Los Efectos de Calentar Plástico en el Microondas: Mitos, Ciencia y Riesgos

En la frenética sociedad actual, el plástico se ha convertido en un compañero inseparable en nuestras cocinas. La comodidad de calentar alimentos en envases plásticos en el microondas es una práctica extendida, pero ¿es realmente segura? La información al respecto a menudo se mezcla con mitos y desinformación. Por ejemplo, un mensaje que circula en sistemas de mensajería, alertando que la Asociación Americana de Médicos tiene las respuestas a las causas del cáncer relacionadas con el plástico y microondas, fue desmentido por esta asociación y por la misma FDA, ya que tal comunicado no existe. Sin embargo, la preocupación subyacente sobre los efectos de calentar plástico tiene fundamentos científicos que merecen atención.

La Complejidad del Plástico y sus Componentes Químicos

Los plásticos son mezclas complejas de largas cadenas de carbono, conocidas como polímeros, a las que se les añaden aditivos químicos. Estas pequeñas moléculas son cruciales para moldear el plástico en su forma final y conferirle propiedades como resistencia a la oxidación, exposición a los rayos UV y otros desgastes. El plástico no es un material inocuo; es un complejo compuesto de químicos, y algunos de ellos han demostrado ser perjudiciales para la salud. Se estima que más de 16.000 sustancias químicas están asociadas a su fabricación.

Entre los químicos más conocidos y estudiados se encuentran:

  • Policlorobifenilos (PCBs): Compuestos sintéticos tóxicos con efectos acumulativos, no biodegradables, que pueden producir disfunciones inmunitarias, alteraciones hormonales, neurológicas y un posible efecto carcinógeno.
  • Dioxinas: A diferencia de los PCBs, las dioxinas pueden tener un origen natural y son subproductos de una serie de reacciones químicas, normalmente de combustión. Para disminuir la exposición a dioxinas y PCBs, la Comisión Europea firmó una Estrategia sobre dioxinas, furanos y PCBs en el año 2001, que se ha ido implementando posteriormente.
  • Bisfenol A (BPA): Producto utilizado en plásticos como el policarbonato, conocido por ser rígido y resistente al calor. Fue comúnmente usado en la fabricación de biberones.
  • Ftalatos: Se usan principalmente para generar cloruro de polivinilo (PVC) o vinilo, y se pueden encontrar en productos como pisos resistentes y revestimientos flexibles para proteger los cables de laptops y cargadores de teléfonos.
  • Sustancias Añadidas No Intencionadamente (NIAS): Además de los químicos añadidos deliberadamente (como el antimonio en el PET), el calor puede generar NIAS, que son impurezas o subproductos de reacción que se forman al calentar el plástico. En un caso documentado, un estabilizador UV reaccionó con el almidón de la patata en el microondas, creando un compuesto químico totalmente desconocido.

Es importante señalar que, aunque algunos PFAS son aprobados por la FDA para ciertas aplicaciones en contacto con alimentos, como envases resistentes a la grasa y papel, su seguridad está respaldada por un gran caudal de información que demuestra que es poco probable que estos materiales presenten riesgos para la salud si se sigue el uso sugerido, sin mostrar carcinogenicidad, mutagenicidad, genotoxicidad o ser interruptores endocrinos en el caso del PFHxA.

"Apto para Microondas": Una Etiqueta Malinterpretada

Para saber si un recipiente de plástico es "apto para horno de microondas", se debe buscar en el material de embalaje una etiqueta que diga “Apto para horno de microondas”. Los productos de plástico con un símbolo de horno de microondas impreso pueden ser utilizados en un horno de microondas. En Estados Unidos, la FDA supervisa la seguridad de los materiales en contacto con alimentos, incluidos los plásticos, y considera que un producto etiquetado así puede usarse en el microondas. Sin embargo, el concepto de "apto para microondas" se refiere principalmente a que el plástico no se agrietará ni derretirá con el calor, pero no alude a la seguridad de su composición química ni a la migración de sustancias.

De hecho, algunos tipos de plásticos, como los utilizados en potes de manteca o recipientes para fiambres, están diseñados para almacenar alimentos en frío, no para ser recalentados. La FDA considera que el polipropileno, por ejemplo, es seguro al entrar en contacto con los alimentos incluso en el microondas, lo que permite a las compañías utilizarlo para envasar productos como la comida para bebés. No obstante, expertos como John Boland, profesor de química del Trinity College de Dublín, dudan que haya plásticos "seguros para el microondas". Trasand y Enck coinciden en que, aunque los estudios independientes deberían seguir analizando cuánto plástico se desprende de los recipientes, existen pruebas suficientes que revelan que el “plástico apto para microondas” no lo es.

El Microondas y la Liberación de Microplásticos y Nanoplásticos

Esquema de un horno microondas y la interacción de las ondas con un recipiente de plástico, mostrando la liberación de partículas microscópicas y aditivos químicos.

