Cuando un familiar necesita una silla de ruedas, un andador o un bastón debido a algún problema de salud, es muy importante conocer la mejor manera de ayudarlo con su movilidad y seguridad. Cuidar a una persona con movilidad reducida puede ser una tarea compleja y exigente, pero también gratificante. Hay que tener en cuenta que es una situación en la que muchos de nosotros nos encontraremos en algún momento de nuestra vida. Cuando esto ocurre, es normal sentir impotencia o que la responsabilidad nos sobrepase. No debemos olvidar que, a menudo, la persona encargada de los cuidados suele tener un fuerte vínculo afectivo con la persona cuidada y que, al estrés del cambio de rutina, se suma el componente emocional.
Sin embargo, siguiendo una serie de recomendaciones, consejos y trucos, podemos llevar a cabo las tareas de cuidado de manera sencilla y eficaz mientras cuidamos, a su vez, nuestra salud física y mental. A continuación, presentamos algunas recomendaciones para ayudar a familias y personas cuidadoras no profesionales a cuidar mejor a pacientes con movilidad reducida y postrados.
Comprensión de las Necesidades Individuales
Es importante entender que cada persona es diferente y que la manera de abordar sus necesidades variará según su estado de salud. Por ejemplo, las necesidades de una persona con demencia pueden ser distintas a las de una que ha sufrido un accidente cerebral. De la misma forma, no es lo mismo tratar con una persona joven que con una persona mayor, o con un caso temporal y reversible.
Hay un gran número de causas que pueden llevar a una persona a verse en situación de dependencia. Conocer bien cuál es la problemática, cómo se manifiesta y qué necesidades de apoyo requiere será vital para poder atender a sus necesidades. Además, es difícil agrupar a todos los usuarios en silla de ruedas en el mismo grupo, ya que no todos se encuentran en ella por la misma causa, y el rango de necesidades puede ser increíblemente amplio. Por esto, debemos escuchar y comprender las necesidades del usuario al cual cuidamos, y también preguntarle qué desea y qué quiere hacer.
La personalidad de cada individuo también jugará un papel clave. Algunos tienen más reticencia en recibir ayuda, otros necesitarán más acompañamiento emocional o querrán que las cosas se hagan de una forma determinada.
Comunicación Clara y Efectiva
Una de las cosas más importantes a la hora de cuidar a una persona con movilidad reducida es mantener una comunicación clara y efectiva con ella. Siempre que el estado de salud de la persona lo permita, lo mejor será hablar con ella y preguntarle directamente qué necesidades tiene y cómo prefiere que le ayuden. Cuando la persona se siente implicada en el proceso de cuidado, es más probable que coopere y se mantenga positiva.
Hay que tener presente que estar en una situación invalidante puede llegar a ser muy frustrante. A menudo, lo mejor que se puede hacer para que la persona se sienta mejor es simplemente escucharla y tener empatía con ella. Una buena comunicación también facilitará tareas complejas y delicadas de realizar como las movilizaciones.
Equipamiento y Adaptación del Entorno

Selección de Equipamiento Adecuado
Elige la silla de ruedas adecuada. La mayoría de personas creen que todas son iguales, pero no es así. Para escoger la mejor es necesario tener en cuenta el cuerpo y las necesidades del paciente, así como el tiempo de uso que se le va a dar. Además, es necesario estar vigilando el estado de la silla de ruedas para asegurar la comodidad del paciente y que todo funciona correctamente.
Elige los accesorios adecuados. No solo es la silla de ruedas, el paciente necesita sentirse cómodo en ella. Hay diversos accesorios como el cojín ergonómico SYSTAM VISCOFLEX, fabricado en espuma viscoelástica con efecto memoria y diseñado para el máximo confort. Reduce las presiones en las zonas de mayor riesgo: sacro e isquión. El inserto está dimensionado en relación al isquión. Este cojín, además de prevenir futuras lesiones, permite una muy buena maniobrabilidad en silla de ruedas.
Hay una gran variedad de soportes técnicos disponibles para ayudar a las personas con movilidad reducida en su día a día. Estos dispositivos, como los andadores o las grúas, favorecen la comodidad del paciente y, al mismo tiempo, facilitan la labor de la persona que lo cuida. Conocerlos nos permitirá seleccionar los que mejor se adapten a las necesidades de la persona. Por ejemplo, las grúas son especialmente útiles en pacientes que carecen de ningún tipo de movilidad, mientras que para utilizar discos giratorios de transferencia, deberemos asegurarnos de que la persona puede apoyarse sobre los pies y mantener esta postura.
