Historia y Trayectoria de San Camilo de Lelis

La vida de San Camilo de Lelis (Bucchianico di Chieti, 25 de mayo de 1550 - Roma, 14 de julio de 1614) fue una historia compleja y sorprendente, cuya trayectoria estuvo marcada por una profunda conversión y una dedicación inquebrantable al servicio de los enfermos. Su legado ha aportado abundantes conocimientos a la asistencia sanitaria y espiritual durante más de cuatro siglos.

Orígenes y Juventud

Retrato de San Camilo de Lelis joven

Camilo de Lelis nació el 25 de mayo de 1550 en Bucchianico, cerca de Chieti, en la región de los Abruzos, Italia, en el antiguo reino de Nápoles. Su madre, Camila Compellis, era sexagenaria cuando lo concibió, un hecho que ella interpretó como un milagro. Las crónicas relatan que su nacimiento tuvo lugar en un establo, ya que a pesar de ser de familia noble, su madre quiso imitar el nacimiento de Jesús.

Camilo creció bajo el amparo de su madre, quien moldeó profundamente su carácter y sensibilidad. Ella le inculcó su actitud de acogida y entrega a los demás, especialmente a los pobres, su amor al silencio, la interioridad, la oración constante y la búsqueda de lo trascendente. Sin embargo, su madre falleció cuando Camilo tenía apenas trece años.

Quedó huérfano de madre siendo muy niño, por lo que vivió con su padre, Juan de Lelis, un militar mercenario que vivía más en los campamentos y campos de batalla que en el hogar. La desaparición de la vigilancia materna dejó a Camilo a merced de la influencia paterna durante su primera adolescencia. En este periodo, Camilo mostró un carácter inquieto, díscolo y fuerte, sobresaliendo en las fechorías de la muchachada del lugar, sobre todo en el juego de naipes y dados, lo cual le acarreó graves contratiempos. Su madre, antes de morir, le había relatado un sueño premonitorio: veía a Camilo guiando un escuadrón de niños, todos con una cruz en el pecho, y él llevando una bandera con la misma insignia, un sueño que ella temía que pudiera ser un mal augurio.

El padre de Camilo intentó orientarlo hacia las letras, y Camilo frecuentó la escuela de un preceptor durante algunos años, pero con escasos resultados. Ante esto, la otra opción, siguiendo la mentalidad de la época y el ejemplo de su padre, eran las armas. Esta herencia paterna, la sed de gloria y aventura, impulsó a Camilo.

Carrera Militar y Conversión

A los diecinueve años, Camilo eligió la carrera militar, alistándose en el ejército veneciano para luchar contra los turcos. Participó en numerosas acciones de guerra por todo el Mediterráneo. Durante este tiempo, contrajo una enfermedad en la pierna que le provocó una llaga que lo acompañaría por más de 40 años, hasta el fin de su vida. Esta dolencia lo obligó a dejar la carrera de las armas.

Herido, trabajó brevemente como enfermero. Al regresar al ejército, volvió a caer en el vicio del juego, perdiendo todos sus ahorros y posesiones, lo que lo llevó a la pobreza y a mendigar. En 1574, su compañía militar se disolvió. Vagó solo por la región central del continente, mitigando su soledad a través del juego y las parrandas que lo condujeron a la indigencia. En un naufragio anterior, había hecho la promesa de hacerse religioso franciscano, pero no la había cumplido.

Estando en la más completa pobreza, se ofreció como obrero y mensajero en un convento de los Padres Capuchinos en Manfredonia en 1575, donde escuchó una charla espiritual que lo llevó a una profunda conversión. Esta experiencia, equiparable a las conversiones importantes en la historia de la Iglesia, ocurrió cuando tenía 25 años. Guiado por el fraile Ángel, experimentó una revelación interior que lo condujo al arrepentimiento y la rendición ante Dios, cambiando su vida para siempre.

Representación de la conversión de San Camilo de Lelis

Movido por la gracia, se convirtió y fue recibido como postulante en los capuchinos. Sin embargo, debido a su problema físico en la pierna, fue rechazado por la Orden en varias ocasiones, ya que la llaga se reabría constantemente, lo que le impedía seguir el noviciado.

Fundación de la Orden de los Camilos

El Llamado al Servicio de los Enfermos

Tras abandonar el convento de los capuchinos, Camilo se dirigió al Hospital de Morcones. Cuando se disponía a embarcarse a Roma, un enfermo abandonado en el muelle le inspiró a dedicar su vida al servicio de los dolientes. Se colocó como mayordomo en el Hospital de Santiago en Roma, bajo la dirección de San Felipe Neri, quien también fue su confesor.

