De todas las tendencias clave que conviven este otoño/invierno, destacamos la presencia del color y la vuelta de los estampados más clásicos. Estampados que, como el tartán escocés, llevan años encasillados en un fondo de armario básico y que, sin embargo, esta temporada adquieren una importancia superior. Es por eso que, en honor a este distintivo patrón, se hace necesario rendir tributo a sus orígenes, a su evolución y a su posterior adaptación a la pasarela y el street style.
Este artículo propone un viaje en el tiempo y la geografía del estampado de cuadros: cómo surgieron, qué representan, cómo se han usado en la moda y por qué siguen tan vigentes. Quienes deseen conocer la verdadera historia que rodea a uno de los motivos más rompedores deberán remontarse a la Escocia de principios del siglo XVI y, además, indagar en la popularidad que este ganó en manos de diseñadoras del calibre de Vivienne Westwood a finales de la década de los 70.
¿Qué es el Tartán? Un Tejido con Identidad Propia
Si piensas en estampados de invierno, seguramente "los cuadros escoceses" sean de los primeros en venirte a la cabeza. Sin embargo, y de la misma forma que llamarlos así es poco riguroso y desacertado, originalmente no son un estampado, sino un tejido milenario. El tartán (tartan en inglés, breacan en gaélico) no es un diseño ni un patrón como podemos pensar desde ojos desconocedores de la moda, sino una forma de tejido. Esta diferenciación es importante dentro del mundo de lo artesanal y de la confección.
El tartán es una forma de tejer que da lugar a una tela, tradicionalmente de lana dado que se llevaba por parte de los highlanders (escoceses de las Tierras Altas) en zonas muy frías y húmedas donde se necesitaban prendas que preservaran el calor. Se realiza por un proceso muy sencillo de cruzar trama y urdimbre, que son los hilos que se colocan en un telar, siendo la urdimbre el conjunto de hilos que van en el sentido vertical y la trama los que van en un sentido horizontal. El tartán sigue un proceso muy sencillo de dos hilos de urdimbre por dos de trama que crea un tejido resistente y con la misma flexibilidad en todas sus direcciones.
Sobre esta base de dos por dos, el hilo se entrecruza con una única hebra, lo que da lugar a ciertos ángulos a 45 grados visibles cuando te acercas a observar un tejido. Estos ángulos y la combinación de los diferentes colores en patrones repetitivos es lo que da lugar a la imagen característica del tartán. En el mundo actual se habla del plaid, pero la diferencia con el tartán tiene que ver con este tejido versus diseño, ya que el plaid adopta la imagen visual del tartán sin crear este tipo de tejido y sin estos ángulos visibles. Se compone tradicionalmente de bandas alternadas de hilos teñidos de lana y tejidos como urdimbre y trama en ángulo recto entre sí.

Orígenes Ancestrales y la Cultura Gaélica
El primer registro que se tiene de este legendario tejido de lana es de entre los años 3 y 4 dC. Este patrón no era otra cosa que el resultado del entrelazado de la lana (previamente teñida) en diferentes colores. En su forma original, el tartán era en realidad una manta que los highlanders usaban para resguardarse del frío. Un poco más tarde, en el siglo XVIII, este derivó en lo que hoy conocemos como 'kilt', una falda clave en el armario masculino en Escocia desde ese momento.
El tartán es importante en tanto a que se encontraba (y se encuentra) ligado a diferentes clanes. Una persona no llevaba el tartán que fuera de su agrado, sino que llevaba aquel que era el identificador de su clan, de su familia y linaje. En Escocia, el tartán se asociaba tradicionalmente a áreas concretas, antes que a familias, ya que su producción dependía de los recursos presentes en cada región. Dado que los tintes químicos no existían, los artesanos de cada región conseguían sus propios patrones a partir de los medios y recursos locales disponibles. Es decir, que el dibujo y los colores resultantes eran producto de tintes naturales disponibles en cada área y, por lo tanto, no pertenecían a una sola familia, sino a un pueblo, aldea o distrito concreto. En la segunda mitad del siglo XIX esto cambió y, para ese momento, el tartán ya sí estaba directamente relacionado con familias y clanes.
El tartán se asocia a lo escocés y lo gaélico, si bien los restos de tartán más antiguos que se conocen datan de hace 3000 años y se encontraron en Sinkiang, China, al sudeste de Kazajistán. Las diferentes formas de tartán se suceden a lo largo de varios milenios y siglos en zonas diferentes de Eurasia, ligados a momias y enterramientos, si bien estos tartanes eran más bien sencillos. La forma elaborada de la que hablamos hoy en día cuando hablamos de tartán per se, se comienza a encontrar a partir del siglo XVI en las Tierras Altas de Escocia. En 2007, Escocia creó el Registro Nacional de Tartanes, que recopila oficialmente miles de patrones, muchos de ellos aún ligados a familias, regimientos o instituciones.