El proceso de calentamiento en el microondas somete al plástico a un triple efecto: calor, radiación UV e hidrólisis. La hidrólisis es una reacción química por la que las moléculas de agua rompen los enlaces. Esta combinación provoca que el envase se fragmente y desprenda diminutos trozos de sí mismo en forma de microplásticos (partículas más pequeñas de 5 mm), nanoplásticos (partículas aún más diminutas, aproximadamente 70 veces más pequeñas que el ancho de un cabello humano) y lixiviados (componentes químicos tóxicos del plástico).

Estudios Científicos Confirmados

Un estudio pionero realizado por Kazi Albab Hussain y su equipo en la Universidad de Nebraska-Lincoln, publicado en Environmental Science & Technology, arrojó luz sobre esta problemática. Como padre primerizo y estudiante de doctorado en nanotecnología medioambiental, el plástico rondaba por su cabeza. Hussain quería saber cuánto liberaban los envases que compraba, especialmente para comida de bebés, dado que los científicos habían descubierto que los biberones hechos con este material desprenden millones de partículas en la leche de fórmula.

  • Los investigadores realizaron experimentos con dos recipientes de comida para bebés hechos de polipropileno y una bolsa reutilizable hecha de polietileno.
  • Llenaron los recipientes con agua desionizada o ácido acético al 3% (simulando alimentos acuosos y ácidos) y los calentaron a plena potencia durante tres minutos en un microondas de 1.000 watts.
  • Descubrieron que, al calentarlos en el microondas, estos recipientes liberaban millones de trozos de plástico, llamados microplásticos, e incluso nanoplásticos más diminutos.
  • En los líquidos y contenedores de polipropileno, se desprendieron hasta 4.2 millones de microplásticos y 1,200 millones de nanoplásticos por centímetro cuadrado de plástico durante el uso del microondas, cifras mucho mayores que en otras condiciones de almacenamiento.
  • Las temperaturas de conservación más elevadas también aumentaron la filtración de partículas. Por ejemplo, un envase de polipropileno liberó más de 400.000 microplásticos por centímetro cuadrado al dejarlo en una habitación calurosa, frente a los casi 50.000 microplásticos y 11.5 millones de nanoplásticos liberados al guardarlo en un refrigerador. Hussain comentó: “Me aterroricé al ver la cantidad de microplásticos en el microscopio”.

Estos hallazgos sugieren que calentar alimentos para bebés puede liberar grandes cantidades de partículas de plástico. Estimaciones basadas en el modelo del equipo indican que los bebés que beben productos con agua en el microondas y los niños pequeños que consumen productos lácteos en el microondas están absorbiendo las mayores concentraciones relativas de plástico. Además, los experimentos diseñados para simular la refrigeración y el almacenamiento a temperatura ambiente de alimentos o bebidas durante un período de seis meses también sugirieron que ambos podrían conducir a la liberación de micro y nanoplásticos.

Nanoplásticos. Una amenaza para la vida | Documental de ALLATRA

Implicaciones para la Salud Humana

Los efectos de la exposición al plástico sobre la salud humana no están completamente claros, pero los científicos sospechan desde hace años que no son nada buenos. Una vez en el organismo, estas partículas son "astutas", recubriéndose de proteínas y pasando desapercibidas para el sistema inmunitario, actuando como “caballos de Troya”, según John Boland. Además, los microplásticos pueden agrupar una compleja comunidad de microbios, denominada plastisfera, y transportarla al interior del organismo.

Nuestros riñones eliminan los residuos, situando a estos órganos en la primera línea de exposición a los contaminantes. Filtran bien los microplásticos relativamente grandes, por lo que es probable que excretemos muchos de ellos. Sin embargo, los nanoplásticos son lo suficientemente pequeños para deslizarse a través de las membranas celulares y “llegar a sitios donde no deberían”, alerta Boland, quien añade que “es muy posible que los nanoplásticos sean bastante tóxicos”.

Para comprobar lo que estos plásticos hacen en nuestro organismo, el equipo de Hussain expuso células de riñón embrionario humano a las partículas de plástico reales liberadas de los contenedores. Después de dos días de exposición a microplásticos y nanoplásticos concentrados, cerca del 75% de las células renales murieron, más del triple que las células en soluciones más diluidas. Este fue un hallazgo pionero al utilizar partículas liberadas de envases comerciales.

Comparación de células renales embrionarias humanas no tratadas (izquierda) versus las tratadas con microplásticos y nanoplásticos (derecha) durante 72 horas.

Aunque la concentración de plástico utilizada en estas soluciones era superior a la que estaría expuesto un bebé en la vida real, Hussain destaca que se desconoce el alcance total de la acumulación de partículas de plástico a lo largo del tiempo, tanto en los alimentos como en el aire y las superficies, y cree que tal vez sea muy alto. Por eso, añade, es importante estudiar los efectos sobre la salud ante niveles de exposición elevados.

