La figura de Américo Castro ocupa un lugar central en la historiografía española del siglo XX. Su obra ha generado un intenso debate académico, especialmente en lo relativo a la interpretación de los clásicos y la identidad cultural de España. Una de las facetas más discutidas de su pensamiento es su análisis de Miguel de Cervantes y, en particular, la tesis que sostiene que Don Quijote de la Mancha es una obra impregnada de un erasmismo profundo y deliberadamente oculto.
La polémica historiográfica: Castro frente a Sánchez-Albornoz
El debate sobre la visión de España ha enfrentado históricamente a dos grandes figuras: Américo Castro y Claudio Sánchez-Albornoz. Mientras que para Sánchez-Albornoz la cultura española era producto de una herencia romano-visigótica con influencias insignificantes de lo judío o lo musulmán, Castro criticó esta visión por considerarla fantasiosa. En su obra La realidad histórica de España, Castro acusó a autores como Unamuno y Ortega y Gasset de ignorar la importancia de los ingredientes hispano-hebreos y árabes en la formación de lo español.

Esta disputa trascendió el ámbito académico para convertirse en una cuestión de autoridad intelectual. Autores como José Luis Gómez-Martínez han señalado que las obras de Sánchez-Albornoz, como España, un enigma histórico, motivaron una contraofensiva enérgica por parte de Castro y sus discípulos, marcando una etapa de fuerte polarización en la historiografía española.
La interpretación erasmista del Quijote
Américo Castro es el principal artífice de la tesis que vincula a Cervantes con el erasmismo. Según esta lectura, el Quijote no es simplemente una sátira de los libros de caballerías, sino un vehículo para una ideología humanista y crítica. Castro argumenta que Cervantes fue un «hábil hipócrita» que, para evitar la censura y mantener una apariencia de ortodoxia, escondió sus verdaderas inclinaciones racionalistas tras una fachada de catolicismo.
Argumentos clave de la crítica de Castro:
- Crítica al clero: Castro interpreta las sátiras contra frailes y ermitaños como un reflejo del pensamiento de Erasmo, quien cuestionaba la hipocresía eclesiástica.
- La doble verdad: Cervantes habría empleado un sistema de ambigüedad donde el idealismo se precipita constantemente por la vertiente de lo cómico.
- Influencia humanística: La obra representaría una nueva concepción religiosa, alejada de la escolástica tradicional.
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Refutación de la tesis erasmista
A pesar de la influencia de Castro en autores como Bataillon o José Luis Abellán, existe una corriente crítica contundente que rechaza la presencia de erasmismo en Cervantes. Se argumenta que:
- Tradición católica: Las críticas de Cervantes hacia algunos miembros del clero no son necesariamente erasmistas, sino que se enmarcan en una larga tradición española de denuncia de la corrupción interna, común incluso entre los más fervientes católicos, como Santa Teresa de Jesús.
- Respeto institucional: En el Quijote, los personajes muestran un respeto fundamental por la Iglesia y los sacramentos. El diálogo entre Vivaldo y Don Quijote confirma que el autor reconoce la superioridad del estado religioso, desmintiendo la idea de que Cervantes negara la validez de la vida monástica.
- Falta de pruebas directas: No existen evidencias documentales que vinculen directamente el pensamiento de Cervantes con las doctrinas específicas de Erasmo; muchas de las críticas presentes en la novela pueden explicarse a través del contexto social y literario de la época sin recurrir a una "llave" erasmista.
En definitiva, mientras que para algunos estudiosos el Quijote es un "manantial inagotable de comentarios" donde cada época proyecta sus propios símbolos, la crítica de Castro destaca por su audacia al intentar desentrañar una lógica interna, aunque su insistencia en el erasmismo siga siendo uno de los puntos más controvertidos y debatidos de la cervantística moderna.