Prohibición y Resurgimiento: Un Símbolo de Resistencia
La historia del tartán está profundamente ligada a la identidad escocesa y a conflictos bélicos. Entre el siglo XVII y 1745, un movimiento jacobita se conformó entre las Tierras Altas buscando reinstaurar una nueva Casa de Estuardo. Charles Edward Stuart, también conocido como Bonnie Prince Charlie, lideró un movimiento de clanes rebeldes, perfectamente identificados por sus tartanes, hacia Inglaterra con la idea de volver a tomar el poder de Escocia. Tras varias décadas de rebelión, en 1745, todo el movimiento rebelde cayó en la Batalla de Culloden. Esta pérdida bélica daría lugar a un cambio drástico en la historia del tartán. La monarquía reinante, buscando evitar una nueva rebelión y asimilar la Escocia rebelde, especialmente el norte, comenzó a tomar medidas de represión.
El "Dress Act" de 1746 y sus Consecuencias
En 1746, el Dress Act, acordado en el parlamento de forma urgente, prohibió el uso de la vestimenta tradicional de las Highlands. Sin embargo, uno de "los mayores malentendidos" es que el tartán estaba "prohibido per se" en lugar de sólo algunos estampados. La ley prohibía ciertas prendas: la phillabeg (el pequeño kilt, la prenda de diario), los trews (los calcetines altos) y los abrigos con estampado de tartán. Solo se permitió el uso del tartán en uniformes para oficiales y soldados del ejército. La idea fue, a través de la modificación de la forma de vestir, hacerles olvidar que una vez fueron diferentes. Las prohibiciones se unificaron por parte del gobierno británico en 1747 en el Act of Proscription, que formaliza la prohibición del año anterior y además prohíbe tocar la gaita y hablar gaélico bajo pena de muerte, prohíbe tener armas, y arrincona no solo a la prenda, sino también el idioma identitario de la zona. Dicha ley estuvo en vigor hasta 1782, año en que por fin fue derogada. La derogación de la prohibición en 1782 cambió el tartán para siempre y marcó su renacer. En ese momento, volvió a convertirse en símbolo nacional, ahora como símbolo de resistencia.

