La gastritis es la inflamación del revestimiento del estómago, una condición que puede ser aguda, presentándose por un corto periodo, o crónica, si se prolonga durante meses o años. Esta inflamación causa dolor en la parte superior del vientre o del estómago, náuseas y, en ocasiones, vómitos, lo que a menudo se traduce en una falta de apetencia y de ganas de comer.
Muchas personas viven durante años con dolor de estómago, acidez, pesadez o náuseas, pensando que es “normal” o que forma parte de su ritmo de vida. Sin embargo, la gastritis es un signo de que algo en el sistema digestivo no está funcionando correctamente. Dejarla evolucionar sin tratamiento puede llevar a complicaciones que afectan no solo al estómago, sino también al bienestar general, al estado emocional y a la calidad del sueño. Por eso, entender qué es la gastritis, reconocer sus síntomas y saber qué cambios ayudan a mejorarla es fundamental para restaurar la salud digestiva.
A nivel fisiológico, la gastritis consiste en la inflamación de la mucosa gástrica, la barrera protectora del estómago. Cuando está inflamada, se vuelve más sensible y vulnerable, generando molestias crecientes y alterando la digestión.

Síntomas Comunes de la Gastritis
La gastritis puede manifestarse con varios síntomas que no deben normalizarse. Los más frecuentes incluyen:
- Dolor o ardor en la boca del estómago, especialmente tras comer o en ayunas.
- Sensación de quemazón.
- Náuseas y, en ocasiones, vómitos.
- Digestiones pesadas e hinchazón.
- Eructos frecuentes o sensación de plenitud temprana.
- En casos más intensos, puede aparecer intolerancia a comidas grasas, reflujo, pérdida de apetito o alteraciones del ritmo intestinal.
Causas de la Gastritis
Existen diversas causas que pueden provocar o agravar la gastritis, a menudo presentándose de manera conjunta y potenciándose unas a otras:
Infección por Helicobacter pylori
Una de las causas más habituales es la infección por una bacteria llamada Helicobacter pylori, que se transmite de persona a persona. En países desarrollados, esta bacteria podría estar infectando hasta el 50% de la población, aunque solo el 15% de ellos desarrolla la enfermedad, lo que sugiere una influencia de factores genéticos o ambientales (como la dieta o el tabaquismo).
El Helicobacter pylori segrega una enzima llamada ureasa que transforma la urea en amoníaco y dióxido de carbono, neutralizando parcialmente la acidez gástrica natural del estómago. El medio ácido del estómago es crucial para disolver los alimentos y eliminar la mayoría de las bacterias digeridas, aspectos que se ven perjudicados por la invasión de H. pylori.
Esta bacteria ha coexistido con el ser humano durante miles de años y su infección sigue siendo muy común, en parte porque las células inmunitarias no pueden llegar al revestimiento del estómago, y la bacteria ha desarrollado la capacidad de interferir en las reacciones inmunitarias locales. La infección por Helicobacter pylori es una afección gastrointestinal común que puede causar una serie de problemas de salud, como úlceras estomacales y gastritis. El tratamiento médico consiste en la toma de un inhibidor de bomba de protones (omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, etc.) acompañado por uno o dos antibióticos.
Otros Factores Desencadenantes
- Medicamentos: Consumo continuado de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como la aspirina o el ibuprofeno.
- Alcohol: Consumo excesivo de alcohol, que deshidrata y erosiona la mucosa.
- Trastornos autoinmunes: Como la anemia perniciosa.
- Estrés o ansiedad elevada: Aumenta los ácidos gástricos y provoca la llamada gastritis nerviosa. El estrés crónico reduce la irrigación del estómago, disminuye la secreción de ácido en algunos casos y aumenta la inflamación de la mucosa.
- Hábitos alimentarios: Abuso de comidas copiosas, muy pesadas o picantes.
- Infecciones: Infecciones alimentarias u otras infecciones virales (citomegalovirus o herpes simple).
- Tabaco: Fumar es un hábito irritante e inflamatorio. Cuando se aspira el humo, parte de él pasa al estómago, irritándolo y agravando los efectos y síntomas de la infección por Helicobacter pylori.
Si no se trata, la gastritis puede evolucionar a gastritis atrófica, un estado inflamatorio crónico de la mucosa estomacal que altera las glándulas y células, llevándolas a perder la capacidad de producir ácido clorhídrico y, en algunos casos, a la desaparición del factor intrínseco. El dolor crónico de la gastritis puede afectar directamente al estado de ánimo, al sueño y a la energía diaria.
