La Asociación Psicoanalítica Vienesa (Wiener Psychoanalytische Vereinigung) fue informalmente conocida en sus inicios como la Sociedad Psicológica de los Miércoles (Psychologische Mittwoch Gesellschaft). Esta institución fue una de las más influyentes en el desarrollo de la psicología moderna, siendo el epicentro del surgimiento y expansión del psicoanálisis, una corriente que transformó profundamente nuestra comprensión de la mente humana. Los orígenes de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) se remontan a principios del siglo XX, cuando Sigmund Freud comenzó a reunir en Viena a un pequeño grupo de personas con ideas afines tras años de trabajo en solitario.
Orígenes y Fundación de la Sociedad Psicológica de los Miércoles
Los encuentros de lo que sería la Sociedad Psicológica de los Miércoles se iniciaron en el apartamento de Sigmund Freud en Berggasse 19 en Viena en 1902. En noviembre de 1902, Sigmund Freud escribió a Alfred Adler, invitándole: "Un pequeño círculo de colaboradores y simpatizantes me otorgan el gran placer de venir a mi casa a la tarde (8:30 PM después de la cena) para discutir temas de interés en psicología y neuropatología.... ¿Sería tan amable de unirse a nosotros?". El grupo incluía inicialmente a Wilhelm Stekel, Max Kahane y Rudolf Reitler, al que pronto se le uniría Adler. Stekel, un médico vienés que había estado en análisis con Freud, proveyó el ímpetu inicial a las reuniones. Nuevos miembros fueron invitados con el consentimiento del grupo, y solo unos pocos abandonaron.

Hacia 1906, el grupo, entonces denominado Sociedad Psicológica del Miércoles, incluía 17 psicoanalistas, entre los que se contaban médicos y «legos» (en el sentido de Freud, equivalente a «no-médicos»). Ese año, Otto Rank fue contratado para cobrar las cuotas y guardar los registros escritos de las discusiones, que se volvían cada vez más complejas. Cada reunión incluía la presentación de un ensayo o historia clínica con discusión y un resumen final a cargo de Freud. Freud mismo fundó en Viena la Sociedad Psicológica de los Miércoles, el primer grupo organizado de psicoanalistas.
Transformación en la Asociación Psicoanalítica Vienesa y Dinámica de las Reuniones
La Sociedad Psicológica de los Miércoles, fundada en 1902, fue la precursora de la Asociación Psicoanalítica Vienesa, establecida formalmente en 1908. Hacia ese año, el grupo adoptó su nueva denominación y se convirtió en la autoridad psicoanalítica internacional del momento. Cuando Freud dejó Viena en 1938, confió los manuscritos originales de las Actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena a Paul Federn. Estas Actas consignan las reuniones que se realizaban en general en la casa de Sigmund Freud, donde se presentaban cuestiones en las que los miembros venían trabajando, ideas o hipótesis en desarrollo.
Sigmund Freud's home - Berggasse 19 - Wien
Un ejemplo de la dinámica de estas reuniones se dio el 27 de febrero de 1907, cuando Freud se dedicó a presentar a los miembros un trabajo de Paul Moebius, titulado “La desesperanza de toda psicología”. Después de la presentación, se abría el debate y Freud respondía, uno por vez, a cada participante de la discusión. Todos esperaban la opinión de Freud, y había registros de la alegría del expositor cuando Freud tomaba como posible o relevante alguna de sus ideas. En una de esas discusiones, Freud opinó que Stekel sobreestimaba los méritos de Freud para mostrar su desacuerdo con la obra de Moebius, donde Freud mismo indicaba que “…ni él mismo ni ningún otro ha encarado todavía en su totalidad el problema del recuerdo y el olvido”.
Conflictos Internos y Disidencias
A medida que creció el número de participantes, la franqueza analítica llegó a ser a veces una excusa para ataques personales. En 1908, Max Graf, cuyo hijo de cinco años había sido un temprano asunto de discusión en el famoso caso del "pequeño Hans" de Freud, deploró la desaparición de la congenialidad. Aunque había discusiones con importantes apreciaciones, muchas se volvieron mordaces. Muchos miembros quisieron suprimir la tradición de que las nuevas ideas discutidas en las reuniones fueran acreditadas al grupo en su conjunto, no al contribuyente original de la idea. En un intento de resolver algunos de los conflictos, en 1908, Freud disolvió oficialmente el grupo informal y formó uno nuevo bajo el nombre de Asociación Psicoanalítica Vienesa. Por sugerencia de Alfred Adler, la elección de nuevos miembros se basó en una votación secreta en lugar de la invitación de Freud. Aunque la estructura del grupo se hizo más democrática, las discusiones perdieron algo de su carácter ecléctico original.
