Introducción a la obra
Impuesto a la carne (2010) es una novela fundamental dentro de la trayectoria de la escritora chilena Diamela Eltit. Publicada en el marco de las celebraciones del Bicentenario de las independencias latinoamericanas, la obra se erige como un poderoso fresco de las complejas relaciones de subalternidad, poder y la construcción de la alteridad. A través de una narrativa punzante, Eltit desmantela el lenguaje de la inequidad, la explotación y la intervención del Estado sobre los cuerpos de sus ciudadanos.

El argumento: un encierro bicentenario
La trama presenta a una madre y una hija que viven encerradas en las asépticas salas de un hospital durante doscientos años. Este espacio, habitado por hordas de médicos, enfermeras que trafican sangre y grupos de fans, funciona como una metáfora nacional. En este entorno, las protagonistas -dos mujeres descritas como «bajas, feas y seriadas»- enfrentan una historia de opresión y represión. El hospital, lejos de ser un ente benefactor, se manifiesta como un territorio de dominio donde se controla, mide y selecciona a los individuos, invisibilizando a los marginados y a aquellos que no tienen acceso a la agenda política institucionalizada.
La madre y la hija: meta-testigos de una nación
La figura de la madre-hija representa un proceso de construcción de una identidad testimonial. Ellas se convierten en «meta-testigos de papel», una metáfora viva de doscientos años de iniquidades. Pese a las continuas extracciones de sangre, órganos y los cíclicos controles de sus funciones vitales, la madre-hija resiste. Su resistencia no busca la integridad del yo, sino la creación de un archivo del desastre a través de sus propios cuerpos. La hija, en un vuelco emblemático, contiene a la madre, simbolizando la unidad en el sufrimiento y la militancia de miles de ciudadanos invisibles.

Temas centrales en Impuesto a la carne
La biopolítica y el hospital como heterotopía
El hospital en la novela actúa como una heterotopía que simboliza el Estado totalitario y su derecho a disponer de la vida y la muerte. Eltit deconstruye el concepto de «hospital» (del latín hospes, huésped), transformando la hospitalidad en un sistema de asimilación y control. Es un espacio que rechaza la diversidad, convirtiendo el cuerpo del Estado en un «cuerpo-mercado» acosado por sistemas de control y selección.
Resistencia y el ideal de la comuna
En medio del aislamiento, las protagonistas evocan la figura de la comuna. Esta búsqueda no es solo una referencia histórica a las luchas sociales o al anarquismo, sino una posibilidad de redescubrimiento de la alteridad. La comuna representa una alternativa impolítica, un espacio de libertad fuera de las mallas del Estado y de las estructuras de poder que las mantienen confinadas.
El legado literario de Diamela Eltit
La narrativa de Diamela Eltit se caracteriza por su exigencia estética y su compromiso con los derechos humanos. Sus relatos, difíciles de encasillar en géneros tradicionales, cuestionan los procesos de significación y los discursos oficiales. Impuesto a la carne es, en esencia, un grito arrojado a la intemperie, una crónica urgente que registra el tránsito de dos almas que buscan transformar su cuerpo en memoria para salvarse del olvido.