Dieta y alimentos para la gastritis
Recomendaciones Generales para el Manejo de la Gastritis
Si padeces gastritis, es crucial seguir ciertas pautas en tu vida diaria y recomendaciones alimentarias para facilitar las digestiones y evitar alimentos irritantes o excitantes. Una dieta adecuada, junto con el tratamiento médico indicado por un gastroenterólogo, puede ayudar a disminuir los síntomas.
Pautas Alimentarias
- Fracciona las comidas: Come de manera fraccionada, unas 4-5 veces al día, para reducir el volumen de cada comida.
- Evita comidas copiosas: Las comidas abundantes ralentizan la digestión y obligan al estómago a trabajar más.
- Come despacio y mastica bien: Tómate tu tiempo para comer y mastica lentamente todos los alimentos.
- Evita acostarte justo después de cenar: Intenta cenar 2-3 horas antes de acostarte.
- Elige preparaciones suaves: Opta por cocciones al vapor, hervidos, al horno o en papillote. Si cocinas a la plancha o a la parrilla, evita que las partes se quemen, ya que son irritantes.
- Evita alimentos irritantes: Alimentos muy salados, azucarados, condimentados o especiados (especialmente los picantes), y los preparados en escabeche.
- Controla la temperatura de los alimentos: No tomes las comidas a temperaturas extremas (muy frías o muy calientes), ya que pueden potenciar la irritación.
- Excluye o disminuye grasas: Evita los alimentos y preparaciones ricas en grasa, como salsas grasas o a base de nata, mantequillas o margarinas. Es preferible cocinar con aceite de oliva o de semillas.
- Bebidas: Evita las bebidas estimulantes de la secreción gástrica o que empeoran la digestión, como el café (incluso descafeinado), el té, el alcohol, las bebidas de cola o las bebidas con gas. Sustitúyelas por infusiones suaves (hinojo, melisa, hierbaluisa, manzanilla o romero) o caldos suaves desgrasados. El agua es el líquido de consumo preferente.
- Incluye frutas y verduras: Aportan antioxidantes, vitaminas del grupo B y fibra. Preferiblemente cocidas, sin cáscara ni semillas, como manzana, pera, papaya, guayaba, durazno, melón, sandía o banana. Las verduras asadas o hervidas (calabacín, calabaza, zanahoria, boniato) son excelentes por su fibra soluble y por no irritar.
- Lácteos: Evita los lácteos ricos en grasa (nata, quesos curados, leche entera). Opta por leche desnatada o semidesnatada, queso fresco, yogures desnatados o probióticos naturales (yogur natural, kéfir).
- Cereales y tubérculos: Arroz blanco, patata, batata, calabaza, pan blanco. Se pueden introducir legumbres en cocciones suaves, pasadas por el pasapurés si causan molestias.
- Proteínas magras: Carnes blancas (pollo, pavo), huevos y pescado blanco.
Factores de Estilo de Vida
- Deja de fumar: Es un hábito irritante.
- Gestiona el estrés: Fomenta actitudes y terapias relajantes (yoga, meditación, plantas relajantes), ya que el estrés puede ser un factor desencadenante de gastritis.
- Higiene personal: Es importante cuidar la higiene personal, ya que algunas causas de contagio (como el Helicobacter pylori) se transmiten de persona a persona.
- Ejercicio físico: El sedentarismo puede producir acumulación de gases, distensión gástrica e intestinal, acentuando los síntomas.
El Atún Enlatado y su Impacto en la Gastritis
El atún enlatado es un producto habitual y muy versátil en muchas cocinas, pero su consumo en personas con gastritis requiere consideración debido a su composición y proceso de conservación.
Popularidad y Perfil Nutricional
El atún es una fuente muy completa de proteínas que ayudan a reponer la masa muscular, mantener un buen sistema inmune y favorecer el desarrollo celular. Además, contiene vitaminas del grupo B, A y D. Es un pescado graso, pero la mayor parte de sus grasas son monoinsaturadas y poliinsaturadas, consideradas saludables, especialmente junto al aceite de oliva utilizado para su conservación.
Sin embargo, la forma enlatada difiere significativamente del atún fresco. El atún fresco tiene aproximadamente 119 gramos de calorías y 3,3 gramos de grasas, mientras que el atún en conserva (en aceite) puede tener 208 gramos de calorías y 12,10 gramos de grasas. El atún enlatado al natural, que simplemente está hervido, tiene menos calorías que el atún en aceite, aunque conserva su presencia de grasas Omega-3.

