En todas las cocinas, cuando llega el momento de cortar una cebolla, es común que nuestros ojos empiecen a llorar sin motivo aparente. La picazón en los ojos y las lágrimas inevitables al cortar cebolla forman parte del ritual cotidiano de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, este fenómeno tiene una explicación química y física precisa.

El origen científico de las lágrimas
La cebolla es un vegetal que absorbe azufre del suelo donde está cultivada. Estos vegetales usan el azufre para crear sulfóxidos de aminoácidos, compuestos que rápidamente se convierten en un gas. Dado que las cebollas crecen bajo tierra, este gas ayuda a disuadir a los bichos que quieren alimentarse con ellas. Al cortar la cebolla, se rompen múltiples células vegetales y se liberan diferentes sustancias químicas como enzimas y aminoácidos sulfóxidos.
Cuando la cuchilla atraviesa las capas, libera una nube invisible de diminutas gotas. El compuesto clave identificado es el óxido de propanotial S, el responsable de provocar el lagrimeo y la picazón ocular. Este gas se evapora, llega hasta nuestros ojos y, al combinarse con el agua de las lágrimas, forma ácido sulfúrico. Este es sumamente irritante para la superficie ocular, por lo que los nervios sensoriales alertan al cerebro, activando las glándulas lagrimales para limpiar y eliminar las sustancias irritantes mediante un repentino flujo de lágrimas.

Factores que influyen en la intensidad
- Tipo de cebolla: Las cebollas blancas, amarillas y rojas tienen concentraciones altas de la enzima necesaria para crear este gas, mientras que las cebollas dulces (como la Vidalia) y las verdes tienen concentraciones más bajas.
- Velocidad de liberación: Investigaciones de la Universidad de Cornell revelan que las partículas liberadas pueden alcanzar velocidades de hasta 143 kilómetros por hora, superando incluso a las partículas generadas al toser.
- Técnica de corte: Cuando la hoja del cuchillo está más roma, el número de gotas y la energía de lanzamiento aumentan drásticamente.
Consejos prácticos para reducir el lagrimeo
Aunque no podemos evitar que la cebolla desprenda el azufre que tiene almacenado, sí podemos seguir algunos consejos para reducir el lagrimeo:
- Uso de cuchillos afilados: Utilizar herramientas bien afiladas y realizar cortes pausados reduce la cantidad de aerosol irritante liberado. Evita los cuchillos con dientes.
- Temperatura: Enfría o congela las cebollas antes de cortarlas. Esto ralentiza la formación de compuestos volátiles al disminuir la eficacia de las enzimas.
- Barreras físicas: El uso de gafas protectoras totalmente herméticas evita que el gas de azufre contacte con la superficie de los ojos. Otra opción es cubrir la cebolla con una fina capa de aceite antes de cortarla.
- Medio acuoso: Cortar la cebolla bajo agua fría permite que los compuestos volátiles reaccionen con el agua en lugar de con las lágrimas.
- Ventilación: Encienda el extractor de cocina durante la manipulación para eliminar parte del gas presente en el ambiente.
Consideraciones sobre seguridad e higiene
Es importante notar que, según los especialistas, el ácido de las cebollas no supone ninguna amenaza seria para la salud visual; es una reacción de protección natural. No obstante, el equipo de investigación de la Universidad de Cornell advirtió que la nube de gotas generada puede favorecer la diseminación de bacterias, ya que las cebollas pueden albergar microorganismos en sus capas externas.
Ante este riesgo, la recomendación es limpiar cuidadosamente las capas externas del vegetal antes de iniciar el proceso. La adopción de técnicas de corte más seguras no solo mejora la comodidad en la cocina, sino que incide positivamente en la higiene alimentaria al evitar la dispersión de patógenos.