Los otolitos: estructura, función y relevancia en los peces

Los otolitos son estructuras calcáreas fundamentales que se encuentran en el oído interno de los peces óseos. A diferencia de los peces cartilaginosos, como las rayas y los tiburones, todos los peces óseos poseen estas formaciones, contando con una estructura en cada uno de los dos oídos. Se trata de materiales sólidos situados en el sistema vestibular de los vertebrados que permiten al organismo percibir aceleraciones, la dirección de la gravedad y mantener el equilibrio; en los peces, además, cumplen un rol esencial en la audición.

Esquema del oído interno de un pez teleósteo mostrando la ubicación de los tres pares de otolitos: sagitta, lapillus y asteriscus.

Anatomía y tipos de otolitos

Los otolitos se ubican en las tres cavidades que forman parte del laberinto membranoso del oído. Un pez posee en total seis otolitos, clasificados según su morfología y ubicación en tres tipos:

  • Sagitta: Es el más grande y el más utilizado por los ictiólogos para la determinación de la edad.
  • Lapillus: (Utriculus).
  • Asteriscus: (Lagena).

El otolito como herramienta de registro biológico

Los otolitos aparecen a los pocos días de nacer el pez, funcionando como un núcleo alrededor del cual se depositan nuevas capas de sustancia calcárea a medida que el animal crece. Este proceso ocurre de forma periódica, formando anillos concéntricos similares a los de los árboles.

Al observar estas bandas con lupa, se distinguen series de anillos:

  • Bandas translúcidas (hialinas): Indican zonas de crecimiento lento, asociadas generalmente al invierno.
  • Bandas opacas: Indican zonas de crecimiento rápido, asociadas al verano.

Esta acumulación de aragonito y proteínas permite a los científicos determinar la edad del pez. Además, el análisis de estos anillos ofrece información sobre el entorno, pudiendo detectar la presencia de metales pesados en el agua, lo que indica un ambiente contaminado. Asimismo, al no ser digeridos por los depredadores, los otolitos encontrados en los tractos digestivos permiten identificar las especies de las que se ha alimentado un predador.

Infografía comparativa: detalle de bandas de crecimiento en un otolito de merluza de tres años frente a uno de pescadilla de red de distinta edad.

Deformidades en salmones de cultivo

Recientes investigaciones han puesto de relieve un problema grave en la industria acuícola: la deformidad de los otolitos en salmones. Se ha observado que los peces de cultivo son diez veces más propensos a estas alteraciones que los silvestres.

La deformidad ocurre cuando la estructura típica de carbonato de calcio se sustituye por una forma cristalina diferente, generando huesos del oído más grandes, ligeros y frágiles. Las consecuencias son significativas:

  • Pérdida auditiva: Los peces afectados pueden perder hasta el 50% de su sensibilidad auditiva.
  • Supervivencia reducida: La falta de audición dificulta la detección de depredadores y la navegación migratoria para la reproducción.
  • Impacto en conservación: La alta tasa de deformidad en piscifactorías explica, en parte, por qué muchos programas de repoblación con salmones criados en cautividad no logran los resultados esperados en ríos de Norteamérica, Asia y Europa.

El viaje del salmón

Presencia en otros seres vivos

El mecanismo del otolito es un rasgo ancestral conservado durante millones de años en la evolución de los vertebrados. Incluso los seres humanos poseemos estructuras equivalentes llamadas otoconias, que cumplen funciones análogas en el equilibrio. Curiosamente, esta necesidad de percibir la gravedad se extiende a otros reinos: en medusas y moluscos se denominan estatolitos, y las plantas también poseen orgánulos con el mismo nombre, compuestos por almidón o minerales, que les permiten orientar el crecimiento de sus raíces y hojas en respuesta a la gravedad.

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