Un paciente postrado en cama es aquel que, por diferentes motivos, está obligado a permanecer inmóvil en la cama, ya sea por su edad avanzada, un accidente o una enfermedad. El cuidado de estos pacientes requiere atención integral para prevenir complicaciones y mejorar su calidad de vida.

Complicaciones de la inmovilización prolongada
La inmovilización prolongada puede derivar en diversas complicaciones que afectan la salud del paciente. Es crucial prevenirlas y gestionarlas adecuadamente:
- Alteraciones en la circulación: Facilitan la aparición de trombosis venosas, tromboflebitis y embolias pulmonares.
- Mala ventilación pulmonar: La posición acostada genera retención de secreciones y predisposición a infecciones respiratorias.
- Pérdida de masa muscular: Causa debilidad muscular, atrofia y afectación ósea, lo que puede llevar al desarrollo precoz de osteoporosis.
- Rigidez articular: Puede conducir a la anquilosis de las articulaciones, generando pérdida funcional y dolor con cualquier movimiento.
Úlceras por presión: Prevención y manejo
Una de las complicaciones más frecuentes en pacientes con inmovilización prolongada es la presencia de úlceras por presión (UPP). Estas son lesiones en la piel que se producen cuando se interrumpe el flujo sanguíneo sobre una parte del cuerpo, como en salientes óseos (codos, rodillas, tobillos, hombros), debido a un roce o presión excesiva y prolongada entre una superficie (cama o silla) y el cuerpo.
¿Cómo se desarrollan las úlceras por presión?
Las úlceras por presión inician con una zona enrojecida en la piel. Si el paciente continúa apoyándose en esa zona, se forma una ampolla y, posteriormente, una costra oscura de tejido muerto que puede extenderse hasta el músculo o el hueso. Esta presión continua sobre una misma zona genera una muerte rápida de los tejidos.
Zonas más comunes afectadas
Las zonas más comunes donde se presentan estas lesiones son:
- Nuca
- Hombros
- Codos
- Zona lumbar
- Zona sacra
- Caderas
- Talones
- Tobillos
Estrategias para prevenir las úlceras por presión
1. Cuidados en la piel
- Es importante realizar una revisión del estado de la piel todos los días para detectar zonas enrojecidas o con ampollas, que podrían evolucionar a una herida infectada.
- La piel debe mantenerse limpia y seca, lavándola con agua tibia y jabón de pH neutro para evitar la resequedad. Después del lavado, se debe realizar un buen enjuague y secado.
- Mantener la piel hidratada, asegurándose de que la crema corporal se absorba bien.
- Evitar el uso de alcohol (como perfumes o lociones) que puedan irritar la piel.
- No realizar masajes en áreas enrojecidas.
- Utilizar ropa interior de algodón y ropa cómoda, de tela suave, evitando arrugas que puedan irritar la piel.
- Mantener la piel y la ropa que está en contacto con el paciente limpias y secas.
2. Cuidados de la postura y movilización
Cambios posturales para la prevención de las Úlceras por Presión
Los cambios posturales son movilizaciones clave para prevenir úlceras por presión en pacientes con limitaciones de movimiento. Estos cambios, realizados cada 2 o 3 horas, implican alternar la posición lateral izquierda y derecha, la boca arriba y la semisentada (posición de Fowler). Mejoran el flujo sanguíneo, fomentando una piel más saludable y confort para el paciente, promoviendo así una recuperación más rápida.
- Es importante realizar cambios posturales cada dos o tres horas cuando el paciente está en cama. Si el paciente está en una silla, los cambios de posición deben hacerse cada media hora o cada hora.
- Elevar por encima del colchón las zonas que se ulceran con mayor frecuencia, ubicando almohadas, cojines o cobijas.
- Se debe cuidar el contacto de prominencias óseas entre sí, utilizando cojines para evitarlo.
- Asegurar una distribución igualitaria del peso.
- No se recomienda el uso de flotadores ni arrastrar a la persona, ya que podría ocasionar roces en la piel.
- Se debe cuidar que las sábanas o la ropa tengan la menor cantidad de pliegues posibles.
- Utilizar sábana de movimiento para facilitar el desplazamiento del paciente.
Mantener una postura adecuada, ya sea en decúbito (acostado) o sedestación (sentado), es esencial. En el decúbito, se deben alinear las extremidades y las articulaciones en posiciones neutras y funcionales, evitando presiones excesivas. Es crucial evitar el decúbito prono (boca abajo) si fuerza la espalda, provocando hiperlordosis lumbar y tensiones cervicales. En la sedestación, se busca una alineación correcta de la columna vertebral, brindando apoyo lumbar para mantener las curvas naturales.
Uso de almohadas para confort y prevención
Se recomienda el uso de almohadas para mejorar la comodidad del paciente en diferentes posiciones:
- En decúbito supino (boca arriba): Colocar una almohada debajo de la cabeza para prevenir dolores cervicales y otra fina bajo las rodillas para flexionarlas levemente.
