Los Olvidados: Análisis y Contexto Histórico de la Obra Maestra de Luis Buñuel

Luis Buñuel es uno de los directores más admirados de la historia del cine. Su carrera hacia el éxito fue larga; aunque ya era conocido en los círculos artísticos gracias a las obras surrealistas que realizó en París a finales de la década de 1920, no se dio a conocer ante el gran público hasta que empezó a dirigir largometrajes en México. En la industria cinematográfica mexicana, el director aragonés empezó a dirigir películas por encargo para ganarse la vida. Fue en 1950 cuando realizó Los Olvidados, una obra que trata sobre la vida de un grupo de jóvenes marginales en una barriada de Ciudad de México.

Este proyecto cinematográfico, estrenado en 1950, cambió la narrativa audiovisual al mostrar una historia realista y cruda, a través de una mirada llena de pesimismo. En ella se presentan diferentes situaciones, muchas de ellas protagonizadas por niños y adolescentes desesperados que viven en un ambiente marcado por la carencia permanente de una familia que los atienda, con necesidades económicas apremiantes que les impiden resolver cuestiones tan básicas como la alimentación, una vivienda segura o la educación. Muchas de las escenas que se presentan son fuertes y representaron un parteaguas con respecto al discurso cinematográfico que se proyectaba en la época.

Ficha técnica:

  • Título Original: Los olvidados
  • Año: 1950
  • País: México
  • Productora: Ultramar Films
  • Duración: 88 min.

Luis Buñuel y su Consolidación en México

La carrera de Luis Buñuel se consolidó en México, un país que abrió sus puertas a miles de refugiados republicanos españoles. Aunque en París ya había incursionado en obras surrealistas, fue en la industria cinematográfica mexicana donde el director aragonés encontró un espacio para dirigir largometrajes, inicialmente por encargo para subsistir. Esta etapa culminaría con la creación de Los Olvidados, marcando un antes y un después en su trayectoria y en la historia del cine mexicano.

"Los Olvidados": Un Retrato Crudo de la Realidad Mexicana

La película de Buñuel se sitúa en una época en la que México experimentaba un gran crecimiento y desarrollo, inmerso en un proceso de industrialización. A pesar de este progreso aparente, las fuertes desigualdades sociales persistían de manera evidente. Los Olvidados abordó estos problemas sin tapujos, lo que provocó que la película no fuera bien recibida por el gobierno ni por buena parte de los intelectuales y la prensa de entonces, quienes la acusaron de mostrar una imagen negativa del país.

Infografía sobre el contexto socioeconómico de México en 1950

No gustó que la película mostrase de una manera tan cruda la miseria y la delincuencia juvenil que imperaban en algunos de los arrabales de la capital. En Los Olvidados, la marginación que se vive en los barrios más pobres de la Ciudad de México es reflejada de forma escandalosa y sin filtros; los personajes principales que viven dentro de esta pobreza son retratados en toda su desgracia, y el ambiente inhumano e indigno es una constante a lo largo del filme. Al ser los personajes principales tan jóvenes y al mostrar una representación tan gráfica sobre la pobreza infantil, la película logra comunicar de forma clara, cruda y contundente lo que sucede ante la omisión de cuidados hacia tantos menores que carecen de la mínima atención necesaria.

En este contexto, ningún adulto es capaz de brindar el acompañamiento, sustento o guía indispensable. Por ello, la única manera viable de supervivencia para los jóvenes es brindarse apoyo entre ellos, conformando una pandilla en la que se ayudan como pueden, pero en un contexto donde las decisiones se toman con una total ausencia de valores y, sobre todo, de educación. El filme es dura, fuerte, sin la más mínima concesión al público.

Trama y Personajes Principales

Tras un prólogo inmerso en imágenes de Nueva York, París y Londres que advierte de la universalidad de la tragedia, la cámara localiza enclaves reconocibles de la Ciudad de México. La historia principal se desarrolla en uno de sus barrios marginales, donde El Jaibo (Roberto Cobo), un adolescente que escapa de un correccional, se reúne con Pedro (Alfonso Mejía). Como líder de una pandilla, El Jaibo intenta vengarse de los desmanes de un ciego, Don Carmelo (Miguel Inclán), intentando robarlo. Esta es una escena terrible de Los Olvidados, cuando todos decidieron robarle a Don Carmelo, cortándole la bolsa donde tenía su dinero a escondidas y, debido a que fallaron el robo, deciden vengarse más tarde golpeándolo, aventándole piedras y rompiendo sus instrumentos, dejando al pobre viejo todo herido en el suelo y sin dinero.