La Diáspora y el Surgimiento del "Plaid"
La batalla en Culloden y la consiguiente limpieza étnica que sufren las Tierras Altas hizo que se creara una emigración en masa de miembros de estos clanes a colonias en América, Australia y Nueva Zelanda, y el polémico tartán viajó con ellos. Estados Unidos recibió el tartán y lo transformó en el plaid, ideal para sus trabajadores. Para 1850 la casa Woolrich creó el Buffalo plaid pattern basado en el tartán del clan MacQueen, representativo desde entonces de los trabajadores de la madera. Este tipo de cuadros grandes en rojo y negro se convirtió en emblema del hombre rudo de la frontera: leñadores, granjeros, trabajadores rurales.
De Símbolo Nacional a Emblema Real y de la Alta Sociedad
Para la llegada del siglo XIX, los tartanes ya asociaban a las personas con diferentes regiones y distritos a lo largo del país. Sin embargo, en Inglaterra, tras el levantamiento de la prohibición de las prendas en 1782, las casas reales comenzaron a utilizarlo para intentar conseguir una unidad cultural con Escocia. Esto no caló bien en el norte, donde los escoceses lo consideraron una banalización de su historia, usando el término tartanry para denominar el fenómeno de moda que se daría a lo largo del siglo XIX, por el que el tartán se volvió el furor del momento, pero desprovisto de toda historia y significancia política y cultural.
La Era Victoriana y Eduardiana: El Tartán en la Realeza
Durante los reinados de Victoria y, posteriormente, de su hijo Eduardo VII, el tartán escocés pasó de ser símbolo exclusivo de familias y clanes a formar parte también del armario femenino. Si bien las mujeres escocesas seguían luciendo el que correspondía con su familia, clan o distrito, el resto de Reino Unido se apropió del mismo, sin distinción de colores y patrones. No tardó en convertirse también en símbolo 'royal', gracias al gusto de la familia real británica por dicho tejido highlander.
De hecho, el Príncipe Albert (marido de la Reina Victoria) mandó diseñar su propio tartán, uno con el nombre de su castillo en las Tierras Altas (el cual todavía es residencia oficial de la corona británica) y al que llamó 'Balmoral Tartan'. La reina Victoria y su marido Alberto adquirieron el castillo de Balmoral en las Highlands escocesas en 1848, abrazando la idea de pasar un tiempo en las saludables tierras altas a imitación del estilo de los grandes barones escoceses. El príncipe supervisó personalmente la decoración interior, haciendo un gran uso del tartán. La última vez que vimos a un miembro de la realeza lucirlo fue, precisamente, a la reina Isabel II, días antes de su fallecimiento, en una falda con el patrón asociado al Balmoral y, por lo tanto, a la corona. Desde entonces, el código de colores del tartán Balmoral solo puede ser utilizado por miembros de la familia real británica, mientras que el Royal Stewart es el oficial de la Casa Real de Escocia.

El Tartán "Príncipe de Gales" y Otros de la Monarquía
Este patrón grisáceo con líneas rojas, obra del Príncipe Albert, no es el único tartán de origen escocés que la corona británica ha hecho suyo. El estampado 'Príncipe de Gales' (también llamado Glen Plaid), que nació como una variación más discreta del tartán, fue popularizado por Eduardo VIII en los años 20, cuando aún era Príncipe de Gales. Sus trajes en este estampado marcaron tendencia y lo asociaron a la aristocracia británica. Es un tartán compuesto por cuadros grises, negros y blancos, a veces cruzados por una línea fina en rojo o azul, mucho menos llamativo que los tartanes multicolor. En realidad, este tipo de tartán fue creado por la Condesa de Seafield, Caroline Stuart, y pertenecía al valle de Glen Urquhart hasta que Eduardo VIII lo popularizó. Además de este, hay otro tipo de tartán directamente asociado a la monarquía británica y es el denominado 'Royal Stewart Tartan'. Este es, de hecho, uno de los más famosos y que la corona británica actual lleva sin parar desde hace años. La actual Princesa de Gales, Kate Middleton, se ha convertido en una de sus más reconocidas embajadoras.

