La Claridad en la Comunicación Escrita y su Importancia en el Ámbito Jurídico

La claridad es la cualidad de lo claro, una condición inherente a aquello que se presenta de forma correcta y suficientemente inteligible. En un sentido amplio, se asocia con la luz, la razón y la conciencia, en contraste con la oscuridad, que simboliza la muerte o la inconsciencia. Esta cualidad es fundamental en la comunicación, donde se busca que el mensaje sea percibido y decodificado por el receptor con la menor pérdida de información posible.

Esquema visual de la comunicación: emisor, mensaje, receptor, codificación y decodificación.

De acuerdo con su etimología del latín clarĭtas, -ātis, la claridad abarca múltiples significados:

  • El efecto que causa la luz al iluminar un espacio, permitiendo distinguir lo que hay en él.
  • La distinción con la que se perciben las sensaciones a través de los sentidos, especialmente la vista y el oído, y las ideas mediante la inteligencia.
  • La franqueza o resolución al expresar algo desagradable.
  • La buena opinión y fama que resulta del nombre y los hechos de una persona.
  • En la doctrina católica tradicional, una de las cuatro dotes de los cuerpos gloriosos, consistente en su resplandor y luz.
  • La expresión "claridad de la vista" o "claridad de los ojos" se refiere a la limpieza o perspicacia para ver.
  • La "claridad meridiana" denota una lucidez total y evidente.

La Claridad en el Texto Escrito

Características de un Texto Claro

Un texto se considera claro cuando su lectura e interpretación son relativamente sencillas para el lector promedio. Esto implica que los sentidos de lo escrito son evidentes, y el lector no necesita realizar un gran esfuerzo para captar y decodificar el mensaje. Por el contrario, un texto es oscuro cuando sus significados no son nada obvios. Algunos textos filosóficos, por ejemplo, pueden ser un desafío debido a su manejo del lenguaje, que es intrincado, exigente y a veces confuso. Obras de autores como Jacques Derrida, Gilles Deleuze o Jacques Lacan son a menudo calificadas de "oscuras" por su dificultad de interpretación.

Ilustración de dos libros, uno con letra clara y ordenada, otro con un texto complejo y enredado.

Factores Determinantes de la Claridad

La claridad de un texto depende en gran medida de su coherencia, es decir, de la correcta unión entre sus partes integrantes. Para lograr frases efectivas y correctas, es fundamental prestar atención al orden en su construcción y a la longitud de las oraciones.

Orden en la Construcción Gramatical

El orden en la disposición de la información es crucial para la claridad textual, ya que la información presentada al principio de una oración o párrafo se retiene mejor. Se recomienda organizar la información de manera jerárquica, destacando lo importante frente a lo accesorio y reservando la información principal para el comienzo del texto. En español, las oraciones suelen preferir la estructura Sujeto-Verbo-Predicado (SVP). Por ejemplo, la oración "Juan juega al fútbol con sus hermanos" es clara y ofrece poco margen para una interpretación ambigua. Es esencial mantener el orden básico de las oraciones y respetar la jerarquía (oración principal > oración subordinada), utilizando los incisos con mesura para no desviar la atención de la idea central.

Ritmo y Longitud de las Oraciones

Las oraciones largas y complicadas pueden afectar la comprensión y la legibilidad, resultando difíciles de entender si no están bien construidas. Sin embargo, las oraciones excesivamente cortas pueden hacer que la escritura sea entrecortada y carente de fluidez, impidiendo la expresión de pensamientos complejos. Se recomienda que la longitud promedio de las oraciones oscile entre 25 y 30 palabras. Para evitar la monotonía y generar escritos dinámicos, lo ideal es combinar oraciones cortas, medias y largas. Si un texto contiene demasiadas frases largas, es aconsejable dividirlas en unidades más breves. Por el contrario, si hay demasiadas frases cortas, pueden unirse utilizando conjunciones de coordinación (o, y, ni, pero, sin embargo) o subordinadas (después, ya que, mientras que, porque). Para frases muy largas, es mejor evitar el abuso de conjunciones coordinadas y emplear puntos y seguido o puntos y aparte para iniciar nuevas oraciones. Cuanto más especializado o abstracto sea el vocabulario, más cortas deberían ser las frases. El uso adecuado del punto y seguido y de las oraciones coordinadas contribuye a reducir la longitud excesiva.