Fotograma de la escena de la pandilla con Don Carmelo

Cuando Pedro llega a su casa al anochecer, su madre se niega a darle de comer, argumentando su vida de vagancia y malas compañías. Pedro se va de la casa, encontrando y haciendo amistad con un niño foráneo oriundo de Los Reyes, apodado Ojitos (Mario Ramírez), que ha sido abandonado por su padre. En ese momento se encuentra también con Julián, quien busca a su padre alcohólico. Al despedirse de Julián, Pedro consigue algo de comida con un poco de dinero que tenía Ojitos.

La acción siguiente ocurre en la casa de Cacarizo, otro joven de la pandilla, donde su hermana Meche (Alma Delia Fuentes), accidentalmente, encuentra escondido en el corral a El Jaibo, quien se le insinúa, listo para pasar la noche entre los animales; al mismo tiempo, Pedro pide permiso a Cacarizo para pasar la noche él y Ojitos también en el corral. A la mañana siguiente, El Jaibo interroga a Pedro acerca del paradero de Julián. Al encontrarlo, y a base de engaños, lo atraen hacia un baldío donde El Jaibo le recrimina haberlo delatado. Al subir de tono la discusión, debido a que Julián niega el hecho, El Jaibo golpea en la cabeza a Julián con una piedra, quien se desmaya y muere después de recibir varios golpes.

Posteriormente, la pandilla asalta a un tullido callejero y, mientras se reparten el botín, un niño se acerca con ellos con la noticia de que Julián fue encontrado muerto. La pandilla se dirige a ver el cuerpo, pero El Jaibo se queda atrás amenazando a Pedro, argumentando que es cómplice del asesinato al haberlo ayudado a localizar a Julián y haber aceptado parte del dinero que le quitaron al dejarlo en el descampado.

A la mañana siguiente, Meche ordeña la burra del corral, y Ojitos le indica los beneficios que tiene la leche de burra en la piel de las personas. Ojitos se retira y Meche procede a aplicar la leche en sus piernas, con lo que El Jaibo, que estaba escondido en el corral, sorprende a Meche, intentando aprovecharse de ella. Posteriormente, Cacarizo increpa a El Jaibo, haciéndole ver que él sabe que mató a Julián, pero no lo delatará porque son amigos. La policía comienza a indagar el asesinato de Julián, interrogando gente cercana a él, por lo que El Jaibo visita a Pedro en la cuchillería donde trabaja como aprendiz para ponerlo sobre aviso, robando a la par un cuchillo. El padre de Julián recorre desconsolado las calles, encontrando a Pedro y preguntando por su asesino. El director de la institución, confiando en el chico, le da cincuenta pesos y le manda un recado, pero El Jaibo le roba el dinero. Pedro entonces le denuncia como asesino de Julián, y El Jaibo se venga matándolo en el gallinero de la casa de Meche. Esta y su abuelo, por temor a ser acusados por el asesinato, deciden llevarse el cadáver.

La crudeza del cine mexicano: Los olvidados.

A pesar de que en el filme aparecen distintos personajes, tiene dos principales: El Jaibo, un joven que está terminando su etapa de adolescencia mientras sufre serios conflictos, y Pedro, un niño que está entrando a la pubertad y es controlado por su compañero. El Jaibo es visto en la película como una persona problemática y, al ser el mayor, es el líder de la pandilla; se nos muestra como un joven que roba, pero al mismo tiempo, por su edad, se siente responsable de los más pequeños y comparte el botín con ellos. Mientras transcurre el filme, podemos ver cómo el comportamiento de El Jaibo va empeorando y pasa de ser un ladrón a convertirse en un asesino.

Por su parte, Pedro, un personaje que sigue teniendo un alma de niño mientras trata de subsistir en un ambiente de tanta crueldad, fue amargamente el personaje que terminó peor al ser asesinado por El Jaibo. Por esta razón, el final de este filme es muy triste, debido a que parece que es inevitable el destino de Pedro, quien nació sin ninguna posibilidad para crecer o para poder salir de ese ambiente de olvido y decadencia.

Un mensaje poderoso en Los Olvidados es que, ya sea en la pobreza o no, la atención hacia los más pequeños lo es todo para su futuro, porque las omisiones que se tengan en esta etapa pueden desencadenar en verdaderas tragedias, tal y como lo muestra la película, donde todos terminaron afectados como consecuencia de un ambiente sórdido, sucio y sin ningún estímulo real para poder romper con la cadena de pobreza en la que nacieron.

