La Sopaipilla: Historia, Origen y Evolución de un Ícono Chileno

La sopaipilla es, sin duda, uno de los alimentos favoritos para consumir en invierno y meses fríos. Se puede incluir tanto al desayuno como a la hora de la once, o simplemente en forma de snack callejero. Hablamos de la popular sopaipilla, un producto muy habitual en cada mesa, pero que muchos desconocen su origen exacto y los motivos de su nombre.

Infografía con la línea de tiempo del origen de la sopaipilla

Orígenes e Historia de la Sopaipilla

Su historia se remonta al siglo XVIII en Chile, pero su origen surgió a varios kilómetros del país, ya que provino de los países árabes, y fue introducida por los españoles. Su llegada a América fue masiva, aunque el nombre como lo conocemos no prosperó fuera de nuestras fronteras. Y es que en nuestros países vecinos como Argentina, Perú y Bolivia se le conoce como “torta frita”.

La sopaipilla tiene raíces en el mundo árabe, donde se preparaban como un pan remojado en aceite conocido como “sopaipa”. Esta receta llegó a España durante la ocupación árabe en los siglos VII y VIII, y desde allí cruzó el Atlántico con los colonizadores españoles en el siglo XVIII. En Chile, sin embargo, las sopaipillas adquirieron identidad propia.

La llegada de la sopaipilla a América data del año de 1726, cuando arribó junto a los colonizadores españoles. Con el tiempo, rápidamente se le fue dando un toque americano que la hizo única y que se conserva hasta la actualidad. No obstante, a lo largo de nuestro extenso territorio pueden existir pequeñas variaciones.

Mapa mostrando las rutas de origen de la sopaipilla desde el mundo árabe a España y luego a América

Etimología: Dos Versiones del Nombre

Respecto a su nombre, surgen dos versiones históricas. La primera, y más aceptada y reconocida por muchos historiadores, es que se trata de un diminutivo de sopaipa, palabra que era usada por los españoles para referirse al pan remojado en aceite. Una segunda versión sostiene a que los mapuches le dieron ese nombre en honor a un pájaro que habita en el sur del país, pero esa razón carece de documentación.

Adaptaciones Regionales y la Sopaipilla Pasada

Independiente de que su origen sea árabe y que fuera introducida por los españoles, los americanos sí nos podemos sentir orgullosos de la creación de la sopaipilla pasada, que consiste en bañar esa misma torta frita en un caldo de chancaca (azúcar sin refinar) y cítricos. Muy consumida hasta el día de hoy en nuestro país y en otros lugares del continente.

Las sopaipillas varían notablemente según la región. Cambian los ingredientes y hasta la forma en que se sirven, porque existen al menos 5 a 7 tipos de recetas, con y sin zapallo. Su versatilidad ha permitido que cada zona del país tenga su versión propia, adaptada al entorno, los ingredientes disponibles y los gustos locales.

Por ejemplo, en el sur se le adiciona puré de papas a la masa, en cambio en la zona central es habitual elaborarla con puré de zapallo. En el norte se preparan con harina, agua, manteca y bicarbonato.

Consumo Invernal y Factores Psicológicos

Con las lluvias y las bajas temperaturas en invierno, los chilenos prefieren el consumo de sopaipillas y otros alimentos calóricos. A las bajas temperaturas del invierno las siguen esos pequeños antojos de comer alimentos más calóricos como sopaipillas, con y sin zapallo, calzones rotos o incluso picarones pasados.

Según una encuesta realizada por Cadem en junio pasado, las comidas favoritas de los chilenos en invierno son la cazuela de vacuno, porotos con riendas, carbonada y lentejas con longanizas. Sobre el consumo de sopaipillas, un 74% de los encuestados afirmó que las prefieren cuando llueve.

La nutricionista y académica de la Escuela de Tecnología Médica UDP, Lidia Paz Castillo, explicó que “no es necesario aumentar la cantidad de alimentos en invierno para la mayoría de las personas. El requerimiento energético diario no cambia significativamente si el nivel de actividad física y el entorno se mantienen constantes. Estudios demuestran que el apetito puede aumentar ligeramente en invierno, no por necesidad fisiológica directa, sino por factores psicológicos, ambientales y culturales, como menor exposición a la luz solar, cambios en el estado de ánimo”.

La académica recalca que “es más mito que verdad que se deba comer más durante el invierno. El cuerpo no necesita aumentar la ingesta calórica si la actividad física no se incrementa. La dieta sí puede adaptarse en invierno en función de la prevención de infecciones respiratorias, el aumento de enfermedades estacionales y aumentar el consumo de frutas y verduras frescas por el contenido vitamina C o ácido ascórbico”.

La nutricionista recomienda priorizar alimentos que fortalezcan el sistema inmune y que sean ricos en micronutrientes. Fuentes de proteínas y hierro: carnes magras, legumbres, huevos, pescados, mariscos. También lentejas, garbanzos, arvejas y porotos. Grasas saludables: frutos secos como nueces, almendras, avellanas, por su aporte en omega-3. Aceite de oliva por su ácido graso omega 9 y efecto antiinflamatorio.

