Este artículo se propone examinar la historia de los molinos harineros en Chile durante el periodo comprendido entre 1700 y 1845. La investigación parte de la premisa de la **gran relevancia del trigo en la economía chilena**.
El Trigo como Pilar de la Economía Chilena
Durante tres siglos, el trigo se erigió como la principal exportación de Chile. Los agricultores chilenos asumieron la crucial tarea de abastecer al virreinato del Perú, que funcionaba como el principal centro político y económico del imperio español en Sudamérica. Este fenómeno ha sido ampliamente abordado por la literatura especializada, con autores como Carmagnani, Cavieres, Ramos y Ramón y Larraín destacando su importancia.
Sin embargo, una consecuencia lógica de esta pujanza triguera, como fue el **surgimiento y desarrollo de los molinos harineros**, ha recibido una atención más acotada por parte de los historiadores. Investigaciones como las de Cubillos y Muñoz, Figueroa, Gay, Muñoz, Premat, Retamal y Urbina han comenzado a llenar este vacío, pero aún queda mucho por explorar.
El presente artículo se adentra en el estudio de los molinos chilenos en su conjunto, abarcando el periodo tradicional desde principios del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Con el objetivo de contextualizar la investigación, se toma como referencia el caso de México, un polo de desarrollo ineludible desde una perspectiva latinoamericana, si bien con las precauciones necesarias.
El Contexto Latinoamericano: México como Referente
En el virreinato de Nueva España, los molinos alcanzaron un notable nivel de desarrollo, como lo demuestran numerosos estudios especializados. La magnitud de los molinos harineros mexicanos y la vasta bibliografía generada sobre el tema contrastan significativamente con la situación del Cono Sur de América, donde los molinos tendían a ser de menor tamaño y los estudios al respecto son aún incipientes. Se anticipa que llevará tiempo cerrar esta brecha y generar investigaciones comparables sobre los molinos de Chile y Argentina.
Al igual que en otras regiones del continente, y fundamentalmente en Nueva España, los molinos chilenos desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de la agricultura del trigo, la elaboración de la harina y, de manera primordial, en la **fabricación del pan cotidiano**.
Este artículo busca responder a interrogantes fundamentales: **¿cómo y cuántos eran los molinos de Chile?, ¿dónde se ubicaban? y ¿cuáles fueron sus implicaciones sociales y culturales?**

Fuentes y Metodología de Investigación
Para despejar estas incógnitas, se han consultado documentos originales inéditos del Archivo Nacional Histórico de Santiago de Chile (en adelante ANH). Se priorizaron los fondos notariales y judiciales de las siguientes localidades: La Serena, San Felipe, Santiago, Rancagua, San Fernando, Cauquenes y Parral.
Las fuentes empleadas, principalmente títulos de venta o traspaso y testamentos de molineros, proporcionan detalles cruciales sobre la factura, el funcionamiento y la distribución geográfica de los molinos.
Detalles Documentales sobre los Molinos
En ocasiones, los documentos notariales se limitaban a una mención genérica del molino, utilizando fórmulas como "molino de pan" o "molino de pan corriente", a menudo acompañadas de la descripción "con sus aderezos". Sin embargo, en otras oportunidades, los escribanos ampliaron la información, ofreciendo detalles sobre:
- La edificación del molino y la casa del molinero.
- Las instalaciones y el equipamiento.
- Los valores de tasación.
- Las condiciones generales de funcionamiento.
Estos datos han sido de particular interés para crear una representación fundamentada de estos importantes instrumentos de la economía triguera.
Complementariedad con el Patrimonio Existente
De forma complementaria a la investigación documental, se ha considerado el patrimonio molinero actualmente existente como fuente de información. Se realizaron salidas a terreno para registrar molinos como los de Orfila (Junín, Mendoza, Argentina), los de los jesuitas (Mendoza) y el molino de Pañul (región de O'Higgins, Chile). Estas visitas, realizadas entre 2016 y 2017, permitieron observar las piedras soleras de los molinos mendocinos y un molino completo y aún en funcionamiento en Pañul.