Además, los aditivos químicos presentes en los plásticos son disruptores endocrinos, capaces de imitar o interferir en la función hormonal del cuerpo. Esto puede alterar el metabolismo, el desarrollo sexual, la fertilidad y aumentar el riesgo de enfermedades como algunos tipos de cáncer, infertilidad, desequilibrios metabólicos y disfunciones del sistema inmunológico. Leonardo Trasand, profesor de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, afirma que “las sustancias químicas utilizadas en los plásticos hackean las hormonas”.

En particular:

  • Una elevada exposición al ftalato en el útero se ha relacionado con el asma infantil e incluso con problemas de comportamiento.
  • En el caso de los niños, podría desembocar en una menor cantidad de espermatozoides.
  • Por su parte, las mujeres embarazadas podrían experimentar niveles más bajos de la hormona tiroides y un mayor riesgo de parto prematuro.

El organismo percibe estas sustancias como intrusos, desencadenando una respuesta inmunológica. Como los plásticos no pueden ser degradados, los glóbulos blancos mueren en la batalla, causando inflamación. Kazi Albab Hussain enfatiza que los bebés están más expuestos a estos contaminantes que los adultos, y que es crucial ser conscientes de la cantidad de partículas de plástico presentes en nuestros alimentos, al igual que lo somos de su contenido calórico o nutricional.

Un informe de Greenpeace reveló que calentar platos precocinados en envases plásticos aumenta el riesgo de liberar microplásticos y sustancias tóxicas en la comida, afectando la salud. Según este informe, tras pocos minutos de calentamiento se pueden desprender cientos de miles de partículas microscópicas hacia la comida, superando ampliamente las cifras observadas con otros métodos de cocción. La exposición prolongada se asocia a inflamación, alteraciones metabólicas, impactos en la salud reproductiva y riesgos cardiovasculares.

Aunque algunas perspectivas previas sugerían que la transferencia de sustancias tóxicas a los alimentos al calentar plástico era ínfima en comparación con otras fuentes de exposición, estudios recientes, como el de Hussain y otros publicados en el Journal of Hazardous Materials, que concluyen que la exposición a microplásticos puede causar muerte celular, inflamación y estrés oxidativo, refuerzan la preocupación de que “los plásticos son un serio problema para la salud humana”.

Regulación y la Necesidad de Acción

La FDA exige a los fabricantes presentar una determinada cantidad de información para la aprobación de productos plásticos en contacto con alimentos, pero la agencia no dispone de los recursos necesarios para comprobar la seguridad de todos los productos antes de que salgan al mercado, ni tampoco para inspeccionarlos una vez que están disponibles en las tiendas. Expertos como Trasand y Judith Enck, ex-administradora regional de la Agencia de Protección Ambiental de EE UU y presidenta de Beyond Plastics, critican que la FDA está "atrasada por mucho" en esta materia y que las pruebas son suficientes para concluir que el "plástico apto para microondas" no lo es. Enck subraya que "la FDA debe comunicar a las empresas que ya no pueden mencionar que cualquier plástico es apto".

Reducir la exposición humana a los plásticos a gran escala requerirá medidas gubernamentales y un cambio radical en las empresas, considera Trasand. Los fabricantes suelen priorizar el bajo costo del plástico y no adoptarían nuevas tecnologías para evitar la liberación de partículas sin verse obligados por la reglamentación. Esto se debe, en parte, al riesgo de litigios por productos del pasado si un cambio implicara admitir que artículos anteriores liberaban microplásticos.

Enck propone como posible solución la creación de un programa de certificación por parte de terceros que vincule a las empresas del sector alimentario con científicos independientes que examinen sus productos y comuniquen los resultados a la FDA. Boland enfatiza la importancia de la investigación continua para comprender exactamente qué partículas liberan los plásticos en condiciones específicas: “Si no se puede medir, no se puede legislar”.

Recomendaciones para el Consumidor

Ante la evidencia científica, la regla de oro es clara: nunca calentar comida en recipientes de plástico, aunque digan que son «aptos para microondas». Esta recomendación es especialmente importante para los nuevos padres, o si se tienen hijos o se está embarazada. Judith Enck, por ejemplo, dejó de introducir plástico en el microondas hace 30 años.

A nivel individual, se pueden adoptar varias medidas:

  • Elegir alternativas reutilizables como el vidrio y el acero inoxidable.
  • Evitar verter líquidos calientes en recipientes de plástico.
  • Dejar de usar film transparente que toque la comida caliente.
  • Optar por la cocción y el almacenamiento en materiales inertes siempre que sea posible.

Es un pequeño esfuerzo que contribuye a la salud a largo plazo, evitando que nuestro bienestar se convierta en un experimento para las corporaciones.

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