De Emblema Real a Símbolo Contracultural: La Era Punk
Dada su fuerte asociación con la monarquía británica, y al aire de exclusividad que este empezó a inspirar, los jóvenes descontentos con la clase dominante decidieron apropiarse del mismo. Tanto es así que desde finales de los años 70, y hasta el principio de los 2000, el tartán escocés pasó a ser un símbolo punk. O, lo que es lo mismo, el símbolo antisistema que no gustó nada a la monarquía en Gran Bretaña. Vivienne Westwood y los Sex Pistols comenzaron a utilizar el tartán con tintes políticos, toda la estética y cultura punk miró a Escocia y comenzó a entender la historia del tartán.
Su legado histórico de emblema libertario fue lo que hizo que el movimiento punk adoptase el tartán como escudo de su filosofía antisistema, como pudo verse en la gala de la MET de Nueva York Punk: Chaos to Couture, en mayo de 2013 y en la exposición consiguiente. "El tartán es uno de los estampados más iconoclastas que existen, y todo ello se debe a su historia. Se convirtió en estandarte de libertad". Mientras tanto, y en contraposición con este hecho, la Princesa Diana era una de sus más fieles embajadoras. Lo llevó de mil y una formas (no solo el 'Royal Stewart Tartan') durante toda su vida. Ella es una de las responsables de que hoy el tartán escocés sea un tejido de lo más preciado por los diseñadores y de lo más codiciado en el street style.

LA CAPITALIZACIÓN de LA ESTÉTICA PUNK
El Tartán en la Moda Contemporánea
A día de hoy el tartán no solo lo podemos ver en cualquier ceremonia escocesa, sino también sobre la pasarela. Son muchos los diseñadores que, inspirados por su historia, lo han incluido (y lo seguirán incluyendo) en sus colecciones. El siglo XX en su mayor parte dio la espalda a la confección artesanal del tartán, permitiendo que continuara la moda del plaid americano, hasta la llegada de los punks en los 70. Hoy, visto tanto en firmas low cost como de Alta Costura, el tartán se ha convertido en un estampado indispensable, esencialmente en la temporada otoño/invierno.
Diseñadores Emblemáticos y Reinterpretaciones
Destacan nombres como Vivienne Westwood, Burberry o Alexander McQueen. Estos dos últimos cuentan, de hecho, con su propio patrón. En el caso de Burberry, se trata de una reinterpretación del icónico tartán llamado 'Pride Of Scotland'. Durante la Primera Guerra Mundial, Burberry imprime su particular tartán beige, negro, rojo y blanco en el interior de los trench que llevaban los altos rangos del ejército británico. En lo que al de McQueen respecta, el diseñador apostó por el tejido perteneciente al clan de su familia, residente en la concurrida Isla de Skye.
En 1995 Alexander McQueen tiró de su propia historia para reivindicar la historia de los clanes. Hijo de un taxista escocés y una profesora de ciencias, fue conocido por su rebeldía. Creó un desfile de moda (su sexto desfile) al que puso el inequívoco nombre de Highland Rape, en el que el tartán de la casa MacQueen tomó el protagonismo. El estilo del show fue bélico en todos sus aspectos, con prendas rasgadas y sangre falsa incluidas. Cuando algunos medios del momento intentaron denunciar misoginia en el show, McQueen decidió ser aún más claro con su idea afirmando que el show representaba "la violación a Escocia por parte de Inglaterra". 250 años después de la batalla de Culloden y la "prohibición" del tartán, aún existía un diseñador de moda reivindicando la pérdida. La colección de McQueen fue recogida en una exhibición póstuma de 2015 titulada Savage Beauty. Otros diseñadores a principios del siglo XXI le dan un nuevo protagonismo, no solo en su versión de lana, sino también algodón.

