Todo comenzó con una arriesgada idea y apenas seis mil pesos en el bolsillo. En marzo de 2017, Matías Leiva Contreras, un desconocido vendedor ambulante, se propuso salir adelante tras enfrentar una deuda personal de cuatro millones de pesos. Con el firme propósito de "parar la olla", se dirigió a un supermercado y compró los insumos básicos: harina, levadura, queso y jamón.

El nacimiento de un negocio viral
La primera jornada fue un reto de superación personal. Matías recuerda haber salido a la calle con toda la vergüenza que ello significaba, incluso intentó convencer a su amigo Sebastián, quien inicialmente no le creyó. Aquella mañana llegó al centro a eso de las 7:30 horas y, aunque en un comienzo estaba asustado, logró vender sus 12 primeros panes. La rutina se repitió al día siguiente con 18 unidades, y el crecimiento fue exponencial: 24, 50 y así sucesivamente hasta alcanzar la producción de miles de unidades diarias.
Así nació La Insolencia, una empresa que llegó a dar trabajo a una treintena de personas, a quienes Matías llamaba cariñosamente sus "insolentes". El equipo estaba conformado por inmigrantes y estudiantes que encontraron en este proyecto una fuente de ingresos estable. Para marcar la diferencia en el mercado, el emprendedor sumó ingredientes gourmet como lechuga, champiñones y diversas cremas, elevando la calidad del producto tradicional.
La fama y el declive: El peso de la burocracia
Tras su aparición en programas de televisión como Bienvenidos y reportajes en diversos medios de comunicación, su historia se volvió viral. Sin embargo, con la fama llegaron los problemas. El municipio de Santiago se encontraba implementando un plan de "Comercio Justo" y, a pesar de haber postulado a permisos, la realidad se volvió insostenible. Los inspectores municipales comenzaron a cursar multas constantes.
El vendedor acumuló un total de 100 millones de pesos en multas. Matías relata con dolor cómo requisaban sus canastos de panes para luego rematarlos, un proceso que terminó por desmantelar su sueño. "Perdíamos los canastos con los panes, pero nos volvíamos a levantar, y nos volvían a multar y a quitar todo", explicó sobre la lucha constante por intentar formalizar su labor en un sistema que, según su visión, no contempla soluciones ágiles para el comercio ambulante que busca trabajar dignamente.
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Aprendizajes y deseos de resurgir
A pesar de las dificultades y el cierre de la etapa dorada de La Insolencia en agosto de 2017, Matías Leiva no se arrepiente de lo vivido. Afirma que logró generar puestos de trabajo e inspirar a otros a emprender. Actualmente, continúa trabajando de manera independiente en las cercanías del metro Bellas Artes, manteniendo intactas sus ganas de volver a surgir.
Su sueño sigue siendo obtener el apoyo necesario, ya sea a través de un local establecido o un carro con los permisos correspondientes, para seguir ofreciendo sus productos de forma regular. Su historia sirve como recordatorio de que, en medio de la crisis, siempre surgen oportunidades para aquellos dispuestos a trabajar con perseverancia y creatividad, incluso cuando el sistema presenta barreras complejas.