Posibles Riesgos del Atún Enlatado para la Salud Digestiva y General
El atún en conserva ha sido motivo de preocupación reciente debido a alertas de salud, y ciertas personas deberían considerar eliminar completamente su consumo o moderarlo por razones específicas.
- Exceso de sal: Debido a su proceso de conservación, el atún enlatado contiene una elevada cantidad de sal, lo que puede ser irritante para la mucosa gástrica inflamada y desaconsejado en dietas para gastritis.
- Contenido de grasa: Si el atún enlatado se conserva en aceites que no son de oliva, puede aumentar el porcentaje de grasas saturadas. Además, la elevada cantidad de aceite en las latas puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y elevar los niveles de colesterol, aunque el atún en sí sea fuente de grasas saludables. Si no escurrido, el atún en aceite tiene el doble de calorías y más grasas que el atún al natural.
- Aminas biógenas: Por la acción bacteriana, se forman aminas biógenas. La ingestión de una gran concentración de estos compuestos puede generar un cuadro tóxico en algunas personas.
- Bisfenol A (BPA): Este plástico blanco que recubre la lata por dentro es otra preocupación. El BPA está prohibido en botellas y envases de plástico para bebés y niños pequeños, lo que lleva a algunas personas a preferir el atún en bote de cristal.
- Metales pesados (Mercurio): La principal inquietud se centra en la presencia de metales pesados, como el mercurio, en ciertos tipos de pescado en conserva. El mercurio es un elemento tóxico que puede suponer un riesgo importante para la salud, especialmente para niños, mujeres embarazadas o en período de lactancia. La acumulación de metilmercurio en el cuerpo puede afectar el desarrollo del sistema nervioso y causar otros problemas de salud como problemas en la piel, mucosas o intestino, dolores de cabeza o alteraciones en el sistema inmune. La Aesan indica que se puede comer entre tres y cuatro raciones de pescado por semana, procurando variar las especies entre pescados blancos y azules, y evitando dar atún de especies grandes a menores de diez años.
Beneficios y Recomendaciones de Consumo
A pesar de los riesgos, el atún en conserva también proporciona beneficios para la salud. Es una excelente fuente de ácidos grasos Omega-3, que pueden ayudar a mejorar los niveles de colesterol y triglicéridos, disminuyendo el riesgo de enfermedades del corazón. Además, el consumo regular de atún puede tener efectos protectores contra ciertos tipos de cáncer. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) confirma que el nivel promedio de mercurio en las conservas de atún en España se mantiene por debajo del límite máximo establecido por la UE.
Comer atún en lata de manera moderada no es perjudicial para la salud en general, pero siempre se recomienda el atún fresco para platos más saludables y para evitar las grasas saturadas que pueden hacer que el atún en lata sea problemático. Se aconseja consumir este producto solo dos veces a la semana, junto a una dieta equilibrada y variada, y apostar por la gran variedad de pescados que hay en el mercado.
Para personas con gastritis, lo ideal es:
- Optar por atún enlatado al natural o en aceite de oliva, escurrido para reducir el contenido de sal y grasa.
- Consumir con moderación y observar la tolerancia personal.
- Preferir atún fresco cuando sea posible, y decantarse por el pescado más pequeño para reducir la exposición a mercurio.
- Considerar otras opciones de pescado, como filetes de caballa preparados al horno o en airfryer.
La Importancia de la Personalización y el Seguimiento Profesional
La dieta para la gastritis debe ser personalizada, ya que no todas las personas reaccionan igual a los mismos alimentos, y la tolerancia a las frutas, por ejemplo, varía de una persona a otra. Algunos alimentos mencionados pueden causar malestar en ciertas personas. Por esta razón, una estrategia útil es llevar un diario de alimentos, un registro detallado de los alimentos y bebidas consumidos cada día para identificar cuáles empeoran los síntomas.
Es importante destacar que la dieta por sí sola no curará la infección por Helicobacter pylori, que requiere tratamiento con antibióticos. Sin embargo, los alimentos adecuados pueden ayudar a aliviar los síntomas y en la recuperación, mientras que los alimentos equivocados pueden empeorar la irritación estomacal y prolongar la recuperación.
La gastritis no debe normalizarse. Es una señal del cuerpo de que algo necesita atención, descanso y reparación. Al comprender sus causas, ajustar la alimentación, reducir irritantes, potenciar alimentos protectores y cuidar el estilo de vida, la recuperación es posible y, en muchos casos, rápida. Abordar la gastritis significa mejorar la digestión, el estado de ánimo, el sueño, la energía diaria y la relación con la comida.