La estrategia militar, del griego stratigos o strategos (στρατηγός), se ocupa del planeamiento y dirección de las campañas bélicas, así como del movimiento y disposición estratégica de las fuerzas armadas. Según el pensamiento antiguo, "el general (strategos) debe estar seguro de poder explotar la situación en su provecho, según lo exijan las circunstancias". En las guerras convencionales, su objeto es dirigir las tropas en el teatro de operaciones hasta llevarlas al campo de batalla. Es una de las tres facetas del arte de la guerra, siendo las otras dos la táctica militar, que consiste en la correcta ejecución de los planes militares y las maniobras de las fuerzas de combate en la batalla, y la logística.
La estrategia determina el lugar donde debe emplearse la fuerza militar en el combate, el tiempo en que esta será utilizada y la magnitud que tendrá que adquirir. El término "estrategia" deriva también del griego Stratos Agein, que significa "El ejército que se desplaza hacia adelante", de las palabras Stratos (Ejército que acampa) y Agein (Empujar adelante, avanzar). Jean Maximilien Lamarque empleó el adjetivo estratagémico para expresar los movimientos que se verificaban en un círculo más extenso que los que podía alcanzar la vista. Esta disciplina se encuentra presente desde la primera guerra entre los hombres, a veces enmascarada bajo diferentes nombres como "disposiciones generales" o "Teórica y práctica de la guerra".

La Evolución Histórica de los Métodos Militares
La Antigüedad: De las Falanges Griegas a las Legiones Romanas y Estrategias Orientales
En la Antigüedad, los pueblos fueron guerreros, e incluso aquellos de costumbres pacíficas se veían obligados a empuñar las armas para defenderse de otros más belicosos que, guiados por las ansias de botín o de dominación, los atacaban. La fuerza y la división de la falange, organización y orden táctico de los griegos, fue acomodada en cada estado de Grecia al número de tropas y la índole de la organización política. Ciro de Persia, por su parte, reputaba el buen orden de un ejército como el de una familia y ordenaba bien las tribus de guerra.
Innovaciones Romanas y Ejemplos Estratégicos
La república romana, por ejemplo, resolvió un plan estratégico que consistía en que sus cónsules Lucio Postumio Albino y Cneo Fulvio Centumalo se embarcasen para Iliria y atacasen en combinación: por mar con la flota de Fulvio, compuesta de 200 galeras, y por tierra con el ejército de Postumio. Los romanos hicieron del patriotismo la base de su severa disciplina y la sostuvieron con el castigo y el rigor por un lado, y con el honor y la recompensa lucrativa por otro. La legión romana se dividía o descomponía bajo el aspecto táctico y orgánico en pequeñas tropas o trozos con los nombres de centurias, manípulos, etc.

Un ejemplo destacado de innovación táctica se observa en la batalla de Zama. El general romano Escipión el Africano, en lugar de ordenar sus legiones como de costumbre, colocó las compañías de preferencia en cuadro a retaguardia de los asteros y desplegó las filas de los triarios para darles un frente igual y separadas las líneas a tres o cuatro pasos de distancia las unas de las otras. El orden de batalla se halló formado por una serie de columnas por manípulos equidistantes; variación realizada por la necesidad de dejar pasos rectos y capaces a los elefantes de los cartagineses que habían de ser lanzados contra la línea. Este orden adoptado en columna por Escipión no solamente era oportuno para hacer frente a los elefantes, sino también la mejor disposición para atacar después de haber desalojado a aquellos animales, una manera nueva de presentarse a sus enemigos, lo que no podía dejar de sorprenderles.

Estrategias en los Reinos Combatientes Chinos
Durante los reinos combatientes en China, la guerra quedaba librada por nobles en carros de combate, quienes comandaban a pequeños ejércitos de campesinos armados con la espada. El combate entre nobles era de una manera más cortés. Sin embargo, con Qin Shi Huang, las dimensiones de la guerra alcanzaron proporciones enormes, armándose ejércitos gigantescos de miles de soldados. Las lanzas fueron el arma principal favorita de la infantería china a corto alcance. La ballesta y la ballesta de repetición eran las mejores armas de largo alcance de la época, siendo muy fáciles y rápidas de usar y fabricar. Destacan los cho-ko-nus, soldados chinos que manejaban con maestría ballestas de repetición.

La Edad Media: Fortalezas, Guerras Privadas y la Reconquista
En la Edad Media feudal, al no haber ejércitos organizados de manera permanente, los castros eran escasos y el castillo tuvo por mucho tiempo una gran importancia militar. Para rechazar a normandos, sarracenos, húngaros, etc., los pueblos atacados levantaban muros y torres. Pronto, los señores feudales aprendieron que aquellas fortalezas podían servir a sus planes y las multiplicaron. Iglesias y conventos se fortificaron también, dando lugar a choques fortuitos o calculados de vecino con vecino, así como a guerras de asedio y de desgaste. En los peligros comunes, los señores vecinos se congregaban para ponerse de acuerdo acerca de lo que cada cual ejecutaría en sus dominios, siendo el rey uno de los contratantes, pero sin autoridad coercitiva, únicamente propietario de los feudos por él conferidos, no un magistrado supremo ejecutor de la voluntad de una asamblea soberana.