La observación directa de estos objetos ha enriquecido la interpretación de los datos documentales y fortalece la posibilidad de realizar análisis más profundos sobre estrategias de localización industrial y arqueología, siguiendo los planteamientos de Morales.
Orígenes y Expansión de los Molinos en Chile
La introducción de los molinos en Chile ocurrió de manera paralela a la llegada del trigo. Tras la fundación de Santiago en 1541, tanto el cultivo del trigo como la construcción de molinos se expandieron rápidamente, integrándose al proceso de europeización del paisaje y la economía local.
Los Primeros Permisos y Construcciones
Los primeros españoles autorizados para poseer molinos hidráulicos fueron Bartolomé Flores, Rodrigo de Araya y Juan Jufré. En 1556, Francisco Riberos solicitó permiso para construir un molino "más arriba del molino de Juan Jufré", en tierras de su propiedad. El cabildo accedió a su petición, ordenando la entrega de dos solares con la condición de que el agua de la acequia volviera a su cauce original.
En 1568, Bartolomé Flores, quien ya había donado su primer molino al Hospital de Pobres, solicitó autorización para construir un segundo molino en el mismo lugar. El cabildo aprobó esta segunda construcción bajo dos condiciones: no aumentar el caudal de agua por la acequia existente y construir un puente de carretas sobre la misma.

La Red de Molinos y la Demanda de Trigo
La red de molinos chilenos creció en sintonía con la producción triguera. La sostenida demanda proveniente del Perú incentivó a los agricultores a multiplicar sus siembras, y a medida que se obtenía más trigo, los molinos se volvían cada vez más indispensables.
Durante más de tres siglos, Chile se consolidó como el **principal productor de trigo de América del Sur**, satisfaciendo una demanda constante del mercado peruano. A mediados del siglo XVII, las 400 estancias chilenas producían entre 18 000 y 19 000 fanegas de trigo. La demanda local continuó en aumento, al igual que las exportaciones, que pasaron de 125 000 fanegas en 1744 a 150 000 en la segunda mitad de esa centuria. Hacia finales del siglo XVIII, la producción chilena de trigo alcanzó cerca de las 300 000 fanegas.
El Legado Tecnológico de los Molinos
El ciclo del trigo chileno coincidió con la expansión y consolidación del molino colonial español. El modelo desarrollado en Chile era heredero de los molinos grecorromanos, perfeccionados con las innovaciones aportadas por los árabes durante la Edad Media. Los españoles alcanzaron un notable dominio de las técnicas molineras en el Renacimiento, saberes que trasladaron a América tras su descubrimiento.
Los molinos medievales españoles se propagaron rápidamente por el Nuevo Mundo. En México, se instalaron más de trescientos molinos, y la Ciudad de México, con un consumo anual de 15 000 000 de kilogramos de trigo, se abastecía principalmente de quince molinos durante el siglo XVIII y gran parte del XIX. En América Central, Colombia, Perú y el espacio rioplatense (Buenos Aires, Noroeste Argentino y Cuyo), los molinos también desempeñaron un papel significativo en los paisajes culturales y económicos.

Evolución Tecnológica de la Molienda
Los ciclos tecnológicos de la molienda se definieron por los cambios en la capacidad de procesamiento de granos, distinguiéndose tres etapas principales:
- Periodo prehispánico: Molienda manual de cereales (principalmente maíz) en recipientes de piedra o conanas, con una producción de aproximadamente un kilogramo de harina por hora de trabajo.
- Siglo XVI en adelante (Molino Hidráulico Español): Incorporación del molino hidráulico, que permitía moler alrededor de 180 kg de trigo por hora. En el Chile colonial, estos molinos procesaban entre seis y ocho fanegas diarias (aproximadamente 621-828 kg), llegando a moler hasta 50 fanegas diarias (unos 5175 kg) en la década de 1840.
- Mediados del Siglo XIX (Molinos de Vapor): Inicio de la era de los molinos de vapor, con un molino operativo en Chile en 1853 capaz de procesar 350 fanegas por día (alrededor de 36225 kg).
