El lector que se aventure a recorrer esta historia será desafiado a superar aquel malestar estomacal que sobresalta a algunos hablantes, cada vez que son perturbados por la incómoda sonoridad de palabras socialmente recluidas, de la talla de ganarse. Estimado lector, si es ese su caso, la recomendación de los médicos de la lengua es que solicite cuanto antes la vacuna lingüística contra el virus del purismo.
Habrá quienes aboguen por la imposibilidad de contar la historia de un término inexistente, bajo el pretexto de no hallarse consignado en el Diccionario de la Lengua Española (DLE), pero pensemos un momento: tras encontrar en el campo algún insecto que un manual de entomología no incluye, ¿acaso podría alguien poner en duda su existencia? Lo cierto es que este bicho se ganó en nuestras latitudes y ya lleva pululando unos 250 años -desde tiempos de la Colonia-.
Hasta donde tenemos noticia, sus primeras huellas registradas se sitúan en un documento jurídico de la segunda mitad del siglo XVIII, adscrito a la Capitanía General de Chile. En el archivo, se documenta una acusación en contra de Francisco Valenzuela y Francisco Barraza, y una petición para revocar su excarcelación.
La Lingüística Histórica y la Evolución de "Ganarse"
¿Cómo es que ganarse llegó a significar ‘ponerse’ o ‘situarse’? Este tipo de preguntas son abordadas por la lingüística histórica, una disciplina detectivesca que reconstruye las trayectorias temporales de las palabras y sus combinaciones, a partir de la indagación en manuscritos y textos del pasado.
En cuanto al primer set de cambios, los textos revelan que todo comenzó con la posibilidad -aún vigente- de expresar ganar con el significado de ‘conquistar’. Este primer brote emergió por el siglo XIII -o incluso antes- en ámbitos bélicos, es decir, en textos de contenidos temáticos militares, como las crónicas. En efecto, en la Edad Media abundaban las expresiones del tipo “el Rey Don Fernando ganó a Sevilla” o “Don Alonso ganó a Toledo”.
Es de notar que ambas transformaciones fueron accionadas por asociaciones metonímicas, es decir, como cuando equiparamos dos conceptos sobre la base de un solo punto de similitud. Dicho en buen chileno, es lo mismo que ocurre cuando asociamos una embarrada de barro literal con una de barro conceptual, o sea, cuando definitivamente la embarramos. En el caso de ganar, como en tiempos pretéritos ganar batallas implicaba conquistar un territorio, los hablantes legitimaron el uso de ganar con dicho valor.
En un siguiente eslabón, dado que conquistar un territorio suponía, en muchos casos, refugiarse en él, las milicias estimaron comunicativamente oportuno valerse de expresiones del tipo: se ganaron al fuerte o al malal.
La Cadena de Cambios Gramaticales
En seguida, hay toda una cadena de cambios gramaticales que harían vibrar al mismísimo Chomsky. Primero, está la aparición del pronombre átono que acompaña a toda la conjugación (me gané, te ganaste, se ganó, etc.). Segundo, de ganarnos a la cama -en la primera mitad del siglo XX-, pasamos a ganarnos en la cama -hacia la segunda mitad-.
No se dice “gánate aquí”; se dice “ponte aquí” o “colócate”, como dirían los más siúticos. Tal es la clásica censura de quienes se alarman por una supuesta corrupción en el idioma. Sin embargo, en el universo de las palabras, no hay algo así como un antagonismo entre el verbo ponerse, el protagonista de pura estirpe latina, y ganarse, el villano suplantador engendrado en los suburbios. Al contrario, en virtud de la sinonimia entre ambos verbos, ponerse ha tirado aún más de la cuerda al punto de transferirle a ganarse más de sus roles sintácticos.
En concreto, desde la década del cuarenta al menos, los hablantes han imitado construcciones verbales en las que ponerse funciona como auxiliar. Es lo que pasa cuando alguien dice “se puso a vender libros” y que, en la variedad chilena, es replicado como “se ganó a vender libros”.
Más recientemente, se registran usos de ganar con significado de locación sin la necesidad de acuñar el pronombre monosílabo que refleja el sujeto oracional, es decir, casos del tipo “el libro, gánalo en este lugar”, por analogía con “ponlo en este lugar”. Y aunque no ha sido fotografiado aún, se rumorea que el bicho podría aparecer también bajo ropajes del tipo “lo gané a jugar como delantero”, por influjo de “lo puse a jugar”.

El Debate sobre "Ganarse" y la RAE
Ante el dilema ganarse/ponerse, Manuel Antonio Román, diccionarista del siglo XX, no lo pensaría dos veces: diría “que no podemos menos de condenar” el uso de ganarse. Sin embargo, ¿bajo qué delito lingüístico condenaremos a este bicho? ¿Cambio semántico? ¿Cambio gramatical?
Esta historia de confusiones partió con el tweet de un usuario chileno del 28 de diciembre: "Conocidos y desconocidos, repitan conmigo, la expresión 'gánese acá' con el supuesto significado de 'acomódese acá' es incorrecta". El comentario etiquetaba al Ministerio de Educación y a la Real Academia Española, que a los pocos días contestó: "El Diccionario de americanismos registra los siguientes usos chilenos de 'ganarse': 'llegarse, acercarse a un sitio' y 'situarse, encontrarse en un lugar'".