Adaptación del Hogar

Adapta el hogar a las necesidades de la persona. Para facilitar el cuidado del paciente, es muy recomendable que el espacio acompañe en esta tarea. Por eso, adaptar el hogar a la situación de baja movilidad de la persona ayuda a mejorar su calidad de vida. Además, puede incidir positivamente en su estado de ánimo y autoestima al ver que su cuidado se facilita, incluso al poder volver a hacer alguna cosa por sí misma.
Puede que algunos puntos de la casa precisen de cierto desembolso económico para ser adaptados, siendo el ejemplo más claro la zona del baño, pero en muchos otros casos no será así. En el dormitorio debe haber el espacio suficiente en torno a la cama para poder maniobrar sin riesgos y con facilidad.
- Inodoro de movilidad reducida: Deberá contemplar al menos un espacio de transferencia lateral y paralelo a este artefacto, de al menos 0,80 m de ancho x 1,20m de largo.
- Ducha de movilidad reducida: Un diseño cómodo de receptáculo de ducha tendrá dimensiones de 90 x 120 cm con un desnivel de 0,5 cm en el ingreso y un 2% de pendiente hacia el desagüe serán suficientes.
Técnicas de Movilización y Traslados Seguros
Cuidados enfermería. Pasar de la cama a la silla de ruedas
La movilidad es un aspecto esencial del cuidado de una persona con movilidad reducida. Hay que ayudarla a desplazarse y a realizar movimientos y cambios de posición periódicos, asegurándose de que lo hace con seguridad y sin dolor. Las movilizaciones son físicamente exigentes. Por este motivo, tener una postura y una técnica correcta será clave para evitar lesiones tanto a la persona que cuida como a la que es cuidada.
En primer lugar, es muy importante tener en cuenta que nunca debemos mover a nuestro familiar sin la ayuda de un elemento de soporte técnico, sea una grúa o un andador. Después, debemos tener muy claro cuál es la maniobra que queremos realizar y realizarla con seguridad. Por eso, va muy bien preguntarse cómo será el movimiento que debemos hacer, si es alcanzable para la persona y con qué dificultades se puede encontrar.
Al realizar la movilización, es importante que lo hagas desde los músculos de las piernas y no de la espalda. Recuerda que una lesión en esta zona podría conllevar no solo un empeoramiento de los cuidados en ese momento, sino que podría suponerte una lesión a largo plazo. Lo ideal es que conozcas tus límites en cuanto a fuerza física para que no te excedas a la hora de realizar las movilizaciones. Asimismo, al realizar las movilizaciones del paciente en silla de ruedas, recuerda despejar la habitación lo máximo posible y retirar todos los objetos que puedan obstaculizar el proceso.
Es importante explicar a la persona los pasos y movimientos que se harán y hacerla partícipe del proceso, para evitar hacerle daño ni hacernos nosotros. Para ello, explicaremos cómo nos vamos a mover, qué fuerza aplicaremos, y qué puede hacer él o ella para ayudarnos a llevar a cabo el movimiento.
Traslado de Silla de Ruedas a Cama u Otro Mobiliario (con apoyo)
Un punto bastante clave en el manejo del paciente en silla de ruedas es la ayuda que puedas aportar en el traspaso de la silla de ruedas a la cama u otro tipo de mobiliario. Tenga la silla cerca de la cama. Informe la maniobra a realizar.
- Mueva a la persona para que quede sentada en el borde de la cama. Haga este movimiento con calma y espere unos segundos en cada posición para evitar mareos.
- Ubíquese frente a la persona, inclínese flexionando sus rodillas e indíquele que rodee su espalda con sus brazos.
- Ponga sus rodillas en contacto con las de la persona, acérquese y pídale que colabore para levantarse, mientras más cerca de su cuerpo menor será el esfuerzo de su columna.
- Impulse a la persona con la fuerza de sus piernas, hacia usted y hacia arriba.
- Con movimientos pequeños giren juntos hacia la silla de ruedas.
- Flexione suavemente las rodillas de la persona para apoyarla al momento de sentarla.
- Acomódela en la silla, levántela cruzando sus brazos bajo la axila.
Movilización de Persona Postrada (entre dos personas)
- Cada persona debe ubicarse a un lado de la cama con los pies separados y las rodillas ligeramente flexionadas. Retire la ropa superior de la cama y la almohada.
- Solicítele que ponga su brazo derecho detrás del hombro derecho de la persona que ayuda y el brazo izquierdo detrás del hombro izquierdo de la otra persona que ayuda.
- Cada persona introduce un brazo por debajo del hombro de la persona cuidada y el otro debajo del muslo.
- La segunda persona desliza sus brazos a la altura y por debajo de la región glútea.
- Levántela con cuidado hasta llevarla a la posición deseada. Es preciso evitar fricciones y sacudidas repentinas o bruscas, para lo cual puede ayudarse con una sábana.
