El Fileteado Porteño: Arte y Tradición de Buenos Aires

A finales del siglo XIX, mucho antes de que en Buenos Aires alguien utilizara la palabra lettering, artistas inmigrantes experimentaban con los pinceles de pelo largo y los textos en busca de una identidad para una ciudad aún muy joven. Si el tango es la música de Buenos Aires, el fileteado es su trazo, su letra escrita a mano, su firma. Enroscado, recargado y dramático, como el espíritu porteño, el fileteado y sus mensajes son un llamado de atención a quienes habitan la ciudad, para que no olviden sus orígenes, su historia, e incluso, su filosofía de vida.

El fileteado porteño es un estilo decorativo popular que nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, hacia fines del siglo XIX. Se trata de un estilo artístico de pintar y dibujar típicamente porteño, que se caracteriza por líneas que se convierten en espirales, colores fuertes, el uso recurrente de la simetría, efectos tridimensionales mediante sombras y perspectivas, y un uso sobrecargado de la superficie. Tal es su importancia cultural que la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2015.

Esquema de las principales características del fileteado porteño

Características Distintivas del Fileteado

El repertorio decorativo del fileteado incluye principalmente estilizaciones de hojas, animales, cornucopias, flores, banderines y piedras preciosas. Este arte nunca viene solo: generalmente se utiliza para escribir frases ingeniosas, refranes poéticos o aforismos chistosos, emocionales o filosóficos, expresados a veces en lunfardo, el lenguaje coloquial y tanguero de la ciudad.

Es usual leer dedicatorias sentimentales o dramáticas. Por ejemplo, en un autobús porteño, alguien pudo haber fileteado una dedicatoria como “a mi mamá” o un fragmento de un tango, como “el mundo fue y será una porquería”, en alusión a la famosa canción de Discépolo, Cambalache. El espíritu de la ciudad también se expresa en apodos exagerados que aluden a los dueños de los vehículos fileteados. Jorge Luis Borges definió estas frases como «costados sentenciosos».

Las letras ornamentadas que caracterizan el fileteado, generalmente góticas o cursivas, están trazadas a mano. Los fileteadores llamaban a la letra gótica "esgróstica". Según los hermanos Enrique y Alfredo Brunetti, la gótica se eligió porque estaba en todos los manuales de letras, mientras que otra versión afirma que su elección se debió a que esa letra aparecía en los billetes argentinos. Lo cierto es que era aceptada por los clientes, quienes en definitiva eran los que decidían qué querían en su carrocería. En cuanto a las frases, sus autores no eran los fileteadores, sino los dueños de los transportes; generalmente se colocaban al frente a modo de presentación (El sin igual, Yo me presento así, etc.) o en la parte trasera, donde solían estar las más originales.

Orígenes e Historia del Fileteado Porteño

El origen de la denominación de "fileteado" hay que buscarlo en la palabra latina filum, que significa hilo.

El fileteado, al igual que el tango, nació de una mezcla de pretensiones, picardía y necesidad. La historia del fileteado está basada en la recopilación de testimonios de los maestros de este oficio, y aunque no hay un primer artista ni una fecha exacta, los testimonios coinciden en que fueron tres inmigrantes italianos los que desarrollaron casi contemporáneamente el filete al inicio del novecientos: Cecilio Pascarella, Vicente Brunetti y Salvador Venturo.

Cuenta la leyenda que dos niños humildes de origen italiano, Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella, de diez y trece años de edad respectivamente, que trabajaban en un taller de carrocerías en la Avenida Paseo Colón, fueron los primeros que se animaron a emular el trabajo que los letristas franceses hacían en las vidrieras. Un día, el dueño les pidió que dieran una mano de pintura a un carro que, como todos en aquel entonces, estaba pintado en su totalidad de gris. Tal vez por travesura o por experimentar, pintaron los chanfles del carro de colorado. Esta idea gustó a su dueño y, a partir de ese día, otros clientes quisieron pintar los chanfles de sus carros con colores, por lo que otras empresas de carrocería imitaron la idea. Estos chicos se convirtieron en los primeros fileteadores porteños legendarios.

La siguiente innovación fue incluir carteles con el nombre del propietario, su dirección y la especialidad que transportaba, tarea inicialmente realizada por letristas franceses. Al pintor que decoraba los carros se lo llamó fileteador, pues realizaba el trabajo con pinceles de pelo largo o pinceles para filetear.

Imagen histórica de carros fileteados en Buenos Aires

Evolución de los Soportes y Estilos

Tradicionalmente, el fileteado se utilizaba para pintar en los carros de caballos que transportaban alimentos y, con el tiempo, se transformó en un arte pictórico propio de la ciudad. Surgieron especialistas habilidosos como Ernesto Magiori y Pepe Aguado. Artistas como Miguel Venturo, hijo de Salvador Venturo (quien había sido un Capitán de la Marina Mercante de Italia y al jubilarse se dedicó al fileteado incorporando motivos de su patria), estudió pintura y mejoró la técnica de su padre. Miguel es considerado por muchos fileteadores como el pintor que dio forma al filete, introduciendo la figura de pájaros, flores, diamantes y dragones entre las letras en las puertas de los camiones. Más adelante, otros artistas introdujeron también algunas supersticiones que se convirtieron en el folklore de la ciudad.