Pedro, repudiado por una madre incapaz de hacer frente a su penosa situación, se ve abocado a la delincuencia a pesar de su anhelo de llevar una vida normal (“yo quisiera portarme bien pero no sé cómo”), algo que Buñuel deja bien claro que les está vedado a todos los personajes de la película. El mismo Jaibo se ve a su vez proyectado en Pedro, pero esta vez hacia un pasado que no llegó a tener lugar: a través de la figura de la madre de aquél, reencarnación de la que él nunca llegó a conocer (“¡Qué bueno debe ser tener su mamá de uno!”) y que, de alguna manera, justifica la conflictiva personalidad del personaje (aunque Buñuel huye de cualquier tono moralista explicitando un carácter sexual en la atracción del Jaibo por la madre de Pedro que conlleva una evidente carga incestuosa).

Estilo Cinematográfico y Elementos Simbólicos de Buñuel

Buñuel rueda la tragedia de Pedro y El Jaibo con descarnado realismo, filmando en escenarios naturales y utilizando casi en su totalidad actores no profesionales o con muy poca experiencia para los papeles de los adolescentes. Roberto Cobo, El Jaibo, era un bailarín de revista; Alfonso Mejía, Pedro, fue seleccionado en un casting; así como el niño que interpreta a Ojitos, Mario Ramírez, quien, según Buñuel, era “un chico campesino que había llegado a la ciudad tal como sucede en la película”.

Pero el director introduce en la historia no pocos elementos que identificamos con algunos de sus trazos más personales: el fetichismo sexual, la religión y el surrealismo, que en esta ocasión quedan justificados por el contexto de la historia. Un recurso muy utilizado por el director, a modo de metáfora viva, es la inclusión de animales como palomas, pájaros, una burra, perros y gallinas que aparecen en el filme. La constante presencia de las gallinas, que Buñuel explica con toda naturalidad (“Hay una justificación realista: Pedrito tiene aves de corral y las cuida. Luego, en la granja escuela, se desquita de sus propios problemas con ellas”), va adquiriendo un carácter simbólico claramente ligado al dolor o a la muerte, tanto por la reiteración de la imagen como por los momentos en los que se muestra (tras el apaleamiento del ciego, en el sueño de Pedro, o sobre el cuerpo sin vida de este).

Análisis de elementos surrealistas en el cine de Buñuel

Este simbolismo, al provenir de un elemento no extraño, Buñuel puede negarlo (o, más justamente, negarse a explicarlo) y adquiere por ello mucha más fuerza por la naturalidad con la que aparece, algo que el director haría en casi toda su etapa mexicana, condicionado en parte por la necesidad de satisfacer a una parte de su audiencia - la que no esperaba otra cosa de sus películas que un melodrama al uso -, y que emparenta a Buñuel con Alfred Hitchcock o Douglas Sirk, los otros dos más grandes contrabandistas de ideas de la historia del cinematógrafo. Igualmente sugerente es la imagen del perro que aparece sobre el rostro moribundo de El Jaibo y que, de nuevo, Buñuel se niega a explicar: “Podría ser cualquier otro animal, un elefante.”

En cuanto a las imágenes de clara connotación sexual, fetichista o religiosa, cabe mencionar la de la joven Meche vertiendo leche de cabra sobre sus piernas (“no hay nada mejor para poner suave la piel”); la de la madre de Pedro lavándose los pies ante la mirada de deseo de El Jaibo; o el plano de la llegada de El Jaibo a la herrería en la que trabaja Pedro, presidido por la inconfundible imagen de una cruz en primer término. Y son igualmente turbadoras, por su carácter subversivo, escenas como la del atraco al tullido (de una crueldad casi grotesca), la imagen de Don Carmelo sentando a Meche en su regazo (y el inmediato gesto de la joven alzando un enorme cuchillo contra el ciego, ante el gesto de aprobación de Ojitos) y, por supuesto, el estremecedor desenlace en el que el cuerpo sin vida de Pedro es arrojado entre los escombros de un enorme vertedero a las afueras de la ciudad.

El filme rompe con los códigos del decorado habituales del cine mexicano, aunque el título hace referencia a una situación de víctimas, el espectador debe readecuar los mecanismos de registro, pues los personajes no son “buenos y malos” como en el melodrama, sino que son crueles, avaros, hipócritas y egoístas. Ese mendigo ciego ya lo hemos visto en la picaresca española, y la película tiene conexiones con Las Hurdes/Tierra sin pan, con un “realismo español” y una estructura parecida que muestra miseria, deformación y monstruosidad en las aldeas hurdanas y la ciudad perdida mexicana.

