La industria salmonera se ha expandido hacia el sur de Chile, alcanzando la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, ubicada en los últimos confines del continente sudamericano, en la Región de Magallanes. Esta expansión genera preocupaciones significativas debido a su impacto ambiental y social en una de las áreas más prístinas del planeta.

La Expansión de la Salmonicultura en la Región Austral
Actualmente, cuatro concesiones para la salmonicultura se localizan en el Canal Beagle, bordeando la Isla Navarino. Estas concesiones, a nombre de la empresa Cabo Pilar S.A., son operadas por Nova Austral S.A. Las concesiones originales datan de 2001 y 2004, entregadas inicialmente a Concar (procesadora de recursos hidrobiológicos), para luego ser transferidas a Cabo Pilar y finalmente vendidas a Nova Austral. Cada una tiene asignada un área de 3,36 hectáreas.
Los permisos ambientales iniciales aprobaban la instalación de 20 jaulas balsas circulares por concesión para producir entre 1206 y 1500 toneladas de salmón al año. Esto implicaría un total de 80 jaulas en 13,44 hectáreas para una producción anual de 6000 toneladas de salmón. Entre 2012 y 2013, antes de instalar los centros de producción, la empresa tramitó nuevos permisos ambientales para ampliar sus proyectos en cada concesión. Las embarcaciones están trasladando plataformas hacia las áreas concesionadas, según lo observado por los habitantes de Puerto Williams.
Preocupaciones Ambientales y Regulación Inadecuada
La expansión de la industria salmonera en estas latitudes genera preocupación, especialmente porque Nova Austral S.A. ha enfrentado procesos sancionatorios por infracciones ambientales. En 2014, la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) inició un proceso sancionatorio por faltas en otras concesiones. Cuatro años después, en agosto de 2019, la ONG Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF) ingresó cuatro denuncias adicionales contra la empresa ante la SMA.
Entre los problemas reportados, se detectó que en un centro de engorde la empresa instaló 29 balsas jaulas, a pesar de que su permiso autorizaba solo 22, y 15 de ellas se encontraban fuera del área concesionada. Adicionalmente, aunque en sus permisos ambientales la empresa aseguraba que "no generaría efectos adversos significativos sobre la calidad de los recursos naturales renovables", en 2017 Nova Austral S.A. informó al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) la detección de condiciones anaeróbicas en algunos sectores de su área de trabajo. Esto significa una concentración de oxígeno demasiado baja para la vida marina, un problema común en la salmonicultura debido al exceso de nutrientes (alimentos y heces) que provocan la eutrofización de las aguas.
Expertos como Fabián Jaksic, premio nacional de biología, critican la industria salmonera y los marcos regulatorios estatales, señalando que las líneas de base de protección y resguardo son "prácticamente nulas". La Asociación de la Industria del Salmón en Chile afirma haber avanzado en sustentabilidad ambiental, pero las exigencias ambientales actuales son consideradas insuficientes para un sector que produce más de 790 mil toneladas al año y es el segundo productor mundial de salmón.
Se enfatiza la insuficiencia de no requerir una evaluación de impacto ambiental a la industria a gran escala. Además, se propone que la acuicultura debería respetar que las aguas interiores y las primeras cinco millas estén reservadas para la pesca artesanal, y que el Estado promueva una política pública para un acceso equitativo al borde costero, fomentando la acuicultura de pequeña escala.
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La Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos: Un Ecosistema en Riesgo
La Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos, declarada por la Unesco, es la más grande de Sudamérica con casi 3 millones de hectáreas de mar y 2 millones de hectáreas de tierra. Es un importante punto oceanográfico y refugio de especies amenazadas, considerada uno de los últimos sitios prístinos del mundo. Sin embargo, este lugar remoto no se ha librado del impacto humano, incluyendo la invasión de especies exóticas.
Un estudio en la cuenca del río Róbalo registró por primera vez a la peladilla (Aplochiton taeniatus), un pez nativo en peligro de extinción y poco conocido. Sorprendentemente, también se reportó por primera vez la presencia del salmón coho (Oncorhynchus kisutch), siendo esta su distribución más austral conocida hasta ahora. La hipótesis más probable es que este carnívoro introducido, que depreda a animales nativos, habría llegado tras escaparse de centros de cultivo de Aysén, aunque no se descarta que poblaciones libres de la Región de Magallanes (donde hubo cultivo de salmón coho hasta 2004) sean la fuente.