Las guerras privadas tuvieron gran importancia y uso generalizado, ocupando sus reglamentos un distinguido lugar en la legislación de aquella época. Estas solo competían a los nobles y caballeros, pues las reyertas entre los siervos, villanos y hombres libres de un orden inferior a los nobles estaban sometidos a los tribunales de justicia, requiriendo la guerra privada igualdad de nobleza o condición. Por su parte, el clero reclamaba y ejercía el derecho de guerra personal, siendo suplidos los clérigos por los vidames o advocati, hombres distinguidos por su nacimiento y reputación, elegidos por los varios monasterios u obispados, quienes los defendían y combatían en su lugar. Sin embargo, en ocasiones, eclesiásticos de noble familia, llenos de las belicosas ideas de su tiempo, olvidaban su misión de paz y combatían cuerpo a cuerpo en el campo de batalla a la cabeza de sus vasallos.
La Caballería Árabe y la Estrategia en la Península Ibérica
En el contexto de la conquista de la península ibérica, los hijos de los renombrados númidas y mauritanos, y de los impetuosos getulos, penetraron y ocuparon el territorio bajo un avezado plan estratégico para iniciar la campaña, ideado por su general Táriq. La caballería árabe era el principal elemento de los ejércitos del África, servida casi en su totalidad por los nobles y acreditados, que guiaban o conducían con fabulosa pericia o aptitud sus inestimables caballos. El emir Musa ibn Nusair pasó revista a las primeras tropas en suelo peninsular, con veinte y tantas banderas, incluyendo dos de dicho emir, la tercera insignia de Abd al-Aziz ibn Musa, y las restantes de los koraixitas, de los alcaides de los árabes, de los capitanes y demás gobernadores, viniendo la mayor parte de los bereberes y otras tribus de árabes nómadas sin bandera, componiendo un ejército de 18000 combatientes, que se acrecentaba cada día con gentes que afluían del África.

En España, la Reconquista se caracterizó por ser un conjunto de expediciones, algaras y rebatos sometidas más o menos a un plan preconcebido y con combinaciones diplomáticas. Un estudio militar atento nos permite descubrir todo lo que tuvo de estratégico, de sistemático, de acompasado aquellas largas y dramáticas guerras, con sus teatros sucesivos en las cuencas transversales, con sus pasos de cordilleras y sus conquistas de objetivos, como Toledo y Sevilla. Por otro lado, la conquista normanda de Inglaterra por Guillermo el Conquistador estableció el feudalismo, pues los conquistadores se repartieron sus terrenos, conservaron la jerarquía militar y ejercieron dominio de señores sobre los indígenas desposeídos, siendo las leyes meros pactos entre los vencedores extranjeros.
Organización Militar y Liderazgo
Juan I de Castilla, según Pedro de Salazar y Mendoza, creó dignidades o cargos como el condestable de Castilla, siendo el primero Alfonso de Aragón el Viejo, cuyas funciones, según Clonard, equivalían a un Ministro de la Guerra, y dos nuevos oficios de mariscal para Fernando Álvarez de Toledo y Pedro Ruiz Sarmiento. Un ejemplo de liderazgo es el de los husitas, quienes, tras la muerte de su jefe Jan, le dieron por sucesor a Procopio, apodado Raso por ser clérigo y tener el cabello cortado, única señal de su primitiva profesión, pues era digno discípulo de Jan y poseía como capitán valentía y habilidad.
La Guerra en la Edad Moderna: Armamento, Maniobras y Pensamiento Estratégico
Innovaciones en Armamento y Tácticas del Siglo XV
En el siglo XV, se ideó el bote de metralla: un tubo o cilindro de hoja de lata, de chapa o de hierro, que constituía la carga de una boca de fuego. Este se componía de balas pequeñas que se lanzaban al enemigo en vez de un gran proyectil, y salía impulsado por la pieza de artillería en figura de cono o embudo. Su disparo a reducida distancia tenía la concepción estratégica de ocasionar considerables y terribles estragos a los flancos del contendiente, a las formaciones cerradas que presentaban más bulto, en la defensa de brechas, etc.

