La gente comúnmente cree que dar de comer a las palomas contribuye a su bienestar y a la conservación de estas aves. Sin embargo, los expertos advierten de que este modo de actuar no siempre es positivo y puede causar problemas de salud pública, tanto para las personas como para los propios animales. Muchas personas, movidas por su amor a los animales pero desconociendo sus costumbres y verdaderas necesidades, suelen dar de comer a palomas creyendo que así contribuyen a su bienestar.

Las Palomas Urbanas: De Especies Introducidas a Plaga
La Columba livia ha vivido por siglos en las ciudades y pueblos, asociada a los humanos. En Norteamérica fue introducida en el siglo XVII, pero sus poblaciones escaparon formando poblaciones ferales, llamadas así a las especies domesticadas que son liberadas fuera de su hábitat natural. En la actualidad, las palomas se encuentran distribuidas en muchas ciudades y su población aumenta peligrosamente. El medio urbano brinda condiciones favorables para que una población de palomas crezca considerablemente, al ofrecer un hábitat artificial adecuado para el crecimiento de sus poblaciones -altas temperaturas y pocos enemigos naturales-, pero especialmente porque sus habitantes las proveen de alimentos de forma involuntaria y voluntaria.
La paloma urbana es considerada la plaga de aves más peligrosa del mundo para el ser humano, al punto que han sido llamadas “ratas voladoras”, por su alta capacidad como transmisoras de enfermedades. La resistencia a las enfermedades y los parásitos es mayor en las palomas que en cualquier otra especie de ave silvestre, de manera que cuando cualquier otra ave es contagiada por las palomas enfermas, generalmente muere.
La Dieta Natural y la Realidad Urbana
Aunque en la ciudad las veamos comer de todo, la paloma es, por naturaleza, un ave granívora. Su alimentación ideal se basa en semillas, granos y cereales. Trigo, maíz, cebada, arroz o leguminosas pequeñas forman parte de su dieta tradicional desde hace siglos, tanto en estado salvaje como en la colombicultura. Este tipo de alimento les aporta la energía que necesitan, favorece una buena digestión y mantiene su sistema inmunológico en equilibrio. Para responder a todas sus exigencias nutricionales, el pienso de las palomas ha de estar constituido por cereales, legumbres y granos oleaginosos, completados por un aporte mineral y vitamínico. Las cereales son ricos en glúcidos, pero pobres en proteínas y lípidos. El maíz aporta lípidos y es muy energético y suele ser utilizado durante el invierno para permitir a las palomas luchar mejor contra el frío. El mijo es una buena fuente de vitaminas, pero debe administrarse en cantidades moderadas. Para una alimentación completa, hay que proporcionarles también legumbres; los guisantes son ricos en calcio y las habas aportan fósforo.