Otra de las tantas cuentas que adhirió a la improvisada discusión, replicó: "Importante sería saber cómo se generó la necesidad o requerimiento de incluir este término en la RAE. De español no tiene nada".
Desde su escritorio, otra tuitera empedernida siguió de cerca los dimes y diretes entre usuarios y la cuenta oficial de la institución española: la ensayista chilena y recientemente electa como la primera directora de la Academia Chilena de la Lengua, Adriana Valdés (1943). A esas alturas, el hecho se había vuelto noticia: "RAE confirma que acepta chilenismo 'ganarse' en el diccionario oficial", titularon algunos medios.
La Perspectiva de Adriana Valdés sobre los Diccionarios
A horas de asumir este martes el cargo que dejará Alfredo Matus, Valdés cuenta que prefirió guardar silencio y no seguir el hilo de la discusión. "Hay un problema bastante grande con la comprensión de las personas. El Diccionario de americanismos no es de la RAE, sino de la Asociación de Academias de la Lengua Española", explica. "Muchos creen que incorporar palabras a este u otros diccionarios significa necesariamente recomendar sus usos, y no es así. Tanto el Diccionario de americanismos como el Diccionario de uso del español en Chile, que fue hecho por la Academia Chilena, constata la existencia de ciertas expresiones e indica si son populares o si pertenecen al registro formal. Los diccionarios no expresan una policía, sino un registro del idioma", agrega.
De "Chanta" a "Perrear": La Riqueza de los Chilenismos
Publicado en 2010 y actualizado periódicamente en una versión online desde 2013, el Diccionario de americanismos tardó casi 20 años en ser presentado, y en él colaboraron las academias de Colombia, Ecuador, México, El Salvador, Venezuela, Perú, Guatemala y Chile. "Es un diccionario descriptivo, que carece de propósito normativo y no da pautas para 'el bien hablar o escribir'; un diccionario usual, que recoge los términos manejados con gran frecuencia de uso en la actualidad", explica la RAE en su sitio web, donde además es posible buscar entre las más de 120 mil acepciones recogidas desde el siglo XIX y que actualmente abarcan desde los Estados Unidos hasta Chile.
Y es que dicen que para entender cómo hablan los chilenos habría que imprimir cuantos diccionarios sea posible. Y el de americanismos cumple con esa labor: del total de términos y expresiones, unos 30 mil son de uso local. Chilenismos, como les llaman, y los hay desde el ya mencionado "ganar(se)", a otros igual de enraizados: entre las acepciones de "echar(se)", por ejemplo, están "matar a alguien" y "echar la foca", que el mismo diccionario define como "abroncar ásperamente" y "amenazar o desafiar a alguien". También "güiña" (ladrón), "condoro" (torpeza grave y vergonzosa), "bacán", referido a "persona o cosa muy buena, estupenda, excelente", o el transversal "pelambre": "Chismorreo hecho para desacreditar a alguien".
El cotidiano "huevón" figura también en el listado, y se utiliza de manera "vulgar" para referirse a un hombre o mujer que además puede ser un amigo o amiga. "Muchas veces los jóvenes dicen que hablar bien no sirve, y siempre les digo que depende de con quién; porque si vas a hablar con tus cercanos no vas a caer demasiado bien si no dices 'huevón' a cada rato", explica Valdés. "En cambio, si vas a una entrevista de trabajo tienes que saber cuál es el registro correcto, y las anotaciones de este diccionario sirven precisamente para ubicar a las personas que lo consultan y que no saben qué sentido tiene tal o cual expresión. Y le puede pasar tanto a un inglés como a un paraguayo".
Entre los términos más recientes están "chanta", como sinónimo de estafador o algo de mala calidad; "nica", expresión que quiere decir "de ninguna manera", y "jotear", que aquí se describe como "asediar a una mujer, generalmente con insistencia". También "flaite" (referido a persona o cosa de mal gusto), "perrear" (baile entre un hombre y una mujer juntando mucho sus cuerpos y agitando ambos a la vez sus caderas), y "cachar" (darse cuenta o enterarse de algo).

Lo que este y otros diccionarios aportan, según Valdés, es "su recolección del habla popular". Y concluye: "Uno podría encontrar expresiones como estas en una décima, por ejemplo, y es interesante que eso se registre para completar la información, pues podría entorpecer dicha lectura. Y como trabajo investigativo, además, es una joya que exista".
El "Poroto" en el Contexto Lingüístico y Cultural
Profundizando en el significado de "Poroto, ta": La palabra "poroto", con su variante afectiva "porotito" y el sufijo chileno "ta", posee una rica historia y múltiples significados, especialmente en América del Sur, particularmente en Chile y otras regiones. Su origen se remonta al quechua purutu, que designa a la judía o frijol.
Del Quechua a Chile: Un Viaje Lingüístico
El vocablo quechua purutu se extendió por el Imperio Inca y se arraigó en diversas lenguas derivadas o influenciadas por él. En Chile, "poroto" adquirió nuevos matices semánticos, trascendiendo su significado original como legumbre.