La aparición del automóvil provocó el cierre de las carrocerías instaladas fuera de las ciudades, lo que llevó a que los carros y sulkies de los campos y estancias se trasladaran a las ciudades para ser reparados y, con ello, ornamentados con el fileteado. Así, el filete pasó de lo urbano a lo rural, siendo común ver carros campestres pintados de verde y negro con filetes verde amarillentos.

Posteriormente, el fileteado adaptó sus formas a los camiones. El camión eliminó de la escena al carruaje de transporte alimenticio y presentó un reto para el fileteador por ser mucho más grande y estar lleno de recovecos. El trabajo del fileteador llegaba al final y se pintaba sobre andamios. Solían decorar los paneles laterales de madera (tablones) con flores y dragones, mientras que la tabla principal se ornamentaba con algún tema propuesto por el dueño.

Cuando el colectivo porteño comenzó a dejar de tener el tamaño de un auto para pasar a ser una especie de camión modificado para transportar gente, comenzó a ser fileteado. La superficie a pintar carecía de divisiones como los de la caja del camión, era metálica y el filete a pintarse era más elemental, sin figuras. Se usaba mucho, en cambio, la línea arabesca y los frisos, en forma horizontal y dando la vuelta a la carrocería del colectivo. El nombre de la empresa se escribía en letras góticas y el número de la unidad solía diseñarse de manera que se relacionara con el número de la quiniela. El colectivero, es decir, el conductor del vehículo, no quería que este se pareciera a un camión de verdulería, por lo que las flores estaban "prohibidas".

Técnica y Herramientas del Fileteador

El fileteador utilizaba para dibujar su obra un "espúlvero", un papel sobre el que se dibujaba el diseño. Luego se perforaba con un alfiler siguiendo el trazo del diseño, se colocaba sobre la superficie a pintar y, por último, se espolvoreaba tiza o carbón en polvo sobre él, al estilo de los maestros renacentistas, de manera que indicara por dónde debía realizarse el trazo con el pincel. Hecho esto, se utilizaba el reverso del espúlvero para repetir los mismos pasos en otra sección, obteniendo la misma imagen pero del revés.

Para pintar los filetes rectos se usa un pincel de pelos largos (6 cm) y mango corto (o sin mango) llamado "bandita". Para las letras y ornatos se utilizan los llamados pinceles de letras con pelos de 3,5 cm de largo. En sus inicios se utilizaba aceite de lino, cola y colores naturales. Luego, esmalte sintético. El uso del barniz transparente fue una idea de Cecilio Pascarella: al mezclarlo con apenas unas gotas de negro y bermellón, se lo aplica sobre el dibujo ya pintado siguiendo las pinceladas de la pintura base, lográndose así un efecto de relieve.

Como los fileteados eran realizados en los vehículos de transporte pertenecientes a particulares, debían amoldarse a las exigencias de sus dueños. Tanto estos como los fileteadores eran muchas veces inmigrantes, en su mayoría italianos y españoles, de condición humilde.

Paso a paso de un filete porteño (Making a filete porteño - Step by step)

Simbolismo en el Fileteado

El fileteado incorporó diversos elementos simbólicos que impregnaron la ciudad, especialmente sus puestos de diarios y bares, con simbolismos y poesía:

  • Flores: Las más comunes eran las de cuatro y cinco pétalos iluminadas desde arriba, rara vez aparecían las flores de lis o las rosas. Son símbolos de lo hermoso.
  • Barcos: Connotaban la nostalgia y el deseo de regreso de los inmigrantes a Europa.
  • Escudos: De formato parecido al del escudo nacional argentino.
  • Animales ficticios: Como pájaros de especies inexistentes o dragones, alegoría del machismo porteño, que se piensa que Miguel Venturo incorporó inspirado en los exteriores del Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires.
  • Animales reales: Fundamentalmente el león, símbolo de temple firme contra las adversidades.
  • También se fueron incorporando manos estrechadas, soles, banderas, santos y vírgenes que en la actualidad se mezclan con figuras populares como Maradona y Gardel, a menudo junto a un número para jugar en la lotería.

Esplendor, Prohibición y Resurgimiento

A finales de la década de los 60 y comienzos de los años 70, el fileteado vivió su esplendor. No solo había buenos maestros en este arte, también circulaba una enorme cantidad de vehículos y camiones que exhibían el arte en la ciudad. Sin embargo, a mediados de los 70, una ordenanza del gobierno (la ley nacional de 1975, actualizada en 1985) prohibió su uso en los colectivos, argumentando que producían confusión en los pasajeros al momento de tener que leer los números y recorridos. Esta prohibición casi termina con la propagación del fileteado y el arte pasó inadvertido para la gran mayoría de los porteños, sin ser valorado entre teóricos y críticos de arte.