Las Guerras de Religión y la Estrategia Calvinista
En las Guerras de Religión en Francia (1562-1598), los pueblos calvinistas no solo empuñaron las armas por el libre ejercicio de su religión, sino también para desterrar el ejercicio de la religión católica, a la que perfilaban como una idolatría cuyo abatimiento era un deber de conciencia para el buen cristiano. Por su parte, el pueblo católico temía por su religión que los hugonotes habían jurado deshacer, sosteniendo en el cometido de preservar aquella. El soberano y los Grandes también temían por su autoridad que el partido hugonote había resuelto usurpar. En los principios de la reforma protestante, los predicantes hacían profesión de doblegarse a la obediencia del gobierno, como las protestas de fidelidad que trasladó Juan Calvino a Francisco I de Francia al principio de su Instrucción cristiana, posiblemente por la debilidad de su partido. Mas con el aumento de fuerzas, fue trocando su lenguaje, proyectando sus doctores que era legítimo para los calvinistas el defenderse, con la estrategia de requerir y conseguir por medio de la rebelión y de la violencia la libertad de continuar y practicar públicamente su religión, declarado en muchos sínodos de los calvinistas con la mayor solemnidad.
La Importancia de los Asedios en el Siglo XVII
El tipo de la guerra de sitios fue relevante en el siglo XVII; la toma de una plaza fuerte era en ocasiones el objeto de una campaña. Cualquier tentativa de un ejército de socorro para descercar la plaza o librarla del ataque enemigo solía producir un choque o batalla campal, y el asunto quedaba resuelto con la toma de la plaza o la retirada del sitiador. Un ejemplo se dio en la población de Jargeau, lugar estratégico en la Guerra de los Cien Años. El duque de Sufflok, prevenido de la sorpresa del ejército de Francia en los arrabales de la población, salió de ella y formó una guarnición en batalla. Sin embargo, no pudiendo resistir el choque los ingleses, a pesar de ser guerreros experimentados que aprendieron el arte de la guerra en la escuela de Enrique V de Inglaterra, se refugiaron otra vez en el interior de Jargeau.
El Arte de la GUERRA | Arquitectura MILITAR
Teoría Militar y Nuevas Maneras de Combatir
Raimondo Montecuccoli dejó tres libros en sus memorias: el primero trata del arte militar, el segundo de la guerra contra los turcos y el tercero de la campaña de 1664, conteniendo preceptos tanto para la guerra ofensiva como la defensiva. La guerra entre él y Turena fue indudablemente un ejercicio del arte de la guerra, una rivalidad de sutilezas, de serenidad, de temple, de presteza y de diligencia, no pudiendo contar el uno con que el otro incurriría en más deslices o desaciertos de los que él mismo hubiera cometido hallándose en su lugar, y Montecuccoli prosiguió con victorias hasta que fue hecho prisionero por el Príncipe de Condé.
La evolución tecnológica también afectó la estrategia. "Navío" es el nombre propio o peculiar que ha permanecido a las embarcaciones grandes o que llegan a pasar de cierto porte, y más particularmente a las de guerra que tenían al menos dos puentes o dos baterías corridas por cada banda (navíos de dos andanadas), así como de tres puentes en el caso de constar de otros tantos o de tres baterías. Estas perfecciones o creaciones originaron otra manera de combatir, ya que en lugar de las batallas de choque del Gran Capitán y del gran Condé, de las batallas de posición del duque de Alba y Feuillade, o de las batallas de puestos de Mauricio de Sajonia, Federico II de Prusia usó las batallas de maniobras. Para él, "es preciso remitir al éxito de las batallas el término de las querellas. Es preciso meditarlas, porque las que se encomiendan a la casualidad nunca tienen grandes resultados."
Las victorias de Federico II de Prusia despertaron a la Europa militar de cierta apatía y entumecimiento. Hubo largos y ruidosos debates sobre todo lo concerniente al arte, especialmente sobre mejoras de la táctica a las que se atribuían los triunfos de Federico II, filósofo y guerrero. Esta discusión produjo un regreso a los estudios y documentos olvidados hacía siglos sobre las falanges griegas y las legiones romanas. Surgieron nuevas ideas sobre el arte de la guerra, siendo las más destacadas las del Conde de Guibert.

En contraste con el éxito de Federico, en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, el ejército británico no aplicó correctamente las máximas estratégicas para la conducción de una guerra ofensiva. En lugar de concentrar sus fuerzas en algún punto decisivo y buscar la destrucción del principal cuerpo del ejército revolucionario por repetidos y bien dirigidos golpes, dispersaron sus fuerzas en una inmensa extensión de territorio y llegaron a ser demasiado débiles para poder actuar con decisión y efectividad en ningún punto.
La Estrategia en la Era Moderna: De Napoleón a la Teoría Contemporánea
El primero en usar la palabra "estrategia" en esta época fue el archiduque Carlos, rival del terrible estratega de los tiempos modernos, Napoleón I. En competencia con el archiduque, dos de los primeros escritores sobre estrategia fueron von Bülow y el Barón de Jomini. Para certificar la presencia inherente de la estrategia en la guerra, M. De Roure, en su obra Historia de Teodorico El Grande (París, 1846 Tomo II, páginas 28 a 30), hace notar la habilidad estratégica de los bárbaros, cuyas operaciones militares siempre fueron conducidas según las reglas de la ciencia más exacta. Édouard de La Barre Duparcq añadió: "Los bárbaros tenían la principal cualidad, vigor, y el 'instinto de la estrategia' les hacía seguir sus reglas invariables sin darse cuenta de ello."