A juicio de la académica, el que se nos antojen alimentos calóricos como sopaipillas en el invierno o con la lluvia corresponde “a una combinación de factores neurobiológicos, emocionales y culturales”. “En invierno, con menor exposición solar, el cuerpo produce menos serotonina, por lo que buscamos alimentos que generen confort emocional”, indica. En ese sentido, las “sopaipillas, calzones rotos y picarones son tradicionales del invierno chileno, asociados a la cocina hogareña, la niñez y la vida familiar.

Gráfico comparativo del aumento de ventas de sopaipillas en diferentes regiones de Chile

Valor Nutricional y Recomendaciones

Con el auge de las redes sociales llenas de sopaipillas cada vez que llueve, surgen también preguntas sobre su valor nutricional. La profesora María Lorena González, académica de la Escuela de Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, advierte que una sopaipilla seca de 50 a 60 gramos puede aportar entre 60 y 80 calorías, dependiendo de su tamaño y preparación. “Las pasadas, al ser remojadas en chancaca, aumentan significativamente su aporte calórico”, detalla la especialista.

No obstante, la académica señala que el verdadero problema no es el consumo ocasional, sino la frecuencia: “Si se comen esporádicamente, no habría restricción para personas sanas. Los ingredientes clave -harina, zapallo, manteca o aceite- aportan carbohidratos y lípidos.

El médico cirujano Tito Pizarro aclara que “las sopaipillas son un producto que se consume mucho en Chile, sobre todo en las mañanas y tardes frías, cuando uno vuelve a la casa desde el trabajo. Además, es muy común que la gente las prepare en sus casas. Entonces, ¿dónde está el peligro? Si vas a comer sopaipillas, sobre todo en la vía pública, que sean dos o tres como máximo. Y aquí entra otro punto: “hay ocasiones en que estas masas se hacen ‘pasadas’, es decir, con chancaca. Con eso se agregan 200 o 250 calorías por sopaipilla. Pensemos quienes se comen dos, tres y hasta cuatro.

El cirujano manifiesta que para consumir un producto más sano, perfectamente se podría cocinar en la casa. Señala que “existen sopaipillas más naturales y saludables. Otro punto relevante cuando se habla de sopaipillas es el que tiene que ver con los agregados. “Hay que tener cuidado con los productos que le ponemos. Los más seguro es preparar un pebre casero, con cebollines como el ciboulette.

“Hay están las que se pueden hacer al horno y son muy ricas. Pero, para mí, ese es un pan que se tiene que hacer frito. Yo les recomiendo hacer un almíbar de chancaca, pero en vez de usar agua, apliquen vino merlot o carmenere.”

SOPAIPILLAS PASADAS, MUY FÁCILES DE COCINAR.

Preparación de la Sopaipilla

Sopaipillas con Zapallo

  1. Cocer el zapallo: Pela y corta el zapallo en trozos, hiérvelo hasta que esté muy blando.
  2. Formar la masa: En un bol grande, mezcla la harina con la sal.
  3. Formar las sopaipillas: Estira la masa con uslero hasta que tenga un grosor de 0,5 a 1 cm.
  4. Freír: En una olla o sartén profunda, calienta suficiente aceite (debe cubrir bien las sopaipillas).

Sopaipillas con Verduras (Zanahoria, Betarraga o Espinaca)

  1. En un bol, disponer la harina junto con los polvos de hornear cernidos. Agregar la zanahoria, betarraga o espinaca molida, dependiendo del sabor que se quiera.
  2. Con la ayuda de una cuchara de palo o la mano, incorporar todos los ingredientes y amasar.
  3. Sobre una superficie enharinada, estirar la masa con un uslero y dejar de 1 cm. de espesor más o menos.
  4. Pinchar con un tenedor y cocinar en aceite hirviendo, hasta que estén un poco doradas y floten.

Sopaipillas con Levadura

  1. En un bol disolver la levadura en 1/3 taza (120 cc) de agua tibia. Agregar de a poco la harina, sal y manteca derretida, trabajando hasta formar una masa blanda; incorporar más agua tibia si fuera necesario.
  2. Colocar la masa sobre una superficie lisa enharinada y amasar durante 10 minutos o más hasta que la masa no se pegue en los dedos y esté elástica. Formar una bola, espolvorear con harina y colocar en un recipiente. Tapar y colocar en un lugar templado hasta que duplique su volumen, unos 40 minutos.
  3. En una olla o sartén profundo calentar suficiente aceite a fuego medio.
  4. Colocar la masa sobre una superficie lisa y uslerear a un grosor de 2-3 cm. Cortar pequeños triángulos o círculos de masa y con el dedo realizar pequeñas perforaciones al centro. Freír las sopaipillas en el aceite caliente hasta dorar por ambos lados.

Sopaipillas Pasadas

  1. Para la salsa, en una olla colocamos la chancaca, el agua, la canela y la cáscara de naranja. La llevamos a fuego medio y con la ayuda de una cuchara la revolvemos para ayudar a que se disuelva.
  2. Una vez que la salsa esté hirviendo agregamos la maicena disuelta en un poco de agua. Revolvemos y esperamos que hierva.
  3. Retiramos la olla del fuego y le agregamos las sopaipillas.

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