En el hospital, Camilo fue testigo del trato deficiente y antihigiénico que se daba a los enfermos a finales del siglo XVI, donde los hospitales eran lugares de sufrimiento y muerte. Viendo la negligencia, pensó en crear una asociación que les brindara una atención humana y cristiana, recordando a tantos heridos abandonados en los campos de batalla.

A la edad de treinta años, ingresó en el Colegio Romano (ahora Universidad Gregoriana) para estudiar teología y prepararse para el sacerdocio, a pesar de las burlas de sus jóvenes compañeros. Fue ordenado sacerdote en 1584.

Creación de la Congregación de los Ministros de los Enfermos

Inspirado por el amor, Camilo se convirtió en un reformador de la asistencia sanitaria. Un día, mirando al Crucifijo mientras cuidaba de los enfermos, exclamó la necesidad de hombres motivados por el amor a Dios, que fueran "verdaderas madres para estos pobres enfermos, y no mercenarios". Pronto se le unieron cuatro discípulos, con quienes se reunía para rezar y meditar, formando el núcleo de su futura congregación.

En 1586, logró del Papa Sixto V la aprobación de su compañía con el nombre "Ministros (servidores) de los Enfermos", también conocidos como Camilos. Se les concedió el privilegio de llevar una cruz roja en el pecho, tal como había soñado su madre, como signo de entrega y amor por los enfermos. Esta Orden fue aprobada en 1591 por el Papa Gregorio XIV, con los votos de pobreza, obediencia y castidad, añadiendo un cuarto voto especial: "servir a los enfermos aun a los contagiosos, a costa de la vida".

Sello o emblema de la Orden de los Camilos con la cruz roja

Expansión de la Obra Caritativa

La Orden de los Camilos fue de gran ayuda cuando el tifus asoló Roma, dedicándose a atender a los enfermos, proporcionándoles alimentos, aseo diario y medicamentos. Su servicio y entrega lo llevaron a ser el santo de la caridad. La obra se extendió por Italia; el reino de Nápoles, por ejemplo, invitó a los camilos a fundar una casa, donde llegaron con la peste y se entregaron a la atención de los contagiados en las galeras.

En 1590, durante una gran carestía en Italia y un invierno riguroso, Camilo pasaba por las calles de Roma, llevando pan y ropa a los necesitados, y en varias ocasiones entregó su propio manto o el último saco de harina del convento, confiando siempre en la Providencia divina.

Presencia en América: Los Camilos en México

La labor de los Camilos no se limitó a Europa. Los camilenses arribaron a la Nueva España en 1755 y un año después comenzaron su misión a través de la «Congregación de Padres Agonizantes», dedicada a la atención de enfermos terminales. Les proporcionaban servicios médicos y socorro espiritual. También brindaban apoyo a los familiares durante el proceso de duelo, actuando como auténticos tanatólogos de la época colonial.

En la Ciudad de México, su monasterio, muy posiblemente el primer conjunto habitacional o «condominio», se construyó como medio para obtener recursos y proseguir con su misión. Este extenso y ruinoso edificio, conocido como la «Casa de las Calderas», ocupaba el cuadrante comprendido entre las calles de Pino Suárez, Regina, Correo Mayor y San Jerónimo.

Muerte, Beatificación y Canonización

Tumba de San Camilo de Lelis

San Camilo de Lelis falleció en Roma el 14 de julio de 1614, a la edad de 64 años, como él mismo había predicho. Su festividad se celebra el 14 de julio. Sus restos se encuentran en la iglesia de Santa María Magdalena en Roma, donde Sebastiano Conca pintó un fresco sobre su vida.

Fue beatificado en 1742 por Benedicto XIV, quien también lo canonizó el 29 de junio de 1746.

La Reliquia del Corazón de San Camilo

La Autopsia y Extracción

Una hora después de su fallecimiento, Camilo se sometió a una autopsia. Una biografía del santo, escrita por el padre francés Thomas Blanc, publicada en Lyon en 1860, relata que, poco antes de morir, Camilo había prohibido a sus hermanos que le practicaran la autopsia, pero no le obedecieron. La autopsia se realizó para determinar la causa de la muerte y, sobre todo, para extraer su corazón como reliquia. Dos cirujanos del Hospital de Santo Spirito, Girolamo Bianchi y Michele Ercolini, fueron convocados para el procedimiento.