La Claridad en el Lenguaje Jurídico

La Narración como Base del Discurso Jurídico

La narración es tan esencial para el texto jurídico como el oxígeno para la vida. La mayoría de los acontecimientos que deben relatarse en el marco de un proceso judicial requieren de la narración para transformarse de hechos ocurridos a hechos jurídicos. El lenguaje jurídico escrito, presente en diversos tipos de textos tanto de las partes como del órgano jurisdiccional, debe buscar la claridad y el orden para evitar dificultades en la comprensión de lo narrado.

📚 TEXTOS NARRATIVOS: Elementos, estructura y características ligüísticas

Iniciativas y Recomendaciones para Mejorar la Claridad Jurídica

La claridad y el orden en la narración jurídica son fundamentales para una redacción comprensible. Diversas políticas públicas e iniciativas han surgido con el objetivo de mejorar la calidad documental y la comprensión del lenguaje jurídico. Ejemplos notables incluyen el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 14.1) y el artículo 6 del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, así como el artículo 24 de la Constitución española, que reconocen el derecho a una tutela judicial efectiva en un proceso público, sin dilaciones y con garantías.

A nivel internacional, movimientos como la Plain English Campaign (Campaña por un inglés sencillo), el Plain Language Movement y Clear Writing, así como iniciativas de la Unión Europea, han promovido el lenguaje sencillo. En España, estas iniciativas han dejado una huella, destacando la Carta de derechos del ciudadano ante la Justicia (2002) y el Plan de Transparencia Judicial (2005). El argumento central era mejorar el lenguaje jurídico para que los justiciables pudieran comprender el desarrollo del proceso. Posteriormente, comunidades autónomas como Cataluña y el País Vasco desarrollaron políticas para mejorar el lenguaje jurídico. Sin embargo, no fue hasta el Plan estratégico para la modernización de la justicia (2009-2012) que la modernización del lenguaje del derecho se incluyó como objetivo.

Formación en Habilidades Comunicativas para Juristas

A pesar de la relevancia del discurso narrativo en las profesiones jurídicas, la enseñanza de habilidades comunicativas para fines jurídicos no se ha trasladado adecuadamente a la práctica del derecho. Las recomendaciones sobre el buen uso del lenguaje jurídico avanzan lentamente en la formación de profesionales, como la ofrecida por la Escuela Judicial o en la regulación de profesiones como la abogacía y la procuraduría. La Ley 34/2006, de 30 de octubre, sobre el acceso a estas profesiones, y su reglamento (Real Decreto 775/2011, de 3 de junio), establecen que el dominio del lenguaje jurídico y su comunicación son habilidades esperadas en los abogados, vinculando este dominio a un asesoramiento, defensa jurídica y representación técnica de calidad.

Principios para una Narración Jurídica Efectiva

La narración tiene la función principal de relatar hechos con trascendencia jurídica. Ya sea en la fase pre-procesal (redacción de una denuncia) o durante la formación de las causas ante diversas autoridades (fiscalía, forenses, jueces), la claridad, el orden y la precisión en el relato son clave para una correcta reconstrucción mental por parte del interlocutor y el posterior tratamiento jurídico de los hechos.

Infografía: Pirámide de jerarquía de información para textos jurídicos (general a particular, abstracto a concreto).

Consideración del Destinatario

Es fundamental preguntarse para quién se narra. El registro empleado no será el mismo para un jurista que para un no jurista. Si el destinatario es un jurista pero no está familiarizado con tecnicismos específicos de una materia, será necesario ser más explicativo de lo habitual. Cuando el destinatario no es jurista y no existe un sinónimo para un tecnicismo, se recomienda explicar brevemente su significado, incluso si ello alarga el párrafo. Numerosos escritos jurídicos, como la demanda, tienen un doble destinatario: además del órgano judicial, está el demandado, quien debe comprender lo solicitado, aunque no esté obligado a comparecer con un abogado.

La Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico (2011) enfatiza la necesidad del compromiso tanto de los profesionales como de las instituciones para mejorar la claridad del lenguaje jurídico. Este informe también señala que, aunque existen estudios sobre argumentación, la narración no ha recibido suficiente atención en el discurso jurídico, a pesar de su importancia trascendental. El relato debe ser ajustado a lo acontecido, completo en la enumeración de personas y circunstancias, ordenado, claro y conciso, sin incluir valoraciones subjetivas.

Organización del Contenido

Duarte Montserrat (1997) señala que un exponente fundamental de la funcionalidad de los textos jurídicos y administrativos es la ordenación rigurosa de su contenido. Esta ordenación implica una jerarquización de la información, siguiendo un flujo que va de lo general a lo particular, de lo abstracto a lo concreto, de lo más importante a lo menos, de lo anterior a lo posterior, de lo normal a lo excepcional y de lo sustantivo a lo procesal.

Manejo de la Terminología

Además de los tecnicismos, los latinismos son otro problema que afecta la claridad terminológica. La dificultad no solo radica en la terminología, sino también en el estilo. Cazorla Prieto (2007) aboga por un lenguaje jurídico más sencillo, llano, conciso, preciso y matizado, que evite muletillas, tics personales, extranjerismos, el estilo "oicinesco", las oraciones innecesariamente largas, el exceso de adjetivación, las construcciones pasivas, la puntuación incorrecta, siglas y acrónimos abusivos, y modismos. Martín del Burgo (2000) recomienda que el lenguaje del derecho con buen estilo sea natural, propio, claro, conciso y preciso.

Coherencia y Estructura del Párrafo

El párrafo, caracterizado por su unidad temática y su separación con punto y aparte, divide el texto en unidades coherentes. La Comisión de Modernización (2011) destaca la importancia de una buena ordenación y organización de los párrafos para lograr textos bien construidos que faciliten la lectura y comprensión. Un defecto recurrente es el párrafo de oración única. La afición de los juristas al párrafo extenso, a menudo sin fundamento actual y heredada de una tradición antigua (evitar la intercalación de palabras, arancel de escribanos), dificulta la comprensión. Estos párrafos largos suelen estar formados por concatenaciones de frases coordinadas y subordinadas, plagadas de incisos irrelevantes.

Es importante evitar errores como referirse a diversos temas en un mismo párrafo o trasladar una misma idea a múltiples párrafos. El hilo discursivo lógico es esencial; la pérdida de orden se traduce mentalmente en una falta de lógica. El uso de pronombres (él, este, el mismo, cuyo, entonces, aquí) para evitar repeticiones puede introducir ambigüedad si se refieren a distintas realidades. Se recomienda la utilización de marcadores y conectores (primero, segundo; para comenzar, para finalizar; en resumen, es decir; además, sin embargo). Las enumeraciones largas dentro de los párrafos deberían destacarse tipográficamente, en líneas distintas y ordenadas en una lista, para mejorar la comprensión.

Claridad en la Oración

La claridad de la narración depende significativamente de la longitud y complejidad de las oraciones. Al igual que los párrafos, las oraciones suelen ser muy largas y excesivamente complicadas. El uso constante de incisos, perífrasis y redundancias, que los juristas a menudo consideran imprescindibles, impide la claridad deseable. La recomendación lógica es cuidar la extensión de las oraciones y emplear con moderación las redundancias, perífrasis e incisos. Para lograr claridad, es más apropiado buscar la brevedad y la sencillez narrativas. Mellinkoff (1963) ya señalaba que una oración larga no es precisa.

El Rol de la Puntuación

La puntuación tiene una incidencia especial en la narración. El punto y seguido se utiliza para separar contenidos o elementos sintácticos dentro de un mismo párrafo. El punto y aparte, por su parte, se emplea para separar párrafos con contenido distinto.

  • Las comas:
    • Se utilizan para introducir enumeraciones, precedidas normalmente por dos puntos en textos jurídicos.
    • Delimitan los incisos, que aportan información o explicaciones adicionales. Pueden aparecer al inicio, en medio o al final de las oraciones.
    • No son necesarias ante complementos circunstanciales si no hay ambigüedad (ej. "Tuvo lugar, en Toledo" es incorrecto).
  • El punto y coma: Se emplea en párrafos u oraciones largas, especialmente útil en enumeraciones complejas, donde la coma resultaría insuficiente para separar unidades de información.

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