Cali, conocida por millones como la Capital Mundial de la Salsa, es más que una ciudad: es un ritmo, un latido, un baile que nunca se detiene. Aquí, la música se vive, se respira y se baila con pasión, haciendo que incluso generaciones que han crecido bajo otros géneros, como el rock, siempre se hayan sentido atraídas e influenciadas por ella. Esta ciudad vibrante ha sido coronada como la Capital de la Salsa gracias a una rica historia y una evolución musical única.

Primeros Contactos y la Llegada del Ritmo a Cali
La historia de la salsa es también, en cierta medida, la historia de Cali. En los años 20, el café se convirtió en el motor de integración de Colombia con el océano Pacífico y los mercados europeos, impulsando el desarrollo de Buenaventura y el ferrocarril del Pacífico. Esto permitió la comunicación de Cali con el mundo. En este momento, la música cubana, especialmente el son, llegó a Cali a través de discos traídos por las personas que llegaron con el ferrocarril y se fusionó con influencias africanas y españolas. Entre 1935 y 1940, la música cubana y puertorriqueña entró con fuerza en Cali a través de las emisoras de radio.
En los años cuarenta se formaron las sonoras en Cali, que introdujeron la clave cubana y ritmos como la guaracha, el mambo y el chachachá. Ya en los años 50 se vivió una influencia cultural masiva a través de las comunicaciones radiales y el cine, difundiendo la música de Nueva York, La Habana, Puerto Rico y Caracas. Ciudad aficionada al tango y los ritmos antillanos, la salsa entra por las mismas rutas que a Bogotá; de hecho, toda la salsa colombiana entra por idénticas fuentes. Allí se podía disfrutar, además, de todos los ritmos del caribe: pachanga, boogaloo, bolero.
El Nacimiento del Estilo Caleño: Una Aceleración Inesperada
Fue en los años 50 cuando los bailadores caleños de la época, como Watusi o Amparo Arrebato, crearon su propia forma de bailar. Esta se caracterizó por su energía contagiosa, su ritmo rápido y su estilo enérgico y acrobático, acompañado de movimientos veloces de pies, giros espectaculares y una gran interacción entre la pareja. Ese fue el sello de Cali.
La peculiaridad del estilo caleño se dio porque en los años 60 el "papá de la música en Cali", Licímaco Paz, colocó accidentalmente en su tornamesa un disco de Boby Montes, ‘Guajira Josefina’ de 33 revoluciones por minuto en un formato que era para 45, dando sonido a un ritmo endemoniado pero sabroso, pegajoso y contundente. El mismo Licímaco Paz recordaba: “Yo estaba ‘encañengado’ con 40 discos de boogaloo que había traído desde Nueva York para vender en uno de mis almacenes, pero por más que los promocionaba nadie se interesaba por ese ritmo lento, acompasado y desconocido. Decíamos que esas ‘panelas’ no se las comía nadie.” Así, cambiando revoluciones, probó con ‘Palo de Mango’, de Eddie Palmieri; Micaela, de Pete Rodríguez; Madeira, de Ray Pérez y otros más, y el resultado fue algo apoteótico. El viejo Paz recuerda que en el año 1964, Richie Ray le dijo a Bobby Cruz en el Hotel Aristi: “Mira, esa gente que está colocando nuestra música, no sabe cómo suena. Tienen ese disco acelerado y tu voz se oye chillona.” Sin saberlo y sin siquiera imaginárselo, le dio vida a la ‘Salsa estilo caleño’.
¿Cómo nació la Salsa Caleña? Video con la historia de la salsa de Cali Colombia
Dado que las guajiras, el son y el boogaloo se le hacían muy lentos al público de los agüelulos, los caleños empezaron a aumentar las revoluciones de los discos, creando un estilo de baile mucho más dinámico. Esta es la historia que explica las diferencias musicales entre la salsa cubana y la salsa caleña.
Consolidación y Expansión: Los Años Dorados de la Salsa Caleña
La explosión de Fania Records de los 70 hizo que Cali se volcara con la salsa, dejando en segundo plano su tradición para con el baile del son cubano y son antillano (Matamoros, Benny Moré, Sonora Matancera…). La actuación de Richie Ray y Bobby Cruz en 1968 marcó también un cambio de público, que hasta entonces se limitaba a los estratos 1 y 2 (clases sociales más bajas), hacia el 3, 4 y 5 (clases medias-altas).