Buñuel ensayó mucho con todos los actores, buscando una línea oculta de poesía feroz y a ratos erótica en su representación del lumpemproletariat mexicano, en su mayoría adolescentes. Su objetivo no era moralizar, sino mostrar “un trozo de vida tal como es aquí, en París o en Londres”, dirigiéndose a la razón más que a la emoción pura. El leitmotiv del Jaibo, “A mí, quien me las hace, me las paga”, anticipa la violencia.

Recepción, Reconocimiento y Legado

Inicialmente, Los Olvidados solo estuvo cuatro días en la cartelera mexicana. Sin embargo, después de una pequeña gira por Europa, en la que recibió el apoyo de destacados artistas e intelectuales, incluido el diplomático y poeta Octavio Paz, la película llegó a ser seleccionada para concursar en el Festival de Cannes de 1951. En Cannes, Buñuel ganó el premio a Mejor Director, lo que propició un segundo y muy exitoso estreno en México, donde la película permaneció más de dos meses en cartelera y ganó once Premios Ariel. La película fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Fotografía de Luis Buñuel recibiendo un premio en Cannes

Los Olvidados influenció notablemente el Nuevo Cine Latinoamericano, un movimiento renovador cuyos realizadores tenían el objetivo de crear un cine que reflejase de manera realista y objetiva los problemas que vivían sus países, como Brasil, Argentina o Cuba. En México, la renovación de su cine llegó más tarde, pero la tesis que la sustenta tenía el objetivo de determinar la influencia de la película de Buñuel en algunas de las obras mexicanas del propio director aragonés y en las de algunos realizadores mexicanos que surgieron en los años 60 y 70, como Luis Alcoriza, Alberto Isaac, Paul Leduc y Arturo Ripstein. Estos directores, luchando contra diversos obstáculos, no dudaron en mostrar una actitud crítica en sus obras con los problemas que vivía la sociedad en aquellos años, muchos de ellos bajo el régimen del Partido Revolucionario Institucional durante 72 años.

Contexto Político y el Discurso del "Progreso"

La película Los Olvidados se estrenó en el sexenio de Miguel Alemán Valdés, un periodo de gobierno caracterizado por un fuerte discurso de "modernización" y "bienestar general" en México, enmarcado en una visión optimista del progreso. Sin embargo, el documento fílmico de Buñuel permitió ahondar en la reflexión sobre la fragilidad del bien y expuso las contradicciones de este discurso político alemanista: el bienestar general frente a una realidad de contingencia y pobreza que afectaba a amplios sectores de la población urbana.

Las imágenes de Buñuel cuestionan explícitamente el discurso oficial, mostrando aquello que las autoridades y la sociedad pretendían ver como normal o habían optado por ignorar. La visión buñueliana del destino, inmersa en un tiempo descendente y fatalista, contrasta con la visión optimista y lineal del progreso que el pensamiento positivista difundía y que el gobierno promovía. La película no busca moralizar, sino mostrar “un trozo de vida tal como es”, sin atenuar sus rasgos, porque mentiría. Su eficacia reside en la demostración de una realidad ineludible.

La crudeza del cine mexicano: Los olvidados.

La película, por lo tanto, no solo es un relato social, sino una crítica subversiva a las convenciones y a la imagen idealizada que se quería proyectar de la sociedad mexicana. Rompe con los códigos del decorado habituales del cine mexicano y trasciende la mera ficción, ya que sus personajes, aunque ficcionales, están construidos como correspondientes a “reales” y valorizados así por una colectividad. Los Olvidados se convierte así en un ejemplo esclarecedor para abordar la fragilidad del bien en un México en transformación.

Controversias y Curiosidades

Una de las curiosidades de la producción de Los Olvidados es que el productor Óscar Dancigers obligó a Luis Buñuel a rodar un segundo final alternativo, donde Pedro mataba a El Jaibo y volvía a la escuela correccional. Este final, menos trágico, difería de la visión original y pesimista del director.

Además, existe la declaración de Morelia Guerrero, hija del periodista y escritor mexicano Jesús R. Guerrero, publicada en 2010. Morelia señaló que el guion y la película están basados en una novela escrita por su padre, también titulada Los olvidados, publicada en 1944, con prólogo del escritor mexicano José Revueltas. El Instituto Politécnico Nacional (IPN) de México publicó, en diciembre de 2009, una segunda edición de esta novela, lo que añade una capa interesante a la génesis de la obra maestra de Buñuel.

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