Tendencias Actuales y Presencia Global
Gracias a la herencia de este histórico tejido escocés, y a la repercusión que los diseñadores han fomentado, hoy el tartán es uno de los estampados más populares del street style y forma parte de infinidad de colecciones de lujo y low cost. Lo cierto es que nos hallamos frente a uno de los estampados más versátiles, pues, a día de hoy, el tartán tiene cabida en estilos, a priori, extremadamente opuestos, como lo son el preppy de los años 50 y 60 y el grunge de los 90. Sin embargo, a pesar de las claras reminiscencias a las épocas pasadas mencionadas que se observan en el street style, el estampado se presenta, este año, de forma renovada con nuevas tonalidades y patrones.
Dior nos propone, de cara al próximo otoño, lucirlo en pantalones de corte recto, con el cuero negro como segundo protagonista, con un top y 'bucket hat' a juego. También se ha visto en botines, de color blanco y negro para completar looks total denim. Ralph Lauren, por su parte, lo propone con efecto lamé y Chanel lo hace con profusión de rojo intenso. Eñaut Barruetabeña, ganador del premio al diseño emergente de la 080 Barcelona Fashion en 2019, lo utiliza en abrigos en su tradicional paleta cromática de grises, verdes y negros. Desde Asturias, Cyrana apuesta firmemente por esta misma línea con trajes de patronaje exquisito. El tartán también ha invadido el panorama de los accesorios, en este caso rindiendo homenaje al estilo college o preppy. Laia Alen, cuyos bolsos han conquistado a it-girls y aristócratas, también ha apostado por este estampado en hatillos con lentejuelas.
Desde las recientes colecciones de Saint Laurent y Kenzo hasta las vanguardistas boutiques de Harajuku (Tokio), el tartán está omnipresente en la pasarela, la calle y la pantalla. No es sólo un símbolo escocés: el tartán de la hoja de arce es un símbolo nacional oficial de Canadá. Para mucha gente, un brillante rayo de tartán personifica a Escocia, evocando brumosas cañadas llenas de brezo y gaiteros. "Lo amamos y lo odiamos a partes iguales", dice Mhairi Maxwell, conservadora del V&A Dundee. Una gran exposición de arte en el V&A de Dundee, que se inaugurará en abril, tratará de desentrañar la historia y las contradicciones de este tejido a través de vestidos de Chanel, grabados escultóricos de Donald Judd y tejidos shuka de África oriental. Empresas como Prickly Thistle, que se describe como "rebeldes del tartán", buscan la sostenibilidad con prendas a medida pensadas para durar para siempre.

La Cuadrícula Infinita: Distinguiendo el Tartán de Otros Estampados de Cuadros
Los cuadros han acompañado a la humanidad desde hace milenios y son el estampado más democrático y transversal de la historia de la moda. Sin embargo, es fundamental recordar que no todos los estampados de cuadros son tartán. Decir "camisa de cuadros" es quedarse corto: no hablamos de un solo tipo, sino de decenas de variaciones que nacieron en distintos lugares y épocas. Cada una con un simbolismo propio, un trasfondo histórico y una identidad cultural. Lo fascinante es que, aunque todos parten de la misma idea -líneas cruzadas-, cada variante tiene su propia voz.
El Vichy nunca será un tartán, ni el Buffalo un príncipe de Gales. Cada uno habla de un lugar, una época y un estilo de vida. Un Vichy/Gingham, por ejemplo, es un patrón bicolor regular popularizado en Francia. El estampado Príncipe de Gales, aunque similar, es una variación más discreta del tartán, con cuadros grises, negros y blancos, a veces con una línea fina en rojo o azul. La Pata de Gallo (houndstooth en inglés), con su patrón bicolor con forma dentada, ha sido un símbolo de elegancia en la alta costura.
El Windowpane se caracteriza por líneas finas que forman cuadros grandes sobre un fondo liso. El Tattersall, con sus líneas finas en distintos colores sobre fondo claro, crea cuadros pequeños y regulares. Y el Buffalo Check, con sus grandes cuadros rojos y negros, se convirtió en emblema del leñador americano. "No hay que confundirse, el tartán no es cualquier estampado de cuadros", enfatiza un texto especializado. "Se trata de una tela que se construye con rayas verticales y horizontales en diferentes tonos para formar un patrón de cuadros, repetido sobre un fondo de color. El patrón de rayas entretejidas se conoce como sett". Esta distinción subraya la riqueza y especificidad del tartán dentro del vasto universo de los estampados a cuadros.

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