La Afrodescendencia y la Construcción de la Identidad en la República Dominicana

Al escribir este texto, es imposible separar la propia experiencia de vida, pues el reconocerse afrodescendiente es el producto de años de deconstrucción ideológica. La lucha por la identidad, marcada por el cabello rizado, las burlas de compañeros o incluso la expulsión de un maestro por no llevar el pelo alaciado, son experiencias que llenan de rabia, incomodidad y tristeza. Esto llevó a probar todo tipo de peinados en la adolescencia, desde largas trenzas hasta la cabeza rapada. La necesidad de explorar la identidad personal llevó a dejar la Isla al alcanzar la mayoría de edad.

La Experiencia Personal de la Afrodescendencia

Fue en México, durante los años de universidad, donde se produjo el descubrimiento de la propia identidad como persona negra. En ese contexto, un bocadillo dulce llamado “Negrito” (ahora “Nito” por sus connotaciones racistas) presentaba en su empaque a un joven de piel clara con un gran afro, muy parecido al propio. Esta representación, asociada a la palabra “negra”, generó una profunda sorpresa y una revelación personal. Retornar al país fue el resultado de esa necesidad imperante de encontrar y reconocer aquellas raíces africanas que moldearon la identidad.

Fotografía de una mujer afrodescendiente con cabello rizado, pensativa

La Negación Histórica y Social de las Raíces Africanas

Es incuestionable que en la escuela se enseñó que los “honorables españoles” trajeron esclavos negros para trabajar la caña de azúcar, argumentando su mayor fuerza y resistencia. Las láminas de los libros de texto impactaban al mostrar a hombres y mujeres esclavizados, sometidos por una aparente “condición biológica” que los destinaba al maltrato, mientras que aquellos que se fugaban eran descritos como deleznables y horrorosos. De las negras y los negros, se dice que “heredamos algunas cosas”, de una manera fugaz e intrascendente. Constantemente se nos reitera que las negras y los negros son “las Otras, los Otros”, refiriéndose a haitianos o cocolos, pero nunca a “nosotras/nosotros”.

La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe. Presentación.

La Representación Literaria de la Afrodescendencia

La literatura nacional está poblada de ejemplos donde la mirada hacia las negras y los negros se construye desde la distancia, incluso cuando los personajes comparten circunstancias similares. Como ya lo afirmó Blas R. Jiménez: “...una República Dominicana de poesía negra escrita por blancos, que en esos textos protestan por la infravaloración social del negro”.

Análisis de "OVER" de Ramón Marrero Aristy

En la novela OVER de Ramón Marrero Aristy, los personajes dominicanos se encuentran en evidentes posiciones de poder frente al grupo de peones, mayoritariamente haitianos y cocolos. Daniel Comprés, el personaje principal, es un hombre culto que, tras ser expulsado de la casa paterna, termina trabajando en la bodega de un ingenio. Toda la novela es una crítica al sistema capitalista y neocolonial de la industria azucarera. Sin embargo, es notable la mirada de Daniel hacia los peones: una mirada a veces con lástima, a veces con asco, a veces con rabia, pero siempre desde la distancia. Lo mismo ocurre con los demás personajes dominicanos, como Dionisio, el capataz, quien es un hombre negro, y el violento policía Cleto, un jabao cibaeño. La desdicha parece perseguir a aquellos humanos de piel oscura, lo que lleva a la pregunta: ¿quién querría reconocerse con esas “Otras y Otros” nacidos para sufrir? En nuestro país, negar la afrodescendencia parece ser un acto de “autopreservación”.

Ilustración de personajes de la literatura dominicana representando figuras afrodescendientes

El Reconocimiento y la Integración de la Identidad Afrodescendiente

Entonces, ¿qué sucede cuando se sale de esta Isla y se convierte en esa “Otra u Otro” que tanto se niega? Constantemente se habla de la falta de identidad de nuestro pueblo, de una ausencia de algo que no se sabe qué es, rumiando una nostalgia de un tiempo no vivido. Es así como esa mirada externa, ajena a la antaño inquisidora, casi de manera inocente, nos sitúa en la posición de la “Otra” que negamos. Nos obliga a mirar hacia dentro y a cuestionar esa mentira, hecha verdad, que con tanto ahínco se nos inculcó. Si se le da paso a esa pregunta, si se supera la incomodidad inicial, entonces podremos hilvanar los cabos de esa África que nos devuelve el espejo, que no está escondida, sino desplayada en todo lo que somos: a algunos les toca el pelo, la piel, el cuerpo; a otras, los ritmos, los sabores; y a todas y todos, nuestra dinámica social, la risa, el “compincherío” con que sobrevivimos esta vida en medio del trópico, marcada por las desigualdades y el oprobio.

La afrodescendencia dominicana no está circunscrita a personas con cierto tipo de pelo, cierto color de piel, cierta historia familiar o cierto interés particular. Es otro constructo más de nuestra identidad nacional, al que debemos reconocer y situar en su justo lugar en nuestra historia, alejándonos de esa mirada distante que coloca toda cultura afrodescendiente en un innegable escalón inferior (folclórica). Es tan válida como las raíces hispánicas (a las que debemos colocar objetivamente fuera de pleitesía y superioridad ante las demás), tan válida como nuestras raíces aborígenes (a las que debemos de exorcizar de ese lugar de blanqueamiento), tan válida como aquellas raíces de tantos grupos migrantes de todas partes del mundo. Somos una nación diversa.

La esclavitud y el legado cultural de África en el Caribe. Presentación.

Para llegar a ser verdaderamente libres, para llenar ese vacío identitario que nos cuesta describir, pero que sentimos, debemos dar paso a ese escrutinio propio, como hace Jeannette Miller en su poema “Mi Lengua”. Debemos colocarnos en el lugar de la “Otra y el Otro”, es la única manera de convertirnos en “nosotras y nosotros”, y destruir de una vez por todas esa mirada del amo blanco que nos mantiene esclavizados a la negación.

Michelle Ricardo, Santo Domingo, 1986. Artista visual, poeta y educadora/activista social. Fue integrante del colectivo internacional de Hip Hop Quilomboarte haciendo Spoken Word. Es co-fundadora del Proyecto Anticanon y la Editorial Anticanon.

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