En entornos urbanos, la realidad es muy distinta. Las palomas comen lo que encuentran, y eso suele incluir: restos de pan, migajas de bollería, comida rápida abandonada, arroz cocido o pasta, sobras de bocadillos y semillas que les tiran las personas en parques y plazas. El problema no es que coman pan de forma puntual, sino que en muchas ciudades esa acaba siendo la base de su dieta diaria.
Consecuencias del Pan y Dulces en la Salud de las Palomas
El pan llena, pero no nutre. A largo plazo provoca carencias nutricionales, problemas digestivos y un deterioro general de su salud. Este tipo de productos no solo no les beneficia, sino que incluso les causan graves daños a la salud. Incluso el pan, aparentemente inofensivo, tampoco es adecuado, pues las migas y restos de alimentos varios provoca el conocido efecto del crecimiento excesivo de algas, multiplicación de insectos, aumento de moho y desarrollo de bacterias en fuentes de agua, lo que convierte esas aguas en inhabitables para otras especies.
Muchos de los alimentos más comunes en la ciudad no les sientan bien. Productos salados, comida procesada, dulces y bollería, así como alimentos con salsas o grasas pueden provocar diarreas, desnutrición, debilitamiento óseo y menor esperanza de vida.
Impacto de la Alimentación Humana en la Población y el Entorno
Dar de comer a los animales favorece su reproducción descontrolada y facilita la proliferación de plagas, con las consiguientes consecuencias sanitarias. Por un lado, las palomas dejan de buscar alimento de forma natural. Por otro, se concentran grandes grupos en zonas concretas, lo que incrementa problemas sanitarios y conflictos con los vecinos. Cuando se les ofrece comida inadecuada de forma constante, la población crece más de lo que el entorno puede soportar. Una de las consecuencias de la sobrealimentación es que la población de palomas puede triplicarse o cuadruplicarse, lo que puede suponer estrés entre las aves por amontonamiento o posibles peleas y facilita la transmisión de enfermedades.
De Palomas mensajeras a Plaga urbana: la evolución de su papel en la ciudad
Las palomas son portadoras de parásitos como garrapatas, piojos y sarna, y pueden transmitir enfermedades como histoplasmosis, salmonelosis, colibacilosis o clamidiasis aviar. La mayor causa de histoplasmosis en el país son las palomas y no los murciélagos, ya que en el excremento de ambas especies crece el hongo Histoplasma capsulatum. Otra enfermedad que causa la Columba livia es la clamidia, no sólo infectan al ser humano, sino también a aves rapaces.
Además, estos restos de comida lanzados al suelo provocan un incremento de suciedad y malos olores en la vía pública. Se calcula que cada paloma produce entre 5 y 10 kilos de excrementos corrosivos cada año. Los daños producidos por cada paloma en el área urbana cuestan unos 30 euros al año.
Control Poblacional y el Ejemplo de Barcelona
El impacto negativo de las palomas en el medio ambiente y en la salud humana es mínimo cuando su población es baja y su estado de salud óptimo; bajo estas condiciones hasta pueden representar un valor agregado para cualquier ciudad. Para empezar a controlarlas, se recomienda dejar de darles de comer en plazas de ciudades y pueblos. En algunas ciudades ponen nidos artificiales y luego los trabajadores del gobierno recogen los huevos, limitando así el crecimiento poblacional, mientras que en otras han tomado otras medidas para tratar de controlar la población, las cuales incluyen la eliminación de zonas de refugio y fuentes potenciales de alimento.
De los diversos métodos utilizados para hacer disminuir las poblaciones de palomas, los más efectivos y de efectos más duraderos parece ser reducir el acceso a la comida. Este método se probó con éxito en la ciudad suiza de Basilea en los años 80 y en Venecia en épocas más recientes.
Estudio en Barcelona
Científicos se preguntaron si esto funcionaría también en Barcelona. En Basilea había una densidad de 840 palomas por kilómetro cuadrado, mientras que en Barcelona, en el momento del estudio, era de 4.242 palomas por kilómetro cuadrado, es decir, cinco veces más. Las dos ciudades también se diferenciaban en los movimientos de las palomas entre diversas áreas.
Para averiguarlo, los científicos plantearon una prueba en 2009. Delimitaron zonas donde realizar campañas informativas para reducir el acto de dar de comer a las palomas. Se eligieron cuatro barrios del distrito de Sant Andreu y dos de Horta-Guinardó, en la parte este de la ciudad. Una zona del distrito de Nou Barris sirvió de control. Durante poco más de un año (del 1 de febrero de 2009 al 22 de febrero de 2010) se llevó a cabo una campaña informativa, donde personal municipal repartió folletos explicando el efecto negativo de la presencia de palomas e incidiendo en personas que estaban dándoles de comer. Durante este periodo también se realizaron tres campañas de captura de palomas.
Una vez analizados los resultados, se constató que en los barrios donde se había realizado el experimento la cantidad de palomas había disminuido un 40%, mientras que en la zona de control no había variado. Esta disminución se produjo entre febrero y junio, y se mantuvo hasta febrero del año siguiente. Los autores atribuyen el descenso a la disminución de la disponibilidad de comida, lo que podría haber forzado a algunas palomas a huir a otras zonas y haber reducido el éxito reproductivo.
También observaron que, aplicando estos métodos, el promedio del tamaño de las cabezas y de las longitudes de las alas aumentaba, mientras la masa corporal disminuía. Los investigadores se decantan porque la menor disponibilidad de comida acaba favoreciendo individuos mayores -que tendrán ventaja para obtener comida-, pero también provoca que las poblaciones se adapten reduciendo el peso de cada pájaro.

Para Juan Carlos Senar, investigador principal del estudio, la mejor manera de controlar cualquier especie de ave es incidir en los factores clave, llamados limitantes, produciendo resultados mejores y más duraderos a largo plazo. En el caso de las palomas, dos de estos factores eran la edad de los edificios y la presencia de gente mayor, que suele ser la que les da de comer. Senar señala que, ya que tapar los agujeros de los edificios es caro, es fundamental incidir en la educación de la gente para que no dé de comer a las palomas.
Convivencia y Bienestar Responsables
El desconocimiento y la falta de información de la ciudadanía sobre las amenazas que representan las palomas, es lo primero que se tiene que enfrentar para tratar de resolverlo. En muchas localidades, las ordenanzas municipales prohíben directamente lanzar comida a palomas, con las consiguientes sanciones económicas. Todos los expertos recuerdan que la mayoría de ellas no precisan de suministro de alimentos por el ser humano, ya que son capaces de procurarse su propio sustento.
Si se decide alimentarlas, lo ideal es hacerlo de forma responsable. Las mejores opciones son: mezclas de semillas para palomas o aves granívoras, maíz partido, trigo limpio, arroz crudo en pequeñas cantidades y legumbres secas partidas. Este tipo de alimentación se parece mucho más a la que tendrían en la naturaleza y evita muchos problemas. Una paloma bien alimentada es un animal más sano, menos dependiente y con menos impacto negativo en el entorno. Y eso, al final, beneficia tanto a las aves como a las personas.

Preguntas Frecuentes
- ¿Qué suelen comer las palomas en la ciudad?
Principalmente restos de comida humana como pan, migas, arroz cocido o sobras que encuentran en la calle, además de semillas que algunas personas les proporcionan en parques y plazas.
- ¿Es malo dar pan a las palomas?
Sí, si se les da de forma habitual. El pan llena pero no aporta los nutrientes que necesitan, lo que puede causar problemas digestivos y carencias nutricionales a largo plazo.
- ¿Cuál es la alimentación ideal para una paloma?
Su dieta natural se basa en granos y semillas como trigo, maíz, cebada, arroz crudo y legumbres secas. Es el tipo de alimento que mejor se adapta a su sistema digestivo.
- ¿Las palomas pueden sobrevivir solo con comida urbana?
Pueden sobrevivir, pero no de forma saludable. La población de palomas puede triplicarse o cuadruplicarse si se les ofrece comida inadecuada de forma constante, lo que genera estrés y facilita la transmisión de enfermedades.