La sociedad contó con figuras importantes como Carl Gustav Jung, Alfred Adler, Otto Rank, Sándor Ferenczi, y más adelante, Anna Freud. Cada uno de estos miembros desarrolló y contribuyó al psicoanálisis desde distintas perspectivas, lo que enriqueció el campo. Sin embargo, la Asociación Psicoanalítica Vienesa fue testigo de varias rupturas internas. Estas divisiones se dieron principalmente porque algunos de sus miembros más destacados comenzaron a desarrollar sus propias teorías divergentes del modelo freudiano. La separación de Jung y Adler marcó dos de los momentos más notables en la historia de la sociedad. Alfred Adler se separó al enfocar sus estudios en el individuo como un ser social y en el papel de los sentimientos de inferioridad, mientras que Carl Gustav Jung, aunque inicialmente fue un discípulo cercano de Freud, se separó debido a sus diferencias sobre la naturaleza de lo inconsciente.

El Papel de las Mujeres en la Asociación Psicoanalítica Vienesa
Se ha apuntado mucho al especial significado de las mujeres como pacientes en relación al desarrollo del psicoanálisis. Sigmund Freud mismo creó una importante precondición para que las mujeres pudieran devenir psicoanalistas, ya que -pese a su tradicional y conservadora imagen de la mujer- estimuló a algunas de sus pacientes como colaboradoras y les transmitió algunos de sus descubrimientos durante el transcurso de su trabajo terapéutico. En una carta a Wilhelm Fliess del 12 de diciembre de 1897, Freud menciona la actividad terapéutica de Emma Eckstein (1865-1924), lo que marca el primer punto histórico asible en el que se hace visible que Freud confía a otro su nuevo instrumento terapéutico, el método psicoanalítico. Es llamativo que una mujer y aun más una paciente de Freud, sin siquiera una formación previa, o práctica análoga, avanzara a colaboradora.
En mayo de 1907, en la Sociedad de los Miércoles, se llegó a una discusión acerca de las médicas mujeres. Fritz Wittels publicó su referéndum de rechazo bajo el seudónimo de Avicena en el periódico Die Fackel de Karl Kraus e influyó con sus conceptos prejuiciosos en la no admisión de mujeres. Cuando Paul Federn en abril de 1910 propuso a la médica Margarethe Hilferding (1871-1942) para su admisión en la Asociación Psicoanalítica Vienesa, todavía chocó contra una resonancia negativa. El médico y psicoanalista vienés Isidor Sadger se expresó contrario a su admisión por «motivos de principios», pero la elección fue aprobada dos semanas después con 12 votos a favor. Hilferding, que se había graduado en 1903 como una de las primeras estudiantes de Medicina, practicaba en un distrito obrero y sus intereses se dirigían fundamentalmente a cuestiones educativas y de la mujer. En 1911, se declaró solidaria con los adeptos a Alfred Adler y se fue de la Asociación Psicoanalítica Vienesa.
Hilferding, sin embargo, no fue la primera mujer que participó en las sesiones de la Asociación. El 15 de diciembre de 1909, Louise de Karpinska (1871-1936) estuvo como huésped en Viena. Karpinska participó en total cuatro veces de las reuniones, aunque no fue miembro. Hasta el año 1925, cuando se constituyó la formación organizada en la Asociación Psicoanalítica Vienesa, 14 mujeres fueron votadas como miembros regulares del grupo; de 1925 a 1937, fueron 29 más. A pesar del aumento de la participación, la relación entre mujeres y hombres permaneció despareja hasta la lista de miembros publicada en el último Korrespondenzblatt de la Revista Internacional de Psicoanálisis (1937).
Entre las mujeres que ganaron influencia en Viena se encuentra Hermine Hug-Hellmuth (1871-1924), que fue admitida en 1913 y adquirió fama como pionera del Psicoanálisis de niños. Otras dos miembras de la Asociación en 1914 fueron las médicas rusas Sabina Spielrein (1885-1941) y Tatiana Rosenthal (1885-1921), quienes se consideran pioneras del Psicoanálisis ruso. La escritora rusa Lou Andreas Salomé (1861-1937) llegó a Viena en 1912 para conocer el Psicoanálisis con Sigmund Freud y participó en las sesiones de la Sociedad Vienesa. Helene Deutsch (1884-1982) se convirtió en miembro activo en Viena, terminó su análisis con Sigmund Freud y fue miembro de la APV desde 1918. Deutsch se comprometió en la organización de la formación psicoanalítica y se le confirió a fines de 1924 la dirección del recientemente fundado Instituto de Enseñanza. Esta posición influyente la acompañó hasta su emigración en 1934, pero permaneció siendo miembro de la APV hasta 1938, dando cuenta de la membresía más extensa entre todas las mujeres.