Expansión Geográfica y Crecimiento de la Red Molinera
Los molinos se diseminaron por todo el territorio chileno, desde Copiapó hasta la frontera araucana, establecimientos vitales para el abastecimiento de la población urbana y rural. En 1548, ya funcionaban cuatro molinos en Santiago, y el cabildo comenzó a establecer reglamentos para evitar abusos por parte de los molineros, como la obligación de tener balanzas para pesar la harina en 1569.
Ciclos de Expansión
A medida que avanzaba la ocupación europea del país, los molinos se expandieron a otras ciudades chilenas:
- Siglo XVII (Segundo Ciclo): Se registraron seis molinos en Mendoza, diez en Maule Sur y doce en Colchagua. Los jesuitas también contribuyeron significativamente, estableciendo molinos en casi todas sus haciendas.
- Siglo XVIII (Tercer Ciclo): Se observó una expansión tanto en el espacio jesuita como entre los campesinos laicos. En Mendoza se registraron 23 molinos en esta centuria. Doña Melchora Lemos se destacó como una molinera emprendedora.
Estimación de la Población Molinera
El censo de 1813, realizado en el obispado de Santiago (desde Copiapó hasta el río Maule, excluyendo la ciudad de Santiago), registró una población de 274 000 habitantes y 350 molinos, lo que implicaba una densidad de un molino por cada 782 habitantes. Cabe destacar que este censo solo cubrió la mitad del territorio chileno debido a las precarias condiciones del gobierno patriota.
Estimaciones basadas en estudios de Ramón (2001) sugieren que la población de la ciudad de Santiago rondaba los 50 000 habitantes. En el obispado de Concepción, los registros de la década de 1770 indican una producción de 130 000 fanegas de trigo, destinada casi en su totalidad al mercado interno, lo cual requeriría una cantidad considerable de molinos.
Considerando estos datos, se estima que para finales del periodo colonial, Chile contaba con aproximadamente **700 molinos**. Registros posteriores, como el censo de 1843 que anotó 1 271 molinos en Chile, avalan este cálculo.
Chile como Potencia Molinera en América Latina
Los números son contundentes: los 1 271 molinos hidráulicos registrados en 1843 y los 350 identificados en la mitad del país en 1813 revelan que **Chile fue el principal polo molinero de América Latina**.
Variedad de Técnicas Molineras Introducidas
La cultura española, desde el siglo XVI, había desarrollado notablemente las técnicas molineras. El Tratado sobre los ingenios y máquinas, atribuido a Juanelo Turriano, describe cuatro variantes principales:
- Molino de viento.
- Molino de sangre (tahona).
- Molino de agua con rueda vertical y engranajes (aceña).
- Molino de agua con rueda horizontal (rodezno).
Estas técnicas llegaron a España durante la conquista romana y se fortalecieron en la Edad Media con los aportes de ingenieros árabes. Tras la conquista de América, los españoles diseminaron estos conocimientos por el continente.

Predominio del Molino Hidráulico en Chile
En México, predominaron los molinos de rodezno, complementados con algunas tahonas para asegurar el servicio de molienda en épocas de sequía. En América Central, Colombia, Perú y el centro y oeste de Argentina, también fueron comunes los molinos hidráulicos de rodezno. En Buenos Aires, en cambio, se utilizaron molinos de viento y de sangre (tahonas), aunque los molinos de viento tuvieron un éxito limitado y comenzaron a desaparecer a partir de la década de 1610.
En Chile, la presencia de tahonas y molinos de viento fue **totalmente marginal**. Los registros de molinos de sangre son muy escasos y vagos. Si bien Claudio Gay menciona la existencia de molinos movidos por animales y hombres en localidades con escasa agua, y molinos de viento en las alturas de Valparaíso, los documentos de archivo no confirman su uso extendido para la molienda de trigo.
Solo se detectó una tahona, pero no se utilizaba para moler trigo, sino que era un molino de pangue en el valle de Limarí. Los molinos de viento tampoco fueron registrados en inventarios de bienes ni en testamentos. Tampoco se emplearon molinos de aceña.
En resumen, los molinos chilenos formaban parte de un conjunto productivo diversificado, donde el molino hidráulico de rodezno fue la tecnología predominante, adaptada a las condiciones geográficas y económicas del país.