La Frutilla Blanca, también conocida como Fragaria chiloensis, es una especie nativa de las costas sudamericanas y un pilar fundamental del patrimonio frutícola chileno. Domesticada por pueblos originarios como los mapuche y pehuenche hace más de un milenio, quienes la llamaron Kelleñ, esta fruta cautiva por su color, aroma y un dulzor intenso con notas a piña y durazno.

Origen y relevancia histórica
La historia de esta baya está intrínsecamente ligada al origen de la frutilla roja comercial (Fragaria × ananassa). El evento clave ocurrió cuando el ingeniero francés Amédée-François Frézier llevó plantas de frutilla blanca desde Chile a Europa. Posteriormente, el botánico Antoine Nicolas Duchesne resolvió la falta de frutos de estas plantas femeninas mediante su cruce con la especie norteamericana Fragaria virginiana, resultando en la popular frutilla roja que conocemos hoy.
En la actualidad, el término "Pineberry" (baya de piña) es frecuentemente utilizado para referirse a variedades híbridas de color blanco con semillas rojas. Aunque a menudo se cree erróneamente que son producto de un cruce con piña o manipulación transgénica, su sabor exótico se debe a compuestos volátiles naturales en su tejido. Variedades modernas como la Florida Pearl® han surgido tras años de selección genética tradicional, revalorizando el color blanco en mercados gourmet.
¿Qué la hace única?
Lo que diferencia a esta fruta es su ausencia de color rojo, causada por la falta de una proteína -codificada por el gen FaMYB10-2- que activa los pigmentos llamados antocianinas. Otras características distintivas incluyen:
- Apariencia: Piel finísima y un blanco radiante, a veces con tonalidades rosadas tenues.
- Sabor y aroma: Notas herbáceas y un regusto tropical similar a la piña.
- Botánica: Al igual que otras fresas, no es una baya en términos botánicos, sino un eterio donde los frutos reales (aquenios) se encuentran en el exterior.
- Valor patrimonial: Un producto ancestral profundamente arraigado en la cultura mapuche, donde incluso se secaban para su consumo posterior.

El rescate de un cultivo tradicional
Durante la última parte del siglo pasado, la producción de frutilla blanca sufrió una fuerte disminución debido a la erosión de los suelos, la competencia por el agua con las plantaciones forestales y la falta de un manejo agronómico adaptado. Sin embargo, gracias a proyectos de instituciones como el INIA Quilamapu y el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), se han impulsado esfuerzos para rescatar ecotipos locales, especialmente en el territorio de Nahuelbuta.
Hoy, el cultivo persiste a pequeña escala en regiones como el Maule, Biobío y la Araucanía, manteniendo un alto potencial gourmet debido a sus atributos únicos y su valor histórico.
Guía práctica para el cultivo en el hogar
Cultivar frutilla blanca es posible si se siguen ciertas claves agronómicas para garantizar el desarrollo de la planta y la calidad del fruto:
| Factor | Recomendación |
|---|---|
| Exposición | Sitio soleado con buen drenaje para evitar encharcamientos. |
| Suelo | Enriquecer con abundante materia orgánica o compost. |
| Plantación | Otoño o primavera, dejando 45 cm entre plantas. |
| Mantenimiento | Regar de forma pareja (sin mojar hojas) y podar estolones para concentrar energía en el fruto. |
La temporada de cosecha es breve, desde mediados de diciembre hasta finales de enero. Es crucial recolectar el fruto en el momento óptimo, cuando presenta una coloración blanca uniforme sin zonas verdes, ya que esta fruta no continúa madurando una vez separada de la planta.
FRESAS: COMO PRODUCIR FRESA Y FRESÓN. Cultivo completo
Propiedades nutricionales
Más allá de su sabor, la frutilla blanca es un alimento nutritivo. Es una excelente fuente de:
- Vitaminas: Rica en vitamina C (incluso más que algunas naranjas), A, B2, B3 y ácido fólico.
- Minerales: Aporta potasio, magnesio y manganeso.
- Bienestar: Contiene fibra que favorece la digestión y es naturalmente baja en azúcares, lo que la convierte en una opción saludable para el sistema inmunológico.