En los setenta, muchos caleños emigraron a lugares como Nueva York y Puerto Rico en busca de mejores oportunidades. Estos caleños llevaron consigo su amor por la música y el baile, y al regresar a su tierra natal, trajeron consigo las últimas tendencias y los conocimientos adquiridos en la meca de la salsa. Ya en los años ochenta, Cali se consolidó como uno de los epicentros mundiales de la Salsa. Se dieron a conocer orquestas locales con músicos de la región.
A nivel internacional, el sello Fania había acaparado a las grandes estrellas de la salsa aprovechando el impulso de la industria audiovisual. En Colombia surgieron bandas como Fruko y sus Tesos, presentando un sonido propio y compitiendo en calidad en el mercado latino. El sonido caleño se destacó por sus historias inéditas, ritmos veloces y soneos agresivos. El Grupo Niche, liderado por Jairo Varela, y la Orquesta Guayacán de Alexis Lozano, le aportaron ritmos del Pacífico a la salsa moderna.

Impacto Cultural, Social y Económico
Así fue como la explosión cultural y musical desde los años 20 hasta los 80 creó el sonido distintivo que hoy conocemos como la salsa caleña. La ciudad supo apropiarse de la salsa neoyorquina, de los ritmos cubanos, africanos y de las demás influencias culturales que luego transformó en un estilo único: la salsa caleña. Esta fusión de influencias musicales, sumada al talento local y la pasión por el baile, convirtieron a Cali en un epicentro mundial de la salsa.
La economía caleña bailó al son que le tocaron. Consecuencia lógica, hoy en día en Cali existen 127 escuelas de salsa que congregan 4.200 bailarines y capacitan a cerca de 5.000 estudiantes, herederos de la salsa de la vieja guardia y preservadores de la nueva salsa. No se hicieron esperar las orquestas, discotecas, agüelulos, audiciones y verbenas en barrios populares. Este impacto económico se refleja aún más en la Feria decembrina, donde los cerca de 60 eventos programados dejan ganancias por el orden de los 400.000 millones de pesos, producto de la contratación de un promedio de 6.200 artistas entre músicos, bailarines, melómanos, coleccionistas y actores.

Según análisis e investigaciones, se calcula que a Cali la han mencionado o le han cantado más de 300 canciones en ritmos diferentes, especialmente salsa. Como exclama la orquesta Guayacán al son de la salsa, invitando a su público a visitar la capital internacional de este género musical: “Oiga, mire, vea, véngase a Cali para que vea”. En resumen, la salsa en Cali es una pandemia, es una cultura.
Cali es la segunda ciudad negra de Colombia, por lo que la influencia africana está muy presente en su salsa. En 1988, Joe Arroyo cantaba “Africanos en cadenas besaban mi tierra” en su himno de la salsa y de la cultura afrocolombiana, ‘Rebelión’. Esta canción habla de la esclavitud y del maltrato de los esclavos, así como de la opresión heredada de la colonización. Esas letras tan trágicas, acompañadas de un ritmo bailable, demuestran que la salsa es también un medio de comunicación único para las sociedades en las que se compone, permitiendo a sus oyentes asociarla con su identidad.
¿Cómo nació la Salsa Caleña? Video con la historia de la salsa de Cali Colombia
La Salsa Caleña Hoy: Evolución y Legado
Para los caleños, la velocidad de baile es lo que más se valora, junto con la técnica. Sin embargo, esta creciente codificación del género musical dio lugar a quejas por parte de las generaciones más jóvenes que querían bailar salsa de una forma más libre, sin tener que seguir reglas estrictas. Esto dio lugar a una nueva corriente, llamada salsa choke, que incorpora pasos de baile más sencillos y permite, a su vez, la mezcla con otros géneros musicales regionales, como el reggaetón, con sus bombos repetitivos.
En una ciudad que está en contacto permanente con su patrimonio musical, no dejan de surgir mezclas que permiten que el género musical evolucione constantemente. Cali, la Sucursal del Cielo, sigue siendo un lugar donde la salsa es un estilo de vida que se transmite de generación en generación, asegurando que su latido y su baile nunca se detengan.