A pesar de esta medida, con el tiempo el arte volvió a emerger, aunque ya nunca con la fuerza que supo tener en su década de esplendor. El resurgimiento del fileteado llegó en gran medida al ingenio y creatividad de quienes buscaron nuevos soportes para plasmarlo. Así, tanto las paredes de la ciudad como ropas, botellas, pizarras de bares y hasta las pieles, mediante tatuajes, se convirtieron en nuevas superficies para filetear.

La generación de artistas surgida en 1970 dio impulso a difundir la obra y a interesar a los más jóvenes. El fileteado comenzó a pintarse en cuadros, algo en lo que se destacó Martiniano Arce, seguido más tarde por Jorge Muscia, quien logró una importante difusión en el exterior al realizar diversas exposiciones. De la nueva generación se destacan Jorge Muscia, por los premios recibidos en el terreno de la plástica y sus numerosas muestras en el exterior, y los fileteadores Alfredo Genovese, Elvio Gervasi, Miguel Gristan, Adrián Clara, José Espinosa, Alfredo Martínez, Sergio Menasché, entre otros, que siguen desarrollando este arte en la actualidad.

Con respecto al tatuaje, en 1999 una campaña publicitaria para el canal de TV Much Music se realizó con el cuerpo de los presentadores y músicos fileteados por Alfredo Genovese. Lo más común en los tatuajes son los ornamentos con motivos típicos del fileteado porteño: flores, dragones, pájaros, banderas o escudos de fútbol, y los nombres o fechas con la tipografía típica.

Mural callejero con motivos de fileteado porteño moderno

Reconocimiento y Patrimonio Cultural

La escultora argentina Esther Barugel y su esposo, el pintor español Nicolás Rubio, fueron los primeros en realizar una investigación minuciosa sobre la génesis del fileteado. Organizaron el 14 de septiembre de 1970 la primera exposición del filete en la Galería Wildenstein, en Buenos Aires. Esto marcó un punto de inflexión: el fileteado dejó de verse como una simple artesanía que servía sólo como un sencillo ornamento para carro o camión, y se le dio una mayor importancia, reconociéndose en el país y en el exterior como un arte de la ciudad, que desde entonces se "separó" del camión y se extendió a todo tipo de objetos.

En el año 2006, la legislatura porteña declaró al fileteado como Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires a partir de la sanción de la ley 1941, impulsada por el diputado Norberto La Porta. Posteriormente, en 2014, la Ciudad de Buenos Aires postuló ante la UNESCO al filete porteño a la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En diciembre de 2015, esta postulación fue aprobada por el Comité Intergubernamental para la Salvaguarda de la UNESCO, reunido en Namibia. A partir de esta declaración, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires debió asumir el compromiso de adoptar medidas para proteger esta expresión e incentivar su producción, investigación y registro.

El Rol de la Mujer en el Fileteado

Los hombres fueron quienes crearon y practicaron el fileteado durante décadas y aún hoy los más destacados fileteadores son varones. Los pedidos de obras eran realizados por camioneros y colectiveros, oficios que eran considerados poco apropiados para mujeres. Pero a partir de la década de los 90, varias mujeres comenzaron a practicarlo. Ellas, a quienes el fileteado casi siempre hizo referencia solo cuando se trataba de una madre, una virgen o una sirena, comenzaron a interesarse por este arte.

El problema fue que prácticamente no existían cursos para aprenderlo y escaseaban los lugares donde el fileteado se utilizara. Algunos de los pocos que orientaron a los más jóvenes y comenzaron dictando talleres a mujeres (como Ricardo Gómez en Parque Avellaneda) fueron Luis Zorz, Alfredo Martínez y Alfredo Genovese, este ya hacia fines del siglo XX. El interés y la participación de las mujeres han contribuido significativamente al resurgimiento y difusión del fileteado.

El Fileteado Hoy: Parte del ADN Porteño

Hoy el filete porteño es parte del ADN de la ciudad y se mezcla a la perfección con las tendencias internacionales en lettering. Es un producto cultural de fuerte identidad local, como el tango. Lo más común es verlo en los colectivos, aunque también adorna paredes de la ciudad, puestos de diarios y bares, constituyendo un emblema iconográfico que mejor representa a Buenos Aires.

La historia del fileteado es la historia de una expresión artística que, nacida de la necesidad y la creatividad de inmigrantes, se arraigó profundamente en la cultura porteña, superó prohibiciones y se reinventó, siendo hoy un símbolo vibrante de Buenos Aires reconocido mundialmente.

Foto de la estación de subterráneo Carlos Gardel con fileteado

tags: #estilo #fileteado #porteno