- En decúbito lateral (de lado): Emplear almohadas bajo la cabeza y detrás de la espalda, y adelantar la pierna superior con un cojín bajo la rodilla para mayor comodidad.
- Postura de Fowler (semisentado): Ideal para mejorar la circulación. Se facilita con una cama articulada que permite colocar al paciente semisentado a 45º sin dificultad.
3. Control de esfínteres
En caso de que la persona no pueda ir al baño sola, se recomienda el uso de pañales o colectores. Es importante verificar que estos se encuentren limpios y que la zona corporal se mantenga seca, ya que la humedad podría contribuir a la irritación.
Técnicas de movilización segura para el cuidador
Para evitar lesiones en la espalda del cuidador al realizar cambios de posición, se sugieren las siguientes técnicas:
- Pasar de boca arriba a estar de lado: Desde la posición boca arriba, flexionar la rodilla de la pierna contraria al lado al que se va a voltear a la persona. Colocar el brazo opuesto sobre su abdomen y el otro brazo flexionado y apoyado sobre la almohada. Deslizar una de las manos por debajo de su hombro y la otra por debajo de la cadera. Una vez posicionados, proceder a realizar el giro hacia el lado deseado (derecho o izquierdo). No olvidar poner un cojín entre rodillas y tobillos para evitar las úlceras por presión.
- Colocarlo boca abajo: Acercar a la persona a la orilla de la cama. Colocar su pierna del lado por el que se va a girar por encima de la otra pierna, y el brazo contrario apoyado en la almohada. Pasar una de las manos por debajo de su omóplato y la otra entre las dos piernas. Realizar un pequeño impulso y girar a la persona hasta la posición deseada.
- Pasar de boca arriba a sentado: Colocar una mano en la cadera y con la otra mano sujetar la muñeca del mismo lado. Jalar la muñeca hacia uno en una especie de diagonal y ejercer presión sobre la cadera para generar un punto de apoyo. Después, pedir al familiar que con el brazo del que se le jaló, abrace por la cintura. Soltar el apoyo de la cadera y abrazar al familiar con ese brazo colocando la mano en su espalda para generar un apoyo.
Higiene del paciente encamado
El aseo diario es fundamental para mantener la piel sana, sin olores, y aumentar la comodidad del paciente. Si el paciente siente dolor para moverse, es recomendable administrar un medicamento antes del baño que ayude a reducir la sensación de dolor. Esto también facilitará la inspección de la piel en busca de enrojecimientos o llagas.
Objetivos del cuidado higiénico
Los objetivos del cuidado higiénico incluyen:
- Mejorar su estado físico y psicológico.
- Promover una mejor calidad de vida y fomentar hábitos de higiene para estimular la circulación sanguínea.
- Preservar la integridad de la piel, evitando lesiones.
- Eliminar la suciedad y las células muertas para prevenir malos olores e infecciones.
- En situaciones de fiebre, ayudar a regular la temperatura corporal.
- Mejorar la autoestima al evitar el mal olor, incrementar la sensación de bienestar y favorecer la comunicación.
- Transmitir técnicas de autocuidado para que el paciente participe en su higiene en la medida de lo posible, promoviendo su autonomía y contribuyendo a su bienestar integral.
Recomendaciones generales para el aseo
- Antes de iniciar, es esencial preparar todo el material necesario (jabones suaves, sábanas limpias, utensilios) para evitar interrupciones.
- Realizar la tarea con calma y tranquilidad para un cuidado adecuado.
- Controlar la temperatura del agua, procurando que esté ligeramente por encima de la temperatura corporal.
- Respetar la privacidad y dignidad del paciente durante el aseo, lo cual contribuye a mantener su autoestima. Asegurarse de destapar únicamente la zona del cuerpo que se va a lavar para evitar que el paciente se enfríe y para brindar privacidad.
- Aclarar y secar rápidamente al paciente para evitar el enfriamiento. Secar su piel y cabello suavemente con toallas de algodón de alta calidad. El secado debe hacerse por presión, nunca por arrastre.
- Nunca dejar al paciente solo durante el aseo, ya que puede sentirse incómodo o nervioso, aumentando el riesgo de caídas.
- Mantener una frecuencia regular en la higiene es clave para prevenir úlceras e infecciones cutáneas.
- Asegurar el respeto a las preferencias y la intimidad del paciente en todo momento, creando un ambiente de confianza y respeto mutuo.
Protocolo para el baño en cama

Para llevar a cabo un baño en la cama se deben tener en cuenta los siguientes pasos:
- Todos los elementos deben estar al lado de la cama del paciente.
- Elevar la cama a una altura cómoda para evitar fatigas en la espalda del cuidador.
- Explicar al paciente que se le va a dar un baño de cama.
- Verificar con el paciente la temperatura del agua. Humedecer la piel y aplicar suavemente una pequeña cantidad de jabón.