Las primeras analistas mostraron una gran diversidad en sus antecedentes profesionales, geográficos y familiares, y reflejaron diversos motivos para ocuparse profesionalmente del psicoanálisis. Representaban el carácter internacional del Psicoanálisis en esa fase temprana, ya que provenían de Rusia, Polonia, Galitzia y Hungría. Entre 1921 y 1929, la cifra de miembros aumentó de 37 a 55, y la participación de las mujeres se triplicó a 16. Este incremento se relaciona con la creación del Instituto de Enseñanza, donde una mujer pudo obtener la dirección, y con los cambios políticos y culturales posteriores a la Primera Guerra Mundial que impulsaron una reforma en las relaciones de género. Las psicoanalistas de la segunda generación pudieron devenir psicoanalistas porque el Psicoanálisis todavía estaba en fase de construcción, buscaba adeptos independientemente del género y era una zona marginal.
En la última lista de miembros publicada de la APV, encontramos 31 mujeres y 37 hombres como miembros ordinarios y extraordinarios, constituyendo la participación femenina el 45%. Si bien las mujeres nunca llegaron a la mitad del total de profesionales, en los años treinta y cuarenta, constituían alrededor del 30% de los miembros en Europa y Estados Unidos. La Sociedad Psicoanalítica Vienesa y su evolución reflejan un camino hacia una mayor inclusión y reconocimiento de las mujeres en el campo del psicoanálisis.
La Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA)
En 1908, por sugerencia de Ernest Jones, se celebró en Salzburgo el primer Congreso Psicoanalítico Internacional informal. Esta reunión sentó las bases para la IPA, fundada oficialmente en 1910 durante el Congreso de Núremberg. Los primeros años de la IPA estuvieron marcados por un rápido crecimiento y conflictos internos. La partida de figuras clave como Alfred Adler y Carl Jung puso de relieve las tensiones inherentes al movimiento psicoanalítico. La IPA fue crucial en la formalización de los estándares de formación psicoanalítica durante el período de entreguerras.
La Segunda Guerra Mundial planteó desafíos importantes para la IPA, particularmente con la anexión nazi de Austria y la disolución de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Tras la guerra, la API desempeñó un papel decisivo en la reconstrucción de la comunidad psicoanalítica internacional. El Congreso de 1949 en Zúrich marcó un nuevo comienzo, ya que la API adoptó un enfoque más estructurado de gobernanza y expandió sus actividades a través del Atlántico. En la segunda mitad del siglo XX, la IPA se expandió hacia nuevas regiones, en particular América Latina, que se convirtió en la tercera región administrativa.

El siglo XXI ha traído consigo nuevos desafíos y oportunidades para la IPA. La organización ha seguido creciendo y, en 2024, ya cuenta con más de 11,500 miembros y 6,000 analistas en formación en 60 países. Uno de los avances más significativos ha sido el compromiso de la API con China, cuya primera Conferencia de la API en 2010 fue un acontecimiento histórico. De cara al futuro, la IPA mantiene su compromiso con sus principios fundacionales de fomentar la colaboración internacional, promover la educación psicoanalítica y promover la aplicación del conocimiento psicoanalítico para abordar los desafíos globales contemporáneos.
Legado y Relevancia
El inicio del siglo XX en Europa fue un periodo marcado por cambios radicales en las ciencias y las artes, donde muchas de las viejas ideas sobre la naturaleza humana estaban siendo cuestionadas. En este contexto, Sigmund Freud desarrollaba sus teorías sobre el inconsciente y la importancia de los procesos psíquicos inconscientes en la vida cotidiana. El movimiento psicoanalítico, nacido de esta sociedad, produjo una serie de ideas clave que transformaron la psicología. La teoría del desarrollo psicosexual de Freud, que proponía que la personalidad se desarrolla en etapas centradas en zonas erógenas, es un ejemplo fundamental.
La influencia de la Sociedad Psicoanalítica de Viena se expandió rápidamente más allá de Austria. Tras la disolución del grupo en Viena en 1938, cuando el nazismo llegó al poder, Freud y varios de sus colegas emigraron a países como Reino Unido y Estados Unidos. A pesar de que muchas de las ideas de Freud han sido revisadas o criticadas por corrientes psicológicas más modernas, la influencia de la Sociedad Psicoanalítica de Viena es innegable. No solo sentó las bases del psicoanálisis, sino que marcó el inicio de una revolución en la forma en que entendemos la mente y el comportamiento humano. Freud y sus discípulos nos mostraron que, para comprendernos plenamente, es necesario mirar más allá de la conciencia y explorar los rincones ocultos de nuestra mente.
tags: #asociacion #sicoanalitica #vienesa #reunion