El padre Giacomo Mancini, testigo del suceso, relató que se abrió el cuerpo para ver qué enfermedad padecía el difunto y se decidió extraer y conservar el corazón. En su presencia, el corazón fue sacado, colocado en una jofaina con aroma y luego en una caja de ciprés, con la intención de enviarlo a Nápoles. Tan pronto como lo extrajeron, el corazón apareció de un rojo tan brillante que parecía un rubí y era tan grande que asombraba a todos los que lo veían.

Custodia y Búsqueda de la Reliquia

El padre Califano, religioso contemporáneo de Camilo de Lelis y persona de notables dotes intelectuales, quien había ingresado en la Orden de Ministros del In-fermi a los veinte años, trabajó en estrecha colaboración con el Fundador. Tras la muerte de Camilo, por devoción, tomó una parte de su corazón y otras reliquias, obteniendo permiso de los Superiores en 1616 para llevarlo a la Casa de Messina, donde sería Superior.

El padre Califano, impulsado por su gran devoción, no entregó la reliquia a la Casa de Nápoles, sino que la conservó en secreto. Después de aproximadamente un año y medio, quizás a petición de los clérigos napolitanos, la Consulta, el 19 de febrero de 1616, decretó desde Roma, bajo pena de excomunión, que quien supiera dónde se encontraba el corazón de Camilo debía revelarlo o entregarlo al Padre General y a la Consulta en tres días.

En ese momento, el Padre Califano se vio obligado a explicar lo sucedido, justificándose con su devoción al Fundador. Unos días antes, el 29 de enero, había sido nombrado superior de la Casa de Messina y, antes de partir, hizo otra petición al padre general sobre el corazón: obtuvo permiso para llevar un pequeño trozo a Messina, donde se conserva como reliquia junto con un pequeño cofre que estaba bajo su cabeza al morir. La mayor parte del corazón permaneció en Nápoles, conservada en un busto relicario de plata.

Autenticación y Ubicación Actual

La Inspiradora Historia de San Camilo de Lelis: El Santo de los Enfermos y Hospitales

En 1742, tras la beatificación de Camilo, se solicitó al Santo Oficio napolitano la devolución de la reliquia. Después de 93 años, se había perdido todo recuerdo de su custodia, aunque se encontró una pequeña caja de cristal con un objeto parecido a un corazón. No existía ningún documento que acreditara que era la reliquia.

Era necesario demostrar que lo conservado en el Santo Oficio napolitano era el corazón del Beato Camilo. El padre Giovanni Marini, superior de la casa de Messina, escribió indicando que la porción del corazón conservada en Messina ya había sido autenticada y guardada en un relicario con tres sellos, aunque debido a su antigüedad, no se podía distinguir claramente la naturaleza del trozo. Un documento manuscrito de 1701 atestiguaba que los padres habían jurado conservarla y venerarla como parte del corazón del Beato Padre.

El interrogatorio tuvo lugar el 11 de junio de 1742 en la Curia de Nápoles. El Dr. Giuseppe Ventura, experto médico, testificó que el corazón que veía era de un tamaño extraordinario, más aún considerando que habían pasado 126 años (o al menos 70) desde su extracción. Observó un corte lateral, cosido con hilo delgado, de tres dedos de largo y un dedo de profundidad. Estas medidas coincidían perfectamente con las indicadas por el padre Giovanni Marini para la porción del corazón conservada en Messina. Ese Corazón aún es visible hoy, expuesto a la veneración de los fieles en la enfermería, transformada en capilla, donde tuvo lugar el piadoso fallecimiento, desde entonces llamado Cubículo.

Legado y Espiritualidad

La espiritualidad de Camilo de Lelis se destaca por su experiencia de conversión y su devoción a la Virgen María, quien jugó un papel crucial en su vida espiritual, cobijándolo bajo su protección desde el momento de su conversión. Los religiosos Camilos han de transformar e influir en la política de salud de los gobiernos y en la administración hospitalaria, defendiendo los derechos de los enfermos, preparando a los trabajadores de la salud a través de la humanización, sensibilizando a la Iglesia y a la sociedad ante las situaciones de injusticia que atentan contra la vida y la dignidad de los pacientes.

Esta es una labor interminable para la sanación integral de todo ser humano; los padres Camilos y su entrega se extendieron a todos los continentes. Su principal finalidad es "asistir a todos los enfermos con el mismo afecto que una madre amorosa suele asistir a su único hijo enfermo", incluso a los contagiosos, en alma y cuerpo, con especial fervor de caridad.

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