Significados y Usos del "Poroto"
- Niño/a (Chile): En Chile, "poroto" o "porotita" es una forma coloquial y cariñosa de referirse a un niño o niña. Es un término afectivo, similar a "pequeño/a" o "chiquillo/a". El agregado del sufijo "ta", característico del habla chilena informal, refuerza aún más ese tono cariñoso. Por ejemplo: Mira a ese porotito ta, qué lindo.
- Judía (planta y semilla - América Meridional): Conserva su significado original como la planta papilionácea (Phaseolus vulgaris) y su semilla, el frijol o judía. Este uso es común en varios países de América del Sur.
- Guiso (América Meridional): También se refiere al guiso o plato preparado con frijoles. En este contexto, la expresión "apuntarse un poroto" significa lograr un acierto o éxito en alguna actividad. Es equivalente a "anotarse un punto".
- Acierto o éxito (América Meridional): La frase "apuntarse un poroto" se extiende más allá del ámbito culinario. Significa anotarse un tanto en un juego, una victoria o un logro en cualquier actividad. Por ejemplo: ¡Me apunté un poroto en el examen!
- Ganarse la vida (Chile): La expresión "ganarse los porotos" es propia de Chile y significa ganarse la vida, trabajar para subsistir. Por ejemplo: Tengo que trabajar duro para ganarme los porotos.
Contexto Histórico y Cultural del "Poroto"
La evolución semántica de "poroto" refleja la influencia del quechua en el español de América del Sur y la adaptación de la palabra a diferentes contextos culturales. Su uso como sinónimo de niño/a en Chile probablemente se deba a la asociación de la pequeña semilla con la imagen de un niño pequeño.
La expresión "ganarse los porotos", por otro lado, revela la importancia del frijol como alimento básico en la dieta de la región y su conexión con la subsistencia. El acto de conseguir frijoles se convierte en una metáfora del trabajo y el esfuerzo necesarios para sobrevivir.
En resumen, "poroto" es una palabra polifacética con un rico bagaje histórico y cultural. No obstante, el tuitero no contó con que la RAE contestaría su mensaje y menos aún que lo corregiría. En tanto, el Diccionario de americanismos fue creado en 2010 “destinado a todos los hablantes de español interesados en conocer su idioma y las diferencias existentes entre la lengua que se habla en su país y la de sus países hermanos”.
“Tiene entre sus características fundamentales las siguientes: es un diccionario descriptivo, que carece de propósito normativo y no da pautas para ‘el bien hablar o escribir’; un diccionario usual, que recoge los términos manejados con gran frecuencia de uso en la actualidad”, explica el sitio de la RAE y detalla que incluye palabras usadas desde Estados Unidos hasta nuestro país. Aún así, la RAE también reconoce un significado similar para “ganar” que dice: “Llegar al sitio o lugar que se pretende”.
Hace algunos ayeres, un periodista entrevistando a algún viandante en Buenos Aires, recibió por respuesta que tal tema era un poroto. De primera me había remitido a de mucho jaleo, pues no recordando con exactitud la palabra, me había remitido a pororó (roseta de maíz) por el ruido que arman. Sin embargo, existe la palabra poroto en DRAE, pero desconozco su acepción en el contexto que expresas, a menos que quiera decir que es una nadería, por la acepción niño por relacionarlo con niñería (2ª acepción). (D.F.A. Vocabulario rioplatense razonado Escrito por Daniel Granada, Alejandro Magariños Cervantes, Juan Valera.
Pues sirvan de estupendo adelanto tus siempre bienvenidas palabras, si más tarde algún amigo forista se reportara contándonos su parecer desde la vera del Plata. Me resulta muy divertido el dicho que pones de los porotos. Pienso que se refería esa expresión a nadería. Te mando un abrazo desde México hasta la capital del Turia, que ayer me contó mi amigo Cordova Just, de quien alguna vez hemos hablado en este querido foro, que dichosamente la visitará en Fallas llevando a su madre a ver a la parentela. ¡Le entusiasma volver a ver aquello! Saborit por su parte (que ayer recuperó su nacionalidad española por vuestra Ley de la memoria histórica), que mañana día once vuela a Valencia para bajar a Yecla, te aseguro que no quita el dedo del renglón y en su próxima visita a Yecla, seguro que se descuelga a Fallas, procurando que coincida lo uno con lo otro. A ver si torea de nuevo y les muestra su arte, que lo tiene el chiquillo.
Efectivamente, un poroto es una legumbre. Conozco la expresión "Esto no vale un poroto" para decir que no tiene ningún valor. Por otra parte, alguien "se puede apuntar un poroto", cuando hizo bien algo. ¡Che, que bueno que comentaste, Isabel! Así podemos decantarnos por lo de nadería. Te agradezco la referencia que nos pones y al igual que lo menciona nuestro amigo Roberto, me queda más claro su uso. Acaso para decirte además, que no, no te has anotado un simple y modesto poroto, sino por el contrario un tanto bien marcado. La sumaremos, con mucho gusto.