Tamara Contador, investigadora asociada de Invasal y directora del Laboratorio Wankara, asegura que lo más probable es que las poblaciones provengan de jaulas de cultivo de la Región de Aysén, moviéndose progresivamente y colonizando nuevos ambientes. En Chile continental, se han introducido 11 especies de salmónidos para pesca recreativa o acuicultura, impactando a especies nativas como el puye (G.). La introducción de especies exóticas también afecta a las comunidades locales, especialmente a pescadores artesanales y pueblos originarios, debido a procesos de homogeneización cultural.
Oposición Ciudadana y Reivindicaciones Locales
Ante la llegada de la industria al extremo sur de Magallanes, habitantes, junto a comunidades indígenas como los Yaganes, Mapuches y Hulliches, han realizado diversas manifestaciones. David Alday, representante de la Comunidad Indígena Yagán (el grupo humano más austral del mundo y en riesgo de desaparición), criticó la actitud del intendente de Magallanes por reunirse con la empresa y no responder a un petitorio de los residentes de Puerto Williams. La autoridad regional se habría limitado a responder que el proceso es legal y "zanajado".
Lisselotte R. Álvarez, vocera de una organización de vecinos de Puerto Williams, indicó que el proceso de marco de zonificación fue un "fraude", ya que las comunidades votaron por la conservación como principal uso del recurso hidrobiológico y las aguas litorales, lo que implica la obstrucción de industrias que atenten contra el medioambiente. La elección de la conservación se alinea con la vocación territorial basada en la pesca artesanal (centollón y centolla) y el turismo sustentable.
Los habitantes de Puerto Williams aseguran que la empresa no ha proporcionado información a la comunidad sobre los proyectos, y no se ha realizado la consulta indígena establecida en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El Buque Científico "Cabo de Hornos": Un Recurso para el Estudio Oceánico
El buque de investigación oceanográfica, hidrográfica y pesquera "Cabo de Hornos" es considerado uno de los cinco barcos más modernos del mundo en su tipo. Con 74,1 metros de eslora, 15,6 de manga y un tonelaje bruto de 3068, cumple con la norma acústica ICES 209, lo que le permite pasar sobre cardúmenes de peces sin que estos lo perciban. Posee una quilla retráctil con sensores de pesca y para hidrografía, y tiene capacidad para transportar a 25 científicos.
Su construcción, que comenzó en noviembre de 2008 para reemplazar al antiguo Vidal Gormaz, tuvo un costo de $67,5 millones de dólares, aportados por el Ministerio de Defensa ($51 millones) y la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura ($16,5 millones). La ola del tsunami de 2010 causó un deslizamiento prematuro de la nave, siendo recuperada en enero de 2011 con un costo de US$5.400.000, cubierto por el seguro.
Cuenta con laboratorios y salas especiales, como un Laboratorio Húmedo de Pesca, Laboratorio Químico y Sala de Operación de Sensores Acústicos. Instituciones civiles como el Comité Oceanográfico Nacional (CONA), el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile (SHOA) cooperaron en su construcción.
El buque realiza importantes misiones científicas en la región. Su primera misión se centró en el Seno de Reloncaví y la Boca del Guafo en julio de 2013. Posteriormente, en agosto, investigó diferentes tipos de merluza. En mayo de 2016, zarpó con oceanógrafos, químicos y expertos ambientales para estudiar la marea roja. Un equipo de profesionales del IFOP se embarcó en el AGS-61 “Cabo de Hornos” para evaluar el stock desovante de merluza del sur, de cola y de tres aletas en las aguas exteriores entre las regiones X y XII, analizando también la fauna acompañante y su composición alimenticia. El área de investigación abarcó desde la Isla Guafo hasta la península de Taitao. En noviembre de 2017, participó en la búsqueda del submarino argentino ARA San Juan como gesto de colaboración humanitaria. El Comandante César Miranda destacó el desafío de realizar estas tareas en condiciones meteorológicas hostiles en el sur del país.