seres humanos. El Señor Dios hizo con pieles de animales ropa para el hombre y su mujer, y los vistió. Luego el Señor Dios dijo: «Miren, el hombre y la mujer se han convertido en seres como nosotros, pues saben reconocer el bien y el mal. Ahora tienen a su alcance los frutos del árbol de la vida, para comerlos y vivir para siempre».
Entonces el Señor Dios los sacó del jardín del Edén a trabajar la tierra, de la cual el ser humano estaba hecho. Los expulsó y luego puso al oriente del jardín del Edén unos querubines y una espada en llamas que giraba para cerrar el camino de regreso al árbol de la vida.