Cambios Posturales Periódicos
Hacer movilizaciones o cambios posturales periódicos, al menos cada 3-4 horas, o más a menudo dependiendo del caso, es esencial a la hora de evitar los riesgos para la salud que comporta estar demasiado rato en la misma postura. Una persona postrada no debe realizar movimientos bruscos ni intentos de incorporarse sin ayuda, ya que esto puede provocar caídas, lesiones musculares o mareos. También es importante evitar que permanezca mucho tiempo en la misma posición, que se exponga a corrientes de aire o que realice esfuerzos innecesarios.
Cuidado Diario y Bienestar
Higiene Personal

El aseo y la higiene cotidiana es esencial para la autoestima de la persona con discapacidad, que mantenga una buena higiene personal y siempre que sea posible que se asee y vista por sí mismo/a. El cuidado integral de una persona en cama implica mantener una correcta higiene. Es importante mantener una rutina diaria que incluya limpieza corporal, ventilación del espacio y cambio de ropa de cama. Limpiar su cuerpo por partes con una esponja sumergida en agua tibia jabonosa. Comenzar el lavado colocando al paciente boca arriba, y terminar girándolo boca abajo.
- El lavado de los ojos debe hacerse con una toalla o paño suave humedecido en agua, efectuando pasadas desde el lagrimal hacia el ángulo externo del ojo.
- Lavar la nariz instilando unas gotas de agua con sal o con una gasa impregnada en suero salino.
- En las personas portadoras de prótesis, retirar las dentaduras y proceder a su limpieza tras cada comida.
Escoge la ropa adecuada. Los botones y los puntos de cierre complicados no son una buena opción.
Alimentación y Medicación
La alimentación en cualquier etapa de nuestras vidas es fundamental, gracias a que de ella depende la energía y salud que tengamos en nuestro día a día. La dieta debe ser variada, rica en proteínas, vitaminas y minerales que faciliten la regeneración de los tejidos. La alimentación de una persona en cama debe ser equilibrada, variada y adaptada a sus necesidades médicas. Se recomienda ofrecer comidas fáciles de masticar y digerir, ricas en proteínas, vitaminas y fibra. Es importante mantener una correcta hidratación.
El paciente no debe acostarse inmediatamente después de comer, con el fin de evitar reflujos de jugo gástrico. Al alimentar al adulto mayor, es crucial hacerlo con el torso ligeramente incorporado, dejándolo en esa posición al menos 30 minutos después de comer para evitar atragantamientos o reflujo.
En cuanto a la medicación, es vital saber por qué se necesita un tipo de medicamento y conocer los posibles efectos secundarios. El objetivo del cuidador es asegurar que tome los medicamentos de modo correcto y siempre que sea posible, permitir que los tome por sí mismo. Algunos medicamentos, tratamientos y la inmovilidad en general pueden acarrear efectos secundarios físicos.
Prevención de Úlceras por Presión y Cuidado de la Piel
Las úlceras por presión son una de las complicaciones más frecuentes en personas en cama, tanto adultos mayores como personas con poca movilidad. Para prevenirlas, es fundamental cambiar de posición cada dos o tres horas, mantener la piel limpia y seca, hidratarla adecuadamente y revisar zonas de riesgo como talones, espalda, caderas y codos. Una atención constante puede evitar heridas dolorosas y complicaciones mayores. Mantener la piel limpia, seca y bien hidratada también ayudará a evitar ese tipo de lesiones. Y, si es necesario, también se pueden utilizar colchones y almohadas especiales.
Por lógica, todos nos aplicamos crema solar en el rostro, el cuello o los brazos, pero, para una persona en silla de ruedas, lo más importante de proteger son sus piernas. Lo mejor es cubrir esta parte del cuerpo con una manta. Recuerda que al estar sentada en una silla, el sol incide directamente en su cuerpo. Así pues, en verano se le debe poner crema solar frecuentemente en todas las partes del cuerpo visibles, en especial la cara, los brazos y las piernas. En invierno, el clima también incide directamente en las piernas de la paciente.
Contar con productos adecuados facilita enormemente la labor del cuidador y mejora la comodidad del adulto mayor. Los pañales TENA Slip Ultra Protect y TENA Slip Nocturno ofrecen alta absorción y ajuste seguro para personas con movilidad reducida, ayudando a mantener la piel seca por más tiempo. Para la higiene diaria, las toallas húmedas TENA, indicadas para piel de la zona íntima, permiten una limpieza suave sin necesidad de enjuague, mientras que los predoblados TENA son ideales para proteger superficies y realizar cambios de forma práctica e higiénica.
