Historia y evolución del consumo de pescados y mariscos en la antigüedad

La relación entre el ser humano y el consumo de recursos marinos es una historia que abarca cientos de miles de años. Lo que hoy consideramos un manjar habitual, como el buey de mar, las cigalas o los mejillones, ha sido fundamental para la supervivencia de nuestra especie desde sus orígenes. Estudios recientes, como los realizados sobre los neandertales ibéricos, sugieren que el ser humano comenzó a consumir bivalvos hace más de 150.000 años, marcando el vestigio más antiguo de esta práctica.

Esquema arqueológico que muestra la evolución de las técnicas de recolección y pesca desde el Paleolítico hasta las primeras civilizaciones.

El consumo en la Prehistoria: Cazadores, recolectores y pescadores

La historia de la recolección y consumo de productos del mar se consolidó a principios del Paleolítico. Investigaciones en yacimientos como la cueva de la Victoria (Málaga) y la cueva de Figueira Brava (Portugal) demuestran que, hace entre 15.000 y 100.000 años, poblaciones paleolíticas ya integraban el pescado y el marisco en su dieta. En la cueva de Santimamiñe (Vizcaya), se hallaron restos que sugieren un consumo preferente de ostras, mejillones y lapas. Además, el descubrimiento de piedras planas calcinadas en dicha cueva indica que nuestros antepasados ya practicaban formas primitivas de cocina a la plancha.

El consumo de estos recursos, ricos en ácidos grasos omega-3, resultó determinante para el desarrollo cognitivo de los homínidos. Hallazgos de conchales, huesos de pescado y pinturas rupestres confirman que, a pesar de su estilo de vida nómada como cazadores-recolectores, el mar representó una fuente de alimento esencial.

Civilizaciones antiguas y el aprovechamiento del entorno

Egipto: El legado del río Nilo

Para los antiguos egipcios, el río Nilo era una fuente inagotable de riqueza. El pescado, tanto fresco como seco, constituía un alimento básico. Gracias a las escenas funerarias y papiros, conocemos la existencia de métodos y herramientas de pesca especializados que permitían abastecer a una gran parte de la población.

Israel: La dieta en tiempos bíblicos

La evidencia arqueológica en los ríos Yarkon, Jordán y el Mar de Galilea revela que los antiguos israelitas consumían variedades de agua dulce (como la tilapia) y de agua salada (como el besugo y el mero), muchas provenientes del Mediterráneo e incluso del Mar Rojo tras la Edad de Hierro. El pescado solía ser transportado al interior tras procesos de ahumado, secado o salado.

Grecia: Del mar a la mesa

Aunque la pesca no gozaba de un estatus social elevado en la Grecia clásica, autores como Opiano de Apamea dejaron constancia de esta práctica en su tratado Halieulica. En las comunidades costeras y las islas, el consumo de sardinas, anchoas y mariscos era común. Incluso existían listas de precios, como la estela de Akraiphia, donde se observa cómo el skaren (pez loro) era la opción económica frente al atún rojo, considerado un producto de lujo.

La sofisticación culinaria en Roma y el origen del sushi

En la antigua Roma, el pescado era un producto valorado y, a menudo, más caro que la carne. Los romanos desarrollaron la piscicultura en piletas de agua salada y dulce, criando especies como la morena. El salmonete se convirtió en el epítome del lujo, llegando a formar parte de recetas donde el pez se cocinaba in garo (en su propia salsa).

Mosaico romano ilustrando escenas de pesca o banquete con productos del mar.

Por otro lado, en Asia, el sushi tiene sus raíces en el nare-zushi, una técnica desarrollada en el sudeste asiático y difundida en Japón hacia el siglo VIII. Originalmente, el pescado se conservaba mediante fermentación en arroz durante meses. Con el tiempo, este plato evolucionó a través de variedades como el namanare (pescado parcialmente crudo) hasta llegar al haya-zushi en el período Edo, que permitía consumir el arroz y el pescado simultáneamente mediante el uso de vinagre.

Desafíos en la identificación de especies

A lo largo de la historia, la clasificación de los recursos marinos ha presentado dificultades. Cronistas coloniales en lugares como Chile intentaron asimilar las especies locales a las europeas, lo que generó confusiones taxonómicas. No fue hasta la llegada de estudios científicos modernos y la aplicación de nombres científicos que se pudo distinguir, por ejemplo, entre diversas variedades de congrios, corvinas o el róbalo, permitiendo un aprovechamiento más eficiente y sostenible de estos recursos.

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