- Mientras los pacientes estén acostados boca arriba, comenzar lavándoles la cabeza y avanzar hacia los pies, destapando solo la zona a limpiar.
- Enjuagar todo el jabón y luego secar la zona dando pequeños toques. Aplicar loción antes de cubrir la zona.
- Orden específico de limpieza:
- Comenzar por la cara, cuello y orejas, prescindiendo de jabón en estas áreas.
- Continuar con las manos, brazos y axilas. Este es el momento idóneo para cortar las uñas.
- Asear el torso y el abdomen mientras el paciente está en decúbito supino (boca arriba).
- Limpiar las piernas completas y los pies. Flexionar las rodillas del paciente, si es posible, para asear la parte trasera de las mismas.
- Cambiar al paciente a decúbito lateral (de lado) para limpiar la espalda y toda la zona trasera. Revisar si existen indicios de escaras y realizar las curas necesarias.
- Por último, asear los genitales en esta posición o, de nuevo, en decúbito supino. Es importante tener agua fresca y tibia al lado de la cama con un trapo limpio para lavar la zona íntima, siempre lavando de adelante hacia atrás.
- El cabello puede asearse al principio o al final del proceso.
- Una vez concluido el aseo, retirar y desechar el material utilizado de manera adecuada y limpiar también el lugar donde se halla el paciente, procurando un ambiente limpio y ordenado.
Higiene de los ojos
El procedimiento para el cuidado ocular se lleva a cabo siguiendo pasos específicos:
- Colocar al paciente en decúbito supino o posición de Fowler, si es posible.
- Proteger la región facial con una toalla y limpiar los ojos con agua estéril o suero fisiológico, cuidadosamente desde el interior hacia el exterior del ojo, evitando la luz directa.
- Verificar la ausencia de cuerpos extraños y realizar lavados adicionales si es necesario, utilizando gasas para eliminar suciedad en los bordes palpebrales.
- Secar la región periocular con gasas individuales para cada ojo.
- Aplicar pomada epitelizante o colirios si se requieren, según indicación médica.
Higiene de la nariz y boca
- Lavar la nariz instilando unas gotas de agua con sal o con una gasa impregnada en suero salino.
- En las personas portadoras de prótesis, retirar las dentaduras y proceder a su limpieza tras cada comida.
Cambio de pañal
El cambio de pañal debe hacerse tantas veces como sea necesario, siendo lo más normal una vez cada 4 horas durante el día. En esta posición, se quita el pañal usado y se asea la zona. Se deben usar guantes y tener cerca una bolsa o papelera para los residuos. Los absorbentes para la incontinencia son una herramienta útil para el manejo de pacientes con poca o ninguna capacidad de movimiento.
Alimentación del paciente encamado
La alimentación es un tema muy importante, ya que muchas veces aumenta la carencia de nutrientes. Estas son algunas de las recomendaciones para la alimentación:
- Elevar la cabecera de la cama o acomodar almohadas para que el paciente pueda apoyar su espalda y quedar sentado.
- Si el paciente se "ahoga", pedirle que tosa fuertemente y no darle agua ni acostarlo inmediatamente.
- La dieta debe ser variada, rica en proteínas, vitaminas y minerales. En ocasiones, es necesario un aporte nutricional complementario para facilitar la regeneración de los tejidos.
- Asegurar un aporte diario de fibra con frutas y verduras para favorecer la evacuación intestinal.
- El consumo de líquidos debe ser de 1.5 a 2 litros al día como mínimo, salvo que exista una contraindicación médica.
- Si el paciente come por boca, dar con cuchara porciones pequeñas, esperar e insistir en que trague.
- El paciente no debe acostarse inmediatamente después de comer, con el fin de evitar reflujos de jugo gástrico. Solo puede hacerlo hasta pasados 30 minutos después de la ingesta.
Síndrome de inmovilización prolongada
Se define como un descenso de la capacidad para desempeñar las funciones de la vida cotidiana a causa de un deterioro de las funciones motoras, que es la capacidad que tenemos para aprender y llevar a cabo el movimiento de nuestro cuerpo. Esto, en casos graves, puede llevar a la persona a permanecer en cama durante un periodo de tiempo prolongado debido a la pérdida de la fuerza muscular. Los efectos propios de la inmovilización prolongada repercuten de manera directa en los diversos sistemas corporales, poniendo en una mayor situación de riesgo al individuo involucrado.
Causas comunes de inmovilización prolongada
- Fracturas
- Traumatismos
- Hospitalización a causa de una infección
- Enfermedad cerebrovascular (EVC)
- Cáncer
- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
- Edad avanzada
Consideraciones finales para el cuidador
El cuidado de un paciente encamado exige que nos pongamos en su piel y circunstancias. ¿Cómo nos sentiríamos nosotros si estuviéramos en esa cama? ¿Cómo nos gustaría que nos asistieran? ¿Tendríamos pudor y vergüenza porque otra persona nos aseara y nos viera desnudos? Empatizar con el paciente es clave para brindar un cuidado digno y respetuoso.