Promoción de la Autonomía y el Bienestar Emocional
Aunque la persona que tengas a tu cargo esté en cama, el movimiento sigue siendo esencial; no solo para su cuerpo sino también para su mente. Los ejercicios pasivos y suaves ayudan a mejorar la circulación, prevenir la rigidez articular y reducir el riesgo de trombosis. Movilizar brazos, piernas, pies y manos, siempre con cuidado y sin causar dolor, contribuye a mantener la funcionalidad del cuerpo y el bienestar general del adulto mayor.
Los juegos y el ejercicio físico de forma regular son la clave básica de un desarrollo y envejecimiento saludable. Caminar. Además, estas y otras actividades son muy útiles para mejorar la salud funcional, ya que reduce los riesgos de fracturas y caídas, por lo que las funciones cognitivas se mantienen en mejor estado.
El objetivo último de los cuidados es que la persona se sienta bien tanto física como emocionalmente. Por ello, si tenemos la oportunidad, tendremos que hacer que el paciente en silla de ruedas se sienta lo menos dependiente posible del cuidador. Una de las mejores maneras de conseguir esto será adaptar el hogar lo máximo posible para sus necesidades.
Precisamente, la promoción de la autonomía debería ser una prioridad a la hora de enfocar la atención al paciente. Es fundamental que, mientras puedan, se hagan las cosas ellos mismos, aunque sean acciones aparentemente muy sencillas, como ponerse el pantalón o lavarse parte del cuerpo. Si no llegan solos, llegarán con ayuda de la persona cuidadora. Es un trabajo en equipo.
Es importante proporcionar a la persona oportunidades para disfrutar de su tiempo libre y realizar actividades que le gusten. Realizar actividades cotidianas ayuda mucho a la persona a mantenerse positiva y a sentirse más independiente. Dentro del mundo de las tareas de cuidados algunas de las labores más habituales están relacionadas con el paciente en silla de ruedas. Dadas las particularidades de estos casos, conviene destacar algunos aspectos en torno a la movilidad y la seguridad no solo del propio paciente en silla de ruedas, sino también del cuidador.
Otra de esas dimensiones en las que hay que reparar es la parte de los paseos con el paciente en silla de ruedas. Son fundamentales y seguir estas indicaciones los harán más cómodos para la persona. En primer lugar, debes tener en cuenta la comodidad de la persona. Asimismo, es importante que cuides aspectos como la ropa de abrigo o la protección frente al sol. Ello es debido a que el paciente en silla de ruedas estará más expuesto al frío o al calor que una persona que vaya caminando. Además, también tendrás que tener en cuenta el material con el que esté hecha la silla de ruedas a la hora de ajustar el nivel de comodidad en base a la temperatura.
Para mejorar el estado emocional de la persona dependiente, lo mejor será escuchar sus inquietudes y frustraciones, y tratar de proponer soluciones que pueda haber pasado por alto. Recuerda que animar no consiste en afirmar que todo va bien o “que no esté triste”, lo ideal es reconocer las dificultades asociadas a su situación y tratar de animar a alcanzar cierto margen de mejora.
El Rol del Cuidador y su Bienestar
El acompañamiento del cuidador es fundamental para garantizar seguridad en cada movimiento. Debes estar preparado para responder la llamada del paciente las 24 horas. Un usuario en silla de ruedas o una persona postrada puede necesitar tu ayuda en cualquier momento del día o de la noche.
Cuando proporcionas cuidados a alguna persona, debes tener en cuenta tu propia seguridad. Si te lastimas en el proceso de cuidados, no vas a proporcionar mucha ayuda. Por último, pero no menos importante, recuerda que antes de preguntarte cómo cuidar a una persona en cama, debes de tener claro cómo te cuidarás a ti, porque, aunque el cuidado de otros está cargado de amor y vocación, también puede ser agotador. El descanso del cuidador es igual de importante para evitar el desgaste físico y emocional; dormir bien, pedir apoyo cuando sea necesario y tomarte pequeños espacios de autocuidado permite brindar una atención de mejor calidad y sostener el cuidado en el tiempo sin afectar la propia salud.
Puede ser que detectes que el trabajo de cuidado se te hace demasiado grande y te supere, ya que el paciente tiene algún tipo de demencia o problema de comunicación. Si no te sientes capaz de cuidarlo tú solo, no dudes en pedir ayuda. Las personas cercanas al paciente a menudo se sienten perdidas o desbordadas y agradecen mucho una guía profesional que les indique cómo proceder en determinadas situaciones. Si la persona que cuida en casa es como una muleta para el paciente, el profesional de la atención domiciliaria actúa como un apoyo tanto para la persona con movilidad reducida como para la que cuida de ella.
Saber cuándo pedir ayuda: aunque seguimos todas estas indicaciones, es normal no saber cómo actuar en ciertos momentos, especialmente si la situación de dependencia se ha dado de repente y no hemos tenido ocasión de prepararnos. En casos así, es recomendable contar con el soporte de una persona con formación y experiencia profesionales.